Un inteligente humor

Eduardo Chillida — El País, 21 JUN 1995

Era una delicia de persona, uno de esos hombres que poseen una gracia y un humor inteligentes. No me sorprende su muerte porque. sabía desde hace tiempo que se encontraba muy mal. Pensé incluso en ir a, visitarle a París pero me dijeron que no merecía la pena porque ni siquiera reconocía ya a sus amigos. Nos queda el libro que hicimos juntos. Nos conocimos personalmente a raíz de una carta que me envió acompañada de un montón de libros, prácticamente toda su obra. Me decía que había visto el libro que yo había hecho con Heiddegger y que le gustaría que ilustrara su última obra.Nos invitaba a visitarle para conocemos y hablar. Fuimos a París y ya en el hotel nos encontramos con una nota suya en la que nos decía, “no puedo prometerles una comida excepcional pero. les aseguro que el vino les espera desde hace muchos años”. Recuerdo que nos sirvió el vino muy ceremoniosamente. Él en el papel de camarero y con la servilleta correctamente ajustada a la botella. Era una persona encantadora. El libro iba a llamarse Confidencias y Anatemas, pero la obra termina con la frase, “he aquí la refutación de todos mis anatemas” y finalmente se llamó Ce maudit moi (Ese maldito yo).

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