“El comunismo: utopía, mito, imaginario en la obra historiográfica de Lucian Boia” (Miguel Ángel Gómez Mendoza)

Diacronie. Studi di Storia Contemporanea, no. 35, 3/2018

El éxito de la “mitología” comunista, éxito relativo, pero innegable – incluso estupefacto, si lo relacionamos con su precario soporte material –, no puede ser entendido sino en un sentido de larga duración de la historia y en primer lugar desde la perspectiva del mito y del imaginario. Lucian Boia, historiador rumano, considera que el comunismo como utopía es una mitología programada desde hace mucho tiempo, inscrita no tanto en la dialéctica de unas contradicciones de orden económico y social como creía Marx, mucho más profunda, en un arquetipo fundamental del imaginario, en una estructura mental durable que el paso del tiempo no ha erosionado del todo. Se tratará la utopía del comunismo como una mitología, destacando sus figuras más netas y activas, matizando y refinando los análisis contemporáneos a través de la obra de Marx y otros pensadores marxistas. En esta óptica, el fenómeno del comunismo fue y es un tema particular – dramático sin duda alguna – de una mitología histórica global y parte de una historia entendida como materialización de los mitos.

1. Introducción

¿Quién es el historiador rumano? Lucian Boia (1 de febrero de 1944), profesor titular en la Facultad de Historia Universidad de Bucarest-Rumania. Su obra es extensa y variada, comprende numerosos títulos editados en Rumania y Francia, así como sus traducciones en inglés, alemán, húngaro, italiano y españoli. Vicepresidente y secretario general de la comisión internacional de la historia de la historiografía en los años 1980-1990. Entre sus preocupaciones históricas se encuentran la historia de las ideas, del imaginario, de los fundamentos teóricos de la historia al igual que la investigación sobre una amplia gama de temas desde la perspectiva de la “desmitologización” histórica (comunismo, nacionalismo, democracia, el fin del mundo, entre otros). Ha elaborado nuevas interpretaciones respecto a la historia de Occidente, de Francia y Alemania. El historiador es un punto de referencia a la hora de redefinir la historia de Rumania, de Europa y un conjunto de temas históricos como son: la mitología, el imaginario, el comunismo, la nación, el clima, la historia, occidente y la democracia, entre otros.

Es quizás el historiador rumano más conocido en Occidente. Su obra es extensa y variada. Entre sus preocupaciones históricas se encuentra la historia de las ideas y la historia del imaginario, historia intelectual, historia del tiempo presente, historia de los mitos contemporáneos, entre otros. Su vasta obra es atractiva e importante tanto por sus trabajos teóricos sobre la historia como sobre el imaginario en la historia, complementada con las investigaciones de un amplio conjunto de mitologías y la historiografía universal.

Su obra, se inscribe en una línea de relativismo científico que con gran fuerza e insistencia se afirma desde hace algunas décadas. Siempre en el límite estricto de la historia, se asocia a las interpretaciones que toman en consideración el texto o el discurso como elaboraciones relativamente autónomas frente al pasado, al cual se refiere y depende simultáneamente, de las estructuras de lo imaginario y de las acciones de las ideologías.

Ahora bien, es necesario anotar que su enfoque y su trabajo histórico también han sido objetos de crítica. Así, otro historiador reconocido Ioan Aurel Pop, aprecia, que una de las obras de Lucian Istorie și mit în conștiința românească, chocó de manera muy fuerte en la élite intelectual rumana. Es un libro complejo, con significados diferentes y mensajes múltiples, difícil de situar en un campo determinado y con serias limitaciones conceptuales y metodológicas, por lo menos desde el punto de vista de los historiadores de oficio, así:

[…] El abordaje es chocante, el estilo atractivo, el verbo fluido, incitante, los argumentos son suyos por lógica, su arquitectura total es impresionante, convincente; se evitan los detalles excesivos y la rigidez de su estilo científico, etc. Es claro que el trabajo fue escrito con el fin de sorprender, de enviar una señal de alarma, de cambiar actitudes y de abordar consideraciones obsoletas o vetustas […]. En general, ya sea por su silencio, los historiadores de oficio rechazaron la obra de Lucian Boia. Los motivos son múltiples y muy diferentes. A la mayoría de los especialistas no les agrada este tipo de generalizaciones, acostumbrados a tratar de manera puntual una época, un tema, una personalidad, con métodos consagrados y con el fin de volver a elaborar de manera parcial, de reconstituir el pasado, de encontrar la verdad en la medida en que ella es accesible. Sin embargo, el libro en cuestión aboga en contra de este tipo de abordajes. Otros especialistas tuvieron la impresión que el trabajo no dice prácticamente nada nuevo, que el espíritu crítico en la cultura rumana moderna ha dicho siempre y periódicamente esta clase de sentencias purificadoras, de higiene y que el profesor Lucian Boia no hace sino forzar las puertas abiertas, sin embargo con métodos más duros, iconoclasta, irreverente dirigida a los grandes historiadores.

¿Por qué estudiar la obra de Lucian Boia? En primer lugar, en el ámbito hispanoamericano solo se conocen dos de sus obras, este trabajo pretende contribuir a superar esta situación y proponer su divulgación en un público especializado y general; también somos conscientes de que su conocimiento generará la posibilidad de futuras traducciones al español de sus libros, artículos y entrevistas que ha concedido en medios digitales e impresos rumanos y franceses. En segundo lugar, su concepción y perspectiva de la historia es novedosa, original y sugerente no solo para el público especializado sino también para todos aquellos que se interesan en la historia. Tiene una reputación de un historiador con capacidad de difundir y polemizar sobre aquellas ideas que la sociedad poco pone en tela de juicio, ha publicado decenas de volúmenes históricos con temáticas ancladas en el presente, desde los movimientos nacionalistas en Europa Central y Oriental hasta el imaginario climático. A pesar de su reconocimiento y reputación, ha conservado el privilegio de no transformarse en un autor-vedete, por el contrario, sus libros ocupan un primer lugar en sus preocupaciones históricas. Su obra es rica en ideas y en detalles teóricos y metodológicos e hipótesis de trabajo, es evidente en ella que no se puede construir una sola historia definitiva, sino un conjunto de historias, siempre paliforme y abierta, esto es: las historias de su autor.

En tercer lugar, el análisis y difusión de su obra, se inscribe en la historia de las ideas y la historia intelectual, y se justifica en el contexto de la apreciación de Antoine Prost, quién considera que una de las condiciones fundamentaldes de la historia hoy es: «La historia es plural». Esta sería la tendencia digamos natural, común a cualquier presentación historiográfica. La historia de la disciplina, la presentación de los debates y de las corrientes se convierte en la sucesión de escuelas históricas dominantes que caen y se suceden bajo el efecto de una revolución paradigmática e institucional. Quizás podría ser un buen relato el siguiente: desde los años treinta hasta los años 70, el triunfo de los «Annales»; en los años 80, el retorno del actor; en los años 90, el asunto del discurso y paralelamente el de la memoria. Pero la cuestión no es simple, y la obra de Lucian Boia así lo demuestra. Como plantean Burke y Bourdé y Hervé, hoy la historia es ruptura y cambio: renovación de objetos, los debates son fuertes en las últimas decadas. Cada vez más relacionada con las preguntas de las ciencias sociales y humanas, con los interrogantes de la sociedad y de los individuos, la historia es también, se reitera, claramente plural… [PDF]