Beckett y Cioran, cuando la imposibilidad de vivir es un gesto possible (en el centenario del nacimiento de Beckett 1906-1989)

Por Jorge Jiménez

Artículo publicado en la Revista de Filosofía Universidade de Costa Rica, XLV (114), 117-120, Enero-Abril 2007. | PDF

Abstract: This paper is about the philosophical and existential interlocution between Beckett and Cioran. I criticize the idea of a “French culture” and I proceed to rethink topics like nihilism o irrationalism. Key Words: Beckett, Cioran, nihilism, aesthetic politic criticismo

Resumen: Reflexiono en torno a la interlocución filosófica y existencial entre Beckett y Cioran. Parto de una visión crítica de la “cultura francesa” y procedo a reconsiderar tópicos como el nihiliismo o el irracionalismo. Palabras clave: Beckett, Cioran, nihilismo, crítica estético política.

Paradójicamente, estos dos profetas del desencanto de vivir vivieron más de ochenta años, quien sabe si para felicidad de ellos pero posiblemente para una cierta fascinación de los que les han sucedido, es decir, de nosotros los insepultos.

Ninguno de los dos cometieron suicidio, al menos suicidio exitoso -pese a que en la obra de ambos se frecuenta el tema. Cioran ya había elaborado toda una terapéutica al respecto. Decía que cuando alguien que quería suicidarse venía (para Ligia en el Cielo con Diamantes) a verle le decía que el suicidio es una idea positiva, que lo podía hacer cuando quisiera ya que la vida no tiene sentido puesto que se vive para morir. Para él es muy importante que sepamos que podemos matamos en cualquier momento, ese, y solo ese horizonte de libertad permite postergar el suicidio todo lo que se quiera. Así, la legitimación de la idea del suicidio permite que no nos matemos.

Beckett lo dice al final de Esperando a Godot cuando Estragón pregunta a Vladimiro que si se ahorcan y este, aunque admite como válida la idea, repara en un detalle intrascendente pero determinante: no tienen una cuerda que pueda hacer posible un suicidio a cuatro manos. Por ello deciden dejarlo para mañana, cuando puedan volver con una cuerda adecuada. Los dos pensadores, validando la idea del suicidio la postergan indefinidamente.

Ambos autores, contemporáneos y emigrantes, uno de Irlanda y el otro de Rumania vivieron en la Francia a partir de los años 30 y adoptaron la lengua francesa para escribir lo más significativo de sus respectivas obras. Creo que se negarían a ser considerados parte de la “cultura y las letras francesas”, como abusivamente se acostumbra a hacerlo. Los dos son apátridas y renunciaron a su lengua materna y en algún sentido se les puede considerar como refugiados existenciales en Francia. Cioran explica que escribir en una lengua que no era la suya le permitía ser consciente de que estaba usando un lenguaje extraño y difícil, por lo que para él representó más una ascesis, una disciplina de escritura -una camisa de fuerza, como solía decir. Algo similar había sucedido con otros dos conspicuos emigrantes: Ionescu, rumano como Cioran, y Camus, de Argelia, en ese entonces colonia francesa.

Durante la primera parte del siglo XX, la llamada “cultura francesa” fue reventada por fuera y por dentro. Los inmigrantes mencionados hicieron lo primero y las vanguardias, tales como dadá y el surrealismo, así como los situacionistas, hicieron lo segundo. Ya lo habían hecho en el siglo anterior, Baudelaire, Lautreamont, Rimbaud y Verlaine. Para todos ellos la cultura francesa no era más que un cadáver que había que profanar, un cadáver exquisito, como solían decir los surrealistas.

Cioran decía que en mucho sentidos me considero un filósofo de la calle. ¿Una filosofía oficial? ¿Una carrera de filósofo? ¡Eso sí que no! Toda mi vida me he rebelado y aún hoy me rebelo contra eso. En un mismo sentido se puede interpretar la negativa de Beckett para asistir a la entrega del premio nobel, cuya adjudicación consideró como un error.

En Beckett y Cioran se puede encontrar una estrecha relación entre lo pensado, la forma de expresado y la manera en como asumieron la vida. Por un tiempo tuvieron una cierta amistad pero luego Beckett se alejó del rumano por considerar que su pesimismo era exagerado.

Cioran dice de Beckett que ahora nos vemos mucho menos, pero Beckett es un hombre que siempre está perfectamente lúcido y que no reacciona como escritor. Ese problema no se plantea en él -lo que resulta muy hermoso en su caso-, porque nunca ha reaccionado como escritor. He observado que las personas que han producido demasiado en cualquier terreno son monigotes, al cabo de cierto tiempo. Y por eso las grandes presencias son con mucha frecuencia gente que no ha producido nada, gente que lo ha acumulado todo.

Los dos pensadores tienen una auténtica visión pesimista de la historia y del origen humano. Domina la idea contraria a la Ilustración, del origen como derrota, como pérdida y caída paradójicamente similar a la del cristianismo que confrontaron, sin embargo se trata de una suerte de pecado original irredento y nihilista.

Beckett, al inicio de la obra citada, escribe lo siguiente:

VLADIMIRO.¿Y si nos arrepintiéramos?

ESTRAGÓN.¿Y de qué?

VLADIMIRO.Pues… (titubeando) No hace falta entrar en detalles.

ESTRAGÓN.¿De haber nacido?

Cioran, lo expresa en varias partes. Leamos alguna: No me perdono el haber nacido. Es como si, al insinuarme en este mundo, hubiese profanado un misterio, traicionado algún compromiso de gran envergadura, cometido alguna falta de gravedad sin nombre. Sin embargo, a veces soy menos tajante: nacer me parece entonces una calamidad que me afligiría no haber conocido. En otro lugar dice: Si es verdad que al morir volvemos a ser lo que éramos antes de nacer, ¿no hubiera sido preferible mantenerse en la pura posibilidad, no salir de ella? ¿De qué sirve este paréntesis cuando podríamos haber permanecido para siempre en la plenitud irrealizada?

En Malone muere, Beckett escribe: Vivir. Digo vivir y ni siquiera conozco su significado. Lo intenté sin saber qué intentaba. A pesar de todo, quizá haya vivido sin saberlo.

Cioran lo vuelve a decir, En el comienzo del hombre algo se desmoronó. Desde los comienzos algo no salió bien, no podía salir bien, pues no es posible la pureza de la criatura. Por tanto, el hombre está herido desde su nacimiento.

El pesimismo existencial se resuelve en la ataraxia y el culto a la inacción. En varias partes de sus textos, Beckett hace una llamada constante al quietismo. Ante la pregunta reiterada de Vladimiro que interroga qué hacer, Estragón responde no hagamos nada.

De la misma forma, nos dice Cioran que la inacción es divina. Y, no obstante, el hombre se reveló contra ella. El único ser incapaz en la naturaleza, de soportar la monotonía, quiere a toda costa que algo suceda, cualquier cosa. Con ello se muestra indigno de su ancestro: la necesidad de novedad es lo propio de un gorila descarriado.

Este no hacer nada deviene en la asunción del tedio y el hastío como un estado de gracia. Así dice Cioran, a ese amigo que me dice que se aburre porque no puede trabajar, le contesto que el tedio es un estado superior, y que se le degrada al relacionarlo con la idea de trabajo.

En Beckett, el hastío y el tedio forman un lenguaje articulador tanto de su dramaturgia como de su prosa. En algunas de sus obras cortas, la propuesta minimalista -consecuente con su deseo de suspender la escritura-, incorpora el silencio, el sinsentido de la cháchara cotidiana y la espera vacua para provocar un auténtico sentido del hastío y el desespero. Y este es un aporte propio de las vanguardias estéticas cuyas innovaciones formales y de contenido permitieron legitimar aspectos de la obra de arte que anteriormente no eran valoradas como propios de un lenguaje estético. De tal modo, al igual que dadaístas, surrealistas y expresionistas sancionaron lo feo, lo grotesco, lo monstruoso, lo chocante, lo ridículo, autores como Beckett, Ionescu o Artaud, hicieron lo propio con el hastío, el tedio, la crueldad, el absurdo o el sinsentido.

En lo formal, sin embargo, los dos escritores presentan ciertas diferencias. Cioran cultivó exclusivamente el aforismo, la sentencia, el parágrafo y la reflexión corta. En eso se guió por maestros tales como Diógenes el cínico, La Rochefoucauld, Schopenhauer o Nietzsche. Como escritor aforístico pulía y engastaba la expresión filosófica y lingüística con maestría. Y recurrió a este género de escritura porque consideraba inútil todo intento de demostrar o explicar un pensamiento. Beckett, además del ensayo, como bien se sabe, cultivó la prosa y el teatro. Su sintaxis es densa y en ocasiones críptica. Pero, al igual que Cioran, su pensamiento se expresa de manera fragmentaria. Beckett elabora un texto tensionado por el tedio y el sinsentido, en el que incorpora pensamientos aislados que en su conjunto dan con ciertas producciones de sentido – grosso modo, el sentido del absurdo, para usar un oxímoron. Cioran cultiva y defiende el pensamiento fragmentario porque confiesa que le permite contradecirse sin los problemas que le impondría la construcción de un sistema filosófico -de hecho recrimina a Aristóteles, Santo Tomás o Hegel la elaboración de un pensamiento sistemático como un rasgo de un pensar totalitario y que, pese a los esfuerzos por evitada, siempre termina en la contradicción.

Ahora bien, ¿qué mueve a estos pensadores a expresar su pensamiento en forma fragmentaria? El vanguardista chileno Vicente Huidobro acostumbraba repetir una idea de un poeta aimará que decía el poeta es un dios; no cantes a la lluvia, poeta, haz llover. De este modo, gran parte del sentido de la vanguardia ha estado en convertir la obra de arte en la expresión genuina de las contradicciones sociales y no simplemente en su mención o mímesis. La obra de arte es igual de contradictoria, compleja y revulsiva, ya que ésta también es realidad y contradicción social. Es la aspiración vanguardista de identificar vida y arte, de hacerlas un solo gesto y fundidas como aspiración a transformar profundamente la existencia- el cambiar la vida de Rimbaud o cambiar el mundo de Marx. Para Cioran, la forma fragmentaria es un estilo genuino de nuestra civilización, puesto que reproduce el conflicto en su densidad. Para Beckett, es la forma en que se expresa la realidad humana y existencial contemporánea, es la sintaxis propia del absurdo y el sinsentido que trama lo real. El fragmento para Cioran, surge de las diversas experiencias vitales, por eso pueden ser contradictorios, tal y como es la vida.

Por ello, no conviene aceptar de plano la fórmula que reduce a estos autores a un irracionalismo ramplón. Se trata, por el contrario, de una racionalidad densa con un fuerte acento estético (en ambos escritores), que pretende resignificar ámbitos de la existencia tales como la angustia, la fragmentación y aniquilación de la subjetividad contemporánea, desde adentro, es decir asumiéndose estética y filosóficamente como un texto angustiado, fragmentado y aniquilado. Es una tarea similar a la hecha por Marx, Darwin o Freud, los cuales buscaron que lo social, lo natural o el inconsciente se reconceptualizaran por medio de una racionalidad crítica, compleja y contradictoria, de tal modo que los sueños o la locura-para mencionar un ejemplo- nosiguieran siendo el objeto exclusivo del discurso esotérico vulgar o patologizante de la psquiatría, sino que, a través del psicoanálisis se posibilitara una comprensión más rica y fértil de la mente y la conducta humana. Pero, lo hecho por Beckett y Cioran es idéntico a lo hecho por Nietzsche y Kafka: cuando la miseria de la razón positivista se proclamaba, desde Descartes, rectora de la modernidad, de su seno surgirá como una suerte de alien, la irracionalidad en su forma más brutal, como guerra genocida, con sus campos de exterminio y tortura y con la articulación de la vida cotidiana en los términos de la razón instrumental y cosificante, esa que exacerbada en nuestros días reduce la condición humana a la condición de cliente, consumidor, televidente o espectador y que lo manipula como una mercancía corporal, cuerpo torturable y desaparecible, crecientemente virtualizado y difuso.

De este modo, cuando frecuentamos la obra de Beckett y Cioran, podemos intuir que su escritura tiene como trasfondo la vida efectivamente vivida, la vida cotidiana en su compleja maraña de callejones sin salida, simulacros, ilusiones y desencantos. Pese a las diferencias formales, los dos, sin embargo, escriben no por una pose social o un prurito académico. Escriben porque en eso les va la vida. Cioran admite que sin la escritura se hubiera suicidado muy joven, justo cuando el insomnio empezó a corroer su existencia y lo puso al borde de la desesperación. Beckett, más parco en sus confesiones personales, sugiere que la escritura le permitió lidiar con depresiones profundas, desencuentros y grietas insalvables con los otros y con la sociedad de su tiempo. Todo lo que tengo que decir lo he dicho en mi obra, dice Beckett. Los horrores de la segunda Guerra Mundial, las miserias y opresiones que vivieron en tiempos de la consolidación de la razón instrumental, se expresan estéticamente en esas obras exasperadas, desesperanzadas, no complacientes, políticamente erróneas, nihilistas y derrotadas que estos angustiados inmigrantes escribieron.

Posiblemente la sensibilidad de los dos autores se puede expresar con el siguiente pensamiento de Cioran aspiro a las noches del idiota, a sus sufrimientos minerales, a la dicha de gemir con indiferencia, como si fueran los gemidos de otro, a un calvario donde se es extraño a uno mismo, donde los gritos propios vienen de otra parte, a un infierno anónimo donde se baila y se ríe mientras se destruye uno. Vivir y morir en tercera persona … exiliarme de mi mismo, disociarme de mi nombre, distraído por siempre del que fui … , alcanzar, finalmente -puesto que la vida sólo es tolerable a ese precio-, la sabiduría de la demencia …

Bibliografía

Beckett. S. (2006). Teatro reunido: Eleutheria; Esperando a Godot; Fin de partida; Pavesas; Film. Barcelona: Tusquets.

Cioran, E. M. (1977). Breviario de podredumbre. (Trad. Fernando Savater). Madrid: Taurus.

_____ (1983). Contra la historia. (trad. Esther Seligson). Barcelona: Tusquets.

_____ (1989). El aciago demiurgo. (Trad. Fernando Savater). Madrid: Taurus.

_____ (1996). Conversaciones. (trad. Carlos Manzano). Barcelona: Tusquets.

_____ (2000). La tentación de existir. (Trad. Fernando Savater). Madrid: Taurus.

_____ (2000). Historia y utopía. (trad. Esther Seligson). Barcelona: Tusquets.

_____ (2001). Breviario de los vencidos. (Trad. Joaquín Garrigós). Barcelona: Tusquets.

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