“Cioran, 100 años” (Rayco JHR)

Filosofía y libros – reseñas filosóficas

Hace ya un siglo, un 8 de Abril, nació en la pequeña ciudad húngara de Rasinari un pensador especial, de esos cuya persona y cuyas obras no dejan indiferente a nadie. Se llamaba Emíl Michel Cioran (1911-1995).

Fue hijo de un cura ortodoxo, aunque no fanático, y de una madre algo más liberal. Pasó su infancia más temprana, a la que considerará como un paraíso perdido e irrecuperable, correteando por los caminos rurales y relacionándose con los campesinos. A los diez años le sobrevino una acontecimiento que le marcará de por vida. Sus padres decidieron trasladarlo a la ciudad de Sibiu (Hermannstadt en alemán) para que continuase sus estudios, “y en el coche de caballos que me conducía allí, sufrí una crisis de desesperación cuyo recuerdo todavía guardo”.

Sibiu era una ciudad peculiar; en ella se hablaba tres lenguas: húngaro, rumano y alemán. Curiosamente no se hablaba francés, lengua a la que posteriormente se consagraría Cioran. En esta ciudad encontró la pasión de su vida: la lectura.  Balzac, Diderot, Dostoievsky o Nietzsche serán los escritores que le acompañarán y, como él diría más tarde, le servirían de escapatoria a sus obligaciones dándole la sensación de tener una ocupación. De Dostoievsky dirá que es el escritor; por encima de cualquier otro, y releerá su obra completa varias veces a lo largo de su vida.

En Hermannstadt sufrirá insomnio. El peor de los males, por el cual el tiempo se hace consciente. Según Cioran el hombre corriente vive sin demasiadas preocupaciones o sufrimientos vitales pues con el periodo de sueño se interrumpe el paso del tiempo. Este corte le permite emprender nuevas acciones; cosa que no sucede en un flujo incesante. En esta época se formará, como reconoce él mismo, todo su pensamiento posterior, y en su primera obra En las cimas de la desesperación se encuentran ya todos los problemas que le preocuparon a lo largo de su vida.

Con diecisiete años se matriculó en la universidad para estudiar filosofía. Allí estudió a los grandes maestros que aún se estudian hoy, pero también a otros ya en declive como Kierkegaard o Bergson y olvidados como Chestov. Marcado por el insomnio sería la “Lebensphilosophie” (Filosofía de la vida), de autores como Dilthey, la que lo alejaría de los sistemas objetivos que olvidaban los sufrimientos personales. Precisamente, al acabar sus estudios, viajó en un primer momento a Berlín con la intención de elaborar una tesis sobre Bergson, pero allí asistió a las clases de Nicolai Hartmann, uno de los mayores exponentes del momento de la filosofía con intenciones objetivas y que lo defraudó profundamente. Regresó a su país donde ejerció de profesor en un instituto durante un año, dedicándose a leer exhaustivamente a Dostoievsky y sobre todo a Shakespeare… [+]