Un fanatico sin credo

por Alain de Benoist

He encontrado a Cioran en su peque√Īo departamento del Barrio Latino, a¬†dos pasos del teatro del Ode√≥n. Gabriel Matzneff estaba con nosotros. En¬†torno a un vaso de vino hemos agitado nuestras quimeras comunes: la¬†decadencia, los antiguos romanos, la filosof√≠a tr√°gica, el suicidio…¬†Cioran nos dominaba con sus arranques privados de pasi√≥n, √Čl est√° de¬†vuelta de m√°s cosas de nosotros. √Čl est√° de vuelta de todo. En su¬†juventud, fue la arrogancia filos√≥fica personificada. El est√° de vuelta¬†de la filosof√≠a, Pero tambi√©n del romanticismo y del budismo. Ha vuelto¬†al escepticismo de sus comienzos . Piensa que el mundo es horrible, que¬†este horror nos invade, Que aquello que podr√≠a consolarnos, distraernos¬†en sentido propio, no es m√°s que ilusi√≥n o supercher√≠a.¬†Desde hace treinta a√Īos a esta parte, de los Silogismos de la amargura a¬†La tentaci√≥n de existir, el no cesa de profundizar el mismo surco con¬†toda una serie de textos y sobre todo de aforismos, en que “la palabra es¬†Dios”, que representan el m√≠nimo de compromiso con la escritura.¬†El mismo surco en efecto. Todo proyecto es “una forma camuflada de¬†esclavitud”: toda convicci√≥n una “locura”. La vida es “el m√°s grande de¬†los vicios”: es “por ello que cuesta tanto desembarazarse de ella”: la¬†muerte es “un estado de perfecci√≥n, el √ļnico al alcance de un mortal”: la¬†vejez, “el castigo por haber vivido”. Cioran escribe:” A√ļn cuando nada¬†suceda, todo me parece demasiado”,”todo es nada, incluida la conciencia¬†de la nada Y el √ļnico frenes√≠ del que somos capaces es el frenes√≠ del¬†fin”:”seamos confiados, apostemos por la cat√°strofe”. Cita un autor¬†japon√©s: “S√≥lo una flor que cae es una flor total”, con este comentario:¬†“Se est√° tentado de decir lo mismo de una civilizaci√≥n”.

Lo peor es urgente

¬ŅPesimismo?. Nada de eso. Cioran no tiene el complejo de Casandra. El¬†pesimismo consiste en prever lo peor. Cioran no ha hecho m√°s que¬†proclamar la urgencia. Son las cosas en s√≠, no el curso que siguen, las¬†que son insoportables. Alg√ļn vano moralista ha reprochado a Cioran de¬†inducir a la desesperaci√≥n a los esp√≠ritus d√©biles.¬°Qu√© error!. S√≥lo los¬†desesperables pueden ser forzados a la desesperaci√≥n. Los otros, a la¬†vista de los abismos, pueden sacar nuevas fuerzas. Y adem√°s, esa necedad¬†de razonar siempre en t√©rminos de las consecuencias. Cioran ha elegido¬†como m√°xima: “desinter√©s [desapego] por el fruto del acto”. Lo que, seg√ļn los¬†temperamentos, puede conducir a abstenerse de la acci√≥n o, por el¬†contrario, a multiplicarla -sin preocuparse de sus efectos. Cree que la¬†ausencia de ilusiones equivale a la desesperaci√≥n hecha realmente una luz¬†reveladora sobre la naturaleza de las ideas que se llevan dentro…

Al margen de la versatilidad francesa, E.M. Cioran, hijo de un pope¬†ortodoxo rumano, forma parte de esos autores secretos cuyo p√ļblico es¬†igualmente secreto. Su estilo admirable, su alejamiento de las acciones¬†le han valido complicidades muy diversas. La izquierda misma,¬†tranquilizada (muy equivocadamente) por su apolog√≠a del distanciamiento,¬†ha terminado por entreabrir sus puertas a este gran pensador reaccionario¬†que osa escribir: “Desde que se sale a la calle, a la vista de la gente,¬†“exterminio” es la palabra que viene a la mente”. O bien: “la tolerancia¬†no es, en √ļltimo an√°lisis, m√°s que una coqueter√≠a de agonizantes”. O a√ļn:¬†“Cuando era siervo, este pueblo constru√≠a catedrales: ahora que es libre,¬†no construye m√°s que horrores”.

Contra Babilonia

Impresionan las convergencias de este pensamiento con aquel, m√°s estrictamente filos√≥fico, de un autor como Cl√©ment Rosset quien tambi√©n proclama¬†la necesidad de pensar lo peor y de deshacerse de las ilusiones,¬†igualmente “duplicados” de lo real, para Rosset, el “discurso de lo peor”es reconocido as√≠ como el √ļnico discurso a la vez necesario y posible.¬†Nihilismo positivo, fundado sobre la afirmaci√≥n de la nada, no sobre la¬†negaci√≥n del todo -y que sienta las bases mismas de la posibilidad de una¬†filosof√≠a tr√°gica.

Hn fin y sobre todo, el pensamiento de Cioran, como todo pensamiento un¬†poco fuerte, es esencialmente contradictorio. Ello aparece Claramente en¬†su √ļltimo libro, titulado Descuartizamiento [Desgarradura]. Por una parte, por ejemplo, Cioran denuncia la historia y aspira ferozmente a su fin. La historia es para √©l “la abominable Cl√≠o”: una “odisea in√ļtil”, un ” para√≠so de¬†sonambulos”. Por otra parte, se las toma con la decadencia contempor√°nea¬†sin esconder cuanto a ella esta ligada al debilitamiento de la energ√≠a¬†orgullosa que, en todos los tiempos fue el motor de la historia. Con una¬†pizca de amargura. Cioran me dice: “Rumania no ha tenido una historia”¬†(De la inconveniencia de haber nacido”). Pero si la historia no tiene¬†sentido, como √©l lo subraya igualmente, ¬Ņc√≥mo estar ciertos que vamos¬†hacia su fin?

La misma contradicci√≥n en lo que concierne a la vida. Cioran parece¬†afirmar que no se puede tener a la vez inteligencia y vigor. La¬†enfermedad le parece como un comienzo de sabidur√≠a: aun el m√°s necio de¬†los enfermos, a causa de su estado, es llevado a un m√≠nimo de reflexi√≥n.¬†Pero al mismo tiempo, el profesa una eminente nostalgia de la “gran¬†salud”, de esas fuerzas vitales que el desarrollo del saber a√ļn no han¬†paralizado. Cita estas palabras de Cari Gustav Craus: “Si se pudiera¬†ense√Īar geograf√≠a al pich√≥n viajero, de golpe su vuelo inconciente, que¬†va derecho a la meta, ser√≠a cosa imposible”.

Hasta en estas contradicciones, Cioran se coloca de hecho en toda¬†corriente de “pesimismo cultural”, que va de Gobineau a Montherlant¬†pasando por Spengler. Su pensamiento est√° dominado por el disgusto: “un¬†disgusto que hace perder el uso de la palabra y aun el de la¬†raz√≥n”.¬ŅC√≥mo, entonces, no evocar la obra de Montherlant?. Cat√≥n, en la¬†Guerra Civil, “mira a la izquierda, mira a la derecha, mira a lo alto,¬†mira hacia abajo, y no encuentra m√°s que lo horrible”. Alvaro, en La Reina¬†Muerta, exclama: “Mi pan es el disgusto”.¬ŅC√≥mo no evocar a Montherlant,¬†que declaraba en Marzo de 1971 al diario “Matulu”: “Estoy indignado por¬†lo que veo, lo poco que leo, lo poco que escucho del mundo exterior. Un¬†mundo que yo aparto de m√≠ lo m√°s posible, sino yo vivir√≠a en un disgusto¬†perpetuo”?.¬ŅO al Drieu que escrib√≠a en 1934: “Sufro por los cuerpos de¬†los hombres… Horrible pasear por las calles y encontrar tanta¬†decadencia, fealdad o inacabamientos”?

Cuando pasea por las calles, Cioran ve all√≠ “gorilas” que parecen tener¬†bastante con imitara los seres humanos. Pronto ser√°, deduce, la “hora de¬†cierre” en los jardines de Occidente‚ÄĚ. Y denuncia un planeta¬†“babilonizado”, una sociedad abigarrada: “La posibilidad misma de una¬†multitud tan heter√≥clita sugiere que en el espacio que ella ocupa no¬†existe m√°s, entre los aut√≥ctonos, el deseo de salvaguardar ni siquiera la¬†sombra de una identidad. En Roma, en el siglo III de nuestra era, sobre¬†un mill√≥n de habitantes, solamente sesenta mil habr√≠an sido Latinos¬†descendientes de la cepa originar√≠a. Cuando un pueblo ha completado la¬†idea hist√≥rica que lenta la misi√≥n de encarnar, no tiene m√°s ning√ļn¬†motivo para preservar su diferencia, para cuidar su singularidad, para¬†salvaguardar sus rasgos en medio de un caos de rostros…”.

 En un Invernadero

Roma, ciertamente. Y no se cansa de encontrar en el mundo antiguo, con¬†Epicuro, con el estoicismo, con los presocr√°ticos, las ra√≠ces profundas¬†de este pensamiento que no tiene m√°s que la apariencia de la¬†desesperanza. Entre ese mundo y el nuestro, Cioran hace, por otra parte,¬†un paralelo constante. Escribe: “El mundo antiguo deb√≠a estar muy¬†corrompido para tener necesidad de un ant√≠doto tan grosero como el que le¬†iba a suministrar el cristianismo”. Y aqu√≠, inmediatamente, “I.a Croix”¬†(diario de los cat√≥licos franceses. n.d.r.), en el que no se duda de¬†nada, le requiere explicaciones.

Paralelo en fin entre la fisiolog√≠a de las sociedades, la del hombre y la¬†suya propia. (“Los individuos, como los imperios, prefieren un largo e¬†incierto fin”). Estas comparaciones no son infrecuentes en su prosa:¬†muestra dependencia con respecto a los √≥rganos! As√≠ como es (recuente la¬†confesi√≥n de una mezquina salud, de innumerables noches blancas). Con otra¬†fisiolog√≠a, Cioran sin duda habr√≠a escrito en otro tono, √Čl exclama:”¬°Ser¬†un b√°rbaro y no vivir m√°s que en un invernadero!”, esta palabra explica¬†quiz√°s todas sus contradicciones. Es evidente que Cioran, “fan√°tico sin¬†credo”, hombre de pasi√≥n que no se apasiona por nada, se frena en todo¬†momento y, si lanza el anatema, lo hace s√≥lo para mejor hacer callar lo¬†que siente dentro de s√≠. √Čl no ha sido nunca, dice, m√°s que el¬†“secretario de sus sensaciones” (‘.Quien no lo es?. todo discurso es una¬†proyecci√≥n de nosotros mismos, todo discurso prolonga nuestro ser, cuerpo,¬†alma y esp√≠ritu ligados a√ļn y sobre todos los discursos indirectos).¬†Es tambi√©n por ello que Cioran escribe libros: “Para liberarme”, afirma,¬†“para descargarme de aquello que me pesa en el coraz√≥n y en el esp√≠ritu”.¬†Publicar un libro significa objetivar su contenido. “Me es indiferente¬†mirar en la vitrina de una librer√≠a una obra en la que he confiado¬†secretos”, agrega Gabriel Matzneff, “y sin embargo habr√≠a dudado, antes¬†que hubiera aparecido, en confiar el manuscrito¬† a un amigo muy querido”.

El suicidio consolador

Muy naturalmente, hemos venido a hablar del suicidio. Cioran ve en √©ste¬†“el √ļnico acto verdaderamente normal”. Habla del “deseo leg√≠timo” de¬†suicidarse. Plinio ve√≠a en la facultad de darse la muerte “el m√°s grande¬†beneficio que haya recibido el hombre” y compadec√≠a a los dioses por no¬†poseer tal privilegio: “Apiadarse del Ser supremo porque no tiene el¬†recurso de darse la muerte!”, grita C√≠oran. “Idea incomparable, idea¬†prodigiosa, que por si sola consagrar√≠a la superioridad de los paganos¬†sobre los desatinados que estaban destinados a suplantarlos de ah√≠ a poco”.¬†Planteo a Cioran esta pregunta brutal: ¬ŅPorqu√© no se suicida? en una¬†frase, √©l me da una verdadera respuesta:”Sin la idea del suicidio, me¬†habr√≠a muerto desde siempre”, Es s√≥lo a trav√©s del suicidio, explica, que¬†el hombre puede verdaderamente, en total libertad, decidir por s√≠ mismo¬†su propia suerte. Y s√≥lo esta idea, por una paradoja que en realidad no es¬†tal. permite soportar la vida As√≠ el suicidio es doblemente una soluci√≥n:¬†uno se suicida cuando no se puede vivir m√°s -y si se puede vivir a√ļn, es¬†siempre la idea del suicidio la que te sostiene: la idea que en medio de¬†tanto fango, esta v√≠a de salida, al menos, puede estar siempre a nuestro¬†alcance. Nos acercamos a las palabras de Nietzsche que Matznetf ha puesto¬†a la cabeza de su ensayo sobre el suicidio en los romanos (le D√©fl, l.a¬†Table Ronde, 1965 y 1977): “El pensamiento del suicidio es una poderosa¬†consolaci√≥n: ayuda a pasar muchas malas noches”.

Los cristianos tienen sus libros de humildad. Yo, cuando tengo el coraz√≥n¬†henchido, releo a Cioran. Y primero que nada esta frase, que me es muy¬†apropiada: “Mi misi√≥n es matar el tiempo y la suya, matarme a su vez. Se¬†est√° muy c√≥modamente entre asesinos”.

Alain de Benoist

(Diorama Literario¬†n¬į 148, Mayo 1991, Florencia)
Traducción al castellano: J.A.V.

¬†En seguida de la publicaci√≥n de este art√≠culo en el “Figaro Magazine” del¬†17 de Noviembre de 1979, asi escribir√≠a Cioran a Alain de Benoist, al d√≠a¬†siguiente:

.:.

París, 18 de Noviembre de 1979

¬†Querido se√Īor

Usted ha definido del mejor modo posible mi punto de vista en materia de¬†suicidio, Es precisamente √©sto. Encuentro no menos justos sus notas¬†sobre mis contradicciones, sobre el disgusto y sobre la importancia de la¬†fisiolog√≠a en el conjunto de mis divagaciones. Sin embargo, una¬†definici√≥n tan discutible como aquella de “pensador reaccionario” me deja¬†perplejo. El momento crucial de la historia al que estamos asistiendo es¬†de tal modo decisivo que las viejas categor√≠as de “derecha” e “izquierda”¬†me parecen superadas. Podemos obviamente servirnos de ellas¬†ocasionalmente y por curiosidad, pero en el fondo ello no hace otra cosa¬†que eludir lo esencial.

Usted me ha preguntado porqué no me suicido; podría a mi vez preguntarle porqué Ud. comparte determinadas quimeras (la palabra es suya) hasta el punto de proclamarlas, de organizarlas en cuerpo de doctrina. Mientras más pienso en el futuro, menos entiendo como se puede adherir a cualquier cosa.

Reciba mis cordiales saludos

E.M. Cioran

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