“Emil Cioran” (Till Kinzel)

La Torrey del Virrey – Instituto de Estudios Culturales Avanzados, mayo 2016

Till Kinzel es profesor de Literatura Inglesa y Americana contemporáneas en la Technischen Universität Braunschweig. Su último libro es Michael Oakeshott: Philosoph der Politik (2007).

Se podría considerar de lo más apropiado que uno de los pensadores más amargos del siglo XX, un antifilósofo de la negación del mundo y un magnífico autor de aforismos, proviniera de Rumanía. Emil Cioran, nacido en 1911 en Rasinari, en el límite norte de los Cárpatos del Sur, cerca de Sibiu, pertenece a esa generación de intelectuales rumanos que no sólo no albergaron esperanza alguna para sí mismos, sino tampoco para la situación de su país. Los intelectuales como Cioran vieron la cultura rumana como una cultura de segunda mano: “No es cómodo en absoluto haber nacido en un país de segunda mano”, escribió Cioran en su libro Transfiguración de Rumanía de 1936, su libro más controvertido, publicado sólo en rumano. (En 1990, Cioran recortó esta edición por las partes, en su opinión estúpidas, que trataban, entre otros temas, de los judíos: aquellas partes, en todo caso, por las cuales Mircea Eliade, que revisó las pruebas para Cioran, lo había alabado en su momento). Este extraño libro se encuentra, junto a algunos artículos suyos, en el centro de la discusión sobre la relación de Cioran con el nacionalismo místico o bien con el fascismo de la “Guardia de Hierro”. Por ello es revelador que Cioran enviase al líder Corneliu Zelea Codreau un ejemplar de su libro, una obra que entre los legionarios, los nacionalistas rumanos y los tradicionalistas no gozaba de una aceptación unánime.

De la falta de fe en la existencia real de Rumanía resultó el deseo de crear una nueva Rumanía, un deseo en el que se mezclaban utopía y fanatismo. “Deseo una Rumanía fanatizada,” escribió Cioran, “una Rumanía en delirio, una Rumanía con la población de China y la cultura de Francia”. La embriaguez del fanatismo era para el joven Cioran de alguna manera el fuego con el cual creía tener la obligación de jugar: retrospectivamente, en cambio, “el delirio” le pareció “omnipresente” en sus escritos rumanos. El filósofo Lucian Blaga, que desempeñó un importante papel en la recepción de Nietzsche en Rumanía y que se había visto fuertemente influido por Spengler, elaboró frente a ello en su teoría del “espacio miorítico” una especie de justificación de Rumanía como nación cultural. (Llamó “miorítico” dicho espacio por “Miorita”, una balada popular sobre un corderito que Blaga interpretó como expresión central de la cultura rumana). Por otra parte, muy pronto se hizo evidente entre los intelectuales más relevantes una orientación a la cultura de la Europa central y occidental; los jóvenes rumanos aspiraban entonces como hoy a becas que les permitieran, por ejemplo, pasar una temporada en París. Mircea Eliade, Emil Cioran y Eugene Ionesco marcharon al extranjero y más tarde empezaron incluso a escribir en otros idiomas. El intento de Cioran, al decidirse por el francés, de romper con la lengua rumana al igual que con su pasado rumano, con esa “tragedia de las pequeñas culturas”, tal como él veía la cultura rumana en su primer capítulo de Transfiguración de Rumanía, no podía funcionar. Hasta el final, cuando ya hacía mucho que había dejado tras de sí el nacionalismo de su juventud, estuvo influido por la filosofía cultural de Spengler y obsesionado por el destino de los pueblos pequeños… [Pdf]