Entrevista a Miguel Angel Gómez Mendoza por Rodrigo Inácio R. Sá Menezes

Miguel Angel Gómez Mendoza nació en la ciudad colombiana de Tuna,  en el departamento de Boyacá. Hizo sus estudios de pregrado en Filosofía e Historia en la Universidad “Babeș-Bolyai” de Cluj-Napoca, Rumania; tiene maestría en Estudios Ibéricos e Iberoamericanos por la Universidad “Michel de Montaigne” de Bordeaux, Francia (Diploma Superior de Investigación DSR), doctorado en Historia con énfasis en educación por la Universidad Sorbona Nueva-Paris III, y posdoctorado en Historia de la Educación por la Universidad de Valladolid, España. Es profesor de la Universidad Tecnológica de Pereira-Colombia (UTP), donde enseña en la facultad de Ciencias de la Educación. El profesor Gómez Mendoza vivió por 6 años en Rumania, mantiene un interés personal y académico por la lengua, la historia y la cultura rumana.  Sus investigaciones abarcan la historia de Rumania y particularmente la obra del historiador rumano Lucian Boia (1944-). Ha publicado, entre otros estudios, “El comunismo: utopía, mito, imaginario en la obra de Lucian Boia” (Diacronie: Studi di Storia Contemporanea, 2018). Es traductor de Cioran, un aventurier nemișcat [Cioran, un aventurero inmóvil, UTP, 2019], de Ciprian Vălcan. Contribuyó a este Portal con la traducción de una entrevista a Lucian Boia realizada por Cristian Pătrăşconiu, por ocasión del centenario de la Gran Unión de Rumania celebrado en 01/12/2018.

*

Portal EMCioran/Br: Profesor Gómez, es un gran honor escuchar una voz tan importante en el diálogo cultural entre rumanos y sudamericanos. Usted tuvo la oportunidad de viajar a Rumania por primera vez en 1979, gracias a una beca concedida por el Ministerio de la Educación y la Embajada Rumana en Colombia. Vivió y estudió usted en la ciudad de Cluj-Napoca mientras Rumania estaba todavía bajo el yugo de la dictadura comunista de Nicolae Ceaușescu. ¿Qué memorias son evocadas, después de tantos años, de esa vivencia en la Rumania de aquellos tiempos? ¿Nos puede contar un poco sobre su experiencia rumana, en aquella ocasión y en viajes posteriores?

M.A.G.M.:  Bueno, recuerdos tengo muchos, todos ellos reunidos de alguna manera constituyen una “experiencia” de vida. Algunos de ellos están relacionados con el clima, por ejemplo: como le decía al profesor Ciprian  Vălcan, conocí las estaciones, viaje por primera vez en avión, llegue a Bucarest vía Paris, con la aerolinea Air France,  conocí la nieve en un diciembre de 1979, para  alguien que viene de un país en buena parte tropical como es Colombia, sin duda fue todo un acontecimiento profundamente emotivo. Un poco, algo así, como la imagen con la que se inicia la novela de Gabriel García Marquez (“Cien añós de soledad”), cuando el Coronel Aureliano Buendia recuerda que su padre lo llevo a conocer el hielo en Macondo. Precisamente leí “Cien años de soledad” en rumano, me acuerdo, era una tarde de otoño por allá de 1980, acostumbraba ir a la Biblioteca Central de la Universidad con mucha frecuencia, de un solo tirón la leí y cuando ciertos episodios me hacían reir, la estudiante del puesto de enfrente se sorprendía de mis gestos, era una estudiante de origen hungaro, estudiaba geología, era una lectora incansable…
También, conocí muchos estudiantes de Africa, Asia, India, China, etc. En Cluj-Napoca había un buen número de estudiantes de América Latina, mejicanos, centroamericanos, cubanos, peruanos, ecuatorianos, entre otros, no supe de colegas argentinos o brasileños. Recuerdo que los estudiantes venezolanos en ese entonces formaron un equipo de beisbol, trajeron de su país las pelotas, los guantes, los bates, etc. Eran todo un evento los partidos de beisbol en uno de los parques de Cluj-Napoca. Ví a muchos colegas latinoamericanos regresarse meses después de llegar (cubanos, colombianos, ecuatorianos) porque no se adaptaron al modo de vida estudiantil que ofrecía Rumania, a los duros inviernos, a la comida, a la lengua y al ritmo de estudios y a sobrellevar la nostalgía.
Obviamente, había cierto “estereotipo” sobre los llamados “latinos”, por ejemplo, a los rumanos, no les entraba en la cabeza que muchos de nosotros no supieramos bailar salsa y otros ritmos “tropicales”, les parecía imposible. Por cierto, la “disco” era un sitio obligado de visita los domingos en la noche, era un sitio que se habilitaba en los comedores de las residencias universitarias y a donde ibamos a divertirnos y conocernos entre estudiantes. Cero alcohol en la “disco”, y ni hablar de drogas, eso para la época no existía.
Una de las cosas que me gustaba de Cluj, era el cruce de lenguas, escuchar hungaro, rumano y alemán, cuando los niños iban temprano a la escuela, quienes quieran tener una imagen de Cluj (ciudad típica del Imperio-Austrohungaro), les recomiendo la obra del escritor hungaro Miklos Bánfly (Escrito en la pared. Trilogía transilvana. Editorial Libros del Asteroide. Barcelona. 2010), y sin duda, la obra de Mihai Grund, un escritor de origen aleman por cierto, y cuya traducción publicó la editorial Pretextos de  Valencia-España, en 2011: Irse. Memorias de Rumania. Es una novela autobiográfica, de un joven rumano nada contento con el estado de cosas que decide partir de Rumania comunista, en la época en que estudie en Cluj, y decide irse precisamente de esta ciudad en donde él  y yo viviamos… Cuando leí  la novela identifique cada una de las calles y los sitios del relato, le escribí a Mihai Grund, comentándole mis impresiones como lector, quedo sorprendido que un colombiano leyerá su libro y haya estado en esta ciudad. Él es ahora profesor de literatura española y latinoamericana en el “Vássar College” en Nueva-York.
Volviendo a mis impresiones y recuerdos, hoy desde la distancia, creo que era, debo decirlo, un estudiante que asistía a clases, un estudiante promedio, con un desempeño aceptable, pero no más, disfrutaba la vida cultural de la ciudad: cine, conciertos, teatro, teatro de titeres, y compraba muchos libros, el monto de la beca me alcanzaba, hoy conservo en mi biblioteca una buena cantidad de ellos.
Una de las experiencias que quisiera destacar, tiene que ver con mis colegas estudiantes rumanos: la gran mayoría de ellos conocían lenguas extranjeras (inglés, francés, aleman, italiano, etc), tenían buen desempeño matemático, buenas capacidades de expresión oral y escrita, sabían tomar buenos apuntes, entre otras calidades. A propósito de esto, me viene a la mente un apreciación relativamente reciente, del conocido novelista Mircea Cărtărescu sobre los estudiantes universitarios rumanos de la época comunista, que por cierto, él vivió como estudiante casi por los mismos años mios en la Facultad de Letras de la Universidad de Bucarest: “eran mejores que los de ahora”.  Puede ser discutible este juicio, pero él, hoy como profesor de la facultad de letras, sabe de qué habla. Claro está, esta apreciación del novelista rumano, no debe ser leída como un elogio al periodo comunista, para nada, es una simple comparación de desempeños, quizás tiene que ver con la evolución de la universidad rumana después de 1989.
No quiero idealizar estos recuerdos sobre mis colegas rumanos, y menos aún sobre la sociedad rumana de aquellos años, pero, creo, que debo ser lo más objetivo y honesto posible en este relato. Varios de ellos me ayudaron a preparar los examenes orales de ese entonces, una colega me ayudo a preparar en francés mis solicitudes de admisión a la Universidad de Burdeos III – “Michel de Montaigne”. Recuerdo a una colega estudiante de la facultad de letras, Eva Tudor, estudiaba filología rusa e inglesa, me impresionaba su formación, sus lecturas y su curiosidad por la literatura latinoamericana, su sensibilidad estética por el cine y el teatro. Creo que fue por allá en 1985 o 1986, recibí una carta de ella: me narraba con lujo de detalles su visita al Museo Ermitage de ese entonces Leningrado, hoy San Petesburgo, y sus impresiones de esa ciudad, creo que era su primer viaje al extranjero.  Otra gran amiga rumana, Cecilia Bercean, estudiante de economía, me ayudo a corregir y mejorar el rumano de mi trabajo de grado, dedicó unos buenos días a revisar el documento y así alcanzo cierta calidad expresiva en la lengua rumana. Escribí como requisito de grado, una “tesina” sobre la sociología de la literatura y la crítica literaria sociológica, con base en la consulta de las obras de Ion Vasile Șerban, Robert Escarpit y Lucian Goldmann. A la vuelta de los años, leyendo una entrevista a Emil Cioran, me enteré que Goldmann, filósofo francés y sociólogo de origen judío rumano, le hizo su vida imposible en ciertos círculos parisinos, acusándolo de antisemita.
Respecto a  mis recuerdos de esos años de dictadura comunista de Nicolae Ceaușescu. En primer lugar,  debo decir que en ese entonces era joven y quizás un tanto “ingenuo”, no alcanzaba a percibir en su totalidad y gravedad las circunstancias duras y dolorosas de ese periodo, quizás porque el deterioro de la calidad de la vida cotidiana apenas iniciaba con tanta fuerza… y ya sabemos como se agudizó la situación con los años, hasta llegar al levantamiento de diciembre de 1989. Trataba de seguir la televisión rumana, pero su programación no era para nada variada y el control ideológico era total, era asiduo televidente de los noticieros de las 7 de la noche, como para seguir el curso de los acontecimientos. Ya en 1984, las filas para conseguir alimentos y bienes duraderos eran evidentes, el control de la calefacción en los inviernos, algunas manifestaciones de inconformidad a través de los apuntes de humor político, entre otros hechos, presagiaban lo que llegarían a ser los siguientes cinco años.
Con los años y la distancia he llegado a comprender mejor esta etapa del socialismo real, su significado y el sentido trágico y amargo que tuvo para muchísimos rumanos. Claro está, que entonces escuchaba algunas cosas que me decían mis colegas rumanos, los apuntes de humor político sobre el dictador, la inconformidad de muchos de ellos por no acceder a los bienes materiales y a la libertad de viajar, etc., etc. Yo era un privilegiado, porque en ese entonces los colombianos podíamos viajar por Europa Occidental sin visa alguna, pude entonces ir a la República Federal Alemana, Francia e Italia. Con los años esto cambio muchísmo, la visa se convirtió en un requisito obligatorio para nosotros, aunque debo decir, ahora tenemos la posibilidad de ir a los países del espacio “Schengen” por tres meses y sin visa,  sumado a las reacciones que generaba tener pasaporte colombiano, cuando pasabamos por los sitios de control cuando se entraba a un país. Para ese entonces los colombianos no eramos “sospechosos” de nada, todo cambio después.
Creo que en nuestra cultura política colombiana, no sabría decir si esto es igualmente así en otros países de latinoamerica, se banaliza y se desconoce lo que la experiencia comunista significó para los países de Europa central y oriental, quizás porque desde aquí es dificil tener una perpectiva y porque hay cierta “comodidad” intelectual para reconocer lo que allí aconteció. Mi experiencia en Rumania y la posibilidad de haber estado de paso en otros países como Hungría, la entonces República Democrática Alemana, Checoslovaquia de aquella época y Polonia, me dejaron como herencia, entre otras cosas, una perspectiva esceptica y  crítica frente a las utopias y los personalismos en la historia y la política. Sobre esto, sabemos todos, hay una gran discusión que define el presente y el futuro de nuestros países, creería que Brasil no es la excepción.
Si pudiera resumir todo esto, diría que tuve el privilegio de conocer y vivir en un país como Rumania que hace parte de una Europa de la que poco se sabe en nuestros países, porque aquí tenemos el “imaginario” o el “mito” de que Europa, se circunscribe a Francia, Alemania, España o Inglaterra, entre otros países metropolitanos, que juzgamos “ricos”, “exquisitos” e intelectualemte “sofisticados”, super desarrollados, etc.

Portal EMCioran/Br: En una entrevista a Ciprian Vălcan publicada en el periódico rumano LaPunkt,[1] usted menciona la cortesía y la hospitalidad de los rumanos, especialmente en la época de Navidad y Año Nuevo, cuando era invitado a sus casas para festejar junto a sus familias, compartiendo la comida y la bebida, en un gesto de verdadera – y universal – fraternidad que ultrapasa todas las barreras – lingüísticas, culturales u otras. Puedo decir que el pueblo colombiano, al que conocí en cuatro ocasiones, también manifiesta la amabilidad, la hospitalidad y la cordialidad que usted encontró en los rumanos. Esas eran igualmente virtudes poseídas por Cioran, y atestadas por todos los que tuvieron la oportunidad de conocerlo y de visitarlo en su buhardilla parisina; un hombre cordial, amable y gracioso, lo que contradice la imagen del misántropo, del personaje deprimido, indiferente y sombrío que uno puede hacerse a partir de su obra. Mi primera pregunta es: ¿ve usted en Cioran un espíritu auténticamente rumano, pese a su voluntad de desarraigo, de expatriarse para volver un “exiliado metafísico”, de su decisión de abandonar el idioma materno para imponerse el filtro de la lengua francesa? Antes que un autor francés, un heredero de los moralistes, como muchos suelen considerarlo, ¿sería el caso de reconocer – y comprender en qué sentido – Cioran es, irreductiblemente, un pensador rumano, y, más específicamente, transilvano – nacido ya en exilio, en el interior del imperio bicéfalo, dotado de un background y de una experiencia de vida ajenos a la Europa occidental?

M.A.G.M.: Estimado Rodrigo Inácio, es una pregunta difícil. Debo decir que no soy conocedor o un estudioso profundo y dedicado de la obra y la vida de Emil Cioran, como lo es usted y muchos otros colegas que divulgan sus extraordinarios trabajos en el portal que usted anima y divulga.
Ahora bien, voy a arriesgar un principio de respuesta, muy superficial  y general, por cierto, Con lo qué he logrado leer y estudiar estos últimos años sobre Rumania y, claro está, sobre Emil Cioran, percibo que un conocimiento más profundo de este pensador rumano-francés, se puede lograr si nos acercamos a sus años de vida, formación y sus publicaciones en la prensa de la época y sus obras en lengua rumana antes de partir definitivamente a Paris, además, de pasarse al francés como su nueva lengua de expresión escrita y oral. También, creería que su apreciación sobre el contexto de la época de Transilvania en la vida y la obra de Cioran es una pista muy interesante para seguir explorando. Cuando se visitan o conocen ciudades de Transilvania como Cluj, Brașov, Alba Iulia, Sibiu, Arad, Oradia, entre otras, hay allí todavía una atmosfera, una arquitectura, una cultura de librerías, conciertos, de vida universitaria, y un ritmo de vida que, creo yo, algo tiene que ver con los circunstancias históricas de la constitución de la nación rumana: sus relaciones con los grandes imperios como fueron el Austro-Húngaro, el Ruso, el Otomano, entre otros. Recordemos que Transilvania es una de las grandes regiones o provincias de Rumania, y cuando se visitan a otras como Moldova, Muntenia, Oltenia y el Banato, se aprecian diferencias, no solo geográficas y de paisaje, sino también culturales y de nivel de desarrollo. Vale decir, que Cioran, hace sus estudios primarios y secundarios en Sibiu, estudios universitarios en Bucarest, trabaja un año como profesor de liceo en Brașov, publica en diarios de Bucarest, etc., con esto quiero decir que la etapa rumana de Cioran no solo pasa por Transilvania, pero, sí, sin duda, el haber nacido en una pueblo de Transilvania (Răşinari), haber vivido no solo la lengua rumana, sino también la húngara y alemana, lo marcarían definitivamente, como sabemos. Basta con recordar sus comentarios sobre su infancia cuasi paradisíaca en las cercanías de (Răşinari), pero al mismo tiempo, la comprensión y el conocimiento más amplio y profundo sobre la pléyade de intelectuales rumanos del período interbélico, del cual hace parte Cioran, pasa por Bucarest, y ya no tanto por Transilvania.
De otra parte, a mi como colombiano, me llama la atención que cuando los rumanos hablan de Europa, pienso que plantean una idea de cierta distancia geográfica: allá la Europa occidental y acá nosotros, algo como “si hacemos parte de Europa”, pero no logramos saber exactamente cuál es nuestro lugar. Ahora bien, las circunstancias históricas como nación, su lengua que se habla en un espacio más limitado que otras, el duro y complejísimo periodo comunista, la incertidumbre después de 1989 (¿cómo construir una democracia liberal moderna con altos estándares éticos? sumado, a otra pregunta: ¿cómo construir una economía de mercado moderna y funcional?), son, entre otros, elementos o variables para entender cómo se sitúa la identidad de un país y de una sociedad en la actual y convulsionada Europa de hoy. Creo que la idea, según la cuál la entrada de Rumania a la Unión Europea y a la OTAN y luego al espacio Schengen, fueron decisiones afortunadas e históricamente importantes, es aceptada hoy por la mayoría de los rumanos, con la excepción de algunos adultos “nostálgicos” de la “edad de oro” del comunismo.
Si se siguen las controversias culturales, políticas y sociales de Rumania de hoy, se perciben voces muy críticas frente al estado real de cosas: la corrupción de ciertos sectores políticos, la emigración masiva de jóvenes con altos niveles de formación, los problemas para avanzar con más rapidez para lograr estándares “occidentales” en la vida urbana, rural y en general en el funcionamiento de los diversos sistemas económico, cultural y educativo, etc. Hace poco hablaba con una editora rumana, y le comentaba sobre los problemas de criminalidad, desigualdad social, corrupción, narcotráfico, etc., típicos de algunos o de la mayoría de nuestros países, y pensaba que si la sociedad rumana tiene serios desafíos, pero, sin banalizar su situación, creería que nuestros problemas son muchísimo más graves, cuya solución, cuando se intenta es todavía muy lenta o poco contundente.

Portal EMCioran/Br: Cioran suele ser violentamente crítico, en sus escritos, por lo que se refiere a sus raíces rumanas, a su pueblo y país. Pienso, por ejemplo, en La Transfiguración de Rumania,[2] en ciertos pasajes del Breviario de los vencidos,[3] en la “Carta a un amigo lejano”[4] de Historia y Utopía, y en el ensayo “Pequeña teoría del destino”,[5] en La tentación de existir; en este último, la famosa interrogación de Montesquieu en sus Cartas Persas, “¿Cómo se puede ser persa?”, vuelve “¿Cómo se puede ser rumano?” Pues ¿cómo entender, a la luz de la historia rumana, esas consideraciones tan duras, tan implacables? ¿Serían ellas la expresión de un manierismo particular, o más bien un caso de consciencia indisociable de – e incomprensible sin la referencia a – la historia de un pueblo en proceso de establecer su identidad y su unidad, correspondiendo, en este caso, a una problemática histórica, política y culturalmente determinada? ¿Cómo entiende usted, y cómo propone abordarla, la cuestión de la condición rumana tal como problematizada por Cioran?

M.A.G.M.: Debo decir que no tengo el conocimiento cultural, filosófico y literario para opinar de manera autorizada sobre esa especie de “psicología” histórica de los pueblos, que podría derivarse de las duras apreciaciones de Cioran  sobre su país, según él, esa especie de falta de “autoestima” nacional que caracterisaría la condición de un pueblo, una nación o un país, en este caso, Rumania.
Sin embargo, me inclinaría más por la última parte de su pregunta, que contiene ya un principio de respuesta, y que cito a continuación: “(…) la historia de un pueblo en proceso de establecer su identidad y su unidad, correspondiendo, en este caso, a una problemática histórica, política y culturalmente determinada? (…)”.
Ahora bien, al respecto, creería que una de las maneras de abordar este cuestionamiento, es posible a través de la obra del historiador rumano Lucian Boia. Citaría, para responder, un fragmento extenso, a manera de ejemplo, una reseña de una de sus obras más leídas y controvertidas: De ce este România altfel (Por qué Rumania es diferente. Humanitas, Bucureşti, 2012): “Los países y las naciones son diferentes. Semejanzas y diferencias. Rumania entra en este juego ¿Acaso es, no obstante, también diferente? Con otras palabras, ¿no se sitúa acaso más “excéntrica”, bajo todo tipo de aspectos, con relación a lo que sería una media o relativa normalidad europea? El modo extravagante como se desarrolló el psicodrama político del verano de 2012, dejo la impresión que el país está desajustado. Claro, aquellos que ven desde afuera, están más impresionados que los mismos rumanos, acostumbrados  ellos mismos con estos acontecimientos,  pero hasta entre los rumanos la exasperación crece. Algo no marcha, y no solamente arriba, en la clase política, y no apenas ayer, desde mucho antes. ¿Es una maldición? No, es solo historia. Pero puede que signifique ambas cosas.”
Pero, también, agregaría este otro comentario: en su reciente obra (În jurul Marii Uniri de la 1918. Națiuni, frontiere, minorități. Bucureşti, Humanitas. 2017. Alrededor de la Gran Unión de 1918. Naciones, fronteras, minorías), el conocido historiador rumano, considera que la celebración del centenario de  la Gran Unión en 2018, es legítima y tiene una dosis de mitología, todas las naciones tienen una. Sin embargo, es necesario, más allá de las conmemoraciones y del simbolismo heroico y de una historia realizada sin prejuicios, de un espíritu de abordaje crítico. Por lo menos de parte de los historiadores profesionales. Se necesita de cualquier manera una historia europea. Rumania no es una isla, ni en su interpretación histórica, y tampoco en el modo de relacionarse con el día de hoy y de mañana. Si se aprecia de manera aislada la creación de la Gran Rumania, se corre el riesgo de hacer abstracción de las evoluciones globales y todo entonces puede parecer maravilloso. De hecho, Rumania Grande evoluciono sobre una escena muy frágil, con peligros que saltaban a cada paso –claro la historia aún no se ha cerrado–. La vía europea no significa volver a las viejas fronteras, sino, como fin último, la desaparición de las fronteras y la transformación de Europa en un continente hasta no hace mucho conflictivo en una casa en la misma medida receptiva para todos sus habitantes. La apuesta para todos los europeos, no es el pasado, es el futuro, considera Lucian Boia. Rumania está ausente en el debate historiográfico europeo. En el mercado de las ideas, como se dice, no existe mucho. La respuesta la tienen aquellos que todavía no se han dado cuenta que la historia se hace, hoy, esto, en cualquier caso no volviendo a calentar sin fin el viejo discurso nacionalista. El centenario (1918-2018), en lugar de estimular investigaciones innovadoras, arriesga resumirse en la reafirmación de unos lugares comunes. En la memoria histórica de los rumanos ha quedado apenas un esquema muy simplificado del proceso histórico que tuvo lugar entre 1914 y 1918. Todos los rumanos, con pocas excepciones, halarían entonces hacia una sola dirección. El asunto no es precisamente así. Sin embargo, aprecia, Lucian Boia, la verdad, pura y simple, es más compleja y matizada para estudiar y comprender el surgimiento de la Rumania moderna y su centenario.

Portal EMCioran/Br: Usted es un estudioso de la historia de Rumania y se dedica a estudiar la obra del historiador rumano Lucian Boia, un autor inédito en Brasil. ¿Qué considera usted lo esencial del pensamiento de ese autor? ¿Cuáles son los temas y las cuestiones planteadas por él? Por último, ¿es posible imaginarse un diálogo entre las obras de Cioran y Boia, notablemente con respecto a sus respectivos planteamientos sobre la cuestión de la utopía?

M.A.G.M.:  ¿Por qué estudiar las obras de Lucian Boia? Dos razones, claro que hay más. En primer lugar, en el ámbito hispanomericano solo se conocen tres de sus obras: Entre El Angel y La Bestia, Andres Bello, Santiago de Chile. 1997. ¿El fin de Occidente? Hacia el mundo de mañana, Editorial Eneida, Madrid, 2015. La tragedia alemana. 1914-1945. Editorial Catarata. Madrid, 2018. En segundo lugar, su concepción y perspectiva de la historia es novedosa, original y sugerente no solo para el público especializado sino también para todos aquellos que se interesan en la historia en espacio público y político. Lucian Boia tiene una reputación de un historiador con una inmensa capacidad de difundir y polemizar sobre aquellas ideas que la sociedad poco pone en tela de juicio, ha publicado decenas de volumenes históricos con temáticas ancladas en el presente, desde los movimientos nacionalistas en Europa central y oriental hasta el imaginario climático.
A pesar de su inmenso reconocimiento y reputación, Lucian Boia ha conservado el privilegio de no transformarse en un autor-vedete, por el contrario, sus libros ocupan un primer lugar en sus preocupaciones históricas. La obra del historiador rumano es rica en ideas y en detalles teóricos y metodológicos e hipótesis de trabajo, es evidente en ella que no se puede constuir una sola historia definitiva, sino un conjunto de historias, siempre poliforme y abierta, esto es: las historias de Lucian Boia.
La historia para Lucian Boia tiene dos sentidos: “Inventamos palabras y luego nos dejamos subyugar por ellas. Sin palabras, no existiría conocimiento, pero todas las palabras se constituyen en entidades independientes, obstáculo que se interpone entre nosotros y el ‘mundo de verdad’. Nos acerca y, al mismo tiempo, nos aleja (…)  La Historia es un tipo de palabra derrotante. Pocos piensan en su sentido. Historia es historia, todos lo sabemos. Ni los historiadores, con pocas excepciones, van más allá. Ellos hacen historia más rapido de lo que la piensan.  Se debería estar atento desde el comienzo, porque la historia, como ‘ciencia’, presenta la curiosa particularidad de tener el mismo nombre que su objeto de investigación. Con otras palabras, la misión de la historia es la de reconstituir la historia. Nombramos de la misma manera dos conceptos diferentes, por más que queramos aproximarlos: historia en su desarrollo efectivo e historia como representación. La imagen aspira a confundirse con la realidad. La identificación de los terminos se alimenta de la profunda necesidad sentida de anclar en el pasado. La historia es la unica realidad que podemos evocar (aún reduciendola al final a la historia) y sería inconcebible dejarla que se escurra entre nuestos dedos. El pasado significa legitimación y justificación. Sin el pasado no podemos estar seguros de nada (…) la historia que producimos es más pequeña que la historia real, pero se parece  hasta identificarse.  Es la historia la gran reducción a escala, su replica sintética. (..) Debemos confesar que no significa otra cosa que lo que queremos nosotros que signifique.” (Boia, Lucian. Jocul cu trecutul. Istoria între adevăr și ficțiune. Bucureşti, Editura Humanitas. 2013. Pp. 5-6. Cursiva en el original).
Respecto a la segunda pregunta: ¿es posible imaginarse un diálogo entre las obras de Cioran y Boia, notablemente con respecto a sus respectivos planteamientos sobre la cuestión de la utopía? Consideraría que en términos filósoficos no. Lucian Boia es de aquellos intelectuales responsables y seguros de sus límites, no se adentra en terrenos que el desconoce o no hacen parte de sus preocupaciones. Su perspectiva es histórica, como cite más arriba. En consecuencia las referencias a la obra de Cioran son, insisto, históricas. Dos ejemplos: en su obra La Roumanie. Un pays à la frontière  de l‘Europe (Paris, Les Belles Lettres. 2007) sitúa a Emil Cioran en una especie de Panteon rumano como escritor y ensayista: “(…) Puis est apparu le fameux trio roumano- français, après la Seconde Guerre mondiale. Eugène Ionesco, Émile Cioran, Mircea Eliade (…) Quant à Émile Cioran (1912-1995), il a rendi son dégout de l’existance (Précis de décomposition, 1949) dans des essais et des aphorismes en français tellement ciselé que lui, le Roumain, à l’origine de formation bien plus allemande que française, a fini par être considéré, parmi les auteurs contemporains, comme le plus remarquable styliste  français.” (p. 348).
En Capcanele istoriei. Elita intelectuală românească între 1930 și 1950 (Las trampas de la historia. La élite intelectual rumana entre 1930-1950. Hay una versión en francés: Les Pièges de l’histoire. Lélite intelectuelle roumaine. 1930-1950. Paris, Les Belles Lettres, 2013), Boia, escribe sobre ¡120 protagonistas! de este libro, uno de ellos: “Emil Cioran (1911-1995), filósofo y ensayista”. Esta obra es importante porque, desde hace más de veinte años, historiadores están interesados, algunos obsesionados, por el comportamiento público de los intelectuales rumanos del siglo XX (su relación con las “trampas” de la historia: el fascismo, el nazismo, el “legionarismo”, el comunismo, el antisemitismo, etc.). Sin embargo, cuando, entre 1930 y 1950 los integrantes de la élite intelectual junto con la sociedad, pasaron por muchos cambios de régimen, la verdadera apuesta de la discusión es lo humano con todos sus matices. Era necesario, después de varios intentos intransigentes,  un juicio refinado propio de un historiador como Lucian Boia, que pondera también la actitud jacobina y la indulgencia con  aquellos intelectuales rumanos, que en solo dos décadas, a causa de la amalgama de ideas abstractas y de orgullo personal, cayeron en las trampas de la historia. “He dicho que el intelectual, en especial, debería ser un hombre libre. No significa que también lo sea. El intelectual está expuesto, como cualquiera, a las coyunturas históricas y a las presiones ideológicas. De un modo o de otro, su carrera depende del Poder (con mucha más razón en un régimen autoritario y, sin duda en un régimen totalitario). No pocos intelectuales tienen este tipo de fascinación del poder; se sienten ellos mismos más poderosos, amparados en su sombra. En todo caso, los intelectuales tienen una habilidad: la de encontrar cada vez que sea necesario argumentos adecuados para justificar y justificarse. En especial cuando les parece que la historia no está de su lado” (Lucian Boia)
Ahora bien, la utopía ha sido objeto de estudio de Cioran, creo que mi artículo sobre la utopía comunista en la perspectiva de Lucian Boia, al cual se hace referencia en el inicio de esta entrevista, puede ser pertinente para el lector interesado en conocer cómo es el “trabajo” histórico e historiográfico del historiador rumano. Complemento este comentario, diciendo que otro excelente ejemplo del “método”, si se puede decir así, de Lucian Boia, se encuentra en su artículo Dracula, version roumaine, publicado en la obra colectiva “Dracula. Mythe et métamorphoses” (Presses Universitaires du Septentrion. Ville neuve dáscq. 2005). Agregaría algo más, Lucian Boia, emplea diversos conceptos clave en sus trabajos, junto al de mitología, acude al de “imaginario”. Al respecto el lector brasileño podría consultar “O imaginário da Europa: Fronteiras, unidade e diversidade”, publicado en la revista portuguesa Brotéria (163, 2006, 115.130)

Portal EMCioran/Br: Nosotros – hispanohablantes, lusófonos y rumanos – tenemos en común la raíz latina de nuestras lenguas. ¿Fue difícil para usted aprender el rumano? ¿Qué rasgos distintivos destacaría usted en ese idioma tan lejano y, sin embargo, tan próximo?

M.A.G.M.: Realmente, creo que nunca llegue a aprender totalmente el rumano, lamentablamente con el paso de los años, he perdido muchísmo la capacidad de hablarlo, puedo leerlo y solo hasta un punto escribirlo. Gracias a la Internet puedo mantener una relación con esta lengua, además de mi amistad ce intercambios con los profesores Lucian Boia, Cristian Pătrăşconiu y Ciprian Vălcan, entre otros.
Mi actividad de traducción académica de los últimos cinco años, me ha permitido volver de alguna manera a su estilo y sentido expresivo. Si bien el rumano tiene un porcentaje elevado de raíces latinas, se podría tener la impresión de que su aprendizaje es fácil para nosotros los hispanohablantes. La pronunciación y la ortografía es difícil: el sistema fonético (fonológico) de la lengua literaria (estándar) contiene 33 sonidos (fonemas), el alfabeto tiene 31 letras, destaco tres de ellas: A a, Ă ă, Â â, cada una tiene su propia pronunciación, mientras en español solo hay una a… Además están los signos diacríticos que implican también pronunciaciones diferenciadas. Todas las clases de artículo tienen formas de género, número y caso, a través de los cuales se marcan las formas de caso en los sustantivos. Como se aprecia el rumano no es una lengua de fácil aprendizaje, claro está, es una opinión personal, eso depende de las capacidades y habilidades individuales para aprender lenguas extranjeras.
Ahora bien, cuando escucho hablar rumano en el ámbito académico y cultural, se confirma una impresión que me forme en mi vida de estudiante: es una lengua directa, comparada por lo menos con el uso que le damos al español colombiano, se dan con ella menos rodeos para decir las cosas; además, es más fuerte al oído. Seguramente, otros tendran una opinión diferente.

Portal EMCioran/Br: Hay un rico intercambio cultural entre Rumania y Colombia más allá de los estudios cioranianos. ¿Cómo evalúa usted la relación y el diálogo entre esos dos países? ¿Podría decirse que hay afinidades electivas entre esos dos pueblos?

M.A.G.M.: ¿Si existe un gran desconocimiento mutuo entre los propios europeos, entonces como será el caso nuestro? Encuentró franceses y españoles cultos que desconocen a esa otra Europa central u oriental, estando tan cerca y con facilidades de viajar sin pasar el Oceano Atlántico, como nos toca a nosotros.
Realmente, en Colombia es gracias a la persistente actividad académica alrededor de la obra de Emil Cioran, de profesores como Liliana Herrera y sus jovenes discipulos, que se conoce algo de Rumania. Se han publicado entrevistas al novelista Mircea Cărtărescu, quién vendrá al “Hay Festival” de 2019 en Cartagena de Indias. Hace unos cuatro años estuvo en Cartagena y Bogotá, la premio Nobel de literatura Herta Müller, pero sus contertulios en los medios de comunicación, hicieron gala de un profundo desconocimiento de su obra y de sus circunstancias personales e históricas  de una rumana de origen aleman.
Creería, que el ambiente cultural culto colombiano, y se que lo que voy a decir es discutible, vive pendiente de la movida cultural inglesa y francesa, y obviamente de la norteamericana, y desconoce lo que pasa en otras “zonas”culturales como la centro europea. Además, el exceso de nacionalismo y la endogamia cultural de nosotros los colombianos, a veces suele ser patético….
Es gracias al trabajo de traducción que realizan ciertas editoriales españolas, que los latinoamericanos, podemos acceder a obras destacadas de la literatura o la cultura rumana contemporánea: Impedimenta, Pretextos, Funambulista, Mira, entre otras, sumado al trabajo de apoyo a las traducciones del Instituto Cultural Rumano. Dependemos de las dinámicas culturales y editoriales españolas para saber algo de Rumania.
Me pregunta usted si hay afinidades electivas entre Colombia y Rumania. Al respecto diría que tenemos algunas coincidencias o semejanzas, quizás lejanas, de trayectoria histórica, me atrevería a plantear algunas: somos naciones relativamente “jovenes”, no tenemos un pasado de países colonialistas, los procesos de modernidad y modernización parecen inconclusos o permanentente “postergados”, buscamos una “identidad” y un “lugar” en el concierto de naciones en “desarrollo”, etc.

Portal EMCioran/Br: ¿Qué proverbios, máximas, adagios, en fin, qué expresiones de la sabiduría popular rumana ha aprendido usted, y los que podría compartir con nosotros? Por último, ¿qué lecciones nosotros, sudamericanos, podemos sacar de los rumanos y de su historia?

M.A.G.M.: Una  de las cosas que me llamo la atención de la lengua rumana es la cantidad de expresiones para las situaciones de cortesía (quizás sea la herencia francesa), los pronombres de cortesía, los deseos , los agradecimientos, las formulas de introductorias de presentación. Algunos ejemplos serían:
Poţi să-mi dai te rog numărul tău de telefon? (¿puedes darme te ruego tu número de teléfono? Claro ese “te rog” se traduciría por favor, pero la idea e “ruego” es sugerente)
Mi-ar face plăcere (“Me haría placer”, sería una traducción libre, quizás impertinente para el español, traduce la idea de “me gustaría… aceptar su invitación”, por ejemplo).
Vrei să te conduc acasă? (“¿Quieres que te acompañe a casa?” aquí el “conduc” se asocia a “llevar” o “conducir”, antes que acompañar…)
Vrei să mergem la tine? (“¿Quieres que vayamos a tu casa?” Pero el “tine” sería a la “tuya”, tu casa…)
Te sun mâine (“Te llamo mañana”. El “sun” es sonar, del sonido del aparato telefónico, no es exactamente el “llamar”, pero en español no “sonaría” bien)
Mi-e dor de tine (“Te echo de menos” o “Te extraño. El “dor” es algo más en rumano. La obra poética de Lucian Blaga y la referencia cultural al “dor” ha generado toda una producción estética sobre ese sentimiento…)
Ai prietenă? (“Tienes novia”. Pero el “prietenă” es ante todo, “amiga”, viene de “prietenia” amistad)
Te rugăm să primeşti cele mai sincere şi mai profunde condoleanţe din partea noastră în acest moment greu. (Por favor acepte nuestras más sinceras condolencias en estos difíciles momentos).
Quisera agregar, ya que hacemos referencia a la lengua rumana, quisiera comentar que el humor político en aquellos años era muy importante, obviamente con las debidas precauciones. Los chistes políticos fueron unos de los entretenimientos preferidos de los rumanos durante los años del régimen comunista. Los chistes políticos eran situaciones cómicas y absurdas en las que los personajes eran las personas normales, las instituciones represivas del Estado, los líderes políticos de la época y las referencias a los acontecimientos de actualidad. El héroe de los chistes políticos rumanos hasta 1989 fue el ciudadano Bulă , cuyo nombre procedía de la palabra para el órgano sexual masculino sustituyendo la primera letra. Bulă (“Pulă) fue representado como un idiota que no entendía la realidad y la interpretaba según la veía. Otro personaje de los chistes políticos casi tan popular como Bulă fue Radio Erevan, una emisora que contestaba usando el humor negro a unas preguntas hipotéticas insinuantes hechas por sus oyentes. Los chistes con Radio Erevan eran breves, directos y producían risa inmediata. Uno de los chistes más frecuentes también en otros antiguos países socialistas, era el siguiente: “Pregunta en Radio Erevan: ¿Es verdad que la sociedad capitalista está al borde del abismo? Respuesta: Sí, para mirarnos”. Agregaría, otros dos, muy crueles para la época y para nosotros los sudamericanos de hoy (1) ¿Por qué Ceausescu organiza un desfile el Primero de Mayo? Para comprobar quién ha sobrevivido al invierno), y (2) “¿Qué hay más frío que el agua fría en Rumania? El agua caliente”.
Cuenta el historiador Eduard Antonian en una entrevista para “Radio Rumania Internacional” por qué la radio de la capital de Armenia había llegado a ser tan conocida en Rumanía.
“Radio Erevan fue una forma de disidencia, incluso en la antigua Unión Soviética. La mayoría de los chistes tenían un rasgo político evidente. Era una manera de reirse del presente oscuro. Un chiste conocido de Radio Erevan decía que una cebra era un asno que había contado chistes políticos, siendo las rayas de la cebra la ropa carcelaria que llevaba el asno. Recuerdo que en los años 90, después de que Armenia ganara su independencia, el director de la emisora Radio Erevan vino a Bucarest y no sabía por qué la emisora que dirigía era tan conocida en Rumanía. Cuando llegó al aeropuerto, los aduaneros rumanos preguntaron cuál era su oficio y él contestó que era el director de la emisora Radio Erevan. Todos se pusieron a reír y él no entendía por qué. Y los aduaneros le pidieron que les contara unos chistes porque era el director de la emisora Radio Erevan. Un amigo me contó que el actual nuevo director de Radio Erevan, cuando lo nombraron para el cargo, publicó en su estado en Facebook un comentario en el que escribía: tengan cuidado, soy el nuevo director de la emisora Radio Erevan, de ahora en adelante tomaré cualquier chiste que cuenten como una afrenta personal.” (ver: http://www.rri.ro/es_es/radio_erevan-2575886).
Finalmente, sobre la última pregunta: ¿qué lecciones nosotros, sudamericanos, podemos sacar de los rumanos y de su historia? Respondería que una de las lecciones es seguir aprendiendo y conociendo de su historia y de su cultura, divulgando, traduciendo, etc, tal como lo hacen todos ustedes en Brasil, por ejemplo, a través del Portal  EMCioran/Br. Podemos seguir aprendiendo si nos acercamos a las obras de algunos nombres que considero de referencia en diversos campos de la cultura rumana hoy: Andrei Pleșu, Gabriel Liiceanu, Horia Roman Patievici, Neagu Djuvara, Nicolae Manolescu, Andrei Cornea, Valeriu Stoica, Ciprian Vălcan, Livius Ciocârlie, Dan C. Mihăilescu, Marta Petreu, Dan Lungu, Matei Călinescu, Ion Vianu, Cristian Pătrăşconiu, y muchos más…
Estimado Rodrigo Inácio, muchas gracias por su invitación para responder esta preguntas, algunas respuestas son excesivamente largas, seguro, y como se dice en rumano: La revedere, Mulțumesc mult (hasta pronto, muchas gracias).

São Paulo, Brasil – Pereira, Colombia, diciembre de 2018

NOTAS:

[1] „Experienţa franceză m-a marcat, dar trebuie să spun că nu atât de mult precum experienţa din România.” Interviu Miguel Angel Mendoza. Fuente: https://www.lapunkt.ro/2018/01/interviu-miguel-angel-mendoza-experienta-franceza-m-a-marcat-dar-trebuie-sa-spun-ca-nu-atat-de-mult-precum-experienta-din-romania/  [acceso: 04/12/2018]

[2] Especificamente el capítulo Ţara mea (“Mi país”): “¡Mi país! Yo quería aferrarme a él, a cualquier precio; mas no tenía a qué aferrarme. No conseguía darle ninguna realidad, ni por su presente, ni por su pasado. Lleno de furia, le atribuía entonces un futuro, se lo inventaba, se lo hermoseaba, sin confiar sin embargo en él. […] Que nuestro país no existía, era para nosotros una certidumbre; que él no tenía fuerza más que para nuestro desconsuelo, lo sabíamos muy bien.” CIORAN, Emil, Mi país – el manuscrito extraviado. Trad. de Vasilica Cotofleac. A Parte Rei, no 27, España, mayo de 2003, p. 1-2. Fuente: http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/mipais.pdf [acceso: 04/12/2018]

[3] “Hijo de un pueblo malaventurado, ¿para qué condenar el hado innoble y suavizar con aclaraciones el implacable destino? A los pies de los Cárpatos, la marcha del mundo pasa junto al hombre y el sol se anega en el estiércol y la vulgaridad. Ningún ideal riega la alegría mortuoria de los esclavos del tiempo en esa porta de entrada al Oriente. […] Estaba escrito que nosotros, vástagos de dacios y otros pueblos inciertos y difusos, no forjaríamos ningún pensamiento de felicidad y que con las gotas de nuestra sangre formaríamos un rosario de aflicciones, herencia de tribus de vencidos.” CIORAN, E.M., Breviario de los vencidos. Trad. de Joaquín Garrigós. Buenos Aires: Tusquets, 2010, p. 67-8.

[4] “A veces tengo la tentación de componerme una genealogía distinta, de cambiar de ancestros y escogérmelos entre los que en su época supieron extender el luto a través de las naciones, inversamente a los míos, a los nuestros, borrosos y marchitos, atiborrados de miserias, amalgamados al lodo y gimiendo bajo el anatema de los siglos. Sí, en mis crisis de fatuidad, me inclino a creerme el epígono de una horda ilustre por sus depredaciones, un turanio de corazón, heredero legítimo de las estepas, el último mongol…” CIORAN, E.M., “Carta a un amigo lejano – a propósito de dos clases de sociedad” Historia y utopia.

[5] “La paradoja de ser persa (en este caso, rumano) es un tormento que hay que saber explotar, un defecto del que hay que sacar provecho. Confieso haber mirado en otro tiempo como una vergüenza el pertenecer a una nación vulgar, a una colectividad de vencidos, sobre cuyo origen me cabían pocas esperanzas. […] «¿Cómo puede serse rumano?», era una pregunta a la que yo no podía responder más que por una mortificación de cada instante.” CIORAN, E.M., “Pequeña teoría del destino”, La tentación de existir.