Entretien avec Cioran realisé par Michael Jakob (1989)

A pr√®s de 80 ans, Emil Cioran se disait toujours habit√© par les insomnies qui l’avaient cueilli tr√®s jeune, √† l’√Ęge o√Ļ il √©tait encore lyc√©en, en Roumanie. Un asile f√©cond puisqu’on doit une partie de son oeuvre √† ces nuits sans sommeil et cependant “une mal√©diction”, confiait l’auteur roumain en 1989.

Lucide ou suicidaire, selon ; Emil Cioran √©tait une personnalit√© ombrageuse. Arriv√© en 1947 en France √† l’√Ęge de 36 ans, il √©tait obs√©d√© par le n√©ant et confiant ainsi “ne pas se pardonner d’√™tre n√©”. Tout juste conc√®dera-t-il “une forme de r√©signation” √† la fin de sa vie.

En 1989, enregistrant un entretien radiophonique jusqu’ici in√©dit, l’homme de lettres nihiliste livrera quelques confidences pendant plus d’une heure. Au micro, il dira de ses insomnies quelles repr√©sentent “le plus grand drame qui puisse arriver”.

C’est √† Sibiu, en Roumanie, o√Ļ l’auteur a fr√©quent√© le lyc√©e, qu’il d√©couvr√ģt le manque de sommeil.

“Sibiu est une ville importante parce que c’est l√† que j’ai subi le plus grand drame de ma vie. Toutes mes divagations et tout ce que j’ai imagin√© trouve son origine dans ce drame. A peu pr√®s √† l’√Ęge de vingt ans, j’ai perdu le sommeil […] Pour moi, les nuits de Sibiu sont les moments les plus extraordinaires de ma vie. Je sortais vers minuit, vers une heure, et je me promenais dans les rues. Il n’y avait que quelques putains et moi, dans cette ville : le silence total, la province…Pendant des heures, je me promenais dans les rues. Comme une sorte de fant√īme. Tout ce que j’ai pens√©, tout ce qui a √©t√© elabor√© [l’a √©t√©] pendant ces nuits.”

Realizada originalmente en franc√©s y publicada por primera vez en-alem√°n en el libro de Michael Jakob, Aussichten des Denkens, M√ļnich, Wilhelm Fink Verlag, 1994.

Portugu√™s: “A ins√īnia da raz√£o”, Caderno Mais!, Folha de S. Paulo, 17/02/1995.

Se√Īor Cioran, al leer su obra, tenemos la impresi√≥n de que no cree usted en el di√°logo, dice usted tambi√©n que toda cita es como una crucifixi√≥n para usted… Soy consciente de la dificultad que puede representar una conversaci√≥n con usted, pero estoy aqu√≠ para intentarlo, a pesar de todo. ¬Ņ Y si comenz√°ramos por su infancia en Rumania? ¬ŅTiene usted a√ļn bien presente su infancia?

S√≠, extraordinariamente presente. Nac√≠ en Rasinari, un pueblo situado en los C√°rpatos, en la monta√Īa, a doce kil√≥metros de Sibiu-Hermannstadt. Ese pueblo me gustaba much√≠simo; ten√≠a diez a√Īos cuando lo abandon√© para ir al instituto de Sibiu y nunca olvidar√© el d√≠a o, mejor dicho, la hora en que mi padre me llev√≥ all√≠. Hab√≠a alquilado un coche de caballos y yo llor√©, llor√© todo el tiempo, pues ten√≠a el presentimiento de que se hab√≠a acabado el para√≠so. Aquel pueblo monta√Īoso ten√≠a para m√≠, de ni√Īo, una enorme ventaja: despu√©s del desayuno pod√≠a desaparecer hasta el mediod√≠a, volv√≠a a casa y, una hora despu√©s, desaparec√≠a de nuevo para andar por las monta√Īas. Aquello dur√≥ hasta la edad de diez a√Īos. M√°s adelante, tuvo otra ¬ęventaja¬Ľ vivir all√≠ arriba: durante la guerra de 1914, mis padres ‚ÄĒcomo rumanos que eran‚ÄĒ fueron deportados por los h√ļngaros y mi hermano, mi hermana y yo nos quedamos con nuestra abuela: en una palabra, ¬°que √©ramos totalmente libres! ¬°Fue la √©poca ideal! Me gustaban mucho los campesinos y, m√°s a√ļn que los campesinos, los pastores: sent√≠a como un culto por ellos. Cuando hube de abandonar aquel mundo, tuve el presentimiento de que, para m√≠, algo se hab√≠a roto para siempre. Lloraba y lloraba y nunca lo olvidar√©.

Al oírlo hablar así, ¡parece que lo arrancaron, literalmente, del suelo natal!

De la tierra y de aquel mundo primitivo que tanto me gustaba, con la sensaci√≥n de libertad que entra√Īaba. Conque me encontr√© en Sibiu, ciudad muy importante en Austria-Hungr√≠a, ciudad en cierto modo fronteriza y con muchos soldados. Tres etnias cohabitaban en ella, sin dramas, debo decirlo: los alemanes, los rumanos y los h√ļngaros. Tal vez sea curioso, pero aquello me marc√≥ para el resto de mi vida: no puedo vivir en una ciudad en la que s√≥lo se hable una lengua, en seguida me aburro en ella. Me gustaba precisamente la diversidad de esas tres culturas, si bien la cultura de verdad era, naturalmente, la alemana; los h√ļngaros y los rumanos eran como unos esclavos que intentaban liberarse. En aquella ciudad de Sibiu hab√≠a una biblioteca alemana que era muy importante para m√≠. En todo caso, despu√©s de mi pueblo natal y Par√≠s, Sibiu (Sibiu-Hermannstadt o Nagyszeben, en h√ļngaro) es la ciudad que m√°s amo en el mundo, que m√°s amaba en el mundo. Si la palabra nostalgia tiene un sentido, es, a fin de cuentas, el pesar de haber tenido que abandonar una ciudad como aqu√©lla e incluso haber tenido que abandonar mi pueblo. En el fondo, el √ļnico mundo verdadero es el mundo primitivo, donde todo es posible y nada se actualiza.

De hecho, se desarraigó usted en varias ocasiones.

S√≠, varias veces. Primero fue el abandono de mi infancia y despu√©s mi vida en Sibiu. ¬ŅPor qu√© fue Sibiu una ciudad importante para m√≠? Porque all√≠ fue donde sufr√≠ el gran drama de mi vida, un drama que dur√≥ varios a√Īos y me marc√≥ para el resto de mis d√≠as. Todo lo que he escrito, todo lo que he pensado, todo lo que he elaborado, todas mis divagaciones se remontan a ese drama. Es que a los veinte a√Īos m√°s o menos perd√≠ el sue√Īo y lo considero el mayor drama que pueda ocurrir. Recuerdo que me pasaba horas paseando en plena ciudad: Sibiu es una ciudad muy hermosa, una ciudad alemana que data de la Edad Media. Conque sal√≠a hacia la medianoche y me paseaba, sencillamente, por las calles, s√≥lo hab√≠a algunas putas y yo en una ciudad vac√≠a, el silencio total: la provincia. Pasaba horas vagabundeando por la ciudad, como un fantasma, y todo lo que he escrito posteriormente fue elaborado durante aquellas noches. Mi primer libro, Pe culmile disperarii (En las cimas de la desesperaci√≥n), se remonta a aquella √©poca. Es un libro que escrib√≠ a los veintid√≥s a√Īos, como un testamento, porque pensaba que despu√©s me suicidar√≠a, pero sobreviv√≠. Es que no hab√≠a practicado ninguna profesi√≥n y eso fue muy importante. En el fondo, como no dorm√≠a durante la noche y me paseaba por la ciudad, no serv√≠a para nada durante el d√≠a, no pod√≠a ejercer una profesi√≥n. Ten√≠a una licenciatura, hab√≠a terminado mis estudios de filosof√≠a en Bucarest, etc√©tera, pero no pod√≠a ser profesor, porque, despu√©s de haber pasado toda la noche en vela, no se puede hacer el payaso delante de los alumnos, hablar de cosas que no te interesan. As√≠, pues, aquellas noches de Sibiu fueron el origen de mi visi√≥n del mundo.

Pero aquellas noches le permitieron tambi√©n descubrir todo un espacio extraordinario: por tanto, algo abierto, fascinante…

De eso no me cabe duda, pero en mi caso hab√≠a antecedentes en cuanto a mi visi√≥n de las cosas. Tuve esa visi√≥n de las cosas mucho antes, pero a partir de los veinte a√Īos lo comprend√≠ de forma sistem√°tica. Debo precisar, antes que nada, que mi padre era sacerdote, pero mi madre no era creyente, curiosamente o tal vez a causa de eso, y ten√≠a una mentalidad mucho m√°s independiente que mi padre. De modo que ten√≠a veinte a√Īos y un d√≠a ‚ÄĒeran las dos de la tarde, lo recuerdo perfectamente‚ÄĒ, delante de mi madre, me arroj√© sobre un sof√° y dije: ¬ęNo puedo m√°s¬Ľ. Mi madre me respondi√≥: ¬ęSi lo hubiera sabido, habr√≠a abortado¬Ľ. Aquello me caus√≥ una impresi√≥n extraordinaria, pero en modo alguno negativa. En lugar de rebelarme, esboc√© ‚ÄĒlo recuerdo‚ÄĒ una sonrisa y fue como una revelaci√≥n: ser el fruto del azar, sin necesidad alguna, fue en cierto modo una liberaci√≥n, pero me marc√≥ para el resto de mi vida. Mi madre, curiosamente, tras haber le√≠do las cosas que yo hab√≠a escrito en rumano (no sab√≠a el franc√©s), las acept√≥ m√°s o menos. En cambio, mi padre se sinti√≥ muy desdichado; ten√≠a fe, pero, aunque no era fan√°tico, era sacerdote de profesi√≥n; evidentemente, todo lo que yo escrib√≠a lo incomodaba y no sab√≠a c√≥mo reaccionar. S√≥lo mi madre me comprend√≠a y es muy curioso, porque al principio yo la despreciaba, pero un d√≠a me dijo: ¬ęPara m√≠, lo √ļnico que existe es Bach¬Ľ. A partir de ese momento, comprend√≠ que yo me parec√≠a a ella y, efectivamente, he heredado de ella bastantes defectos, pero tambi√©n algunas cualidades. Se trata de revelaciones que marcan una vida. Y entonces ocurri√≥ una cosa, verdad, escrib√≠ un libro ‚ÄĒmi segundo o tercer libro‚ÄĒ que se titula De l√°grimas y de santos. Es un libro que escrib√≠ m√°s tarde, por tanto, y que se public√≥ en Rumania en 1937. Ese libro tuvo una acogida extraordinariamente negativa; primero, el editor estaba en Bucarest y yo en Brasov y me telefone√≥ ‚ÄĒcuando el libro estaba casi listo‚ÄĒ para decirme que no iba a publicarlo, porque, aunque no lo hab√≠a le√≠do, en el momento de la publicaci√≥n le hab√≠an dicho: ¬ę¬ŅHa le√≠do usted este libro?¬Ľ. Entonces lo ley√≥ y me dijo: ¬ęHe hecho mi fortuna con la ayuda de Dios y no puedo publicar su libro¬Ľ. [Risa.] Eso es muy balc√°nico. Yo le dije: ¬ęPero si es un libro profundamente religioso¬Ľ. Replic√≥: ¬ęPuede ser, pero no lo quiero¬Ľ. Fue el a√Īo en que vine a Francia. Le dije: ¬ęTengo que marcharme de Rumania, tengo que ir a Par√≠s dentro de un mes¬Ľ. ¬ęMe parece muy bien, pero yo no quiero su libro.¬Ľ ¬°Eso fue lo √ļnico que me contest√≥! Entonces me fui a un caf√©, estaba desesperado, me dec√≠a: ¬ę¬ŅQu√© puedo hacer?¬Ľ. Me gustaba bastante ese libro, porque era el fruto de una crisis religiosa y al final encontr√© un editor o, mejor dicho, un tip√≥grafo, un impresor, que me dijo: ¬ęYo se lo publicar√©¬Ľ. Entonces me march√© de Rumania y vine a Francia, el libro sali√≥ en mi ausencia en 1937 y tuvo una acogida extraordinariamente negativa; Eliade, por ejemplo, escribi√≥ un art√≠culo violento contra ese libro. Mis padres se encontraron en una situaci√≥n muy delicada; mi madre me escribi√≥ a Par√≠s: ¬ęComprendo tu libro, etc√©tera, pero no deber√≠as haberlo publicado hasta despu√©s de nuestra muerte, pues has colocado a tu padre en una situaci√≥n muy dif√≠cil y tambi√©n a m√≠, que soy presidenta de la Asociaci√≥n de Mujeres Ortodoxas… en la ciudad se burlan de m√≠¬Ľ. Y entonces me pidieron que les hiciera el favor de retirar de la circulaci√≥n ese libro, pero se hab√≠a publicado sin editor, por lo que no tuvo difusi√≥n. Es un fen√≥meno t√≠picamente balc√°nico que resulta dif√≠cil de explicar en Occidente, donde la cosas suceden de otro modo. No se difundi√≥, no s√© cu√°l fue su destino, probablemente fuera destruido, al menos la mayor√≠a de los ejemplares. Mi madre comprendi√≥ ese libro; me dijo: ¬ęSe ve que hay en ti una ruptura interior: por un lado, el blasfemo; por el otro, la nostalgia¬Ľ. (Es absurdo hablar de los padres de uno, pero, en fin, tiene un sentido, pese a todo.) Ese libro fue el desenlace de una crisis que dur√≥ siete a√Īos, una crisis a base de vigilias. Por eso he despreciado siempre a la gente que puede dormir, cosa bastante absurda, porque yo ten√≠a un solo deseo: dormir. Sin embargo, comprend√≠ una cosa: ¬°las noches blancas son de una importancia capital!

En las noches blancas es en las que se produce…

No s√≥lo eso, sino que, adem√°s, comprende uno, sobre todo. Mire, la vida es muy sencilla: la gente se levanta, pasa la jornada, trabaja, se cansa, despu√©s se acuesta, se despierta y vuelve a empezar otra jornada. El extraordinario fen√≥meno del insomnio hace que no haya discontinuidad. El sue√Īo interrumpe un proceso. Pero el insomne est√° l√ļcido en plena noche, en cualquier momento, no hay diferencia entre el d√≠a y la noche. Es como un tiempo interminable.

¬ŅVive el insomne en otra temporalidad?

Absolutamente; es otro tiempo y otro mundo, ya que la vida es soportable s√≥lo gracias a la discontinuidad. En el fondo, ¬Ņpara qu√© dormimos? No tanto para descansar cuanto para olvidar. El tipo que se levanta por la ma√Īana despu√©s de una noche de sue√Īo tiene la ilusi√≥n de comenzar algo. Pero, si velas toda la noche, no empiezas nada. A las ocho de la ma√Īana est√°s en el mismo estado que a las ocho de la noche y toda la perspectiva sobre las cosas cambia necesariamente. Me parece que, si nunca he cre√≠do en el progreso, si nunca me he dejado enga√Īar por esa estafa, ha sido tambi√©n por eso.

¬ŅSe trata de un tiempo en el que se ve el mundo en sentido negativo?

S√≠, negativo o positivo, como se quiera, pero se tiene otra sensaci√≥n del tiempo. No es el tiempo que pasa, es el tiempo que no pasa. Y eso cambia nuestra vida. Por eso considero que las noches blancas son la mayor experiencia que podemos tener en la vida, te marcan para el resto de la existencia. Se comprende perfectamente por qu√© en tiempos la tortura ‚ÄĒahora creo que ya no existe‚ÄĒ consist√≠a en impedir dormir a los acusados: al cabo de algunas noches, ¬°lo confesaban todo! El secreto del hombre, el secreto de la vida, es el sue√Īo. Es lo que hace posible la vida. Estoy absolutamente convencido de que, si se impidiera a la humanidad dormir, habr√≠a matanzas sin precedentes, la historia se acabar√≠a. Ese fen√≥meno me abri√≥ los ojos para siempre, por decirlo as√≠. Mi visi√≥n de las cosas es el resultado de esas vigilias, las ¬ęvigilias del esp√≠ritu¬Ľ, podr√≠amos decir, es presuntuoso, pero, en fin, es un poco as√≠. Y ‚ÄĒfen√≥meno muy curioso‚ÄĒ mi adoraci√≥n por la filosof√≠a, por el lenguaje filos√≥fico ‚ÄĒme volv√≠a loco la terminolog√≠a filos√≥fica‚ÄĒ, esa superstici√≥n, pues lo es, fue barrida por las vigilias, porque vi que eso no pod√≠a ayudarme, no me permit√≠a soportar la vida, sobre todo por las noches. As√≠ perd√≠ mi fe en la filosof√≠a.

Pero hizo usted muchos amigos en el mundo de las Letras…

Sí, absolutamente. Eso ocurrió en el momento en que la filosofía no podía ayudarme, en que los filósofos no tenían nada que decirme. De todas formas, prefiero a los escritores; para mí, Dostoyevski es el mayor genio, el mayor novelista, todo lo que se quiera, todos los superlativos. He leído muchísimo a los rusos, Chéjov, naturalmente.

¬ŅCu√°ndo comenz√≥ a leer a Dostoyevski?

Lo he leído desde siempre. Pero lo comprendí un poco más adelante. En el periodo de las noches blancas fue cuando comprendí Los poseídos. En todo caso, sólo me gustaban los grandes enfermos, a decir verdad, y, para mí, un escritor que no está enfermo es casi automáticamente un tipo de segundo orden.

Su libro sobre las l√°grimas y los santos es muy dostoyevskiano, con esa concepci√≥n de la mujer a la vez puta y santa…

S√≠, en efecto. Voy a contarle por qu√© tuvo ese libro cierta importancia en mi vida. Estaba en Brasov y aqu√©l fue el √ļnico a√Īo de mi vida en que llegu√© a trabajar… Era profesor de filosof√≠a en el instituto, pero pronto me result√≥ imposible esa profesi√≥n; s√≥lo pensaba en una cosa: en abandonarla e ir a Francia para escapar a aquella situaci√≥n. Mi paso por el instituto de Brasov fue en verdad catastr√≥fico, tuve follones con mis alumnos, los profesores, el director… en una palabra, con todo el mundo. Por fin consegu√≠ marcharme a Par√≠s, pero ‚ÄĒcomo ya le he dicho antes‚ÄĒ, cuando se public√≥ mi libro sobre los santos, todo el mundo se desat√≥ contra m√≠. Salvo una joven armenia de diecisiete a√Īos que me escribi√≥ una carta conmovedora. As√≠, pues, fue un fracaso que me hizo comprender definitivamente que, si bien ten√≠a una inquietud religiosa, no por ello iba a tener nunca fe. En el fondo, perd√≠ una ilusi√≥n capital… Rele√≠ a los m√≠sticos, pero lo que me gustaba de ellos era su faceta excesiva y sobre todo el hecho de que hablaran de Dios de hombre a hombre, podr√≠amos decir… En cuanto a m√≠, en vano me atormentaba, la fe segu√≠a siendo una imposibilidad. Incluso actualmente no puedo decir que tenga una mentalidad totalmente arreligiosa, lo que veo es una imposibilidad para creer. La creencia es un don. Desde luego, hay muchas personas que mantienen un equ√≠voco al respecto, pero para m√≠ es imposible.

Por tanto, en aquel momento los fil√≥sofos m√≠sticos eran ya para usted m√°s importantes que un Hegel o un Kant…

Infinitamente m√°s. Santa Teresa de Avila desempe√Ī√≥ un papel muy importante en mi vida y la biograf√≠a de Edith Stein me conmovi√≥ profundamente… ¬ŅSabe usted c√≥mo se convirti√≥? Un d√≠a fue a casa de una amiga fil√≥sofa y, como √©sta le hab√≠a dejado una nota en la que le dec√≠a que regresar√≠a al cabo de una hora, Edith Stein, mientras esperaba, se encontr√≥ con la vida de Santa Teresa de Avila y se qued√≥ completamente prendada… Ese es el origen de su conversi√≥n. Ahora bien, en todos los art√≠culos sobre Edith Stein se asombran de ello y lo consideran muy curioso, pero en absoluto lo es: Teresa de Avila tiene un tono que efectivamente te conmueve… Evidentemente, yo no me convert√≠, porque no tengo vocaci√≥n religiosa; Santa Teresa me ense√Ī√≥ much√≠simo, yo me sent√≠ ¬ęliterariamente¬Ľ conmocionado, pero con la fe se nace… Yo puedo pasar por todas las crisis, salvo la fe misma, que es una crisis tambi√©n, pero una forma de crisis que no es la m√≠a. Es decir, que puedo conocer la crisis, pero no puedo conocer la fe. Yo sent√≠a una admiraci√≥n sin l√≠mites por Teresa de Avila, por su fiebre, por la faceta ¬ęcontagiosa¬Ľ. Pero no estaba hecho para la fe; sigue siendo para m√≠ una de las personas m√°s atractivas; hice el rid√≠culo incluso, porque en aquella √©poca no hablaba de otra cosa que de ella dondequiera que fuese.

Aqu√≠ tenemos a un hombre que no oculta sus pasiones…

S√≠, es cierto. Pero m√°s que apasionado, soy obseso. Tengo que agotar las cosas. No son los argumentos los que pueden hacerme cambiar de opini√≥n, sino √ļnicamente la fatiga, el agotamiento de una obsesi√≥n. Eso tiene relaciones con la fe. Pero considero que lo importante en la vida son los encuentros, las cosas peque√Īas aparentemente. Siempre he sido muy sensible, siempre he hablado con desconocidos y he aprendido much√≠simo con esos encuentros: eso es lo principal. Y sobre todo siento debilidad por los tipos un poco trastornados. En Rumania, de entre los sesenta mil habitantes de Sibiu conoc√≠a a todos los tipos un poco tarados.

A los poetas también.

A los poetas tambi√©n, forman parte de ese grupo… Y tampoco hay que olvidar un fen√≥meno muy balc√°nico: el fracasado, es decir, un tipo muy capaz, pero que no se realiza, el que promete todo y no cumple sus promesas. Mis grandes amigos en Rumania no eran en modo alguno escritores, sino los fracasados. Sobre todo hubo un hombre que ejerci√≥ una enorme influencia en m√≠, un tipo que hab√≠a estudiado teolog√≠a y ten√≠a que haber sido sacerdote: s√≥lo, que, para eso, ten√≠a que casarse. El domingo de la boda, cuando todo el mundo estaba esper√°ndolo, se dijo a s√≠ mismo que era una locura y desapareci√≥. Lo esperaron durante todo el d√≠a en la iglesia, pero hab√≠a desaparecido, sencillamente, y no volvieron a verlo durante meses. Tuvo una gran influencia en m√≠. No ten√≠a ning√ļn don, no pod√≠a escribir y le√≠a muy poco, pero su conocimiento de la naturaleza humana, su psicolog√≠a innata, eran, sencillamente, extraordinarios. Nunca lo vi equivocarse sobre nadie. Era de una lucidez absoluta, criminal y agresiva. Yo lo frecuentaba regularmente y uno de los recuerdos m√°s destacados de mi vida es una noche que pasamos juntos en Brasov, hasta las cinco de la ma√Īana, por la calle. Pasamos toda la noche vagabundeando y, al final de aquella conversaci√≥n, sent√≠ v√©rtigo, porque lo hab√≠amos destruido todo juntos, absolutamente todo. Y √©l era mucho m√°s fuerte que yo en la negaci√≥n, m√°s fuerte con mucha diferencia. Me cont√≥ tambi√©n muchos secretos de su vida que no hab√≠a revelado a nadie. No quiero decir que yo le deba mucho directamente, pero fue, a pesar de todo, un interlocutor muy importante para m√≠, porque con √©l comprend√≠ hasta d√≥nde se puede llegar. En la negaci√≥n, √©l hab√≠a llegado verdaderamente hasta el l√≠mite.

¬ŅY la negaci√≥n de usted prosigui√≥ en los libros?

En los libros, pero no s√≥lo en ellos. Para m√≠, en todo caso, aquel hombre representaba un caso desesperado y peligroso de lucidez. En el fondo, la lucidez no es necesariamente compatible con la vida, incluso no lo es en absoluto. Esa clase de negaci√≥n puede llegar m√°s all√° del suicidio, es en verdad la nada, se llega a la conciencia absoluta de la nada. Y eso no es compatible con la existencia, hay que decirlo. En esos momentos s√≥lo te queda la alternativa entre suicidarte o hacerte religioso o hacer yo qu√© s√© qu√©; es un l√≠mite extremo al que he tenido acceso varias veces en mi vida, pero nunca con la intensidad de aquel hombre. Lo que era muy curioso era que se trataba de un tipo muy grueso, que daba la impresi√≥n de ser muy pr√≥spero y sereno. Me demoli√≥ a todo el mundo, a todos nuestros amigos comunes, todo, todo, todo. No era malvado, no era un cabr√≥n, pero estaba incapacitado para abrigar la menor ilusi√≥n sobre nada. Eso representa tambi√©n una forma de conocimiento, pues, ¬Ņqu√© es el conocimiento, en el fondo, sino la demolici√≥n de algo?

¬ŅEl conocimiento nocivo?

No s√≥lo el conocimiento nocivo; todo conocimiento llevado hasta sus √ļltimas consecuencias es peligroso y nocivo, porque ‚ÄĒhablo de la vida misma y no de los llamados conocimientos filos√≥ficos‚ÄĒ la vida es soportable √ļnicamente porque no llegamos hasta las √ļltimas consecuencias. S√≥lo si se tiene un m√≠nimo de ilusiones, es posible una empresa; de lo contrario, no es posible, y una amistad tampoco. La lucidez completa es la nada. Voy a ponerle un ejemplo para mostrarle la faceta demoniaca de mi amigo. Un d√≠a yo me hab√≠a enamoriscado de una muchacha. El hab√≠a visto que yo estaba muy seducido por ella y me dijo: ¬ęEs absolutamente insensato¬Ľ. Yo acababa de conocerla, fue un flechazo, √©l lo sab√≠a, pero continu√≥: ¬ę¬ŅLe has visto la nuca?¬Ľ. Yo respond√≠ que no hab√≠a comenzado por ah√≠. ¬ęMira bien¬Ľ, me dijo y, aunque me pareci√≥ una imbecilidad total, una mezquindad inaudita, lo hice, a pesar de todo, mir√© y descubr√≠ un grano en su nuca: me hab√≠a mandado todo por el aire. Aquello me impresion√≥ terriblemente, ese demonio que hab√≠a en √©l. Era absurdo que ese tipo se hiciera sacerdote y √©l debi√≥ de sentirlo inconscientemente para largarse el d√≠a de su boda. Ten√≠a una visi√≥n negativa de la vida, pero la visi√≥n negativa de la vida no es necesariamente un falso conocimiento, es una forma incompatible con la vida misma.

¬ŅNo es ese tipo un puro producto del mundo balc√°nico?

Es evidente, por su desmesura. Se llega demasiado lejos. Occidente, la civilizaci√≥n francesa, toda la idea de la cortes√≠a, ¬Ņqu√© es? Son l√≠mites que se aceptan como resultado de la reflexi√≥n. No hay que ir muy lejos ‚ÄĒno vale la pena‚ÄĒ, es de mal gusto. Pero en los Balcanes no se puede hablar de civilizaci√≥n; no hay criterios. Te ves conducido hacia el exceso y el mundo ruso, la literatura rusa, son m√°s o menos lo mismo. Por ejemplo, yo soy muy sensible al fen√≥meno del tedio. Me he aburrido toda mi vida y la literatura rusa gira en torno al aburrimiento, es la nada continua. Yo mismo he vivido el fen√≥meno del tedio tal vez de forma patol√≥gica, pero lo he hecho porque quer√≠a aburrirme. El problema es que, cuando te aburres en todas partes, est√°s perdido, ¬Ņno?

¬ŅForma parte el tedio en ese sentido de esa categor√≠a de la temporalidad que es otra, diferente?

Sí, exacto, porque el tedio está, a fin de cuentas, centrado en el tiempo, el horror del tiempo, el miedo del tiempo, la revelación del tiempo, la conciencia del tiempo. Quienes no son conscientes del tiempo no se aburren; la vida sólo es soportable si no somos conscientes de cada momento que pasa; de lo contrario, estamos perdidos. La experiencia del tedio es el conocimiento del tiempo exasperado.

Quisiera pedirle ‚ÄĒantes de que me hable de su llegada a Francia‚ÄĒ que me contara algo a prop√≥sito de otra experiencia importante vivida en Rumania: la ocupaci√≥n h√ļngara y su corolario de angustias para un ni√Īo rumano, como la figura del guardia h√ļngaro.

Como ya he dicho, yo viv√≠a en un pueblecito y ese polic√≠a que representaba la autoridad nos daba miedo. Eso nada tiene que ver con el nacionalismo, yo era un ni√Īo entonces, pero ese tipo en uniforme que no hablaba rumano era una presencia extra√Īa en un pueblo de monta√Īa. No correspond√≠a en absoluto a los sentimientos de mis padres, que hab√≠an hecho sus estudios en h√ļngaro. El nacionaliismo no ten√≠a las proporciones que iba a adquirir m√°s adelante:, ya que en el Imperio austroh√ļngaro hab√≠a algo que podr√≠amos llamar la superstici√≥n de la legalidad. En la base hab√≠a algo qiue no funcionaba, pero en el desarrollo cotidiano hab√≠a, sin embargo, el respeto del otro. No era, a decir verdad, una tiran√≠a, era otra cosa; era el hecho de que hubiese seis pueblos viviemdo en la misma regi√≥n y uno de ellos hubiera pasado a ser la ¬°autoridad: √©se era el problema y no ten√≠a nada que ver con ell odio. Es mucho m√°s complejo que la imagen del guardia h√ļngaro que daba miedo a un ni√Īo peque√Īo. Transilvania sigme siendo un fen√≥meno aparte en Rumania. Cuando yo viv√≠a all√≠, ¬°formaba parte de un imperio que no estaba del todo mal!

En su √©poca rumana, ¬Ņhubo lecturas importantes para usted en rumano? Le hago esa pregunta porque, antes de comenzar nuestra conversaci√≥n, est√°bamos hablando de George Bacovia…

Personalmente, nunca me he interesado por la literatura rumana; por Bacovia, si, porque era muy conocido. En todo caso, en Rumania, lo √ļnico original era la poes√≠a y yo en aquella √©poca le√≠a sobre todo a los fil√≥sofos.

¬ŅFue en aquella √©poca cuando conoci√≥ a Mircea Eliade?

S√≠ y recuerdo que acababa de regresar de la India. Era el √ļnico rumano que hab√≠a ido a ese pa√≠s y aportaba algo completamente nuevo para nosotros, algo importante. En aquella √©poca √©ramos amigos, mucho m√°s que en √©poca posterior. Entre nosotros hubo un conflicto) bastante grave en p√ļblico a causa de una mujer. Ahora que ha muerto, puedo contarlo, ¬Ņpor qu√© no? Hab√≠a una artista metaf√≠sica, cosa bastante rara en Rumania, mujer muy apasionada y muy buena actriz. Se hab√≠a enamorado de Eliade, que era muy joven y acababa de volver de la India… Es una an√©cdota, pero tiene un sentido, pese a todo. Yo la hab√≠a conocido en Bucarest y nos hab√≠amos hecho amigos; no me gustaba nada f√≠sicamente, resultaba demasiado campesina para mi gusto, campesina ruso-moldava, terna cara de campesina rusa, pero era una mujer extraordinariamente interesante y culta. Estaba loca por Eliade y se dieron cita en Sibiu. Ella hab√≠a llegado a Sibiu con diez d√≠as de antelaci√≥n y, mira por d√≥nde, Eliade me envi√≥ un telegrama para decirme que no iba a venir. Ella se desmay√≥ delante de m√≠ y pens√© de verdad que iba a morirse. As√≠, pues, Eliade la hab√≠a abandonado y lo hab√≠a hecho de forma balc√°nica. Despu√©s de eso, escrib√≠ un art√≠culo muy violento contra Eliade, cuyo significado nadie comprendi√≥, como una ejecuci√≥n.

Pero, ¬Ņlo comprendi√≥ Eliade?

Totalmente, ésa era la razón misma del artículo. Ese texto no lo he reeditado nunca, pero aludo a él en mi libro Ejercicios de admiración, en el que hablo también de Eliade. Aquello creó entre nosotros algo que era menos que una ruptura, pero, a pesar de todo, algo muy serio. Yo había intervenido a propósito de algo muy delicado y mi artículo minimizaba tanto su obra como su persona, todo, todo.

Lo profundo en esa an√©cdota es que revela hasta qu√© punto todo escrito oculta una voz subterr√°nea…

Todos nuestros actos tienen su intr√≠ngulis y eso es lo que es psicol√≥gicamente interesante, s√≥lo conocemos la superficie, el aspecto superficial. Accedemos a lo formulado, pero lo importante es lo no formulado, lo impl√≠cito, el secreto de una actitud o de una afirmaci√≥n. Por eso, todos nuestros juicios sobre los dem√°s, pero tambi√©n sobre nosotros mismos, son parcialmente falsos. La faceta mezquina est√° camuflada; ahora bien, la faceta mezquina es profunda y podr√≠amos decir que es lo m√°s profundo que hay en las personas y lo que nos resulta m√°s inaccesible. Por eso, las novelas son una forma de camuflar, de exponerse sin declararse. Los grandes escritores son precisamente los que sienten esas ¬ęinterioridades¬Ľ, sobre todo Dostoyevski. Revela todo lo profundo y aparentemente mezquino, pero es m√°s que mezquino, es tr√°gico; √©sos son los verdaderos psic√≥logos. Yo conozco a mucha gente que ha escrito novelas y ha fracasado ‚ÄĒincluso Eliade escribi√≥ muchas novelas y fracas√≥‚ÄĒ, ¬Ņpor qu√©? Porque s√≥lo expresan los fen√≥menos de la superficie y no el origen de los sentimientos. El origen de un sentimiento es muy dif√≠cil de captar, pero eso es lo importante y es aplicable a todo fen√≥meno: la fe religiosa, etc√©tera. ¬ŅC√≥mo ha comenzado? ¬ŅPor qu√© contin√ļa? Eso es lo que est√° en juego y s√≥lo quien tiene dotes adivinatorias puede ver de d√≥nde procede. Y no procede del razonamiento.

Y en sus lecturas, ¬Ņva usted en busca de ese ¬ęorigen¬Ľ?

S√≠ y en mi vida tambi√©n. Lo formulado no es sino una parte del pensamiento; su parte verdadera se nos escapa muchas veces, casi siempre. Por eso hay tan pocos novelistas verdaderos; todo el mundo puede escribir una novela, pero no se trata s√≥lo de escribirla. Dostoyevski es para m√≠ el √ļnico que lleg√≥ hasta los or√≠genes de los actos; se ve muy bien por qu√© sus personajes hicieron esto o lo otro, pero no inmediatamente. Mi actitud nada tiene que ver con el psicoan√°lisis, en absoluto, pues √©ste pretende curar, pero lo interesante no es eso. Lo que importa es el demonio que vive en las personas… pero, ¬Ņc√≥mo captarlo?

¬ŅY c√≥mo lee usted la poes√≠a? ¬ŅPartiendo de ese tipo de premisas?

Desde luego. ¬ŅPor qu√© un tipo es buen poeta y otro no? ¬ŅCuando en realidad el otro es m√°s sutil? ¬ŅPor qu√© no resiste la poes√≠a? Porque lo que constituye el origen de los actos, lo profundo, no pasa; es brillante, es notable, es po√©tico, pero nada m√°s. ¬ŅPor qu√© otro que tiene menos talento es un poeta mayor? ¬ŅPor qu√© un tipo es un genio, es decir, m√°s que un talento? Porque consigue transponer algo que se nos escapa y que se le escapa incluso a √©l mismo. Por tanto, es un fen√≥meno que sigue siendo misterioso. En el momento actual hay mucha gente que escribe aforismos, se ha vuelto como una moda en Francia. Si los lees, no est√°n del todo mal, pero se agotan las f√≥rmulas, no tienen prolongaci√≥n. Y no hay necesidad de profundizar, no hay nada que hacer, es una confesi√≥n sin secretos. No esconde nada, pese a que todo est√° bien formulado en ellos, tiene un sentido, pero sigue careciendo de futuro. Lo que constituye el secreto de una persona no lo sabe uno mismo. Y a eso se debe el inter√©s de la vida, del comercio entre las personas; de lo contrario, se acaba en un di√°logo de monigotes.

Pero eso se complica mucho en su caso, dado que usted percibe ese hecho con tanta lucidez. ¬ŅC√≥mo escribir? ¬ŅC√≥mo decir algo para no decirlo?

S√≥lo se dice siempre una parte de lo que se quiere decir. El tono es muy importante. Se tiene un tono, no s√≥lo como m√ļsico, sino en general, en todo lo que se hace. Con frecuencia hay una falta de tono, falta el tono, sencillamente, y resulta en verdad muy misterioso, pues no podemos definirlo, tan s√≥lo podemos sentirlo. Abres un libro, por ejemplo, lees una de sus p√°ginas, que, sin embargo, es notable, ¬Ņpor qu√© no te dice nada? Y, sin embargo, no es algo nulo, pero no se sienten sus prolongaciones. No se sabe de d√≥nde emana ese tono tan misterioso, hay como una irrealidad en todo lo que es literatura. Es lo que se llama la falta de necesidad… pero, ¬Ņpor qu√© esa falta de necesidad? En el comercio cotidiano con las personas es lo mismo. Te encuentras con alguien a quien no has visto desde hace mucho; hablas durante horas, pero es la nada. Encuentras a otra persona, habl√°is y vuelves a casa conmovido. Esa es la verdadera originalidad de las personas, lo que esconden y que se trasluce, pese a todo, en lo que dicen.

¬ŅEs como la m√ļsica?

Exactamente como la m√ļsica. Y, para m√≠, con la gente que dice: ¬ęPara m√≠ la m√ļsica no significa nada¬Ľ, considero que se acab√≥, no necesito continuar, es algo sumamente grave, porque la m√ļsica afecta precisamente a eso, a lo m√°s √≠ntimo de alguien. Con quien no siente la m√ļsica no tengo punto com√ļn alguno, es de una gravedad sin nombre y como una maldici√≥n de la que el tipo no es consciente.

Hablando de m√ļsica, en su caso hay que pensar en seguida en Bach, a quien ya ha mencionado…

Bach es un dios para m√≠. Me resulta inconcebible que haya gente ‚ÄĒy, sin embargo, la hay‚ÄĒ que no entienda a Bach. Creo que la m√ļsica es en verdad el √ļnico arte que puede crear una complicidad profunda entre dos personas. No es la poes√≠a, es s√≥lo la m√ļsica. Alguien que no sea sensible a la m√ļsica padece una imperfecci√≥n enorme. Es inconcebible que alguien pueda no ser sensible a Schumann o a Bach, mientras que admito perfectamente que alguien pueda afirmar que no le gusta la poes√≠a, pero, en el caso de la m√ļsica, es otra cosa, es algo muy grave.

¬ŅCu√°ndo escucha usted m√ļsica?

Siempre, sobre todo ahora que no escribo. He dejado de escribir, considero que no vale la pena continuar, pero esa esterilidad queda compensada con la m√ļsica. La vida sin la m√ļsica es verdaderamente un absurdo para m√≠. Pero no hay necesidad de escribir, dado que no se puede transcribir con palabras una sensaci√≥n de car√°cter musical. Por tanto, nada de lo que da sentido a la m√ļsica pasa a la escritura. ¬ŅY por qu√© escribir en esas condiciones? Y, no obstante, ¬Ņpor qu√© escribir en general? ¬ŅPor qu√© multiplicar los libros? ¬ŅPor qu√© querer a toda costa ser escritor? Por lo dem√°s, todo el mundo escribe demasiado: es el drama desde hace mucho, esa superproducci√≥n in√ļtil y absurda, todo el mundo escribe, sobre todo en Par√≠s. Pero, ¬Ņpor qu√©? Yo mismo pensaba que no iba a escribir o muy poco, pero te dejas atrapar en el juego. Ahora he comprendido que no quer√≠a continuar esa comedia. Antes no era una comedia, porque el hecho de escribir correspond√≠a, sin embargo, a una necesidad en cierto modo, era una forma de liberarme de m√≠ mismo. Hay que decir que el √ļnico modo de simplificarlo todo es expresarse. En cuanto escribes algo, pierde en seguida todo su misterio, se fastidi√≥; lo has destruido y tambi√©n a ti mismo. Eso cumpli√≥ una funci√≥n en m√≠; ahora ya no. He observado que la gente que no escribe tiene m√°s recursos que los que se expresan, porque tienen todo dentro. Pero haber escrito es haber expulsado todo lo importante que hab√≠a en ti. Por tanto, quien escribe es alguien que se vac√≠a y, al cabo de una vida, acaba en la nada y por eso son tan poco interesantes los escritores. Lo creo en serio, est√°n vaciados de s√≠ mismos y s√≥lo subsisten sus restos, son t√≠teres. He conocido a bastantes escritores y lo que le digo corresponde totalmente a la realidad. Son personas muy brillantes, pero que han perdido su ser.

¬ŅY alguien como Beckett? ¬ŅC√≥mo situarlo entre esos escritores a los que trata usted?

Mire, ahora nos vemos mucho menos, pero Beckett es un hombre que siempre est√° perfectamente l√ļcido y que no reacciona como escritor. Ese problema no se plantea en √©l ‚ÄĒlo que resulta muy hermoso en su caso‚ÄĒ, porque nunca ha reaccionado como un escritor. No es en modo alguno un ¬ęembalado¬Ľ como nosotros, somos todos unos ¬ęembalados¬Ľ, √©l est√° por encima de todo eso, tiene un estilo de vida propio, es un caso totalmente aparte. Pero, en general, he observado que las personas que han producido demasiado en cualquier terreno son monigotes, al cabo de cierto tiempo. Y por eso las grandes presencias son con mucha frecuencia gente que no ha producido nada, gente que lo ha acumulado todo.

¬ŅHab√≠a usted decidido antes de su llegada a Francia no trabajar en este pa√≠s tampoco?

S√≠, de forma ultral√ļcida comprend√≠ que hay que aceptar cualquier humillaci√≥n o sufrimiento para negarse a ejercer una profesi√≥n, a hacer cosas que no nos gustan y que no pueden gustamos, a ejercer cualquier trabajo impersonal. S√≥lo habr√≠a aceptado un trabajo f√≠sico. Habr√≠a aceptado barrer las calles, cualquier cosa, ¬°pero no escribir, hacer periodismo! Hab√≠a que hacer cualquier cosa para no ganarse la vida. Para ser libre, hay que soportar cualquier humillaci√≥n y √©se era casi el programa de mi vida. En Par√≠s hab√≠a organizado muy bien mi vida, pero no funcion√≥ como hab√≠a yo previsto. Estaba matriculado en la Sorbona y durante a√Īos, hasta la edad de cuarenta a√Īos, com√≠ en la universidad como estudiante. Por desgracia, cuando cumpl√≠ cuarenta a√Īos, me llamaron para decirme: ¬ęMire, ahora se acab√≥, hay un l√≠mite de edad, est√° fijado en los veintisiete a√Īos¬Ľ. Y de pronto todos mis proyectos de libertad se vinieron abajo. Recuerdo que viv√≠a en un hotel muy cerca de aqu√≠, una vieja buhardilla que me gustaba mucho y me dije: ahora la situaci√≥n es muy grave. Hasta entonces el problema estaba resuelto autom√°ticamente: lo √ļnico que hac√≠a falta era matricularse en la Sorbona para comer casi por nada en los comedores universitarios. ¬ŅQu√© hacer? Carec√≠a de medios para comer en restaurantes o hacer una vida normal. Tal vez no constituyera un hito en mi vida, pero fue una preocupaci√≥n extraordinaria. Sin embargo, como hab√≠a decidido aceptarlo todo, salvo hacer lo que no me gustaba, eso complicaba much√≠simo mi vida. Por suerte, a√ļn ten√≠a la habitaci√≥n de hotel con tarifa mensual, que no costaba casi nada. Yo adoraba de verdad aquella buhardilla muy cerca de aqu√≠, en la Ru√© Monsieur-le-Prince, y de repente vi que pon√≠an en la calle a todos los que estaban con tarifa mensual, como yo, si bien hicieron una excepci√≥n conmigo. Yo conoc√≠a al gerente y no se atrevi√≥, pero me dije: un d√≠a llegar√°, conque hay que encontrar otra cosa a toda costa, pues, si no, ser√° el fin. Era en 1960, yo hab√≠a publicado un libro titulado Historia y utop√≠a y conoc√≠a a una se√Īora que trabajaba en el ramo inmobiliario. Le envi√© mi libro, me prometi√≥ ayudarme y tres d√≠as despu√©s consegu√≠ este apartamento por un precio realmente insignificante, se trata de un alquiler antiguo. No pueden aumentamos el alquiler y yo, que tengo horror a la vejez, me aprovecho en cierto modo de √©l, si bien creo que es injusto para el propietario. As√≠ consegu√≠ resolver mi problema y todo eso era necesario para vivir sin ejercer una profesi√≥n. Pero todo eso se ha acabado, hoy los j√≥venes ya no tienen esa posibilidad. Hay j√≥venes que vienen a visitarme y que me dicen que les gustar√≠a vivir como yo, pero es demasiado tarde. Cuando yo llegu√© a Par√≠s, hab√≠a habitaciones con tarifa mensual y tantas como se deseara, pero todo eso ha desaparecido, ahora est√° la cosa dif√≠cil.

No obstante, siguió usted trabajando, escribiendo, publica usted mucho en la NRF.

S√≠, es verdad. No se puede vivir en modo alguno en el para√≠so… o, mejor dicho, de par√°sito; comprend√≠ que hab√≠a que escribir y eso correspond√≠a, desde luego, a una necesidad. Conque publiqu√© mi primer libro en franc√©s ‚ÄĒBreviario de podredumbre‚ÄĒ y despu√©s ten√≠a intenciones poco precisas y me preguntaba ya entonces por qu√© multiplicar los libros. ¬ŅPor qu√©? A pesar de todo, de uno s√≥lo quedan algunas frases, ¬Ņno? Pero he de decir que los d√≠as son demasiado largos y, adem√°s, hab√≠a tambi√©n, desde luego, una forma de vitalidad en juego, una necesidad de manifestarse. He sido totalmente desconocido durante treinta a√Īos, mis libros no se vend√≠an nada. Acept√© muy bien esa condici√≥n, que correspond√≠a tambi√©n a mi visi√≥n de las cosas, hasta el momento en que llegaron los libros de bolsillo. Y, personalmente, estoy a favor de los libros de bolsillo, puede parecer parad√≥jico, pero me parece que es la √ļnica forma de llegar de verdad a los lectores que se interesan sinceramente por ti. Despu√©s viene el mecanismo de toda carrera literaria, pero los √ļnicos a√Īos importantes son los del anonimato. Ser conocido es una voluptuosidad, tiene vertientes amargas a veces, pero es un estado extraordinario. A m√≠, durante a√Īos, me presentaban en los salones ‚ÄĒporque hubo un tiempo en que me gustaba mucho beber whisky y, como no pod√≠a permitirme el lujo de compr√°rmelo, iba a las recepciones‚ÄĒ y siempre me presentaban como el amigo de Ionesco y de Beckett. Pero yo aceptaba muy bien esa condici√≥n, ¬Ņpor qu√© no? ¬ŅPara qu√© ser conocido?

¬ŅPor qu√© decidi√≥ usted de repente escribir en franc√©s?

Ver√° usted por qu√©. Hab√≠a decidido no volver nunca m√°s a Rumania. Para m√≠, hab√≠a acabado, todo aquello me parec√≠a en verdad el pasado, en el sentido absoluto del t√©rmino. Estaba cerca de Dieppe, en el mar, en verano, en 1947, en un pueblo, y estaba intentando traducir a Mallarm√© al rumano. Y de repente me dije: ¬ęYo no estoy dotado en absoluto para esto¬Ľ, y s√ļbitamente tom√© la decisi√≥n de escribir en franc√©s, comprend√≠ que deb√≠a hacerlo. Hasta entonces, curiosamente, hab√≠a desatendido el franc√©s, mientras que hab√≠a estudiado mucho el ingl√©s en la Sorbona y segu√≠ incluso los cursos para las oposiciones de ingl√©s. Mi decisi√≥n de escribir en franc√©s ‚ÄĒdecisi√≥n adoptada en un momento‚ÄĒ result√≥ mucho m√°s dif√≠cil de realizar de lo que hab√≠a cre√≠do. Fue incluso un suplicio: no el primer chorro, sino la reescritura del libro. Y lo escrib√≠ cuatro veces, mi primer libro, e incluso acab√© asqueado de escribir. Conque, despu√©s de haber escrito el Breviario de podredumbre, yo me dec√≠a que no val√≠a la pena seguir atorment√°ndome. Y publiqu√© Silogismos de la amargura por fatiga. No vale la pena hacer frases, etc√©tera. Despu√©s el proceso continu√≥, pese a todo, y he de decir tambi√©n que Paulhan me ped√≠a todo el tiempo que colaborara en la NRF. Yo se lo promet√≠a y despu√©s me reconcom√≠a por haberlo hecho, luego quer√≠a cumplir con mis promesas y as√≠ entr√© como en un engranaje. Admit√≠a perfectamente estar en la periferia, era totalmente desconocido, pero, a fin de cuentas, no es en modo alguno desagradable. Y as√≠ son los a√Īos de la vida de un escritor, el escritor sin lectores ‚ÄĒque conoce, no obstante, a algunas personas y se acab√≥‚ÄĒ; tiene aspectos desagradables en el plano pr√°ctico, pero √©sa es la √©poca de la escritura verdadera, porque tienes la impresi√≥n de escribir para ti mismo.

¬ŅHubo tambi√©n una motivaci√≥n pol√≠tica que lo impulsara a abandonar el rumano, Rumania?

¬ŅQu√© quer√≠a usted que hiciera con mi rumano en Par√≠s? Hab√≠a roto con Rumania: ya no exist√≠a para m√≠. En Rumania hab√≠a prometido hacer una tesis, que nunca llegu√© a hacer. De todas formas, Rumania representaba tan s√≥lo el pasado para m√≠. Conque, ¬Ņpara qu√© escribir en rumano? ¬ŅY para qui√©n? Adem√°s, lo que yo escrib√≠a no habr√≠a sido aceptado nunca por el r√©gimen. Ahora s√≠, aceptan mis escritos y publican sin cesar mis art√≠culos en revistas. Pronto van a publicar un libro que re√ļne varios de mis escritos, pero sigue habiendo textos que no pueden publicarse en Rumania. Hay una forma de cinismo ‚ÄĒson ellos los que lo llaman as√≠‚ÄĒ que no pueden aceptar. Si dices que la existencia es un absurdo, lo aceptan, pero, si dices que toda forma de sociedad es absurda, no pueden aceptarlo. Est√°s libre en el plano metaf√≠sico y puedes mandar todo por los aires, pero no en el plano social. El drama de esos reg√≠menes es que hay un optimismo obligatorio. No aceptan lo irremediable; hay cosas que no pueden resolverse, que son propias de la esencia del hombre y de la infamia de la historia. Puedes decir lo que quieras, puedes ser perfectamente budista, cualquier cosa, mientras no toques lo relativo a la sociedad, a la historia.

¬ŅEs verdad que fue usted abierta y fan√°ticamente antidem√≥crata al final del decenio de 1940?

Mire, hay otra cosa, verá usted, la democracia en Rumania no era una democracia de verdad. Yo era antidemócrata, porque la democracia no sabía defenderse. Ataqué la democracia por su debilidad. Era un régimen que no era creíble, porque no tenía el instinto de conservación. Y ataqué a alguien por quien sentía la mayor estima: Juliu Maniu, que encabezaba a los demócratas rumanos. Escribí un artículo en el que decía que Maniu, el mayor demócrata del mundo, debería haber sido jefe de un partido en Suecia, en los países nórdicos, pero no en un país como Rumania. La democracia debe defenderse con todos los métodos y dar prueba de vitalidad. Pero Maniu luchaba sólo con conceptos puros y esos conceptos no tienen la menor posibilidad en los Balcanes. La democracia fue de verdad deficiente en Rumania, no estuvo al nivel de la situación histórica. No se puede seguir a gente así, es la utopía encarnada en los Balcanes, no es posible. Hubo democracia en Rumania, el partido liberal de Maniu, pero en las situaciones difíciles esa clase de partido no resiste el embate, quedaron completamente superados por la historia.

¬ŅY la democracia occidental?

En Occidente hay, a pesar de todo, cierto automatismo, porque la democracia naci√≥ aqu√≠, puede sobrevivirse a s√≠ misma. No se sabe, puede desmoronarse, no es del todo seguro. El drama del liberalismo y de la democracia es que en los momentos graves est√°n perdidos. Ya se ha visto. La carrera de Hitler, el dictador, es el resultado de la debilidad dem√≥crata, es √ļnicamente eso. La historia de Hitler es muy sencilla.

¬ŅFueron esas reflexiones relativas a la democracia un punto de partida para su concepto de utop√≠a?

S√≠, el libro que escrib√≠ sobre Historia y utop√≠a es tambi√©n una reflexi√≥n sobre las deficiencias de la democracia. En ese libro digo que el futuro es de Rusia; es un milagro incluso que Rusia no se haya adue√Īado de toda Europa, pero la historia no ha acabado. Por desgracia, la historia no es sino la sucesi√≥n de las grandes potencias, eso es la historia. Rusia est√° amenazada hist√≥ricamente por sus √©xitos y s√≥lo eso puede salvar a largo plazo al resto de Europa, a las naciones libres del Oeste de Europa.

Habla usted de salvaci√≥n, pero su perspectiva general de la historia es negativa. ¬ŅEs una visi√≥n de la historia como decadencia?

Totalmente. Yo creo que Occidente s√≥lo puede salvarse si China llega a ser una gran potencia y Rusia la teme. Pero, si la situaci√≥n contin√ļa as√≠, Occidente ceder√° a la presi√≥n rusa. Si hay una l√≥gica de la historia, una l√≥gica c√≠nica, desde luego, es la de que Rusia debe adue√Īarse de Europa. No obstante, hay excepciones en la historia y el despertar de Asia puede salvar a Europa.

¬ŅCu√°l es el puente en su pensamiento entre el individuo y la historia, dado que el yo es la medida de todo, pero se encuentra sumergido por la propia historia? A juzgar por lo que usted dice, no parece haber un v√≠nculo verdadero entre el individuo y la sociedad. Entonces, ¬Ņc√≥mo se hace esa vinculaci√≥n?

Se hace muy mal, se hace mediante el malestar. No hay puente y la enfermedad se vuelve la ¬ęsoluci√≥n¬Ľ, eso es seguro. Hay que ser l√ļcido como individuo, pero sabiendo que el exceso de lucidez vuelve la vida insoportable. La vida s√≥lo es soportable si no se sacan las √ļltimas consecuencias.

¬ŅEs el pensamiento indio el que, por decirlo as√≠, ha penetrado en su obra? El Nirvana, del que habla usted con frecuencia… ¬Ņindica una renuncia respecto de la lucidez y la nostalgia de una filosof√≠a del sue√Īo?

Estoy tambi√©n m√°s all√° de eso, pero desempe√Ī√≥, efectivamente, un papel importante hace unos diez a√Īos, ese entusiasmo por el budismo. Siempre he sido un poco budista, si es que se puede ser un poco. A decir verdad: si pudiera elegir, si tuviese que optar por una religi√≥n de entre todas, ser√≠a budista. Dejando aparte algunos puntos, el budismo me parece aceptable e incluso confortable.

Pero, ¬Ņse puede elegir l√ļcidamente una religi√≥n?

Por afinidad secreta se hace, pese a todo, esa elecci√≥n, hay puntos muy precisos como la visi√≥n del sufrimiento, que acepto, pero la transmigraci√≥n u otros aspectos del budismo, ¬Ņc√≥mo aceptarlos? Hay que pertenecer a una tradici√≥n para poder subscribir ese tipo de cosas. Hay que compartir cierto estilo de pensamiento, de concepci√≥n del mundo. ¬ŅC√≥mo creer en la metempsicosis, en las etapas de la vida, por ejemplo? Los dogmas no son aceptables, pero el esp√≠ritu s√≠, totalmente. Todo lo que el budismo observa sobre el sufrimiento, sobre la muerte, etc√©tera, es aceptable, la vertiente negativa, y esa vertiente es la que determin√≥ a Buda a abandonar el mundo. Adem√°s, es, a pesar de todo, la religi√≥n que pide menos fe. El cristianismo o el judaismo exigen cosas muy precisas y, si te niegas a creerlas, est√°s perdido, se acab√≥; el budismo, no, admite la transacci√≥n. Las razones que movieron a Buda a abandonar el mundo, podemos aceptarlas sin dificultad, a condici√≥n de tener el valor de sacar las √ļltimas consecuencias. El budismo no te pide ninguna confesi√≥n, ning√ļn reconocimiento, y por eso est√° a punto de suplantar al cristianismo. Puede llegar a ocurrir, sobre todo en Francia, donde me deja estupefacto el n√ļmero cada vez mayor de personas que, seg√ļn veo, s√≥lo creen en el budismo. Y eso va a continuar.

Cuando se conoce su obra, resulta dif√≠cil imaginar que haya usted viajado. ¬ŅMe equivoco?

Tiene usted raz√≥n: he viajado poco. Conozco s√≥lo algunos pa√≠ses y sobre todo ya casi no viajo. La √ļltima vez que viaj√© fue a Grecia, me hab√≠an invitado y acept√©, en vista de que me pagaban el viaje. He de decir que, de todos modos, he viajado mucho en bicicleta ‚ÄĒsiempre he sentido una gran pasi√≥n por la bicicleta‚ÄĒ y fui incluso a Inglaterra en bicicleta. Entonces era m√°s joven. La bicicleta me daba la extraordinaria posibilidad de estar fuera; est√°s en un pa√≠s y al mismo tiempo est√°s en marcha. He hablado mucho con la gente en mis viajes en bicicleta. He recorrido toda Francia en bicicleta y he conocido a much√≠sima gente, el pueblo y no los intelectuales. Para m√≠ eso era un gran placer. Con frecuencia me he sentido profundamente conmovido por personas que no han abierto nunca un libro.

¬ŅSigue usted paseando mucho?

Sí, desde luego.

¬ŅY va usted con frecuencia a los cementerios?

Con frecuencia, no. Siento, cierto es, debilidad por los cementerios, pero ahora ya no son hermosos, est√°n sobrecargados. Cuando veo a amigos, pero tambi√©n a desconocidos, que pasan por momentos de angustia, de desesperaci√≥n, s√≥lo tengo un consejo que darles: ¬ęVete veinte minutos a un cementerio y ver√°s como, aunque tu pena no se disipar√°, desde luego, casi la superar√°s¬Ľ. El otro d√≠a me encontr√© con una muchacha a la que conozco, una joven desesperada por una pena de amor, y le dije: ¬ęMira, no est√°s lejos de Montparnasse, ve all√≠, pas√©ate durante media hora y ver√°s como tu desdicha te parecer√° tolerable ¬Ľ. Es mucho mejor que ir a un m√©dico; no hay medicamento contra ese tipo de dolor, pero un paseo por el cementerio es una lecci√≥n de sabidur√≠a, casi autom√°tica. Yo mismo he practicado siempre m√©todos semejantes: no parece demasiado serio, pero es relativamente eficaz. ¬ŅQu√© le vas a decir a alguien que es presa de una profunda desesperaci√≥n? Nada o casi nada. Pero all√≠ se ve de qu√© se trata. Aunque pueda parecer curioso, yo soy bastante compasivo, soy muy sensible a la desesperaci√≥n de la gente. Siempre he ayudado a la gente, mucho m√°s de lo que pueda creerse. Alguien que no est√° acostumbrado a la desesperaci√≥n se encuentra de pronto en una situaci√≥n extrema y completamente inhabitual que no comprende y no puede explicarse. Por mi parte, siempre he intentado dar consejos, pero consejos pr√°cticos, que ofrecen la posibilidad de cambiar de perspectiva completamente. La √ļnica forma de soportar de verdad esa clase de vac√≠o es tener conciencia de la nada; de lo contrario, la vida no es soportable. Pero, si tienes conciencia de la nada, todo lo que te ocurre conserva sus proporciones normales y no adquiere las proporciones dementes que caracterizan la exageraci√≥n de la desesperaci√≥n.

¬ŅEs como una soluci√≥n ¬ęcat√°rtica¬Ľ lo que usted recomienda con eso?

Desde luego. Hay que saber ver lo que uno es. Yo he conocido, por ejemplo, a muchos jóvenes escritores que, al no tener éxito, querían suicidarse, cosa que, a fin de cuentas, comprendo. Pero es muy difícil calmar a alguien que ha llegado a ese punto. Lo terrible en la vida es el fracaso y no falta precisamente, en todo el mundo. Eso es lo que más nos salta a la vista de la gente que conocemos. La mayoría de la gente que viene a verme es presa de una desesperación extrema provocada por el fracaso.

Pero, ¬Ņse saca algo del fracaso? Cuando se sobrevive…

… Es una lecci√≥n extraordinaria, pero hay mucha gente que no lo soporta y en todos los niveles, entre los criados y entre la gente ¬ęimportante¬Ľ. Al fin y al cabo, la experiencia de la vida es el fracaso. Los que se ven afectados, sobre todo, son los ambiciosos, los que se organizan un plan de vida, los que piensan en el porvenir. Por eso env√≠o a la gente al cementerio y no resulta in√ļtil en absoluto; basta con ver los resultados. Es la √ļnica forma de minimizar una situaci√≥n tr√°gica, es evidente…

¬ŅY no la literatura o la poes√≠a?

También, pero en menor medida. Hay que ir sobre todo ante la tumba de un amigo: ahí es donde se comprende. En la vida se aprende todo, salvo a superar esa clase de experiencia y sobre todo el medio literario se caracteriza por enormes decepciones.

Desde muy joven ya previo usted esos fen√≥menos, al pensar en la muerte, el fracaso, la desesperaci√≥n…

No cabe duda y mi primer libro, Pe culmile disperárii, trataba ya de esas cosas; todo lo que he escrito posteriormente figuraba ya en él. Se ha reeditado en rumano, pero es un libro muy mal escrito, sin estilo alguno, un libro excesivo; sin embargo, contiene todo mi pensamiento. No se puede traducirlo, porque carece del menor rigor, es el estilo rumano, todo se va a paseo, pero la obsesión del suicido está ya en él. Todo mi drama está en él, las vigilias, etcétera.

Ese libro fue la erupci√≥n de la llaga abierta que era esa larga vigilia de la que ya ha hablado usted. ¬ŅEn qu√© momento pudo superar esa situaci√≥n?

Hasta siete u ocho a√Īos despu√©s no empez√≥ a disiparse y lo que me cur√≥ fue irme a recorrer Francia en bicicleta. Durante los meses que pas√© recorriendo Francia, dorm√≠a en los albergues de juventud y el esfuerzo f√≠sico, los cien kil√≥metros al d√≠a que hac√≠a, me permiti√≥ superar esa crisis. Cuando haces todos esos kil√≥metros al d√≠a, tienes que dormir por la noche, no hay otra opci√≥n; si no, no puedes continuar. No fueron, pues, reflexiones filos√≥ficas las que me curaron, sino el esfuerzo f√≠sico, que al mismo tiempo me daba placer. Estaba todo el tiempo fuera y as√≠ comprend√≠ tambi√©n a Francia, hablando con la gente sencilla, con los obreros, los campesinos. Fue una experiencia muy fecunda para m√≠.

Pero, ¬Ņestaba ya hecha su visi√≥n del mundo?

Sí, pero la base patológica disminuyó; mi visión estaba formada, desde luego, pero pudo perder su carácter puramente enfermizo, porque, en cuanto pude dormir, cerrar los ojos por unas horas, ya no era la misma tensión. Esa tensión tenía que disminuir, porque la vida demasiado intensa es insoportable a la larga.

Entonces, ¬Ņno ha necesitado usted nunca droga alguna para tener experiencias ¬ęintensas¬Ľ, como Michaux, por ejemplo?

En absoluto. Nunca comprend√≠ por qu√© utilizaba Michaux productos qu√≠micos para tener sus ¬ęrevelaciones¬Ľ. Nunca estuve de acuerdo con √©l a ese respecto, sobre todo si tenemos en cuenta que las experiencias de Michaux eran muy razonables y sin riesgo, pues las emprend√≠a √ļnicamente con el fin de describirlas. No vale la pena y me parece que se trata del aspecto perecedero de su obra; nunca se lo dije, porque √©ramos muy amigos y no quer√≠a herirlo. O se conocen esa clase de etapas por una fatalidad en cierto modo o no hay nada que decir; hay algo absolutamente artificial en esos procedimientos y Michaux ten√≠a algo de m√©dico, una faceta cient√≠fica muy pronunciada. Iba con mucha frecuencia a ver pel√≠culas cient√≠ficas que eran terriblemente exasperantes. En la √©poca en que viv√≠a muy cerca de mi casa, me llevaba con frecuencia a ver pel√≠culas cient√≠ficas sobre cualquier cosa, que me aburr√≠an mortalmente. Ten√≠a esa inclinaci√≥n cient√≠fica, algo propio de un gran qu√≠mico o un gran m√©dico. Pero un poeta no tiene por qu√© emplear procedimientos cient√≠ficos.

Ha dicho usted que ya no escribe. ¬ŅCree usted que seguir√° as√≠?

No lo s√©, pero es muy posible que no vuelva a escribir. Me horroriza ver todos esos libros que se publican… esos autores que publican al menos un libro al a√Īo… es nocivo, no est√° bien. Creo que no hay que escribir, hay que saber renunciar. Ahora ya no me divierte, en cierto sentido. Es necesario un m√≠nimo de entusiasmo, tiene que haber una aspiraci√≥n. Cuando te pones a escribir un libro, hay como una complicidad, como si el libro fuera exterior a ti, es una forma de conspiraci√≥n entre dos y ahora ya no le veo inter√©s. Me digo que estoy harto de echar pestes contra el mundo y contra Dios, no vale la pena.

Pero, ¬Ņsigue usted echando pestes con el pensamiento?

Menos, l√≥gicamente menos. Hay como una resignaci√≥n que es fruto de la edad y ahora la fatiga es un estado muy real que hay que tener en cuenta. Siempre se puede escribir y decirlo todo, pero es que, precisamente, no hay que decirlo todo. No obstante, de un autor s√≥lo quedan algunas frases. Se puede escribir, pero, si ese acto ya no corresponde a una necesidad interior, es mera literatura. Eso es lo que yo no quiero, tal vez porque siempre he cre√≠do ‚ÄĒes mi faceta ingenua‚ÄĒ en lo que escrib√≠a; no est√° bien e incluso est√° en contradicci√≥n con mi visi√≥n de las cosas, pero, en fin, mala suerte. No hay que hacer trampa, pero en lo absoluto, ¬Ņqu√© importa hacer trampa? Se puede tener la conciencia de la nada, pero no pueden extraerse todas las consecuencias de ella. Es evidente que, si se tiene la conciencia de la nada, es absurdo escribir un libro, es rid√≠culo incluso. ¬ŅPor qu√© escribir y para qui√©n? Pero hay necesidades interiores que escapan a esa visi√≥n, son de otra naturaleza, m√°s √≠ntimas y m√°s misteriosas, irracionales. La conciencia de la nada llevada hasta sus √ļltimas consecuencias no es compatible con nada, con ning√ļn gesto; la idea de fidelidad, de autenticidad, etc√©tera… todo se va a paseo. Pero, a pesar de todo, queda esa vitalidad misteriosa que te impulsa a hacer algo. Y tal vez sea eso la vida, sin pretender emplear palabras grandilocuentes, es que hacemos cosas a las que nos adherimos sin creer en ellas, s√≠, es eso m√°s o menos.

CIORAN, E.M., Conversaciones. Trad. de Carlos Manzano. Barcelona: Tusquets, 1996, p. 221-246.