“El descanso eterno del fil贸sofo insomne” (Rub茅n Am贸n)

LA NACI脫N, 29 de marzo 2018

El fil贸sofo franc茅s muri贸 el mi茅rcoles en Par铆s a los 78 a帽os. Mel贸mano e insomne, neg贸 la existencia del yo y el individuo

Cl茅ment Rosset padeci贸 la enfermedad del sue帽o. Seis a帽os y 2.000 noches de insomnio que percutieron en su salud hasta torturarlo. Y en su moral, como 茅l mismo dec铆a en alusi贸n a los comportamientos an贸malos que se derivaron de un duermevela insoportable. O soportable, puesto que Rosset consigui贸 sobreponerse a esta maldici贸n gracias a un novelista ruso.

Y no sabe por qu茅. Ignoraba las razones de la enfermedad como ignoraba los motivos de la curaci贸n. Pero se conmov铆a cuando me explicaba, en su modesto domicilio de Par铆s, los detalles de la angustia nocturna. Un estado de asfixia. Un cuerpo agarrotado. Una anorexia existencial. Una relaci贸n atroz, temblorosa con la oscuridad a la que se expon铆a desarmado y demacrado.

Trataba de verbalizar el problema, como dicen los terapeutas cursis. Pero Rosset no era ni cursi ni terapeuta. Era un hombre culto, ilustrado. Un lector de Emil Cioran y de Jos茅 Bergam铆n. Un devoto de Johann Sebastian Bach. Un ap贸stol de la Olivetti y del vinilo, aunque todos estos recursos no lo preservaron de las pesadillas.

Acert贸 a transcribirlas, entre temblores,聽en las p谩ginas de聽Traves铆a nocturna. Nada que ver con el vuelo de Saint-Exup茅ry, sino con un viaje al misterio de la mente, una tierra de nadie y de nada que desdibujaba la conciencia hasta hacerla irreconocible.

“Espero pacientemente a que me sirvan en un restaurante inquero en Palma [de Mallorca] en el que todos los clientes est谩n muertos y permanecen inm贸viles en sus puestos. Algunos de ellos, tambi茅n inm贸viles, en realidad est谩n a punto de morir (…) Tras este sue帽o aterrador y tan claro, dos horas de agitaci贸n hasofinesca. Ritmo m谩s bien sosegado, pero con una intensa tonalidad de grisalla y desolaci贸n”, escrib铆a Rosset.

Era un descanso agotador. Un semi-insomnio depresivo que conduc铆a a una especie de astenia diurna. Creo que Cl茅ment聽 Rosset recurr铆a al lenguaje t茅cnico y cient铆fico porque necesitaba distanciarse de su propio conflicto. Que era suyo como anta帽o lo fue de Francis Scott-Fitzgerald聽y de William Styron. Ambos hab铆an experimentado la mal茅fica agitaci贸n. Y hab铆an intentado exorcizarla 鈥攅l verbo me parece adecuado鈥 con sus propios escritos.

Supusieron para Cl茅ment un cierto conforto. Pensaba que聽El crack-up,聽de Fitzgerald, y聽Esa visible oscuridad, de Styron, tanto retrataban su propia experiencia como aportaban a la enfermedad una reputaci贸n intelectual. Un espacio semion铆rico. Una experiencia alucinatoria y descarnada, como si Rosset vagara聽en un tr铆ptico de El Bosco, atormentado por las monstruosas criaturas que describi贸 Rafael Alberti en aquel poema lis茅rgico: barrigas, narices, lagartos, lombrices, delfines volantes, orejas rodantes, ojos boquiabiertos, escobas perdidas, barcas aturdidas, v贸mitos, heridas, muertos.

Y entonces decidi贸 Clement confiarse a su propia experiencia. Conocerla mejor que a s铆 mismo. Analizarla. Trasladarla a un memorial, describir como un notario el c铆rculo vicioso del insomnio. Sue帽os aterradores. Agitaci贸n. Desolaci贸n. Un hundimiento energ茅tico. Una contradicci贸n: Cl茅ment sufr铆a de nada. Y sufr铆a mucho, desahuciado como estaba por los doctores.

El paciente no encontraba reposo en la m煤sica. Fi贸dor Dostoievski, en cambio, le propuso sumergirse en un espacio imaginario que fue suplantando la realidad de las pesadillas. El tiempo no cura las cosas, dec铆a Cl茅ment. Las cosas se mitigan con nuevos est铆mulos. Algunos son tan eficaces como enamorarse (Michel de Montaigne). Otros pueden encontrarse viajando entre las p谩ginas de聽El jugador聽y asistiendo a la revelaci贸n de聽Crimen y castigo.

Un novelista ruso cur贸 a Cl茅ment. Pero nunca le hab铆a perdido el miedo a esa experiencia tan cotidiana y prosaica de meterse en la cama. Prefer铆a un sudario a las trampas esponjosas de unas s谩banas traicioneras. Rosset nunca volver谩 a despertarse. Se merec铆a el sue帽o eterno.

Cl茅ment Rosset fue uno de los fil贸sofos m谩s preclaros y coherentes de nuestro tiempo. Quiz谩 porque hab铆a perseverado durante medio siglo en teorizar la yuxtaposici贸n de lo real y su doble, entendiendo el primer concepto como aquello que se nos presenta desprovisto de fines o de contenidos.

No conduce a ninguna parte duplicar esa realidad, mucho menos cuando lo hacemos para escapar de la finitud, para conjurar el dolor, para regatear la desgracia y para escapar del cementerio. “Nada m谩s fr谩gil que la facultad humana de admitir la realidad, de aceptar sin reservas la imperiosa prerrogativa de lo real”, me explicaba Rosset en el escritorio espartano de su despacho. Podr铆a deducirse de semejante principio un pesimismo enfermizo, pero Rosset se diferencia del maestro Cioran en que la aceptaci贸n de lo real conduce a celebrar la existencia como escenario 煤nico de la alegr铆a.

Alegr铆a, claro, en la oscuridad. De hecho, el fil贸sofo franc茅s, amigo de Althusser y allegado de Lacan, reconoc铆a que una de las claves del camino vital puede encontrarse en el聽Don Giovanni聽de Mozart como paradoja de un “drama jocoso”. Influye que Rosset sea un mel贸mano enciclop茅dico. Conoc铆a en profundidad la m煤sica de Falla, amaba la jota y le entusiasmaba el folclore balear.

Su padre tuvo un v铆nculo con la Espa帽a republicana, sus hermanas nacieron al sur de los Pirineos y 茅l mismo conservaba una casa en Mallorca, donde hab铆a encontrado su propio refugio. All铆 termin贸 uno de sus 煤ltimos libros,聽Loin de moi聽(Lejos de m铆), convencido de destronar a Hume en su visi贸n distorsionada de la condici贸n humana.

“No existe ni el yo ni el individuo. Solo existe el yo social”, proclamaba Rosset con la media sonrisa de quien entendi贸 la iron铆a como una manera de sobrevivir en la tierra.