Emil Mihai Cioran nació hace cien años

MANUEL RÍOS RUIZ — Diario de Jerez, Espanha, 01.04.2011

UNA de sus afirmaciones que con el tiempo resultan más personales es la siguiente: “Un libro es un suicidio aplazado”. Y Emil Mihai Ciorán, autor de una amplia bibliografía no llegó a tal fin, pese a que quería dejar una imagen incompleta de sí mismo. Sí, no llegó a suicidarse, aunque sentía una fuerte frustración por el hecho de existir y vivir siempre enfrentado consigo mismo. Nació en Sibiu, Rumanía, en el 8 de abril de 1911, y murió en París a los ochenta y cuatro años de edad. De aquí a ocho días, pues, se cumple el centenario del nacimiento de uno de los filósofos más estudiados del pasado siglo.

Su obra escrita generalmente en francés, ha sido difundida en España por Tusquets Editores, dando a la estampa, a partir de los años ochenta, entre otros los siguientes títulos: “”En las cimas de la desesperación”, “El libro de las quimeras”, “El ocaso del pensamiento”, “Breviario de podredumbre!, “Silogismo de la amargura”, “La tentación de existir”, “Historia y Utopía”, “La caída en el tiempo”, “El maldito yo”, “De lágrimas y santos”…

Los títulos de sus tratados son la señal clara de su inquietud existencial, puesto que como bien se ha formulado, el pensamiento de Cioran, es de los más provocadores y destellantes de los contemporáneos. Hijo de sacerdote, como bien se ha escrito, en su libro “De lágrimas y santos”, Cioran se adentra en una reflexión profunda acerca del misticismo y la religión mediante bellos aforismos bastante cínicos. En uno de ellos llega a sentenciar: “En el juicio final sólo se pesarán las lágrimas”.

Sin pertenecer a ninguna tendencia filosófica, pensaba totalmente lo que se dice por libre. Tal vez marcado por lo que le dijo su madre: “Si hubiera sabido que ibas a vivir tan aguda infelicidad, habría abortado”. De ahí que Cioran escribiera: “Soy sólo un accidente. ¿Por qué debo tomarme en serio?” Y también: “La gente me produce asco, tengo asco hasta de mí mismo. Deseo una destrucción completa de todo lo humano, incluidos ellos e incluido yo, ya que no soy especial ni mejor que ellos”.

Realmente, Cioran no se consideraba un filósofo en el sentido ortodoxo del término, ni tan siquiera un escritor. Lo que le interesaba era contravenir lo establecido. Tal vez una de sus frases más reveladoras de su actitud sea la siguiente: “La razón es una puta que sobrevive mediante la simulación, la versatilidad y la desvergüenza”.

Otra frase de Cioran que ha sido repetida en los escritos sobre su obra, es la que transcribimos seguidamente: “La naturaleza, buscando una fórmula que pudiera satisfacer a todo el mundo, escogió finalmente la muerte, la cual, como era de esperar, no ha satisfecho a nadie”. Agria ironía donde las haya. Finalmente, reseñemos que para Cioran la única manera de soportar la existencia consistió en escribir constantemente, dejando un legado filosófico tan original como heterodoxo.

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