Peque√Īo ensayo sobre Cioran: un fragmento de lucidez (Luis Roca Jusmet)

Rebelión.org, 30/09/2011

1. ¬ŅEs Cioran un fil√≥sofo?

Voy a empezar con unas referencias dos fil√≥sofos contempor√°neos, uno muerto y otro vivo, que me permitir√°n una aproximaci√≥n al extraordinario pensador rumano. La primera es al fil√≥sofo franc√©s Pierre Hadot cuando reivindica la filosof√≠a como forma de vida. Es a partir de la filosof√≠a romana tard√≠a y de la medieval que la filosof√≠a se convierte en una disciplina discursiva y escol√°stica. La filosof√≠a moderna continuar√° esta deriva academicista y solo algunos fil√≥sofos mostar√°n nuevamente su car√°cter radical. Descartes, Spinoza, Schopenhauer, Nietzsche, Bergson ser√°n ejemplos claros. ¬Ņ Porqu√© no cita Hadot a Cioran ? Porque a Cioran le falta algo que para Hadot es central : el car√°cter edificante de la filosof√≠a, el proponer una √©tica de buen vivir. Cioran no puede hacerlo porque para √©l no hay salida. Cada cual valorar√° si esto es una p√©rdida de opciones o una ganancia de lucidez.

El segundo fil√≥sofo es el esloveno Slavoj ŇĹiŇĺek. Desde su car√°cter provocador este pensador afirma que la filosof√≠a es dogm√°tica y no dialogante : los grandes fil√≥sofos han tenido dos o tres grandes intuiciones que siempre han mantenido y elaborado. El caso de Cioran entrar√≠a claramente en este grupo : es un fil√≥sofo intuitivo que expresa con un lenguaje propio estas dos o tres ideas que vertebran su pensamiento. Niega el sistema y reivindica el fragmento, el aforismo.

Pero Cioran dice repetidamente que él no es un filósofo y lo afirma en base a su consideración de que la filosofía ha perdido su vínculo con la vida. Es, nos dice, un discurso sin relación con la experiencia vivida. Podría ser un antifilósofo, en el sentido de Alain Badiou cuando éste dice que son los críticos de la filosofía los que la hacen avanzar. Cita a Nietzsche, a Wittgenstein y a Lacan.

¬Ņ Y porqu√© no a Cioran ?

Pero voy a proponer una definici√≥n de filosof√≠a que quiz√°s Cioran podr√≠a aceptar : La filosof√≠a es una reflexi√≥n sobre temas universales a partir de una experiencia singular en un contexto particular. Los temas de Cioran : la vida y su significado, la condici√≥n humano, el tiempo, la muerte, la verdad… Su contexto particular : su Rumania natal, la Segunda Guerra Mundial, Par√≠s ‚Ķ. y su experiencia y la reflexi√≥n sobre esta es absolutamente singular. Para ser fil√≥sofo hay que tener libertad de esp√≠ritu : hay que pensar y decir lo que se piensa. Esto hace Cioran y por esto es, seg√ļn mi planteamiento, un fil√≥sofo.

Cioran es nietzscheano en el estilo y reconoce que con ello liberamos a la filosofía de su carácter sistemático, de la argumentación, de la lógica. El filósofo construye ideas desde su intuición, en una operación creativa. Es un visionario y expresa lo que dice en el fragmento, en el aforismo.

El a√Īo 1949, cuando Cior√°n ten√≠a 38 a√Īos, la editorial Gallimard le publica¬†Pr√©cis de d√©scomposition¬†( que Fernando Savater traducir√° como¬†Breviario de podredumbre).¬†En la p√°gina 123, en el fragmento titulado ‚ÄúLe mesonge immanent‚Ä̬†escribe :¬†Une poussi√®re √©prise de fant√īmes,-¬†tel est l’homme: son imatge absolute, id√©alement ressemblante, s’incarnerait dans un Don Quichotte vu par Eschyle…

Traducido al espa√Īol : ” Polvo prendado de fantasmas, tal es el hombre : su imagen absoluta, de parecido real, se encarnar√≠a en un Quijote visto por Esquilo…”

  2. Somos Polvo

El hombre no es “sino la quintaesencia del polvo” dice Hamlet a Rosencranz y a Guildnsteirn frente al esplendor del Universo, del cielo y de la tierra. El polvo no tiene ni la noble solidez de la roca ni el ligero fluir del agua. Es un materia que se disuelve, que se pierde sin eliminarse en un movimiento circular. Ciertamente la dura frase b√≠blica “Polvo eres y en polvo te convertir√°s” nos sugiere esta inconsistencia humana tomada en s√≠ misma. Pero para Cioran no hay un Dios que nos redima, seguimos siendo lo que somos, que es nada. Este maldito yo, por usar una certera expresi√≥n suya, no es nada. Ni siquiera es la Nada que los budistas nos ofrecen como un horizonte de salvaci√≥n. Nadie nos salva ya, el mal est√° hecho : hemos nacido.

Solo nosotros nacemos, solo nosotros morimos. Los animales aparecen y desaparecen en este polvo que ni se reconoce como tal. Pero nacer implica la idea de algo, de alguien, es la conciencia que se materializa. Nuestro sistema nervioso, hipersensible, genera esta conciencia que no es otra cosa que un suponerse separado, que un desarraigo radical con la Naturaleza. Nacer es ser diferente y es esta diferencia la que nos condena. Morir es la idea que nos atraviesa, es el horror que nos espera. Somos algo y esta es nuestra desgracia porque nacemos, primero biol√≥gica y despu√©s simb√≥licamente cuando nos hacen entrar en el orden del lenguaje y de la ley. Algunos ilusos hablan de contrato social cuando lo √ļnico que hay es un nacimiento y una socializaci√≥n violenta.

Ni m√°s ni menos : el resto son palabras, consuelos, enga√Īos que nos taponan la idiotez de lo real como dir√≠a un admirador de Cioran, Clemence Rosset.

Polvo quiere decir también que somos cuerpo. No es que tengamos un cuerpo sino que somos, ya que no hay nada más allá de él. Uno de sus maestros, al que curiosamente cita poco, que fue Schopenahauer fue uno de los primeros que lo constató. Más allá de la representación del cerebro es el cuerpo en su globalidad el real sujeto de la experiencia.

3. El hombre est√° prendado de fantasmas

Este fantasma no es un ser incorp√≥reo, aunque quiz√°s s√≠ una apariencia sin consistencia. Pero la falta de consistencia es √©tica, ya que no hay nada m√°s all√° de sus enga√Īos. Es la fantas√≠a, el se√Īuelo que nos hace salir de la inercia del sobrevivir, del indiferentismo espectral. Cada fantasma, cada ilusi√≥n es un motor emocional que nos encamina hacia otro espejismo. Deseamos desear, dec√≠a Nietzsche, y el deseo es siempre deseo de otra cosa, dec√≠a Lacan. Antes, el maestro de todos ( tambi√©n de Cioran) que fue Schopenhauer, ya nos advirti√≥ que la existencia humana oscila entre la insatisfacci√≥n y el aburrimiento. El deseo genera ansiedad y su consumaci√≥n decepci√≥n. No hay salida, m√°s all√° del oscuro goce de la lucidez. Pero no es la lucidez de la sospecha sino de la desolaci√≥n. Ni la denuncia tiene utilidad porque si desenmascaramos un fantasma lo hacemos desde otro. Nietzsche, terrible en su cr√≠tica pero ingenuo en su propuesta, nos advert√≠a Cioran. Marx pone de manifiesto el horror del capitalismo pero desde su discurso se engendra otro horror, el del Gulag. Quiz√°s es Freud el que asume m√°s el pesimismo de la lucidez pero mientras lo hace se entretiene montando su peque√Īa sectas de iniciados para combatir el tedio de existir.

Pobres humanos, nos dice Cioran. Ingenuos humanos, los que creen en la salvaci√≥n. Lector riguroso de los Vedas o de los sutras budistas Cioran no vi√≥ en ellos una hoja de ruta para la salvaci√≥n. Tambi√©n Schopenhauer cay√≥ en el espejismo. Mientras Cioran tambi√©n se divierte mostrando el enga√Īo, la mentira en que vivimos: es el goce de la lucidez. √Čl mismo sab√≠a que √©l mismo tambi√©n entraba en el juego. ¬Ņ para que denunciar, para que hablar, para qu√© escribir ? De algo hay que vivir, finalmente. Cioran escribe as√≠ sin ilusiones, sin poder ni gloria, con sus peque√Īas ocupaciones : leer, escribir, conversar y sobre todo escuchar m√ļsica. Tambi√©n en esto coincide con Schopenhauer.

4. Su imagen absoluta, de parecido real, se encarnaría en un Quijote

Extra√Īa es la expresi√≥n¬†una imagen absoluta. El registro imaginario parece referirse al se√Īuelo, a las identificaciones, a las proyecciones…o quiz√°s a la imagen perceptiva, la que nos llega al cerebro a trav√©s de los sentidos, que es siempre relativa a un sistema espec√≠fico. Hablamos entonces de un recurso ret√≥rico, que muestra a la vez lo aparente de la imagen y la fuerza de lo real, como m√°s tarde se√Īala. El hombre, que es a la vez polvo y fantas√≠a, como antes hemos se√Īalado, puede dibujarse en una met√°fora expresiva, que es la que ahora plantear√°. Lo imaginario parece absoluto pero se mueve en el terreno de la superficie, de lo mim√©tico, de la ilusi√≥n. Cioran quiere mostrar esta paradoja : lo m√°s parecido al hombre es lo m√°s aparente. Es que el hombre es pura apariencia, es la construcci√≥n imaginaria que teje de s√≠ mismo. Recordemos a Nietzsche cuando dice que la verdad es la invenci√≥n del rid√≠culo habitante de un punto √≠nfimo del Universo hinchado de vanidad. Esto es el hombre, la realidad de la apariencia. Hemos vivido siglos hechizados por la promesa de Plat√≥n de la posibilidad de ver la Luz. ¬Ņ Salir de la caverna ? La caverna es lo real. Seguramente Cioran y Lacan, que convivieron en Par√≠s, se ignoraron mutuamente, pero la noci√≥n de¬†real¬†de Lacan es muy potente. Es lo que se escapa, lo que queda, el resto que no podemos simbolizar, decir, representar, imaginar. Vamos a construir una ficci√≥n y ser√° esta la que mejor mostrar√° lo que es el hombre. M√°s all√° de ella :¬†lo real.¬†Terry Eagleton, l√ļcido brit√°ncio dedicado a la sociolog√≠a y teor√≠a literaria, apuntaba algo sugerente :¬†lo real¬†es el cuerpo. Es el cuerpo que sufre y que goza, que nace y que muere. Cioran nos repite como es el estado del cuerpo el que determina su pensamiento. Es lo que se resiste a nuestras fantas√≠as, lo que nos devuelve a la realidad.

¬†¬†¬Ņ Qu√© representa el Quijote para ser esta imagen absoluta ? El Quijote es moderno, como lo son otros personajes literarios. Cioran admiraba a Cervantes, igual que a Shakespeare o a Dostoievski. Pero es el Quijote el que tiene m√°s fuerza porque es la triste figura de la locura. Triste la figura de este caballero enjuto que tan bien representa el fantasma, la consistencia de la fantas√≠a frente a la inconsistencia del polvo. La locura no es lo queda excluido por la raz√≥n. Descartes se equivoca totalmente cuando afirma que la raz√≥n se funda sobre la exclusi√≥n de la locura. La raz√≥n desemboca necesariamente en la locura, la raz√≥n es la locura. Cuando este primate desarrolla un sistema nervioso tan sensible, tan agudo y un cerebro inconscientemente se separa de la naturaleza, Se desarraiga totalmente, se vuelve loco y tiene que socializarse para construir un v√≠nculo con lo natural. Lo hace con las palabras, que son la mediaci√≥n a partir de la cual monta una realidad paralela, que es la del discurso. Razonar es ver la realidad a trav√©s de los conceptos, que como bien dijo Nietzsche, igualan lo desigual. Nuestra experiencia es totalmente singular como no lo es la de ning√ļn otro animal. Pero esta singularidad es necesariamente sacrificada por la locura de la raz√≥n. Pero es la raz√≥n de la sociedad la que se impone sobre cualquier otra. Con el Quijote explota esta contradicci√≥n : su discurso no coincide con el de los otros. Pero √©l no quiere ceder, no renuncia a lo que ve. “La locura es m√°s verdadera que la vida” dijo la emperatriz Sissi, nos recuerda ir√≥nicamente Cioran. “Todos los hombres deliran” afirmaban Lacan radicalizando la afirmaci√≥n de Freud de que en todo delirio hay un n√ļcleo de verdad. Pero la locura del Quijote es la locura de uno contra la locura de todos. Este es el destino terrible del hombre : renunciar a su locura para aceptar la de la sociedad o hundirse en el abismo. Hay un delirio que se impone, que circula y √©ste es el √ļnico que se admite. Pobre Quijote, hombre moderno que se cree el¬†sapere aude,¬†la ilusi√≥n ilustrada de pensar por uno mismo y no obedecer. Kant fue m√°s prudente : piensa por ti mismo pero obedece, act√ļa como te dicen la ley, el Gran Otro. Pero la miseria humana solo puede ser compensada por esta locura √ļnica, singular, del Quijote.

6 . La mirada de Esquilo

¬†¬†Esquilo es una referencia a la tragedia griega. Cioran es, desde luego, un tr√°gico. Esto es lo que tiene de antiguo. La existencia humana para √©l no es dram√°tica, es tr√°gica. El drama es cristiano y es moderno, es el Crucificado, es Hamlet debati√©ndose entre actuar o no actuar.. A Cioran no le gusta el cristianismo porque el drama que construye crea la ilusi√≥n del libre albedr√≠o, de la redenci√≥n. Le conmueve y le interesa Shakespeare, por supuesto, en su magn√≠fica exposici√≥n de las pasiones humanas. Pero la duda no tiene sentido porque ya hemos perdido de entrada. Cioran, l√ļcido como Spinoza o como Nietzsche, es determinista. Somos lo que somos y no lo hemos elegido: nadie se libera de s√≠ mismo. Pero hemos de cargar con nosotros mismos, con el maldito yo. Cioran no cree la alegr√≠a de Spinoza ni en la de Nietzsche. No hay Dios, esta Unidad de la que formamos parte, ni puede el hombre superarse a s√≠ mismo. No hay futuro, no hay salida. La tragedia griega habla de¬†la Moira, de esta l√≥gica implacable de las cosas contra la cual ni los dioses pueden rebelarse. Esquilo habla del dolor, de esta evidencia de la vida humana de la que los fil√≥sofos no quieren hablar. Solo Schopenhauer y Nietzsche lo hicieron, como algo esencial de la vida humana. Pero Cioran nos recuerda s√≥lo desde el dolor es posible el conocimiento, aunque Nietzsche nos advert√≠a que el dolor nos hace m√°s profundos pero no mejores.

7. Un fragmento de lucidez

Cioran es inclasificable. Trágico sin ser dramático. Entiende que el hombre no tiene sentido pero no hace una estética del absurdo. Tampoco se presenta como un profeta del nihilismo. Fiel a su estilo fragmentario, donde cada aforismo parece contener la totalidad de su pensamiento.

Cioran,¬†rara avis¬†dentro de una extra√Īa especie, la humana, nos leg√≥ aforismos certeros que nos llegan a lo m√°s profundo porque √©l mismo los escribe desde sus profundidades. No es una profundidad erudita, no es una profundidad metaf√≠sica. Es la que surge del abismo, de lo que escondemos pero a pesar de todo expresamos. El saber que no sabemos, por debajo de la superficie de la conciencia, de la raz√≥n. Tampoco es el inconsciente del que hablaban los psicoanalistas. Es la otra escena del yo, de la que nada podemos decir. Lo que escribe Cioran no procede del razonamiento, son explosiones de algo singular, de lo m√°s propio que ni nosotros mismos conocemos. Pero si somos algo, somos esto. No la m√°scara del yo, esta pobre invenci√≥n humana que cristaliza como un t√≥tem que adoramos con nuestra est√ļpida vanidad.

Pero estos fragmentos lo son de la experiencia, de una experiencia que no es gratuita. Nace del dolor, de una herida que nos impulsa, dice Cioran, a escribir, de una vitalidad misteriosa que nos empuja a expresarnos. Es como expulsar los demonios, como vaciarnos del veneno que nos corroe internamente. Pero ni tan sólo esto nos tranquiliza, porque el vacío de Cioran no es amable ni liberador. Solamente un deseo de lucidez, que ni siquiera nos consuela, nos conduce a leer a Cioran : cada aforismo es una flecha lanzada contra aquellas mentiras que nos ocultan la dureza de lo real.