“Schopenhauer y Cioran. El mundo como absurdo y sufrimiento” (Alexander Aldana Piñeros)

Trabajo de grado presentado como requisito parcial para optar al título de Magíster en Filosofía, Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, 2016. [PDF]

Introducción

EL PACIENTE:
—Doctor, un desaliento de la vida
que en lo íntimo de mí se arraiga y nace:
el mal del siglo…el mismo mal de Werther,
de Rolla, de Manfredo y de Leopardi.
Un cansancio de todo, un absoluto
desprecio por lo humano…; un incesante
renegar de lo vil de la existencia,
digno de mi maestro Schopenhauer;
un malestar profundo que se aumenta
con todas las torturas del análisis…
EL MÉDICO:
—Eso es cuestión de régimen: camine
de mañanita; duerma largo; báñese;
beba bien, coma bien; cuídese mucho:
¡lo que usted tiene es hambre!…
Silva. El mal del siglo.

La realidad nos sobrepasa, quiebra todo poder humano y establece cada límite con el que tropezamos como individuos. He ahí la razón del desconcierto y de la desazón que impulsan el drama de la existencia: espectáculo revestido de patetismo que ha pretendido llamarse continuamente tragedia humana y que, precisamente, es lo expresa el poeta José Asunción Silva bajo el mal del siglo. Tal cuestión debe comprenderse por encima del sentimiento desbordado de la melancolía o de la distimia –rótulo de nuestro siglo– que se  establecen, desde la visión clínica o psicopatológica, como un mal humor o humor perturbado ante la vida y sus “alegrías” siendo normalmente expresado bajo la forma de la depresión o como alguna clase de trastorno fisiológico, como pretendía exponer –con gran ironía– el final del poema.

Allende a estas formulaciones, seguimos teniendo hambre; hambruna insaciable ante los silencios de la existencia, que en su marcha incomprensible –ignoramos su de dónde, por qué y para qué– se viste con las túnicas de la desesperación y la angustia. La realidad, el mundo, la vida aparecen como el signo de la ininteligibilidad, la incertidumbre y la carencia, en suma, apabullan nuestras precarias y anodinas fuerzas, de lo que resulta el sentimiento de indigencia ante una realidad muda ante las preguntas acerca de su sentido, de su razón de ser que le formulamos. Indigencia causada por la dificultad de ser o de encontrar razones de existir que es expresada por Cioran así:

La tragedia del ser humano, animal exiliado en la existencia, reside en el hecho de que los elementos y los valores de la vida no pueden satisfacerle. […]; para el hombre la vida es un signo de interrogación. Signo de interrogación definitivo, pues el ser humano no ha recibido nunca ni recibirá jamás respuesta a sus preguntas. No sólo la vida no tiene ningún sentido, sino que no puede tenerlo (CD, 180).

Así, el mutismo de razones que validen la existencia ha impulsado la búsqueda reflexiva de respuestas, aunque, si bien la mayoría de ellas se han amparado dentro de las explicaciones metafísicas, cosmológicas y teológicas, existen distintas alternativas para comprender el malestar que hemos formulado desde las primeras líneas, opciones generalmente contrapuestas a las versiones tradicionales en el decurso del pensamiento humano. Así pues, lo que se intentará establecer en este trabajo es la relación existente entre dos de esas posibilidades teóricas que se oponen a las explicaciones tradicionales de la existencia, que podrían ampararse dentro del concepto de sistemas de pensamiento
racionalista-metafísico-teológico.

Tales propuestas disidentes son las obras del alemán Arthur Schopenhauer y la del rumano Emil Cioran, pensadores que, a pesar de estar separados por el tiempo, motivaciones y circunstancias, manifiestan una serie de reflexiones que resultan, más bien, afines o, por lo menos, familiares con respecto a la hipótesis de la vida como un absurdo. Ambos autores reconocen la realidad como un conjunto de relaciones fenoménicas, siempre dependientes y referenciales, a las cuales resulta imposible atribuir un principio ordenador y justificador que les garantice un sentido último, y que captan, como sugiere Schopenhauer “[…] la misma nihilidad en todas las formas del principio de razón; y veremos que, como el tiempo, también el espacio y todo lo que existe en él a la vez que en el tiempo, o sea, todo lo que resulta de causas o motivos, no tiene más que una existencia relativa, solo existe por y para otro que es semejante a él, […]” (MVR I, § 3, 55). Lo cual, como intentará mostrarse más adelante, acabará por develar las condiciones de absurdidad en que se manifiesta la vida y que hacen de esa hambre de sentido, de ese vacío en la existencia, algo insaciable y destructor…. [PDF]