Diálogos Lapunkt entre Lucian Boia y Cristian Pătrăşconiu: El juego con el pasado: historia y verdad (Universidad Tecnológica de Pereira, 2019)

La Universidad Tecnológica de Pereira (UTP) publicará el libro electrónico Diálogos Lapunkt entre Lucian Boia y Cristian Pătrăşconiu. El juego con el pasado: historia y verdad. Pereira: Editorial Universidad Tecnológica de Pereira. 2019. ISBN: 978-958-722-382-8. 

La traducción del rumano al español, la introducción  y las notas son de autoría de Miguel Ángel Gómez Mendoza. de la Universidad Tecnológica de Pereira (Colombia). El prólogo es de Marco Antonio Jiménez García, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

El Portal E.M. Cioran/Brasil tiene el honor de compartir la versión Pdf del libro sobre el historiador rumano de primera mano, por cortesía del profesor Miguel Ángel Gómez Mendoza.

PRÓLOGO

Marco Antonio Jiménez García
Universidad Nacional Autónoma de México – UNAM

De niños todos jugamos o nos entretenemos con cuentos de hadas, monstruos y dragones, convivimos con cacharros, muñecos, objetos diversos que coleccionamos e incluso con animales, hablamos con ellos, soñamos, gozamos y sufrimos, pero de un modo u otro sabemos que se trata de un juego, nunca esperamos que cuando leemos un relato o regañamos a nuestro perro éste nos conteste con palabras, o que de la historia salga un Cíclope a conversar con nosotros, porque si así fuera los primeros en sorprendernos seríamos nosotros mismos, a eso lo llamamos conciencia de la realidad. El juego es un como sí, tanto como la vida misma, por lo que no vivimos para soñar, sino que soñamos para vivir. Jugar con el pasado es hacer historia y eso es vivir.

Efectivamente hay varios modos de hacer historia; uno de ellos es recurrir a los monumentos, a los archivos, a los objetos, a las obras que han dejado huella material en nuestro presente. Sería imposible refutar la presencia de la Muralla China, dicen que se mira desde el espacio exterior, negar la existencia de la Constitución de los Estados Unidos de América sería un despropósito. Junto a estos documentos u obras materiales sabemos o suponemos que hubo personas, no siempre con exactitud, por ejemplo, no conocemos los nombres de los albañiles que construyeron la famosa Muralla, pero sí reconocemos los nombres de los signatarios de la Constitución de dicho país. Otro modo, de hacer historia es referir a los acontecimientos, sabemos por la memoria oral, por lo que la gente dice y por los libros de historia que hubo algo que se llama Revolución mexicana, Segunda Guerra Mundial y aún cosas que sucedieron hace mucho más tiempo en Mesopotamia, en Egipto y en Grecia. Un tercer modo de hacer historia corresponde a la narrativa, al relato singular, casi individual de ciertos sucesos, las biografías, las historias familiares, los relatos de vida son, también, otras formas de hacer historia.

El libro que aquí se presenta nos muestra, como si se tratara de un caleidoscopio, el lúcido pensamiento de Lucian Boia, a través de cinco entrevistas hechas al historiador rumano por su propio paisano Cristian Pătrăşconiu. La primera conversación versa sobre una pregunta general que, por cierto, se han hecho muchos historiadores, a saber: ¿Qué es historia? ¿Un juego de reglas con el pasado o un juego sin reglas? Para nosotros latinoamericanos la respuesta que da Lucian Boia no nos es extraña, efectivamente se refiere a la historia como un juego de representaciones, que se confronta permanentemente entre una Historia, con H mayúscula, “verdadera”, relativa a la realidad y otra historia, con h minúscula, que son las representaciones que nos hacemos de esa Historia. Como suelo decir a mis estudiantes, la Historia de Roma no ha sido escrita, siempre está por hacerse. Estoy convencido que cuando se escribe o se lee historia siempre se lo hace para pensar y hacer algo en nuestro presente, para hacernos preguntas a nosotros mismos, no tanto de lo que fuimos o seremos o pudimos haber sido, sino sobre todo de lo que vamos siendo hoy, aquí, en este mundo. Por que como lo sugiere Lucian Boia, la Historia, con H mayúscula, nos sirve entre otras cosas para producir verdades y no sólo fantasías ideológicas u ocurrencias personales. Boia afirma que: “La historia real, es una estampida -de hombres, de hechos, de todo lo que se quiera. Es una caldera que hierve constantemente. Mientras que la historia hecha por historiadores es simplificada y disciplinada. Es una historia que gana un plus grande de coherencia …” Qué mejor metáfora para referir a la hirviente caldera de nuestras historias en América Latina.

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La segunda entrevista titulada, Cien años de la gran unión de Rumania, 1918-2018, recuerda la afirmación de Cornelius Castoriadis: “Una sociedad existe en tanto los sujetos que la conforman son capaces de imaginar su propia existencia como sociedad”. Los mitos sirven para unir y separar, para construir y destruir, dan vida y muerte a sus personajes, son falsos y verdaderos, pero sin duda ineludibles, así como gran parte de América Latina se funda en relatos míticos fundacionales, en el mundo Inca, Maya o Azteca, es así como también la vieja Rumania tiene los suyos en los Dacios. Los historiadores intentan separar los acontecimientos que realmente tuvieron lugar en la realidad, de aquellos que estaban ahí en las creencias religiosas, mágicas o fantásticas y que devinieron en leyendas o mitos.

Quizás lo que hoy es México y antes fue la Nueva España colindó al norte, por Alaska, por el estrecho de Bering, con Siberia, lo que actualmente es Rusia. Lo cierto, históricamente hablando, es que México perdió casi la mitad de su territorio, Texas y algo más, en el siglo XIX. Rumania, a lo largo de su remota y reciente historia ha perdido y recuperado territorios y aunque Lucian Boia nos explica las diferencias y semejanzas con sus vecinos de antes y ahora, hay algo que a mí me parece central, Rumania es el único país de lengua romance, de origen latino, si se quiere, en medio de eslavos, turcos y magiares, una alteridad sustantiva, que no es poca cosa. En todo caso la Gran Unión de 1918 “salió bien porque -como afirma Boia- existe primero en la mente de los hombres”. Un mítico e histórico rincón latino en Europa Oriental que parece estar más cerca de nosotros, latinoamericanos, que de la otra, difícil y controvertida Unión, la de Europa.

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En la siguiente entrevista Lucian Boia es interrogado sobre un asunto político desde su perspectiva de historiador, parte del título de la conversación toma una afirmación que el propio profesor hace en el contenido de su interrogatorio: “Por ahora, Occidente es el mejor mundo. Izquierda y derecha hoy”. Nadie sabe actualmente con certidumbre, como lo sabían los franceses en 1789, lo que significa en términos políticos, izquierda y derecha. Nada mejor que recuperar el propio discurso de Boia para ilustrar la creativa aproximación que hace del tema: “Si la izquierda acusa a la derecha de falta de generosidad, la derecha acusa a la izquierda de falta de eficiencia. Si se tratara de encontrar dos conceptos en espejo, contradictorios, entonces la derecha puede decirle a la izquierda (evidentemente, invento un discurso): “en verdad nosotros no somos generosos, pero somos eficientes y, siendo eficientes logramos crear riqueza y, creando riqueza, una vez más, no somos generosos por tanto tenemos para nosotros la parte más grande de esta riqueza, no obstante, casi algo le queda también a los demás. Luego con nuestra falta de generosidad logramos enriquecer a la sociedad e, incluso con la misma medida crear condiciones de vida mejores para todo el mundo. Ustedes son generosos, luego ustedes reparten a todo el mundo, solamente que no van a tener qué repartir en un momento dado, porque su política es dañina. Ustedes no logran crear riqueza y, porque no logran crear riqueza, su generosidad no sirve para nada, porque van a llegar a la igualdad en condiciones de pobreza o, en cualquier caso, en condiciones de vida muy mediocres”. La verdad, como lo sabemos en América Latina, la distancia entre los no generosos con los pobres es infinitamente mayor, por decirlo breve en los países escandinavos la diferencia entre un rico y un pobre es entre cinco o seis veces, es decir, las condiciones económicas y de vida en general de un pudiente noruego está cinco veces por encima, cuando mucho, de un pobre, en nuestros países esa diferencia es de entre treinta y cuarenta veces. Aunque como lo expresa el profesor Boia, tanto izquierda como derecha, cualquier cosa que eso signifique, cuando gobiernan lo hacen de modo muy semejante. A pesar de todo y como bien dice Lucian Boia “Por ahora, Occidente es el mejor mundo”. Algunas veces me pregunto pensando en esto, si no tuviera otra opción más que vivir en uno de estos dos lugares extremos de Asia, en Teherán o en Tel-Aviv con toda seguridad, a pesar de todo, escogería, sin dudarlo, una de las dos ciudades, por ahora, sólo por ahora

Creo que soy un rebelde tranquilo, es el título de una breve, pero muy sustanciosa conversación entre Lucian Boia y de Cristian Pătrăşconiu, en ella el entrevistado reconoce que el comunismo en Rumania fue para él una desgracia, aunque acepta que quizás para muchos no fue exactamente igual. Plantea que hoy hay libertad y es algo que aprecia y sin embargo también acepta que ese periodo comunista no le afectó en su convicción particular de pensar con su propia cabeza, ni tampoco alteró sus orientaciones culturales e ideológicas. De origen italiano católico, aunque no practicante, recuerda con gusto a sus padres y al Instituto Taquigráfico Boia donde estos trabajaron, de hecho, su padre fue amigo de Henri Stahl padre del reconocido sociólogo rumano del mismo nombre.

Entre recuerdos de su familia, de su inmensa y hermosa casa donde pasaba las vacaciones de verano en su infancia y juventud en Câmpulung, nos habla de su Diario personal que desde pequeño se dio la tarea de escribir, de sus intentos fracasados de hacer teatro y poesía, que no le dejaron más lugar que convertirse en historiador. “De cualquier manera, soy mejor historiador que poeta, esto es claro”- dice Boia, entre risas-

Una anécdota pinta muy bien lo que eran aquellos años, sobre todo para quienes como yo, y otros tantos estudiantes extranjeros llegados de todo el mundo, y que fuimos maravillosamente recibidos en aquel país en el periodo comunista, no nos era nada extraña la situación. Lucian Boia comenta que, de niño, en el segundo o tercer año escolar escribió “stalin”, así con s minúscula, y que la maestra ni tarda ni perezosa mando traer a su mamá a la escuela para llamarle la atención sobre aquel terrible error. Así era, yo viví algunos meses en Bucarest, en la hermosa calle de Xenopol (por cierto, otro gran historiador rumano) contaba la señora Daisy, anfitriona de mí amigo Marcelino Perelló y por consecuencia de mí también, que cuando de niña en su casa estaban obligados a tener un cuadro con la foto de Stalin en la sala, todo el tiempo lo tenían volteado contra la pared, pero cuando alguien llamaba a la puerta, antes de abrir corrían para colocar la foto de frente.

Yo agregaría, Lucian Boia es un Rebelde tranquilo que piensa por sí mismo.

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De cierto modo es sugerente lo que Marx decía con respecto a la historia, la primera vez sucede como tragedia y la segunda como farsa. El comunismo, fue para los países de Europa Oriental una tragedia y al mismo tiempo una farsa. La historia nunca se repite, por eso estoy de acuerdo con el título de la quinta y última entrevista: El comunismo no merece otra oportunidad y más concuerdo con el profesor Boia cuando afirma que en la historia las cosas nunca son claras.

Hoy hay, por así decirlo, un tic generacional en los jóvenes, creyentes de las redes sociales, los derechos humanos, en la justicia universal y las democracias occidentales, entre otras cosas que tiende a tirar el agua sucia de la bañera con todo y niño, quizás sea más cómodo así, siempre es más fácil culpar al pasado, a los padres de los males que nos aquejan en el presente en vez de afrontarlos con firmeza, aunque nos equivoquemos.

Yo tuve claro durante años que las Brigadas Rojas italianas habían asesinado a Aldo Moro, luego supe que la KGB, la CIA y la Derecha italiana habían estado involucradas en el crimen. También tuve claro que en la navidad (25 de diciembre) de 1989 fueron juzgados y ejecutados Nicolae y Elena Ceaușescu, fue tan explícitamente claro que fue televisado el juicio y el fusilamiento a nivel mundial, junto con ello se habló del inició de una Revolución en Rumania, en particular de una sublevación histórica en la ciudad de Timișoara, luego leí algunas noticias y tiempo después un texto del sociólogo francés, Jean Baudrillard, La ilusión del fin. La huelga de los acontecimientos, en especial el capítulo denominado “La degollina de Timișoara” y entonces ya no tuve tanta claridad de lo que había pasado y de lo que siguió sucediendo.

Cuando miro el cuadro de Magritte Ceci n’ ne est pas une pipe (Esto no es una pipa) que tan oportunamente utiliza como ejemplo Lucian Boia, para hablarnos de la representación de las cosas, las imágenes y las palabras en la historia, pienso que entre la representación de una pipa en un cuadro y la representación de un fusilamiento en la televisión hay mucha semejanza.

La historia de las revoluciones, de las guerras, de sus protagonistas y de sus ideólogos no suelen ser cuentos de cuna o de hadas, por lo general están llenas de episodios sangrientos, traiciones, crímenes y asesinatos, los comunistas no fueron la excepción, pretender reducir el pensamiento y la vida de un filósofo como Marx o de un político como Lenin, a una expresión, es como tratar de igualar la revolución francesa, a una frase de Robespierre. Estoy convencido de que, como afirma Lucian Boia, “¡No puedes tener una actitud frente al comunismo, así como tienes una frente a los acontecimientos de hace 200 o 500 años! El comunismo marcó muy fuerte la vida de los individuos; a algunos los hundió, a otros les destruyó la vida, a otros los levantó. Podría decir que, en el límite, nadie puede juzgar de manera fría con distancia, lo que fue el comunismo, porque lo vivimos y nos marcó poderosamente.”

Agradezco inmensamente la invitación para hacer la presentación de estas entrevistas hechas por Cristian Pătrăşconiu al historiador rumano Lucian Boia. La tarea titánica del traductor, Miguel Ángel Gómez, y su esfuerzo por ofrecer al público de habla castellana las experiencias de vida, el conocimiento y la sabiduría de un historiador rumano contemporáneo que, simultáneamente se nos presenta como historiador y parte viviente de esa historia que a nosotros latinoamericanos nos puede parecer tan lejana y cercana al mismo tiempo.