Un inspirado y bello homenaje del fil贸sofo y profesor colombiano a esta que fue, adem谩s de poeta, escritora y traductora (mujer polivalente), una fil贸sofa de la existencia perfectamente marginal, es decir ajena a los academicismos, a las patra帽as y a la vanitas que son por lo general proporcionales al grado de erudici贸n y de institucionalizaci贸n, vicios casi omnipresentes en los departamentos de las universidades y en los c铆rculos intelectuales, en Colombia, en Brasil y en el mundo letrado en general. Alfredo Abad 鈥 amigo, compa帽ero acad茅mico de Liliana y organizador, junto a ella, del Encuentro Internacional Emil Cioran (2008-2017), comparte con la homenajeada ese esp铆ritu, y el mismo sentido de probidad intelectual. Liliana fue una mujer audaz, valiente y original, entre tantas otras calidades, y supo abrirse un camino en un mundo acad茅mico dominado por hombres, a menudo machistas y mis贸ginos, muchos de los cuales siquiera admiten la idea de que brille una mujer, como ha brillado Liliana entre ellos. No un brillo ostensivo, sino discreto y elegante, como la sonrisa del auriga de Delfos. 鈥淯na persona es una revelaci贸n鈥, escribe bella y sabiamente el profesor Abad. Y ninguna fue m谩s cautivadora, encantadora, inspiradora, que la revelaci贸n-Liliana: una existencia que encanta e inspira, y que quedar谩 presente en la memoria de aquellos y aquellas que la conocieron y con ella convivieron, al modo de una epifan铆a, como no son capaces sino quienes confieren a la vida una 鈥渆pidemia de inefable misterio鈥. 隆Buena lectura!

De su presencia perdida se pueden evocar recuerdos y sentidos que no la alcanzan, no la suplen. Sin embargo, se lucha tambi茅n por contradecir esta condici贸n, porque de quienes desaparecen se conservan justamente sus rasgos, sus particularidades, rememor谩ndolos y accediendo a su legado. Ambigua experiencia. S铆, y no hubiese sido tan ajena a la singular manera que ten铆a Liliana de reconocerse en el mundo, y que defin铆a (si es que tal t茅rmino tiene cabida aqu铆) su figura. Ambig眉edad, paradoja, equ铆voco, insolubilidad. A trav茅s de estas palabras y de su apropiaci贸n es posible concebir su paso por el mundo, su experiencia, su trabajo, su recorrido acad茅mico y vital.

Una persona es una revelaci贸n. C贸mo se muestra esa aparici贸n de la cual uno se nutre: un estilo propiamente. La muerte nos arrebata esa experiencia, revivida s贸lo a trav茅s de la memoria. Perdemos su inmediatez, perdemos mucho claro, y nos aferramos a su presencia expresada en la vivencia diferida, constituci贸n dolorosa de fragmentos que nos marginan, nos ausentan. Pero tambi茅n nos aferran a dicha revelaci贸n. De eso justamente se habla cuando se hace manifiesta su imagen, representable como excepci贸n. En la particularidad de la existencia, en sus definiciones contradictorias e imprecisas, se nutre el hallazgo que de ella hacemos como epifan铆a, afirm谩ndose en nuestra conciencia y en nuestras dispersas emociones. Al evocar, pensar, recordar, definir esa manifestaci贸n suya nos introducimos en la caracterizaci贸n inequ铆voca que la individualiza, la hace singular, la hace 煤nica y como tal, excepcional.

Ah铆 radica la contundencia sobrecogedora de la muerte. La p茅rdida de una presencia y el encuentro inexorable con el l铆mite. Estas precisiones advierten una filosof铆a de la existencia que no es sino una filosof铆a desgarrada y desvinculada de las patra帽as academicistas de las que Liliana supo huir para fortuna suya, y de quienes pudimos acceder al dominio de su intimidad. All铆 la reconocemos y la ubicamos. Sus intereses filos贸ficos no estuvieron nunca marginados de las preocupaciones que vitalmente se帽alaron su entorno y su cotidianidad. 驴Qu茅 es la filosof铆a sino la preocupaci贸n y el asombro de lo que nos envuelve? Y ella fue envuelta por una constituci贸n inalienable en la cual pudo ser libre.

El desplazamiento que motiv贸 sus b煤squedas estuvo siempre representado por un imprescindible acceso a los aspectos parad贸jicos de nuestra existencia. Hallamos as铆 su sentido y su orientaci贸n. Reconocerse en las m谩rgenes del ser no tiene grandes ventajas ante el bullicio del mundo; examinar la ruina que cada uno de nosotros es y destacar esa gravedad tr谩gica que nos circunda fue una necesidad. Pero no absoluta, vitalmente la m煤sica y la risa le arrebatan al vac铆o su pesadez. El pesimismo sabe tambi茅n celebrar la vida. Liliana supo hacerlo. No otra cosa fue verificable en el anhelo apasionado y certero por el cual pudo conferir a la vida un brote de inefable misterio como el que se desprende de todo esp铆ritu profundo. El suyo lo fue.

Publicado por:Portal E.M.Cioran/Br

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