“Los bucles eternos de la filosofía” (Carlos Eduardo Maldonado)

Revista EIDOS, no. 27 (2017), págs. 349-354.

Reseña: C. Valcan, Infuencias culturales Francesas y alemanas en la obra de Cioran. Traducción de M. Liliana Herrera A., prólogo de Joan M. Marín. Pereira: Ed. Universidad Tecnológica de Pereira, 429 pp.

Carlos Eduardo Maldonado
Universidad del Rosario

carlos.maldonado@urosario.edu.co

E. Cioran (1911-1995) puede ser visto al mismo tiempo como la voz, el contrapunto, y una vertiente de lo mejor de la filosofía alemana y francesa. Dos ejes centrales del pensamiento europeo en la historia del siglo XX. Europa se articula en dos corrientes principales, claramente delimitadas: de una parte, la Escuela de Viena, todo lo que ella expresa, contiene y germina —así, por ejemplo, la obra, en el otro extremo del continente, de Russell, Whitehead y Wittgenstein, esa fuente de lo que se ha dado en llamar la filosofía analítica o anglosajona en contraste con la filosofía continental—. Y de otro lado, esa tradición francesa, austriaca y alemana cuya mejor radiografía en un momento determinado es el Asalto a la razón de G. Lukacs, obra fundamental de 1954 que estuvo antecedida por dos textos anteriores, uno de 1933 y otro de 1942. Lukacs, alguien tan inteligente y en la línea de Cioran, que sufrió el desprecio y las críticas de Lenin: un motivo para ufanarse, la verdad sea dicha.

Ciprian Valcan nos obsequia un libro determinante que nos permite no solamente entender la genealogía del pensamiento cioraniano, sino también una visión prismática de la filosofía europea desde los ojos de Cioran, desde sus escritos de juventud hasta los textos de madurez. Este libro no sería un obsequio sincero sin la excelente y cuidadosa traducción de M. Liliana Herrera. Lo que hizo Liliana en términos de trabajo no puede asimilarse menos que a una segunda tesis doctoral. Quienes participamos, conocimos o vimos, de cerca o de lejos, el parto de Liliana con este libro de Valcan sabemos que no es una exageración. Liliana Herrera ya es un punto de referencia mundial en los estudios cioranianos, para orgullo colombiano.

Pero es que el libro del profesor C. Valcan es también una verdadera extrañeza, particularmente para quienes conocemos la otra, acaso la verdadera, cara de su obra: el trabajo inteligente, incisivo, humorístico y sarcástico con los aforismos. Que es el verdadero lenguaje, si me permiten, valcaniano.

Ciprian Valcan es un autor y pensador rumano del más alto calibre. Dos expresiones puntuales así lo ponen de manifiesto. De un lado, las numerosas publicaciones y traducciones de sus obras, entre otros al checo, al español, al portugués, al italiano o húngaro. Y de otra parte, el hecho mismo de que realizó tres doctorados, entre Francia y Rumania: uno en 2002, otro en 2005 y uno más en 2008. Casi una década de lectura y escritura en torno a tres tesis doctorales. ¡Cosa de locos, verdaderamente! (Se trata, desde luego, de un cumplido).

Pues bien, las Influencias culturales francesa y alemanas en la obra de Cioran es en realidad la tercera tesis doctoral que escribió el profesor Valcan. Con el apoyo de la Universidad Tecnológica de Pereira, la profesora Herrera nos regala un libro central de la historia de la filosofía.

La filosofía, se ha dicho, no es otra cosa que el diálogo de un autor con otros autores, y de un texto con otros textos que lo antecedieron. Textos escritos u orales. Pues bien, no otra cosa es lo que ulteriormente caracteriza a la filosofía primera, a saber: la realización siempre inacabada de bucles de diálogo, interpelación, crítica. Después de todo, un autor como E. Husserl sostenía al final de su vida: mis verdaderos interlocutores han sido Platón, Aristóteles, Agustín, Bolzano y varios más.

Según esto, interlocutamos al mundo con la luz directa o indirecta de aquellos que nos han influenciado, o de aquellos con los que debatimos. El mundo o la realidad, lo que quiera que ello sea, es, según parece, el pretexto del diálogo y debate de inteligencias. Cioran no es la excepción. Y lo dice un connoissseur de la obra cioraniana, como Ciprian Valcan.

Sin embargo, las influencias alemanas y francesas no son sin rivalidad. Decir influencias francesas o alemanas es, en realidad, una generalización, puesto que existen también influencias austriacas sobre Cioran. Si no, véase esa hermosa sección que escribe Valcan sobre Weininger, una de las expresiones del genio austrohúngaro. Pero todo cobra sentido a partir del muy afortunado punto de partida que encontramos en el libro que nos ocupa: el complejo de inferioridad de la cultura rumana. “¿Los rumanos? Estamos rodeados por eslavos; y ya son muchos”, sostenía con preocupación alguien en Timisoara en alguna ocasión.

Rumania, esa interface entre Occidente y Europa Oriental, entre el Mediterráneo y el mar Negro, esa tierra de paso y escondite a la vez. Un crisol de culturas, y sin embargo, un mundo menor. ¿La historia? Quizás pase por Rumania, pero se hace por fuera de su geografía: en Estambul o en Berlín, en Moscú o en Roma, en París o incluso en Odessa o Crimea. Y sin embargo, es justamente esta situación la que sirve a la vez de piso y de marco para la obra de E. Cioran. Rumania se hace posible, en el pensamiento cioraniano, con y a pesar de los alemanes y los franceses. Si Europa es una península que se cree un continente, análogamente, Cioran es una isla que se yergue como un continente. Valcan y Herrera así lo saben… [+]