“Fe y escepticismo. La correspondencia entre E.M. Cioran & M.D. Molinié” (Sergio García Guillem)

Texto publicado en La Torre del Virrey – Revista de Estudios Culturales, serie 10, nº 361, 2012/1

“[…] ¿No han tenido nunca esta sensación, después de un gran susto o en un momento muy terrible, cuando el entendimiento conserva aún toda su lucidez, pero ha perdido ya todo su poder?”

F.M. DOSTOIEVSKI, El idiota.

“On est croyant ou on ne l’est pas, comme on est fou ou normal. Je ne peux croire ni désirer croire : la foi, forme de délire à quoi je ne suis point sujet… ”

EMIL CIORAN, Précis de décomposition.

En una conversación con Léo Gillet, Cioran, a propósito de sus influencias literarias, comenta lo siguiente: “[…] Dostoyevski fue hasta el límite de la razón, hasta el vértigo último. Fue hasta el hundimiento, mediante ese salto a lo divino, al éxtasis […]”. Ese mismo éxtasis lúcido, después de un gran susto o situación terrible, o propiamente tediosa, por calificarla con una de las máximas preocupaciones de la prosa cioraniana, de la que ya rindió cuentas Dostoievski con algunos de sus personajes más célebres: los escépticos, enfermos y atormentados Iván Karamázov, Nikolai Stavrogin, el príncipe Mishkin o el joven Ippolit, representación antropomórfica este último del suicidio en El idiota, es el mismo que acosa perpetuamente, entre comicidad, amargura, ironía y un ácido escepticismo, el pensamiento de Emil Cioran. Sus reflexiones arrancan de la carcoma del tiempo y del estatismo monolítico los ecos del pesimismo, el nihilismo (“obsesión de la nada o del vacío, más bien”, como él mismo dirá en una de sus entrevistas) la melancolía y ese tedio de lo propiamente humano, del cual ya hemos comprobado que adopta en muchas ocasiones ese vacío enfermizo y corrosivo del espíritu del “subsuelo” dostoievskiano. Un intento de sistematizar o inculcar orden en su pensamiento, acción que anularía la intrínseca destrucción poética, por decirlo con Molinié, de su lenguaje, es una tarea que, de antemano, debemos abocarla al fracaso, a pesar de ser esta extraña mezcla de caos y revelación lo que otorga una curiosa riqueza intelectual a todo su legado. ¿Resulta pues lícito, a partir de estas indicaciones introductorias, el intento de rescate de parte de una correspondencia, no publicada en vida del autor, que nos permita profundizar más en la reflexión –y profunda crisis– religiosa del joven Cioran? En esta ocasión, vamos a intentar rendir cuenta de cómo parte del epistolario de juventud, excluyendo algunas de sus conversaciones con otros literatos, pensadores y periodistas, no se encuentra totalmente disponible para los estudios cioranianos. Y, más concretamente, y gracias al descubrimiento de un intercambio epistolar, centraremos la atención en la relación epistolar que mantiene Cioran con el teólogo dominico Marie-Dominique Molinié desde 1944 hasta, aproximadamente, 1947. Aquí reside la problemática y el difícil acceso a la cuestión, por lo que antes de comenzar a rendir cuenta de dicha correspondencia serán oportunas unas notas históricas y biográficas complementarias… [+]

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