“Unamuno ante el abismo: un místico agónico” (Maria Bantulà Pañella)

Facultat d’Humanitats, Universitat Pompeu Fabra, 2015
Director/a: María Morrás Ruíz-Falcó

Resumen: Tras su crisis religiosa de 1897, el filósofo español Miguel de Unamuno se dedicó a escribir una serie de obras que tratan temas como: la muerte y la inmortalidad, Dios y la religión, la razón y el sentimiento, la desesperanza y la fe. Ahora bien, todos estos temas son tratados desde una perspectiva trágica, desde la agonía, una lucha que por el filósofo representa lo que es la vida. El conjunto de su pensamiento debe entenderse pues, a partir de este contexto de la “muerte de dios”, que lleva al escritor en busca agónica de una deidad salvadora, donde sentimiento y razón devienen dos grandes polos irreconciliables. De modo que, en este trabajo, trataremos, a partir de su obra tanto filosófica como poética, este deseo imposible de inmortalidad de Unamuno, que, como el místico, siente la ausencia de Dios en el mundo.
Palabras clave: Miguel de Unamuno, místico, Crisis de 1897, inmortalidad, fe, agonía, Dios, fin de siglo.

Abstract: After his religious crisis in 1897, the Spanish philosopher Miguel de Unamuno devoted himself to writing a series of works dealing with issues such as: death and immortality, God and religion, reason and feeling, despair and faith. However, all this issues are treated from a tragic perspective, form the agony, a struggle that for the philosopher represents the meaning life. His thinking must be understood within the context of “death of god”, which leads the writer in an agonic search of a saviour deity, revealing feeling and reason as two irreconcilables poles. Therefore, this essay, using Unamuno’s philosophical and poetical work, is set to analyse his impossible wish of immortality induced because he, as the mystic, feels the absence of God in the world.
Keywords: Miguel de Unamuno, mystic, Crisis of 1897, immortality, faith, agony, God,
end of century.

Todo ángel es terrible.
Y por eso me contengo, sofocando el reclamo de un oscuro sollozar.
Rainer Maria Rilke

Vientos abismales, tormentas de lo eterno han sacudido de mi
alma el poso, y su haz se enturbió con la tristeza del sedimento.
Miguel de Unamuno y Jugo

Introducción

El eje central a partir del cual se desarrolla este trabajo es la inmortalidad del alma que marca gran parte de la producción tanto filosófica como literaria de Miguel de Unamuno, tras sufrir una fuerte crisis religiosa en el año 1897. A raíz de este suceso veremos cómo emerge, en la obra posterior del rector de la Universidad de Salamanca, la búsqueda agónica de una deidad salvadora, pues Unamuno, como el místico, sentirá la ausencia de Dios en el mundo.

De modo que en este trabajo seguiremos aquellos ensayos, novelas y obra poética donde está presente esta angustia y la presentaremos desde la perspectiva de la literatura mística, que aunque es una idea ya introducida por autores como Gregorio Marañón que afirman que Unamuno es “nuestro último gran místico” (Marañón, 1977:406), Agustín Esclans que dice: “cuando joven, estudié cinco años de Teología; pues bien, no recuerdo a ningún teólogo místico que haya hablado nunca con esa enorme virilidad metafísica de Unamuno” (Esclasans, 1947:56) o Romero Flores que afirma: “Uno de los casos de más honda fe de toda la cristiandad” (Flores, 1941:38), esta visión creemos que es aún una vía de investigación abierta con la que se puede seguir trabajando.

Si leemos la obra de Unamuno a la luz de la literatura mística, podríamos asimilar el autor al perfil que apunta Helmut Hatzfeld, teórico de la mística española, sobre el concepto de poeta místico, que dice:

El poeta místico (…) tiene la única doble función de aprehender a Dios y de someterse a la incitación y capacidad de trasladar esta aprehensión a una obra de arte es decir, en este caso particular, a una poesía mística. (Hatzfeld, 1955:15)

Miguel de Unamuno traslada este anhelo de Dios al conjunto de su obra, es decir, no sólo en su poesía, sino que también a su producción tanto filosófica como literaria ya que, tal y como afirma el propio Unamuno, “poeta y filósofo son hermanos gemelos, si es que no la misma cosa” (Unamuno [1913], 2013:34). En este trabajo pues se busca plantear la relación entre la obra del autor bilbaíno y la literatura mística.

Podemos decir pues que este trabajo nace con la voluntad de explorar una parte de la obra unamuniana para ofrecer una nueva óptica que ayude a su comprensión ya que las obras de Unamuno constituyen un corpus de pensamiento y literatura que partiendo de este anhelo de Dios se acercan a la búsqueda tan propia del místico.

Para llevar a cabo este trabajo lo he delimitado en las obras más significativas en referencia a este tema. En primer lugar y principalmente trataré la obra de Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos, publicada en 1912, que es donde, esencialmente, trata el tema de la inmortalidad del alma, así como Dios y la fe. Otra obra de relevancia para este trabajo será su Diario íntimo, que escrito en 1897, nos permite acceder a los sentimientos más profundos del autor del año en que sufrió su crisis personal. Y por último como fuente principal, junto con las obras acabadas de mencionar, trataré Vida de Don Quijote y Sancho, escrita en 1905, donde vemos a Unamuno de nuevo tratando el tema de la fe religiosa pero en este caso a través de los personajes creados por Miguel de Cervantes.

Otros soportes, también de Unamuno, a los que dedicaremos nuestra atención a lo largo de nuestro trabajo aunque no en la misma profundidad, serán por un lado la poesía unamuniana, sobretodo la obra de El cristo de Velázquez, una de las producciones del autor que seguramente más lo acercan a la expresión mística, pero no sólo este sino que también nos serviremos de otros poemas recogidos en su Antología poética, que, aunque a menudo ha sido menospreciada en el conjunto de la su obra, en mi opinión tiene ideas muy interesantes en este sentido. Y por otro lado mencionar que también haremos uso de algunas de sus novelas como San Manuel Bueno, mártir (1931), así como ensayos cortos como Mi religión.

Ahora bien, tal y como hemos comentado anteriormente, para llevar a cabo esta tarea nos centraremos sobre todo en los ensayos de Unamuno Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos y Vida de Don Quijote y Sancho, esta elección viene dada por un lado por el tema que trata en estas obras y, por otra parte, por el género de estos escritos: el ensayo.  Este género permite a Unamuno hacer uso de una espontaneidad que le ayuda a articular un discurso filosófico mucho más complejo:

Como decía Unamuno, es frecuente “escribir a lo que salga”, reseñar el pensamiento in statu nascendi. (…) El ensayista (…) compone experimentando, cuestionando constantemente el objeto que le sirve de tema, reflexionando libremente, mirándolo desde varias perspectivas. (Arenas Cruz, 2005:46)

Tanto es así que al leer obras como Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos, La agonía del cristianismo, o Mi religión, cabe preguntarse hasta qué punto son obras filosóficas o más bien autobiográficas, donde Unamuno se descubriendo a medida que va escribiendo. De hecho el mismo Unamuno explica que él escribe pero que no sabe dónde le lleva el acto de la escritura:

Aseguro que, aunque sé por dónde he empezado este ensayo –o lo que fuere– no sé por dónde lo he de acabar. Y de esto es precisamente de lo que quiero escribir aquí, de esto de ponerse uno a escribir una cosa sin saber adónde ha de ir a parar, descubriendo terreno según marcha, y cambiando de rumbo a medida que cambian las vistas que se abren a los ojos del espíritu. Esto es caminar sin plan previo, y dejando que el plan surja. Y es lo más orgánico, pues lo otro es mecánico; es lo más espontáneo. (Unamuno, 1995:694)

Así pues será a través de este género que Unamuno se servirá para expresar estos sentimientos que le turban el alma. Por eso el uso que el autor hace de la primera persona nos facilita a los lectores adentrarnos en el sufrimiento del autor, que escribe por la necesidad de desahogarse, de exteriorizar lo que siente a pesar de ser algo casi inexpresable. Precisamente esta función la trató Georg Lukács afirma que:

Hay, pues, vivencias que no podrían ser expresadas por ningún gesto y que, sin embargo, ansían expresión. Por todo lo dicho sabes a cuáles me refiero y de qué clase son: la intelectualidad, la conceptualidad como vivencia sentimental, como realidad inmediata, como principio espontáneo de existencia; la concepción del mundo en su desnuda pureza, como acontecimiento anímico, como fuerza motora de la vida. (Lukács, 1975:23)

Pero no tan sólo eso sino que esta necesidad casi imperiosa de escribir a la que se refiere
Georg Lukács, es la misma que padecen los poetas místicos que tratan el tema del anhelo
de Dios.

García Jiménez de Cisneros, el abad de Montserrat del siglo XVI, explicará a su obra Exercitatorio de la vida spiritual porque este perfil, el de poeta místico, se ve obligado a escribir: “A veces el alma siente una embriaguez espiritual que la empuja a santos y piadosos suspiros sin que le sea posible contenerlos en su interior y no manifestarlos” (Cisneros, 1955:208); una razón, como vemos, muy cercana a la explicada por el filósofo húngaro al tratar la función del ensayo.

Otra cuestión en referencia a este género literario es el uso del autor de la primera persona que da lugar a una posible asimilación de este ‘yo autorial’ con el ‘yo’ de los místicos. Éstos, como Unamuno, tienen la necesidad de explicar su vivencia, ya que ésta supone una experiencia vivencial única, como la experiencia del ensayista español después de su crisis religiosa.

Sobre esta posibilidad, el historiador Juan Marichal presentará una relación entre el estilo de Unamuno en sus ensayos y la obra de Santa Teresa, ya que ambos comparten esta voluntad de encontrar en la escritura un “desahogo expresivo”. Ambos comparten un estilo genuino, que nos permite sumergirnos en el alma de uno y otro: “el estilo como un espejo absoluto de lo interior del autor” (Basdekis, 1965:55) dice Basdekis en referencia a los dos autores. Es decir, Unamuno concebirá el acto de escribir como:

Una forma de derramamiento espiritual, mediante el cual el escritor se descubre a sí mismo y, por lo tanto, no ha de encauzar con sus palabras el flujo de su vida interior sino que deben ser “ríos de agua viva”, como dice refiriéndose a sus versos. Su voluntad de estilo responde así a su afán por lograr una expresión literaria que fuera como la piel del cuerpo de sus vivencias subjetivas. (Marichal, 1971:150)

Podemos decir pues, tal y como apunta Juan Marichal, que, por Unamuno, la escritura ensayística será una forma de dejar fluir su espiritualidad, escribe mientras busca, por lo que, mientras exterioriza, va descubriendo todo lo reservado hasta el momento en lo más profundo de su interioridad… [PDF]