“Cioran. Itinerarios de una vida. Topografía de una infancia feliz” (Gabriel Liiceanu)

Mi misión es despertar a las gentes de su sueño de siempre, sabiendo al
propio tiempo que así cometo un delito y que sería mil veces mejor dejar
que siguieran durmiendo porque, en cualquier caso, cuando se despertaran
yo no tendría nada que proponerles.

Emil Cioran, Cuadernos

He observado en muchas personas informadas que me conocían que
se equivocaron al hacerme un diagnóstico. Lo cierto es que lo he hecho
todo para provocar juicios falsos, ingeniosos y, ciertamente, seductores,
aunque infundados. Por regla general, las personas llevan una máscara
para parecer más grandes de lo que son; yo para parecer más pequeño.

Emil Cioran a Gabriel Liiceanu, 28 de junio de 1983

Portada_550_0París, Barrio Latino, “en una de las buhardillas de la tierra”:(1) la historia envenenada de nuestro fin de milenio transcurrió fuera de este espacio sumamente modesto, pero justo aquí, bajo el tejado del nº 21 de la calle Odéon, nació la obra que habría de convertirse en la conciencia de nuestro infortunio. Su autor, un Nietzsche contemporáneo pasado por la escuela de los moralistas franceses, fue considerado alternativamente el nihilista del siglo, the king of pessimists y el escéptico de servicio de un mundo en declive. Él mismo se presentaba a los veinte años como “especialista en el problema de la muerte” y, más tarde, como “un extranjero para la policía”, el meteco por excelencia, “para Dios y para sí mismo”. Pidió que le “financiaran los insomnios” y, a cambio, se comprometía a desbaratar nuestras ilusiones y a conservar para nosotros inalterada la memoria de la nada. ¿Quién es este personaje que se fue de Rumanía y del que en 1971 seguía afirmándose que “llegó a Francia a los diecinueve o veinte años sin haber escrito nunca una línea en lengua rumana? (2) ¿Quién es este “meteco” obsesionado por sus orígenes que decidió cortar con sus raíces para poder hablar con imparcialidad del mundo, de Dios y de él mismo?

“Ese maldito Rasinari, ese espléndido Rasinari”

Emil Cioran, segundo hijo de Emilian Cioran y de Elvira (Comaniciu) Cioran, nace el 8 de abril de 1911 en Rasinari, aldea de pastores de ovejas y leñadores sita en Transilvania, “la región de más allá de los bosques”, que para un occidental evoca por lo general la legendaria tierra de Drácula. Su padre es el cura ortodoxo del pueblo y su abuelo paterno, Serban Cioran, desempeñó la función de ecónomo en dicho lugar. Su abuelo materno, Gheorghe Comaniciu, era originario de Venetia de Jos, localidad de la provincia de Fagaras, y durante el imperio austrohúngaro ejerció de notario y recibió el título de barón.

“Ese maldito, ese espléndido Rasinari”, como lo llama Cioran, cuya imagen lo persiguió sin cesar como un lugar que libera y luego atrae hacia sí de tal modo que marca indeleblemente toda una vida, es una de las poblaciones rumanas más antiguas de Transilvania. Un documento de 1488 y posteriores testimonios de origen sajón retrotraen los orígenes del pueblo hasta “Atila, rey de los hunos” y, en todo caso, hasta mucho antes de la llegada de los sajones a Transilvania y de la fundación, en la segunda mitad del siglo XIII, del “burgo de Hermann”, Hermannstadt (o Sibiu para los rumanos). Hasta fines del siglo XIV, esa aldea fronteriza situada a diez kilómetros de Sibiu cambió muchas veces de jurisdicción, de los reyes de Hungría a los voivodas rumanos, para después, durante siglos, permanecer bajo dominio húngaro hasta que, en 1918, en el tratado de Trianon, Transilvania se segrega del imperio austrohúngaro y se une a Moldavia y Muntenia para dar origen al reino de la Gran Rumanía… [+]