“Emil Cioran (1911-1995): una indicación a la interioridad en el siglo XX” (Christian Santacroce)

Universidad de Salamanca, Facultad de Filosofía, Lógica y Estética, Salamanca, 2015.
Tesis doctoral en filosofía (versión reducida)
Director: José Luis Fuerte Herreros

INTRODUCCIÓN

1. La obra de Emil Cioran

La obra de Cioran se divide en dos grandes mitades. La primera, correspondiente al periodo rumano (1930-1945); la segunda, la que comprende la etapa en francés, a partir de 1946.

El punto inicial de su obra, el lugar en el que su problemática vital comienza a hacerse expresión, a perfilar sus rasgos vivos mediante la escritura, es en verdad anterior a 1934, año de aparición de su libro debut, Pe culmile disperǎrii (En las cimas de la desesperación). Su primera manifestación se encuentra ya presente en las doce cartas que Cioran envía a su amigo de la infancia, Bucur Ţincu, entre 1930 y 1933. La primera de ellas, que aparece sin fechar, pero que bien puede situarse a principios del año 30, atendiendo al orden que el propio Ţincu le había asignado en su archivo, contiene ya el origen de su obra.

En ellas vemos -seguramente mejor que en ningún otro sitio posterior-, cómo la insurgencia de la vida, el sentimiento trágico de la existencia, se apoderan del pensamiento de Cioran, determinándolo, convirtiéndolo en una función casi fisiológica, en una cuestión de temperamento y desequilibrio, en todo momento ligada a la intuición metafísica: «Que nosotros comprendamos más que los otros –le dice a Ţincu-, significa que nuestro desequilibrio nervioso es mucho más turbulento».

En este temprano grupo de cartas se prepara ya, in nuce, todo lo que vendrá después. Tanto en lo que se refiere a la forma («Habría que publicarlas como un librillo de versos», sugería su autor en 1991, al enterarse a través de Ion Vartic de su reciente descubrimiento), como en lo que afecta a su contenido, planteado desde una actitud sin edad: «Una cosa es segura» -advertía Cioran en el primero de estos textos-: «filosofía no tienen derecho de hacer sino aquellos que a los 20 años ya no esperan grandes sorpresas de la vida, que son capaces de ejercitarse en la meditación contemplativa pasado por encima de la inestabilidad de la edad».

Por lo demás, un pensamiento como el de Cioran se muestra, por definición, mucho más propio a este género de manifestaciones privadas, marginales, que a la confección de lo que supuestamente habría de ser una obra, esto es, un proyecto concebido y realizado de cara a un público. En el caso de Cioran, la separación entre los escritos privados (cuadernos, correspondencia) y su obra publicada en vida, no es del todo lícita. Trátese de una u otra, la escritura guarda siempre en su caso un carácter íntimo, tan necesario como irresponsable frente a quien puediera descubrirlo. Se escribe no par faiblesse, como responde Valéry al preguntársele por la razón de su escritura, sino par misère, por miseria interior, según alega el autor en su primera entrevista, concedida en 1969 a Christian Bussy. Cioran escribe ante todo para sí, acuciado por sus momentos depresivos. Se trata de un diálogo de absoluta soledad, que presupone como interlocutor una soledad aún mayor, detentada por Dios.

Desde esta perspectiva, el libro como tal, en su formato publicable, resulta algo más bien secundario, una suerte de accidente, por no decir un artificio, un conglomerado de fragmentos aislados. La escritura, en su índole inmediata, constituye para Cioran un recurso fundamentalmente terapéutico. El público queda reducido a un condicionante vago, a una posibilidad tan lejana como incierta. Esto sin negar que la publicación pueda constituir de hecho un segundo término, no menos necesario que el primero, en ese proceso de objetivación, de disminución del fardo íntimo que se desprende en la escritura.

Otra razón me lleva a situar el inicio de la obra cioraniana a comienzos de los años 30, antes de 1934. Paralelamente a estas doce cartas, más de media centena de artículos, entre ensayos y reseñas, firmados por Cioran, habían ido sembrando las páginas de las diversas revistas rumanas de la época (entre ellas: Mişcarea, Gîndirea, Floarea de foc, Azi, Calendarul, Vremea, Discobolul, Abecedar, România literarǎ) antes de la aparición de Pe culmile disperǎrii. El primero de ellos, Voinţa de a crede (La voluntad de creer), título inspirado en el ensayo homónimo de William James, lo encontramos en Mişcarea (El Movimiento), el 25 de febrero de 1931. La actividad publicística de Emil Cioran durante esta primera época, se mantendrá vigente hasta 1943. Lo que significa que su colaboración con las gacetas de su país continuará ejerciéndose también desde el extranjero. No sólo desde Alemania (1933-1935), sino también desde París, a partir de 1937.

Me refería, al comienzo de esta introducción, a las dos grandes mitades que dividen la obra de Cioran, separación marcada por el transbordo lingüístico de su lengua natal (el rumano) a la que sería después su lengua de elección (el francés). Al llegar a París en 1937, Cioran dejaba atrás ya cuatro libros: Pe culmile disperǎrii (En las cimas de la desesperación, 1934), Cartea amǎgirilor (El libro de las ilusiones, 1936), Schimbarea la faţǎ a României (La Transfiguración de Rumanía, 1936) y Lacrimi şi sfinţi (Lágrimas y santos, 1937). El salto, sin embargo, no se produce simultáneamente con su llegada a Francia, como pudiera ser el caso de su futuro amigo Benjamin Fondane, por ejemplo. Durante los primeros años de permanencia en tierras francesas, Cioran continuaría cultivando su lengua de origen, profundizándola a través de diversas lecturas, especialmente en los libros que descubre en la biblioteca de la iglesia ortodoxa rumana de París.

Durante esta primera década en Francia, además de sus colaboraciones con algunas de las revistas antes mencionadas, se suman a su obra dos nuevos títulos en rumano: Amurgul gândurilor (El ocaso de los pensamientos) publicado en 1940, y un manuscrito inédito hasta 1991: Îndreptar pǎtimaş (Breviario de los vencidos), escrito entre 1940 y 1944.

El salto al francés no se produce hasta 1946, cuando lo encontramos aún entregado a la tentativa de traducir a Stéphane Mallarmé al rumano. En ese momento Cioran toma conciencia del absurdo de continuar escribiendo en su propia lengua, en una lengua que nadie conoce. A partir de ahí decide, a la manera de una revelación, empezar de inmediato a escribir en francés, exclusivamente.

Su primer manuscrito en la nueva lengua llevaría por título Exercices negatifs. De estos primeros Ejercicios negativos, pasando antes por otras dos pruebas, brotaría finalmente la versión definitiva de Précis de décomposition, que Gallimard publicaría en 1949.

A este primer título en francés se irán sumando otros : Syllogismes de l´amertume (1952), La Tentation d´exister (1956), Histoire et Utopie (1960), La chute dans le temps (1964), Le Mauvais demiurge (1969), De l´inconvénient d´être né (1973), Écartèlement (1979), Exercices d´admiration (1986), Aveux et Anathèmes (1987).

2. Tesis general e intención de este trabajo

Resulta hondamente significativo en cuanto al fundamento de su propia obra – Cioran siempre habla de sí mismo, en realidad-, lo que el autor nos dice en el prefacio de Anthologie du portrait, al señalar la distinción entre el hombre interior y hombre exterior. De la primera dimensión, se han ocupado los místicos; de la segunda, del hombre exterior, los moralistas:

«… es a éste al que examinan, escrutan y denuncian, sin preocuparse si posee alguna dimensión intemporal. Las contantes que en él descubren son las que se derivan de su decadencia, y no las que podrían ayudarlo a superarla. De este hombre en superficie, han sondado sus «profundidades», el revés de su frivolidad y el trasfondo de sus apariencias, el mecanismo y el secreto de sus intereses y entusiasmos. En la crueldad con la que lo han desenmascarado, no se negará que cabe una cierta elegancia; pero la elegancia está en la expresión y en el giro, no en la mirada y en el análisis. Si su indiscreción no perdona el misterio de nadie, es porque para ellos precisamente nada está investido de misterio, por lo que entiendo ese misterio esencial que nos liga al absoluto y que hace de nosotros otra cosa que títeres fúnebres y risibles.»

La tesis general del presente trabajo consiste no sólo en afirmar que en la obra de Cioran existen lugares puntuales en donde la indicación a esa dimensión intemporal se hace explícitamente manifiesta, señalando esa dimensión no sólo como cierta, sino también como la única alternativa verdadera (así, por ejemplo, en los párrafos finales de Histoire et Utopie). Pero esto no es todo, lo que con este trabajo pretendo insinuar además, es la idea de que toda la obra de Cioran, en su conjunto, y el propio carácter negador que la domina, constituyen en sí mismos una gran indicación a esa dimensión interior cuyo más alto ejemplo lo constituye la mística y la santidad: «… me decía ahora mismo que mi escepticismo es en el fondo religioso y que no es por nada que los espíritus de los que más próximo me siento son Pascal y Dostoyevski», anotaba el autor en su cuaderno en julio de 1968.

La intención principal de este trabajo, por lo tanto, será trazar un cierto itinerario de fragmentos, rescatados de ese naufragio en el que el corpus de Cioran se descompone, un recorrido en el que las líneas de esa indicación se hagan presentes, iluminando el lugar central que dicha interioridad ocupa en su sentir existencial.

3. Estructura general y contenidos de esta tesis doctoral

El presente trabajo se halla dividido en nueve capítulos centrales, precedidos por la introducción que nos ocupa, más un apartado final dedicado a las conclusiones. A esto he creído oportuno sumar además un apéndice con la traducción integral de las doce cartas ya mencionadas, seguidas de sus correspondientes manuscritos. En las últimas páginas se hallará expuesta la bibliografía.

Capítulo primero:

El primer capítulo se halla orientado a subrayar la presión que el cuerpo ejerce en la génesis de las ideas cioranianas. Para lo cual, he creído oportuno remontarme a los orígenes, al embrión de su pensamiento escrito, cristalizado en las doce cartas a Bucur Ţincu. Me apoyo para esto en algunas observaciones de Ion Vartic en su libro: Cioran, naiv şi sentimental. Por otro lado, hago también referencia a un texto de Mihai Ralea, quien ya en 1937 definía Pe culmile disperǎrii como una “especie de confesión endocrinológica”, resaltando con ello la preponderancia que lo orgánico y lo temperamental descubren en el talante cioraniano. La conciencia, por lo demás, no es para Cioran sino el producto de un malestar constitutivo inlocalizable. Lo irracional se alza así como la fuerza que modula la naturaleza fragmentaria, discontinua y contradictoria de su pensamiento y expresión.

Capítulo segundo:

La primera parte de este segundo capítulo está consagrada a la cuestión política, a ese “pasado comprometedor” -según la expresión del propio autor en una de sus cartas a Aurel, el 25 de septiembre de 1979- en torno al cual se suscitarían tantas polémicas, coincidiendo con la muerte de Cioran en 1995, constituyendo a partir de entonces el objeto de amplios estudios, como los de Alexandra Laignel-Lavastine (Cioran, Eliade, Ionesco. L´oublie du fascisme : trois intellectuels roumains dans la tourmente du siècle, 2002) o Marta Petreu (Un trecut deocheat sau “Schimbare la faţă a României”, 1999). En este apartado, comienzo por destacar el desdeñoso apoliticismo que manifiesta Cioran en sus cartas a Ţincu y en sus artículos anteriores al otoño de 1933, contrastándolo con el giro que a este respecto parece producirse en él a raíz de su estancia en Alemania como becario de la Fundación Alexander von Humboldt, durante el bienio académico 1933-1935, periodo en el que tendrá ocasión de asistir en directo a la expansión del hitlerismo. Lo que de aquí se deriva, se contempla después en la retrospectiva de un texto escrito a principios de los 50, Mon pays (inédito hasta mediados de los 90) o bajo el prisma de otras noticias recogidas de sus Cuadernos y en su correspondencia.

Paso después, en la segunda parte, al periodo de transición que prepara el cambio de una lengua a otra, del rumano al francés, señalando algunas de las circunstancias y significados vinculantes.

Capítulo tercero:

El tercer capítulo está íntegramente enfocado al tema de la escritura, atendiendo a la función fundamentalmente terapéutica que ésta cumple, centro de las complejas relaciones que Cioran mantiene con ella. Se mencionan también otros elementos que definen y modulan el carácter y estructura de su obra. El salto de un idioma a otro vuelve a surgir aquí ligado a la imposición de un nuevo modelo de escritura.

Capítulo cuarto:

Este capítulo concierne a Lacrimi şi sfinti, el cuarto libro de Cioran, cuya publicación, en 1937, viene a coincidir con su partida a Francia. El hecho de consagrar la integridad de un capítulo a esta obra en particular, se debe a la importancia central que este libro comporta en el conjunto de la obra cioraniana. Esta centralidad queda confirmada por el propio autor, como tendremos ocasión de comprobar en referencia a sus cuadernos y a ciertos tramos de su correspondencia. Lacrimi şi sfinţi expresa la crisis religiosa de Cioran, el punto álgido de su espíritu en tensión (es, según le explicaba a su madre, el único libro místico que se haya escrito en Rumanía). Se hará así repaso a las circunstancias de su aparición, al unánime rechazo que despertó, rescatando la excepcional comprensión de Jeni Acterian…[PDF]