“Todo tiempo pasado fue peor”, por Maryury García

Nadie ha amado este mundo tanto como yo, y, no obstante, aunque me lo hubiesen ofrecido en una bandeja de plata, de niño incluso, hubiera exclamado: «Demasiado tarde, demasiado tarde.»

                                                                                                              Emil Cioran

¿Cuándo empezó la catástrofe? ¿Cuál es el verdadero origen de la tragedia de la existencia humana? Dichas preguntas marcaron la vida del pensador rumano-francés Emil Cioran; y en respuesta de él hacia ellas, el nacimiento es el único causante de todo mal. Nacer es el primero y más horrendo de todos los desastres. Siguiendo el planteamiento anterior, se intenta en este texto de manera somera, realizar una comparación entre el pensamiento Cioraniano y las tesis gnósticas. Sin embargo, dada la amplitud de dichas tesis y el innumerable número de sectas, la manera en que se abordan es pues muy general. Se intenta por tanto a partir de dicha generalización apelar a las sectas gnósticas que llamaron la atención de Cioran, en mayor medida los Cátaros y los Bogomilos, y que por ende poseen una estrecha relación con el desarrollo de su pensamiento.

Nuestra cultura nos ha enseñado a ver el nacimiento de un ser humano como una situación de gran esplendor. La llegada de un nuevo ser al mundo se concibe con un éxito rotundo. ¡Bienvenido a la vida! Replica una voz. El pobre niño indefenso no concibe de inmediato lo que le espera. Sin embargo, la impresión causada por las sensaciones va dándole cuenta de la agresividad de la situación. Dicha incapacidad en el momento del nacimiento es a lo que se  denomina en la psicología Lacaniana como “miseria fisiológica”. Esta señalada así, por la dependencia que se genera en el niño en cuanto a su madre, ya que se encuentra en un sometimiento genérico que expresa el hombre en cuanto a su condición humana. Sin embargo, a pesar de todo esto, para Cioran el problema de la quiebra esencial se fundamenta al nacer. Sobre ello dice:

Nos repugna, es verdad, considerar al nacimiento una calamidad: ¿acaso no nos han inculcado que se trata del supremo bien y que lo peor se sitúa al final, y no al principio, de nuestra carrera? Sin embargo, el mal, el verdadero mal, está detrás, y no delante de nosotros. Lo que a Cristo se le escapó, Buda lo ha comprendido: «Si tres cosas no existieran en el mundo, oh discípulos, lo Perfecto no aparecería en el mundo…» Y antes que la vejez y que la muerte, sitúa el nacimiento, fuente de todas las desgracias y de todos los desastres. (Cioran, 1973, pág. 4)

Que todo pasado fue peor, y que dicho pasado se remonta fundamentalmente al inconveniente de haber nacido es primordial en la comprensión del problema originario.  En vista de tal problema, es menester llevar a cabo la separación entre el problema del nacimiento y el de la quiebra esencial, ya que ambos son primordiales y al mismo tiempo poseen una estrecha relación. Por un lado el problema de la quiebra esencial está justificado en Cioran a partir de ciertos postulados traídos desde el gnosticismo. Según la tesis gnóstica de Cioran la existencia está viciada desde su origen. Aquí, todo apunta a que el Dios malo es el causante de la quiebra esencial. En este sentido, es preciso dar una breve observación de dicha creencia, y con ella la develación del Dios malvado. La religión gnóstica hace parte de los primeros siglos de la época cristiana. Su teología estaba basada en una exegesis alegórica del nuevo testamento, (en pocas palabras, un tipo de reinterpretación). Estos apelaban principalmente a los evangelios apócrifos de algunos apóstoles, y en base fundamental, los temas a tratar seguían el siguiente modelo: “Las cuestiones doctrinales de las que se ocupan son los grandes temas de la especulación  teológica de los siglos II y III: la trinidad, la creación, la divinización del hombre, la redención, el nacimiento virginal, la crucifixión, la iglesia, el fin del mundo” (Pacheco, 1983, pág. 35).

Los fundamentos del gnosticismo están amparados principalmente en dos factores generales: “ a) una profundización en la exegesis veterotestamentaria, ya iniciada por la gnosis judaica; b) una mayor apertura hacia el helenismo, en particular hacia el Platonismo.” (Pacheco, 1983, pág. 37). Dicha apertura hacia el Platonismo se da en especial a partir del Timéo, en el cual se establecen de cierta manera una visión cosmológica de la que se toman algunos de los postulados gnósticos. Se le confiere a dicha secta un rasgo característico con ello, ya que se concede un carácter filosófico. Por ende, como menciona Pacheco (1983) “Su fe es la de la iglesia; su filosofía, la de Platón”. Existen como tal un variado número de sectas gnósticas que pueden diferir groso modo en algunos puntos. Sin embargo, en términos muy generales  según Savater podría decirse que comparten o coinciden en puntos esenciales:

El mundo de frenesí y dolor en el que vivimos no puede ser invento de ninguna divinidad espiritualmente superior, sino que habrá sido fabricado por algún demiurgo perturbado y maligno, en el mejor de los casos distraído o dotado de un aciago sentido del humor (…) El principio espiritual no puede consistir más que en desenmascarar al mundo y contradecirlo (…)  (Savater, 1992)

El gnosticismo siguiendo la generalidad del término posee una concepción dual, (que implica un juicio de valor bueno/malo) en la que se sostiene un doble movimiento “de degradación y de reintegración” (Pacheco, 1983, pág. 8), por ello, la concepción argumentada por Savater, el dualismo ontológico, se remonta a la desconfianza hacia el creador en una visión degradante del mundo, y por otro lado, la espera del Dios bueno, el Dios trascendente  que pretende reintegrar al hombre a su origen. En términos más exactos, se dice:

Procedente del mundo superior, caída en este mundo sometido al destino, al nacimiento y a la muerte; esta centella debe ser despertada por la contraparte divina de su yo interior para ser, finalmente, reintegrada a su origen. Frente a otras concepciones de la degradación de lo divino, ésta se funda ontológicamente en un concepto particular de .degradación*, cuya periferia (con frecuencia, llamada Sophía  o Ennoia) debía entrar fatalmente en crisis y -de modo indirecto- dar origen a este mundo, del que, por otra parte, no puede desinteresarse, puesto que ha de recuperar el Pneuma que en é1 se encuentra. (Pacheco, 1983, pág. 8)

Este planteamiento, es una de las principales formulaciones del gnosticismo. Hablando ya precisamente del pensamiento Cioraniano, se puede decir pese a que su atracción por este tipo de sectas varié, su aproximación se encuentra sobre todo en algunas derivaciones como la de los Cátaros y los Bogomilos. Estos segundos, se constituyeron desde el siglo Xl,  según las fuentes históricas su nacimiento se dio a partir de una mezcla entre los Maniqueos, los Mesalianos y los Gnósticos, estos junto con los Paulicianos fueron los integrantes de la “Herejia búlgara” que acabaría luego por convertirse o distinguirse por el termino Bogomilos. No se tiene referencia a ellos sino por parte de sus adversarios o enemigos. Por lo tanto, se sabe de ello que estaban en total oposición al sacramentalismo que prevalecía, el culto a las imágenes, rechazando los elementos materiales en la cena y el bautismo. Su marcado dualismo se hacía notar al igual que el de los gnósticos al atribuir el antiguo testamento como obra del diablo y aceptar el nuevo. El nacimiento para ellos era una muestra del Dios malvado al ser este la prisión del buen espíritu dentro de la carne, y por tanto, un castigo por pecados cometidos. Por su parte, los Cátaros fueron totalmente influenciados por lo Bogomilos y desde la edad media estuvieron establecidos en los Balcanes, de ahí su gran influencia en Cioran; Esta religión dualista, con un dios de luz y verdad (el del Nuevo Testamento) y otro de tinieblas y error (el del Antiguo Testamento), predicaba una lucha entre estos dioses y otra entre el espíritu y la materia. Con esto de igual modo podríamos estar de acuerdo con Savater y aceptar que estas sectas coinciden en puntos esenciales. En visión de Cioran, se puede ver tanto la cercanía a su pensamiento cuando nos dice:

Entre los Bogomilos y los Cátaros, se condenaba el matrimonio, institución abominable que todas las sociedades protegen desde siempre, con gran desesperación de los que no ceden al vértigo común. Procrear es amar la plaga, es querer cultivarla y aumentarla. Tenían razón esos filósofos antiguos que asimilaban el Fuego al principio del universo y del deseo. Pues el deseo arde, devora, aniquila: juntamente agente y destructor de los seres, es sombrío e infernal por esencia. Este mundo no fue creado alegremente. (Cioran, 1992, pág. 10)

Que el mundo no fue creado alegremente, prueba la visión del demiurgo, el creador era considerado por los gnósticos como un Dios maligno y estúpido, en este sentido es claro que la interpretación del mensaje evangélico guiaba directamente a la herejía. “Lo mismo se puede decir cuando se condenaba el mundo y se denigraba la vida como creaciones accidentales o demoniacas, o cuando se negaba  la encarnación, la muerte y la resurrección del hijo.” (Eliade, 1978, pág. 433).

Para Cioran, en su interpretación de la secta herética, el nacimiento está condenado, “La única, la verdadera mala suerte: nacer. Se remonta a la agresividad, al principio de expansión y de rabia aposentado en los orígenes, en el impulso hacia lo peor. No es de extrañar que todo ser venido al mundo sea un maldito. (Cioran, 1973, pág. 12). El inconveniente de haber nacido conduce y condena al hombre a la maldad, y a un gusto enfermizo por ella. Empero, el tema  del mal que se desprende es de gran amplitud y merece tener un amplio desarrollo. Por lo tanto, no centraremos o concluiremos en este punto con una pregunta de gran importancia. ¿Es entonces Cioran un gnóstico? ¿El ultimo gnóstico como lo menciona Savater? Habría que verlo, puesto que, aunque  es efectiva su cercanía en tanto un tipo de teología negativa, con Cioran todo hay que mirarlo con recelo y no tomarse ninguna clasificación enserio, Cioran siempre está al lado del camino como buen escéptico. No podría pensarse un Cioran perteneciente a alguna secta o siguiendo cierto tipo de dogmas o creencias. Me atrevo a afirmar aquí que de cierto modo, Cioran solo busca partes de las mencionadas sectas, dichas partes: las de tinte más negro, puesto que no creería que por ejemplo, Cioran creyese en la reintegración o estuviese en la espera del Dios bueno para redimir los pecados cometidos. Aparte de ello, pensando en la época, existiría también recelo al considerar si existe o no como tal un movimiento gnóstico establecido. Así que, es más fácil y abierto conformarse con las ideas fundamentales en las que se apoyó y decir que generaron influencia en él, y por ahora, solo tener en cuenta la conclusión a la que Savater llegó y que justifica la idea principal de este comentario, “(…) Lo peor que nos podía pasar ya nos ha pasado: Nacer.” (Cañeque & Grau, 2007, pág. 45).

Bibliografía

Cañeque, C., & Grau, M. (2007). Cioran: el pesimista seductor. Barcelona: Sirpus.

Cioran, E. (1973). Del inconveniente de haber nacido. Madrid: Taurus.

Eliade, M. (1978). Historia de las creencias religiosas ll. París: Payot.

Pacheco, S. (1983). Los gnosticos. Madrid España: EDITORIAL CREDOS, S. A.

Platón. (1992). Dialogos lV- Filebo, Timéo, Critias . Madrid: Gredos S.A.

Savater, F. (1992). Cioran, el ultimo gnostico- Prologo al aciago demiurgo. Madrid: Circulo de lectores.