“Todos tiemblan: De Emil Cioran para los historiadores” (Carlos Alfredo Marín)

El Nacional, Caracas, 24 de marzo de 2017

1 En el comienzo de las cosas está el miedo. Emil Cioran (1911-1995) goza en demostrarlo. Su investigación rebusca en la ontología de la muerte. Late en sus aforismos la risa burlona. En el fondo, él se aparta de los mortales. Somos nosotros los señalados, los cobardes. Él solo es espectador; nosotros, la manada que sigue el rumbo al despeñadero.

Según el escritor rumano, el miedo es anterior a la formación del Hombre. Si alguna vez hubo Dios, el miedo fue la fuerza que catalizó el caos y la materia. Estamos hablando del miedo como material cósmico, inmanente: la potencia que une a los átomos…

Spinoza creyó que Dios era la Naturaleza misma en sus múltiples modos, y que en ese orden “geométrico” los seres humanos pueden ser felices si saben manejar las pasiones tristes. A Cioran, la propuesta de los filósofos como Spinoza le importa un rábano. Porque, entre otras cosas, el hombre está “condenado” a seguir reproduciendo los mismos errores. Así de plano. No hay lugar para éticas, ni recetas civilizatorias. Todo lo puede el miedo. El propio universo lo sabe: la nada.

2 ¿Cómo atrapa el historiador las pulsiones del miedo? ¿De qué forma acercarse a las fuentes? Reflexionar sobre ello es más que necesario. En torno al diario y el historiador, Emil Cioran respondió a un periodista argentino en 1985: “Lo que me interesa es lo que tiene algo de documento directo, de confesión personal: las correspondencias, los diarios íntimos, las memorias… Allí donde el autor habla de sí mismo, porque sobre uno mismo es sobre lo único que se puede hablar. El yo es el único tema del escritor, sus propios problemas”. He allí la expansión de la lectura: lo íntimo, lo emotivo. Todo depende de la sensibilidad del historiador.

3 Como historiador me gusta hurgar en los mapas. En ellos mis alumnos rompen el celofán que los aparta del pasado. Una vez allí, junto a la imaginación: demostrar que la oscuridad esconde la luz. Pasear por los efectos de la moral y la religión. Sumergirnos en las ideas del tiempo y el espacio. Vislumbrar a Dios, creación del Hombre. Desnudar las pulsiones de muerte de las sociedades a lo largo de la historia…

Los mapas siempre me llevan a filósofos, historiadores, antropólogos y literatos. No veo fronteras para tratar de asir la idea del miedo social. Hay que ir a los pliegues de la cultura y el poder. Enfilar el método de la sospecha a lo Nietzsche, para rumiar los textos y las mediaciones que los atraviesan. Solo así la clase toma un vuelo propio en las aguas de este presente escabroso… [+]