“Tentaciones para ir a E. M. Cioran” (Rafael P√©rez Gay)

NEXOS, 1 Julio, 1995

El fracaso.

Buena parte de la obra del gran escritor rumano-franc√©s Emile M. Cioran (1911-1995) est√° construida alrededor de un tema que se volvi√≥ con el tiempo una pasi√≥n: el fracaso, personal, de los pueblos, del comunismo, de la filosof√≠a, de la historia. Los dos libros donde esa pasi√≥n se expande con inmensa sabidur√≠a y asombrosa fuerza estil√≠stica son Los silogismos de la amargura (Gallimard, 1952) y La tentaci√≥n de existir (Gallimard, 1972). En este √ļltimo escribi√≥: ‚ÄúFracasar en la vida, esto se olvida a veces demasiado pronto, no es tan f√°cil: se precisa una larga tradici√≥n, un largo entrenamiento, el trabajo de varias generaciones. Una vez realizado este trabajo, todo va de maravilla‚ÄĚ. Por lo dem√°s y como es notable que en estos tiempos ya nadie fracasa ‚ÄĒs√≥lo hay sucesiones de circunstancias adversas y √©xitos mal entendidos‚ÄĒ, Cioran es una rara especie de actualidad mexicana.

Pascal.

El m√°s grande artista de la prosa francesa, Pascal, es una presencia sutil pero al mismo tiempo capital en la evoluci√≥n literaria de E. M. Cioran. Es posible que Cioran haya amado en Pascal la disputa entre la ciencia y las letras, la controversia religiosa, el modelo de su s√°tira demoledora y, sobre todo, el hecho de que bien a bien Pascal nunca escribi√≥ un libro: public√≥ varios folletos que llegaron hasta nosotros como Les lettres provinciales y Les pens√©es, conjunto afor√≠stico salido de una gran cantidad de notas recuperadas del enorme desorden que Pascal dej√≥ cuando muri√≥. Ese destino fragmentario y esa vocaci√≥n por lo inacabado quedaron puestos en este aforismo: ‚ÄúLas obras mueren: los fragmentos no pueden morir, porque nunca han existido‚ÄĚ. Se puede llegar a Pascal por el camino de Cioran.

El escepticismo.

Es un lugar com√ļn, pero es correcto: el escepticismo es el gran centro nervioso de la obra de Cioran, en La tentaci√≥n de existir, seguramente la mejor prosa ensay√≠stica francesa de los √ļltimos cuarenta o cincuenta a√Īos, as√≠ como en toda su producci√≥n posterior a 1956, Historia y utop√≠a (Gallimard, 1960), La ca√≠da en el tiempo (Gallimard, 1964), El aciago demiurgo (Gallimard, 1969), e incluso los aforismos de El inconveniente de haber nacido (Gallimard, 1973), el escepticismo, un escepticismo trepidante, no s√≥lo es el tema com√ļn sino, adem√°s, un m√©todo de trabajo, un conjunto de actitudes, como √©l mismo llam√≥ a la obra de Nietszche, para explicarse las tres grandes zonas de su obra: la literatura, la filosof√≠a y la historia. ‚ÄúLa historia es indefendible. Hay que reaccionar respecto a ella con la inflexible abulia del c√≠nico; o si no, ponerse del lado de todo el mundo, marchar con la turba de los rebeldes, de los asesinos y de los creyentes‚ÄĚ. ‚ÄúLa ingenuidad, el optimismo, la generosidad -suelen encontrarse en los bot√°nicos, los especialistas de ciencias puras o los exploradores, nunca en los pol√≠ticos, los historiadores o los curas… [+]

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Cioran o la voz de la conciencia

La muerte sólo me interesa en la que medida en que cierra la historia de una locura.

El Tiempo, Colombia, 21 de junio de 1995

La muerte fue una reiteraci√≥n en la escritura del fil√≥sofo rumano Emile Mihai Cioran, quien muri√≥ ayer en Par√≠s a los 84 a√Īos, v√≠ctima de la enfermedad de alzheimer.

Este es un luto para quienes siguieron sus obras, especialmente los jóvenes, que encontraron en sus desesperados aforismos las respuestas a muchas inquietudes de la existencia.

El fil√≥sofo rumano de expresi√≥n francesa se hab√≠a convertido en los √ļltimos a√Īos de su vida no s√≥lo en un √≠dolo de los j√≥venes estudiantes en el mundo entero, sino en un personaje novelesco muy europeo, a quien todos quer√≠an ir a visitar en su buhardilla del barrio latino.

Escuche usted, yo no soy fil√≥sofo. Hice estudios de filosof√≠a en mi juventud, pero abandon√© r√°pidamente toda idea de lanzarme a la ense√Īanza. No soy m√°s que un pensador privado, trato de hablar de lo que he vivido, de mis experiencias personales , declar√≥ en 1988 en una entrevista con el fil√≥sofo argentino Luis Jorge Jalfen.

Nacido en 1911 en la localidad rumana de Rasinari, E. M. Cioran llegó en 1937 a París, y desde entonces se quedó allí para siempre, salvo en los largos paseos en bicicleta que hizo por las costas del sur de Francia después de la segunda guerra mundial.

La obra de Cioran es una larga y dolorosa meditaci√≥n sobre el vac√≠o y la nada . Escribi√≥ siempre en franc√©s, lengua que utiliz√≥ con una precisi√≥n que a√ļn sorprende y deslumbra a los propios franceses (los cr√≠ticos lo consideran, junto a Valery, el m√°s importante prosista en esa lengua de este siglo). Escribo una prosa exange, no es un lenguaje directo. Jam√°s habr√≠a podido escribir una novela. Y la lengua francesa me gusta justamente porque es una lengua para juristas y l√≥gicos , dijo.

Canoso, amante de Bach, fino, ir√≥nico, sonriente, el rumano gustaba de la compa√Ī√≠a de los j√≥venes, a quienes no daba consejos acerca de c√≥mo vivir, pero a quienes consolaba con sus libros y su conversaci√≥n, reconociendo que cada d√≠a es m√°s dif√≠cil dedicarse a pensar, a leer y a escribir. Y es que no puedo hablar de lo que me afecta en lo mas profundo -a√Īad√≠a- si no es a solas con alguien: ese momento en que dos soledades pueden comunicarse .

Respecto de su vida, el fil√≥sofo rumano narr√≥ en varias ocasiones que a los 20 a√Īos ya hab√≠a perdido todas las ilusiones y que su destino ya estaba sellado. Despu√©s, solo se reafirm√≥ en su visi√≥n de las cosas.

No todo el mundo tiene la suerte de morir joven. Escribir, por poco que sea, me ayud√≥ a pasar de un a√Īo a otro, pues cuando uno expresa sus obsesiones √©stas se debilitan y en parte quedan superadas. Estoy seguro de que si no hubiera emborronado papel me habr√≠a matado hace mucho. Escribir es un alivio extraordinario , le dijo al fil√≥sofo espa√Īol Fernando Savater en 1977.

Nada y as√≠ sea Si Albert Camus asegur√≥ que el √ļnico problema filos√≥fico que val√≠a la pena ser planteado es el del suicidio, Cioran (en cierta medida un anti-Camus), considerado como alguien muy pesimista, salv√≥ a varias personas de la autoeliminaci√≥n provoc√°ndoles la risa, convencido como estaba de que si uno es capaz de re√≠rse no debe desaparecer as√≠ como as√≠.

Adem√°s del tema del fracaso, otro de los principales motores de la obra de Cioran fue el aburrimiento, el tedio, el hast√≠o. Con los a√Īos el aburrimiento ha aumentado, este aburrimiento sin fondo. Mi madre, que fue la esposa de un sacerdote, me dijo una vez algo que jam√°s olvid√©: si hubiera podido prever tus sufrimientos interiores, no te habr√≠a dado a luz. Esa frase me hizo mucho bien , confes√≥.

Ir√≥nico, esc√©ptico, sarc√°stico y febril denunciador de la miseria humana, habl√≥ de la inutilidad de escribir y public√≥ mas de quince libros, entre estos El inconveniente de haber nacido, En las cimas de la desesperaci√≥n, Breviario de podredumbre, Silogismos de la amargura, La tentaci√≥n de existir, En las cumbres de la desesperanza (fue su primer libro, 1933) El libro de los enga√Īos, De las l√°grimas y de los santos, Historia y utop√≠a, La ca√≠da en el tiempo y Desgarradura.

Fernando Savater tradujo su obra del franc√©s, lo que sirvi√≥ para introducir sus acerados aforismos en el √°mbito hispanoamericano. Sin embargo, Cioran en los √ļltimos a√Īos hab√≠a dejado de escribir. Seg√ļn explic√≥ a un amigo rumano, siento una disminuci√≥n, una baja de intensidad y, por otra parte, todo el mundo escribe libros y eso me termina de asquear .

Cioran dec√≠a que su inclinaci√≥n por la filosof√≠a surgi√≥ en las largas y terribles noches de sus insomnios a los 20 a√Īos, cuando lo √ļnico que lo consolaba era la compa√Ī√≠a de alguna mujer en un cabaret.

No forj√≥ en sus libros sistema de pensamiento alguno, gustaba de los m√≠sticos espa√Īoles y de William Shakespeare, se nutr√≠a del pensamiento budista, admiraba a Jorge Luis Borges, a Samuel Beckett, a su compatriota y amigo Mircea Eliade, el historiador de religiones, y al dramaturgo Eugene Ionesco.

Los fil√≥sofos escriben para los profesores, los pensadores para los escritores (…) En Alemania se mira por encima del hombro a los pensadores. Por el contrario el fil√≥sofo es alguien bien considerado: ha construido un sistema, tiene el privilegio de ser ilegible. En Francia el escritor es dios, tambi√©n el pensador en la medida en que √©ste escribe para el otro , dijo en otra entrevista.

Antes de ser c√©lebre (es decir le√≠do y traducido y por ello mismo apto a ganarse la vida gracias a la escritura) Cioran pas√≥ muchos a√Īos oscuros, en los que con secreto orgullo escrib√≠a para √©l y algunos amigos e iba a los cocteles para beber vino gratis.

Para √©l no hab√≠a diferencia entre el ser y la nada: la nada impregna el ser como la muerte anida en toda vida . Una reci√©n aparecida primera edici√≥n de sus obras completas lleva anexo un elocuente glosario de sus temas: melancol√≠a, hast√≠o, fracaso, lucidez, suicidio, nada…

Aforismos de Cioran

– El aforismo es un fuego sin llama .

– Par√≠s es el √ļnico lugar en el que la desesperaci√≥n es agradable .

РDesconfíen del rencor de los solitarios que dan la espalda al amor, a la ambición, a la soledad. Se vengarán un día de haber renunciado a todo eso .

– Las especies animales hubieran durado millones de a√Īos si el hombre no hubiera acabado con ellas, pero la aventura humana no puede ser indefinida. El hombre ha dado ya lo mejor de s√≠ mismo. Todos sentimos que las grandes civilizaciones han quedado atr√°s. Lo que no sabemos es c√≥mo ser√° el fin .

РLa creación es un sabotaje definitivo .

РLa peor desgracia que le puede ocurrir a un escritor es ser comprendido y la consagración es su peor castigo .

РPara ser libre marca distancias, desconfía del tiempo y de los horarios .

РCada individuo, como cada época, no es real más que por sus exageraciones, por su capacidad de supervalorar, por sus dioses .

РCuando el hombre haya alcanzado el objetivo que se ha propuesto, dominar la creación, quedara vacío, será a la vez Dios y fantasma .

РEscribir una visión afortunadamente falsa de la realidad que nos coloca por encima de lo que existe y de lo que nos parece existir .

A alegria inaudita de Cioran (Jos√© Thomaz Brum)

JOS√Č THOMAZ BRUM¬†–¬†ESPECIAL PARA A FOLHA

Folha de S. Paulo, Caderno Mais!, domingo, 2 de julho de 1995

Rue Garanci√®re, rue Saint-Sulpice, rue de l’Od√©on -quantas vezes n√£o rememorei este trajeto que tanto significou para mim? Era 1990, fevereiro, est√°vamos- eu e Katia (Muricy) em Paris, rue de Vaugirard. A chegada fora tumultuada e trouxera um problema inesperado: Katia perdera a sua mala, aquela com todas as roupas e documentos importantes.

O estado de esp√≠rito n√£o era l√° muito animador. Tens√£o, nervosismo, comprometiam o in√≠cio daquela temporada parisiense. Inscrito em Nice para um doutorado, resolvera residir em Paris, perto daquele a quem considerava um “amigo long√≠nquo” e de quem j√° traduzira duas obras, “Exerc√≠cios de Admira√ß√£o” e “Brevi√°rio de Decomposi√ß√£o”.
Uma tarde em que sa√≠ra para tentar resolver a quest√£o da mala, Katia recebe um telefonema, o primeiro nosso em Paris; Cioran, o pr√≥prio, com a solicitude e afeto que ainda desconhec√≠amos, nos intimava a jantar em sua mansarda naquela noite mesma. Por raz√Ķes diversas, n√£o pudemos ir. Mas, na noite seguinte, seguindo suas instru√ß√Ķes (c√≥digo de porta etc.) subimos as escadas daquele pr√©dio antigo, mais ou menos √†s oito da noite. No quinto andar, de bra√ßos abertos e express√£o luminosa, Cioran nos aguardava.

Seguiu-se uma cena inesperada: Cioran, sabendo de nossa mala extraviada, nos deu roupas e um jantar digno de um príncipe. Em sua mansarda diminuta, Cioran e Simone Boné (sua companheiro há mais de 40 anos) recebiam como em um palácio. Despojados, altivos e cheios de cumplicidade com o casal de estrangeiros recém-chegado. Este momento -isento de formalidades, repleto de um calor gratuito- marcou todos os dias de nossa relação em Paris.

A editora Rocco, do Rio de Janeiro, havia comprado os direitos dos “Silogismos da Amargura”. Aproveitei esta estada em Paris para traduzi-los juntamente com Cioran. Os encontros -regados a “jus de pomme- eram geralmente sexta-feira √† tarde. Traduzia em casa duas ou tr√™s p√°ginas e depois ia para a mansarda ler em voz alta minha vers√£o e discutir as nuances e o peso de cada adjetivo ou express√£o.

Cioran, com uma generosidade e interesse aut√™nticos, falou de sua admira√ß√£o por Antero de Quental e extasiou-se com a “virgindade” de Fernando Pessoa. Sua verve sutil, sua poesia onipresente sempre davam um aspecto meio intemporal a esses encontros. Fazia quest√£o de ressaltar uma cumplicidade que sentia de fato, talvez por -romeno- sentir-se pr√≥ximo daquele latino-americano que chegava a Paris um pouco perplexo, como ele em 1937.

Al√©m das reuni√Ķes espec√≠ficas de tradu√ß√£o houve jantares onde Cioran brilhava com seu humor “non-sense”. Houve uma noite em que est√°vamos, eu, Katia, Lidia Breda (que dirige uma cole√ß√£o na editora francesa Rivages) e Christiane Fr√©mont (tradutora de algumas de suas obras romenas).

No ar, nas conversas daquela noite, o esp√≠rito dos sal√Ķes do s√©culo 18 que Cioran tanto admirava. Algo de Julie de Lespinasse, um tanto de Madame du Deffand. Cioran, o c√©tico mais radical, o niilista menos autocomplacente, sabia, na intimidade, ser um “causeur” admir√°vel. Envolvia seus convidados, discorria sobre Shakespeare, encantava com uma “joie de vivre” paradoxal e inaudita.

A mansarda de Cioran estava cheia de livros espalhados pelo ch√£o. Edi√ß√Ķes antigas de Endre Ady -o grande poeta h√ļngaro- acomodavam-se ao lado de livros de gnose, Herder e algum dicion√°rio de ingl√™s ou de latim. Cioran recebia muitos livros -de escritores novos ou de editoras que o presenteavam.

Ele os deixava pelo ch√£o, amontoados, e os dava aos amigos como quem distribui bens ef√™meros. Eu pr√≥prio ganhei um exemplar das “Confiss√Ķes” de Santo Agostinho que provavelmente o acompanhara durante muitos anos. De nossa parte, recebeu um exemplar franc√™s de “Mem√≥rias P√≥stumas de Br√°s Cubas”, (presente de Katia), que apreciou sinceramente.

N√£o foram poucas as conversas “t√™te-a-t√™te” com este ap√°trida cheio de vivacidade. Tinha 79 anos, mas suas “boutades” eram r√°pidas como as de um rapaz. Falou de Spengler, de como ningu√©m o lia mais hoje, e de como a decad√™ncia do Imp√©rio Romano se assemelhava √† europ√©ia, com seus b√°rbaros mu√ßulmanos se espalhando por uma Paris mesti√ßa e, √†s vezes, perigosa.

Falou de L√©on Chestov, o pensador russo que tanto o marcou, do pesar de n√£o hav√™-lo conhecido. Falou -por iniciativa e curiosidade- de sua admira√ß√£o por Vassily Rozanov, o panflet√°rio m√≠stico que o influenciou com seus aforismos instant√Ęneos e acompanhados do local e circunst√Ęncia da escrita (ex: “escrito no trem”, “escrito tarde da noite”).
Para este romeno que fizera do sexto “arrondissement o seu jardim, Paris era uma “cidade maldita” (como me disse certa vez ao telefone). Paris era “maldita”, compreendi melhor depois, porque era seu calv√°rio e seu lugar de elei√ß√£o. No jardim de Louxembourg, muito perto de sua rue de l’Od√©on, passeava frequentemente com suas id√©ias negras e sentimentos de t√©dio desolador e incur√°vel.

Uma das hist√≥rias mais curiosas que ouvi de Cioran foi a que se referia a uma de suas viagens, na d√©cada de 60, pela Inglaterra. Um dia, na porta de um bar, parara encantado ouvindo uma m√ļsica de uma “juke-box”: “A Whiter Shade of Pale”, do Procol Harum. A introdu√ß√£o ao √≥rg√£o era tirada de Bach, o “deus” de Cioran. Repetiu a m√ļsica diversas vezes, fazendo eco ao aforismo de “√Čcart√®lement” (1979): “Em m√ļsica, em filosofia e em tudo, amo o que incomoda pela insist√™ncia, pela recorr√™ncia…” A m√ļsica -Brahms, Schumann, Schubert- sempre acompanhou o ceticismo do fil√≥sofo como um contraponto necess√°rio.

Cioran pertencia a uma estirpe hoje extinta. Al√©m de amigo e compatriota de Ionesco e Mircea Eliade, sua alma art√≠stica e filos√≥fica estava do lado de um Borges, de um Michaux, de um Beckett. Tendo se afirmado, por um talento √≠mpar de escritor, em uma l√≠ngua estrangeira, Cioran trazia a ironia e a dist√Ęncia do n√£o-europeu, o pesar de haver nascido alhures -como n√≥s, brasileiros- em algum “sub√ļrbio do globo”.

Mas tamb√©m falou com carinho de sua inf√Ęncia, dos “camponeses analfabetos” e, dizia rindo, que aceitara ingressar na Academia Romena de Letras (recusara-se a entrar na francesa, embora muitas vezes convidado) porque “n√£o se pode renunciar a tudo”.
Acostumara-me, nas cartas que me enviava desde 1988, a esta verve instant√Ęnea, a seu humor √†s vezes cortante. “O ser ideal? Um anjo devastado pelo humor”, dissera em um de seus livros. Mas este eremita fechava-se a qualquer ass√©dio em que percebesse adula√ß√£o ou lisonja interesseira. Ele, o grande estilista, gostava de compartilhar coniv√™ncias silenciosas e comunh√Ķes gratuitas. Quando, por hesita√ß√£o ou emo√ß√£o, eu demorava para completar uma frase em franc√™s, Cioran encerrava o constrangimento com um “j√° entendi” amistoso e encorajador.

Falamos de Schopenhauer, de Sartre com quem esbarrava no Caf√© de Flore na √©poca da guerra; falamos de muitos autores, sobretudo do passado. Saint-√Čvremond, perguntei certa vez, voc√™ o praticou muito, n√£o? Um pouco s√≥, respondeu rindo. “As pessoas que n√£o se expressam literariamente s√£o as mais ricas, sempre afirmou, acentuando o abismo onde se encontrava.

Sua morte, que j√° esperava com tristeza pois sabia de seu estado, priva o Ocidente de um de seus maiores pensadores e a Europa de seu √ļltimo poeta eleg√≠aco. Seu pessimismo, temperado por um ceticismo refinado, era a maior prova de uma superabund√Ęncia espiritual e expressiva. Sua energia, que se traduzia em nega√ß√Ķes veementes, era reflexo de um car√°ter vigoroso e de uma alma exaltada.

Havia raiva em Cioran -em suas obras √°cidas e crepusculares. E tamb√©m uma vitalidade enorme, desmedida: eco dos Balc√£s que o rigor herdado dos moralistas franceses filtrou em uma mistura s√°bia e tonificante. “N√£o h√° raz√£o para n√£o ser triste”, disse em “Cartea Amagirilor” (“O Livro dos Logros”, 1936).

Neste momento, em que se perde um grande amigo, s√≥ me ocorre citar, com o dicion√°rio na m√£o, o sentido da palavra romena “dor”: desejo ardente, nostalgia, saudade…

Sentencias para los que merecen morir

Autor desconocido РEl País, 21 de Junio de 1995

Maestro en el escepticismo, con una visi√≥n de la vida como huida de la cat√°strofe del nacimiento, se ofrecen a continuaci√≥n unos extractos del pensamiento de Cioran: C√≥mo imaginar la vida de los otros, si hasta la propia parece apenas concebible?”¬†Breviario de podredumbre?”

“¬ŅPor qu√© Dios es tan incoloro, tan d√©bil, tan mediocremente pintoresco? ¬ŅPor qu√© carece de inter√©s, de vigor y de actualidad y senos parece tan poco? ¬ŅExiste una imagen menos antroporm√≥rfica y m√°s gratuitamente lejana?”¬†Breviario de podredumbre.

“Quien no ha muerto joven,¬†merece¬†morir”. El aciago¬†demiurgo.

“Si las, veladas dominicales fueran prolongadas durante meses, ¬Ņqu√© se har√≠a de la humanidad, emancipada del sudor libre del peso de la primera maldici√≥n? (…) Es m√°s que probable que el crimen llegase a ser la √ļnica diversi√≥n, que el desenfreno pareciese candor, el aullido melod√≠a y la mofa ternura. La sensaci√≥n de inmensidad del tiempo har√≠a de cada segundo un intolerable suplicio, un pelot√≥n de ejecuci√≥n capital. En los corazones m√°s llenos de poes√≠a se instalar√≠an un canibalismo estragado y una tristeza de hiena”.¬†Breviario de podredumbre.

“Me apart√© de la filosof√≠a en el momento en que se me hizo imposible descubrir en Kant ninguna debilidad humana, ning√ļn acento de verdadera tristeza, ni en Kant ni en ninguno de los de m√°s fil√≥sofos”.¬†Breviario de podredumbre,

“Toda santidad es m√°s o menos espa√Īola: si Dios fuera c√≠clope, Espa√Īa le servir√≠a de ojo”.¬†Breviario de podredumbre.

“Concebir un pensamiento, un solo y √ļnico pensamiento, pero que hiciese pedazos el, universo”. El¬†aciago demiurgo.

“S√≥lo es subversivo el esp√≠ritu que pone en tela de juicio la obligaci√≥n de existir; todos los otros, empezando por el anarquista, pactan con el orden establecido”. El¬†aciago demiurgo.

“Fr√≠volo y disperso, aficionado en todos los campos, no habr√© conocido a fondo m√°s que el inconveniente de haber nacido”. El¬†aciago demiurgo.

“Es casi imposible hablar con un espa√Īol de otra cosa que de su pa√≠s, universo cerrado, tema de su lirismo y de sus reflexiones, provincia absoluta, fuera del mundo. Alternativamente exaltado y abatido, lanza miradas deslumbradoras y morosas; el descoyuntamiento es su forma de rigor. Si se concede un futuro, no cree en √©l realmente. Su descubrimiento: la ilusi√≥n sombr√≠a, el orgullo de despertar; su genio: el genio del pesar”.¬†La tentaci√≥n de existir.

“La muerte es lo sublime al alcance de cualquiera”. El¬†ocaso¬†del pensamiento.

Codigos de ratas

TRIBUNA: DESAPARECE EL GRAN TE√ďRICO DEL ESCEPTICISMO

Fernando Arrabal РEl País, 21 de Junio 1995

Hace un par de a√Īos, ingres√≥ en hospital parisiense Cior√°n, fatigado rapaz con alas de m√°rmol.Emerg√≠a al amanecer de su naufragio preguntando

¬ŅEn qu√© calabozo estoy? ¬ŅQu√© cr√≠menes he cometido?

Sus Pr√©cis de d√©composition¬†hab√≠an propuesto hed√≥nicas normas de mal vivir y de buen escribir. Poco antes de morir, sus libros le condujeron al triunfo seg√ļn c√≥digos de ratas y de¬†m√°s vendidos.

Ciorán apareció dejando el diálogo postrado en el tránsito. Pero, cansado de existir, sin trozo de esperanza, se recluyó en sus harapos de César desterrado y dejó su cerebro en rebujal de olvido.

Sus Ejercicios de admiración fueron su manera elegante y silenciosa de comportarse como latir oculto, de decirnos adiós.

Cioran o la voz de la conciencia

La muerte sólo me interesa en la que medida en que cierra la historia de una locura.

Autor desconocido РEl Tiempo (Colómbia), 21 de junio de 1995

La muerte fue una reiteraci√≥n en la escritura del fil√≥sofo rumano Emile Mihai Cioran, quien muri√≥ ayer en Par√≠s a los 84 a√Īos, v√≠ctima de la enfermedad de alzheimer.

Este es un luto para quienes siguieron sus obras, especialmente los jóvenes, que encontraron en sus desesperados aforismos las respuestas a muchas inquietudes de la existencia.

El fil√≥sofo rumano de expresi√≥n francesa se hab√≠a convertido en los √ļltimos a√Īos de su vida no s√≥lo en un √≠dolo de los j√≥venes estudiantes en el mundo entero, sino en un personaje novelesco muy europeo, a quien todos quer√≠an ir a visitar en su buhardilla del barrio latino.

Escuche usted, yo no soy fil√≥sofo. Hice estudios de filosof√≠a en mi juventud, pero abandon√© r√°pidamente toda idea de lanzarme a la ense√Īanza. No soy m√°s que un pensador privado, trato de hablar de lo que he vivido, de mis experiencias personales , declar√≥ en 1988 en una entrevista con el fil√≥sofo argentino Luis Jorge Jalfen.

Nacido en 1911 en la localidad rumana de Rasinari, E. M. Cioran llegó en 1937 a París, y desde entonces se quedó allí para siempre, salvo en los largos paseos en bicicleta que hizo por las costas del sur de Francia después de la segunda guerra mundial.

La obra de Cioran es una larga y dolorosa meditaci√≥n sobre el vac√≠o y la nada . Escribi√≥ siempre en franc√©s, lengua que utiliz√≥ con una precisi√≥n que a√ļn sorprende y deslumbra a los propios franceses (los cr√≠ticos lo consideran, junto a Valery, el m√°s importante prosista en esa lengua de este siglo). Escribo una prosa exange, no es un lenguaje directo. Jam√°s habr√≠a podido escribir una novela. Y la lengua francesa me gusta justamente porque es una lengua para juristas y l√≥gicos , dijo.

Canoso, amante de Bach, fino, ir√≥nico, sonriente, el rumano gustaba de la compa√Ī√≠a de los j√≥venes, a quienes no daba consejos acerca de c√≥mo vivir, pero a quienes consolaba con sus libros y su conversaci√≥n, reconociendo que cada d√≠a es m√°s dif√≠cil dedicarse a pensar, a leer y a escribir. Y es que no puedo hablar de lo que me afecta en lo mas profundo -a√Īad√≠a- si no es a solas con alguien: ese momento en que dos soledades pueden comunicarse .

Respecto de su vida, el fil√≥sofo rumano narr√≥ en varias ocasiones que a los 20 a√Īos ya hab√≠a perdido todas las ilusiones y que su destino ya estaba sellado. Despu√©s, solo se reafirm√≥ en su visi√≥n de las cosas.

No todo el mundo tiene la suerte de morir joven. Escribir, por poco que sea, me ayud√≥ a pasar de un a√Īo a otro, pues cuando uno expresa sus obsesiones √©stas se debilitan y en parte quedan superadas. Estoy seguro de que si no hubiera emborronado papel me habr√≠a matado hace mucho. Escribir es un alivio extraordinario , le dijo al fil√≥sofo espa√Īol Fernando Savater en 1977.

Nada y as√≠ sea Si Albert Camus asegur√≥ que el √ļnico problema filos√≥fico que val√≠a la pena ser planteado es el del suicidio, Cioran (en cierta medida un anti-Camus), considerado como alguien muy pesimista, salv√≥ a varias personas de la autoeliminaci√≥n provoc√°ndoles la risa, convencido como estaba de que si uno es capaz de re√≠rse no debe desaparecer as√≠ como as√≠.

Adem√°s del tema del fracaso, otro de los principales motores de la obra de Cioran fue el aburrimiento, el tedio, el hast√≠o. Con los a√Īos el aburrimiento ha aumentado, este aburrimiento sin fondo. Mi madre, que fue la esposa de un sacerdote, me dijo una vez algo que jam√°s olvid√©: si hubiera podido prever tus sufrimientos interiores, no te habr√≠a dado a luz. Esa frase me hizo mucho bien , confes√≥.

Ir√≥nico, esc√©ptico, sarc√°stico y febril denunciador de la miseria humana, habl√≥ de la inutilidad de escribir y public√≥ mas de quince libros, entre estos El inconveniente de haber nacido, En las cimas de la desesperaci√≥n, Breviario de podredumbre, Silogismos de la amargura, La tentaci√≥n de existir, En las cumbres de la desesperanza (fue su primer libro, 1933) El libro de los enga√Īos, De las l√°grimas y de los santos, Historia y utop√≠a, La ca√≠da en el tiempo y Desgarradura.

Fernando Savater tradujo su obra del franc√©s, lo que sirvi√≥ para introducir sus acerados aforismos en el √°mbito hispanoamericano. Sin embargo, Cioran en los √ļltimos a√Īos hab√≠a dejado de escribir. Seg√ļn explic√≥ a un amigo rumano, siento una disminuci√≥n, una baja de intensidad y, por otra parte, todo el mundo escribe libros y eso me termina de asquear .

Cioran dec√≠a que su inclinaci√≥n por la filosof√≠a surgi√≥ en las largas y terribles noches de sus insomnios a los 20 a√Īos, cuando lo √ļnico que lo consolaba era la compa√Ī√≠a de alguna mujer en un cabaret.

No forj√≥ en sus libros sistema de pensamiento alguno, gustaba de los m√≠sticos espa√Īoles y de William Shakespeare, se nutr√≠a del pensamiento budista, admiraba a Jorge Luis Borges, a Samuel Beckett, a su compatriota y amigo Mircea Eliade, el historiador de religiones, y al dramaturgo Eugene Ionesco.

Los fil√≥sofos escriben para los profesores, los pensadores para los escritores (…) En Alemania se mira por encima del hombro a los pensadores. Por el contrario el fil√≥sofo es alguien bien considerado: ha construido un sistema, tiene el privilegio de ser ilegible. En Francia el escritor es dios, tambi√©n el pensador en la medida en que √©ste escribe para el otro , dijo en otra entrevista.

Antes de ser c√©lebre (es decir le√≠do y traducido y por ello mismo apto a ganarse la vida gracias a la escritura) Cioran pas√≥ muchos a√Īos oscuros, en los que con secreto orgullo escrib√≠a para √©l y algunos amigos e iba a los cocteles para beber vino gratis.

Para √©l no hab√≠a diferencia entre el ser y la nada: la nada impregna el ser como la muerte anida en toda vida . Una reci√©n aparecida primera edici√≥n de sus obras completas lleva anexo un elocuente glosario de sus temas: melancol√≠a, hast√≠o, fracaso, lucidez, suicidio, nada…

Aforismos de Cioran – El aforismo es un fuego sin llama .

– Par√≠s es el √ļnico lugar en el que la desesperaci√≥n es agradable .

РDesconfíen del rencor de los solitarios que dan la espalda al amor, a la ambición, a la soledad. Se vengarán un día de haber renunciado a todo eso .

– Las especies animales hubieran durado millones de a√Īos si el hombre no hubiera acabado con ellas, pero la aventura humana no puede ser indefinida. El hombre ha dado ya lo mejor de s√≠ mismo. Todos sentimos que las grandes civilizaciones han quedado atr√°s. Lo que no sabemos es c√≥mo ser√° el fin .

РLa creación es un sabotaje definitivo .

РLa peor desgracia que le puede ocurrir a un escritor es ser comprendido y la consagración es su peor castigo .

РPara ser libre marca distancias, desconfía del tiempo y de los horarios .

РCada individuo, como cada época, no es real más que por sus exageraciones, por su capacidad de supervalorar, por sus dioses .

РCuando el hombre haya alcanzado el objetivo que se ha propuesto, dominar la creación, quedara vacío, será a la vez Dios y fantasma .

РEscribir una visión afortunadamente falsa de la realidad que nos coloca por encima de lo que existe y de lo que nos parece existir .

Obituary: Emil Cioran

James Kirkup¬†— The Independent,¬†Saturday 24, June 1995

Emil Mihai Cioran, philosopher, essayist: born Rasinari 8 April 1911; died Paris 20 June 1995.

In few authors is the work so much a part of the life as in the writings of Emil Cioran.

Cioran was an antiphilosopher, an antimoralist, perhaps because in his youth he had read such a wide variety of European philosophers, and all the elegant, ironic French moralists, He wrote: “Everything I have undertaken, everything I have expatiated upon all my life is inseparable from what I have lived. I invented nothing. I’ve been the one and only secretary of my own sensations.”

The very titles of Cioran’s books read like a litany of the writer’s obsessions: A Short Account of Decomposition (1949), Syllogisms of Bitterness (1952), The Inconvenience of Having Been Born (1973), Hacked to Pieces (1979), The Tears of the Saints (1988), On the Summits of Despair (1990), Breviary of the Vanquished (1992) among a host of others. An album of very fine black-and-white photographs of Cioran by Irmeli Jung, accompanied by his own text, is called The Rush Towards the Worst (1988).

Such despairing pessimism had, as is often the case, profound roots in childhood. The prosperous country town of Rasinari in Saxon Transylvania seemed like an earthly paradise to the little boy. His father was the orthodox priest of the place, and Cioran loved the cemetery where he made friends with the gravedigger who would give him skulls to play football with. There was a beautiful orchard where he played with his sister and younger brother Aurel. Above all, there was the hill called Coasta Boacu, looking down on Rasinari. In later life, Cioran wrote: “One should live and die where one was born . . . I’ve been bored everywhere I went. What was the point of leaving Coasta Boacu?”

But leave it he did, heartbroken at being driven out of his paradise, at the age of 10, in order to attend school in Sibiu, and three years later his father was appointed to its imposing church as orthodox protopope or high priest. At 14, Emil was reading the great national poet Mihail Eminescu, but also Diderot, Balzac, Tagore, the aphorist Lichtenberg, Dostoevsky, Flaubert, Schopenhauer and above all, Nietzsche. At 17, he enrolled in the Faculty of Literature and Philosophy in Bucharest, where he gained the reputation of a wild young bohemian. Already he was subject to chronic insomnia, when he spent whole weeks without sleeping. In 1933, aged 22, he started writing his first book, Pe Culmile disperarii (“On the Summits of Despair”). He had finished his university studies with a thesis on Bergson, and was back home in Sibiu. In a preface to the French translation, he wrote:

The capital phenomenon, the most catastrophic disaster, is uninterrupted sleeplessness, that nothingness without release. For hours and hours I would walk the night’s deserted streets, or, sometimes, those haunted by my fellow-insomniacs, the prostitutes, the ideal companions in moments of supreme distress. Insomnia is a vertiginous lucidity that can convert paradise itself into a place of torture . . . It was during those infernal nights that I came to understand the inanity of all philosophy. The hours without sleep are at bottom an interminable rejection of thought by thought itself . . . an infernal ultimatum of the mind delivered to the mind.

When the work was published in Bucharest, it received the first prize of the Royal Academy at the same time as Ionesco’s Nu (“No”). It was the first of only two literary prizes that Cioran did not reject.

From 1933 to the end of 1935 Cioran studied philosophy in Berlin with a grant from the Humboldt Foundation; he was taught by Ludwig Klages, whom he greatly admired. He also discovered the expressionist artists, particularly Kokoschka, as well as the ideals of the rising Hitler. Back in Bucharest in 1936, he had his one brief teaching post: his colleagues and pupils were puzzled, then dismayed by his eccentricity and his passionate discourses on the Spanish mystics, Dostoevsky, Proust and Shakespeare for whom he had an unbounded admiration because of the “excessive” nature of his characters. His Cartea Amagirilor (“The Book of Deceptions”) was published.

In his book on Bucharest, Paul Moraud gives a sketch of bohemian intellectual life and its unbridled ferment of new ideas in all-night discussion and passionate quarrels at the legendary Brasserie Capsa in the Calea Victoriei, where Cioran proposed his nightmare visions of despair to Eugene Ionesco, Mircea Eliade and an assortment of pugnacious Romanian revolutionary thinkers.

Yet Cioran, after his experiences in Germany, was beginning to see salvation only in totalitarian regimes and he wrote a work of which he was later deeply ashamed, a youthful squib, The Transformation of Romania (1937). An expurgated edition was reprinted in Bucharest in 1991, but a French specialist in Romanian studies, Pierre-Yves Boisseau, dissected the thought in the original edition, which shows young Cioran to have been both xenophobic and antisemitic, uttering nonsense like: “The Judaic invasions of recent years made antisemitism the essential component of our nationalism.”

These were the times of the infamous Iron Guard in Romania, and Cioran expresses similar xenophobic prejudice against the Hungarians. It was an unfortunate but perhaps inevitable passage from youthful idiocy to a more mature, disabused view of the follies of dictators and of all politicians, whom Cioran looked upon with loathing and contempt.

The passage came with his departure for Paris with a grant from the Institut Francais in Bucharest, the gift of an enlightened director who was one of the rare people fully to appreciate Cioran’s unique personality, and his special needs as a writer. Cioran did absolutely no work to justify the grant, yet the sympathetic director renewed it until 1945.

Cioran lived in various small Latin Quarter hotels, first in the Rue Racine, opposite the house where Sarah Bernhardt was born, then in the Hotel Marignan in the Rue Sommer and, near the Librairie Portugaise and a number of esoteric bookshops. Just a short way up the Rue Jean de Beauvais stands the charming little Romanian Orthodox church, and further on the gardens of the Luxembourg Palace, where Cioran could often be seen towards the end of his life taking his constitutional in the direction of Port Royal, a neat little figure, like a bank-clerk, with his sober attache- case and mid-season raincoat.

But his Aries character shows through the conventional appearance in his great, lined, thick-eyebrowed forehead and his abundant prow of dense dark hair, his plunging, obstinate nose, a mouth whose initial fullness was elongated into a bitter, brooding thinness within the deepening ravines bracketing it on either side. Gisele Freud’s remarkable 1982 series of colour photographs of the man, and Irmeli Jung’s black-and-white studies are profoundly revealing of the genius who was an aristocrat of doubt and a mystical misanthrope of disturbing lucidity, but whose grim sense of destructive humour is deeply satisfying.

In 1947, after trying unsuccessfully to translate Mallarme into Romanian, Cioran made the dangerous decision to go into “linguistic exile” and to write all his future works in French. He mastered the written language taking as models the 18th- century moralists whose world-weary cynicism he adored and also the few moderns he admitted to his pantheon of letters. He disliked Sartre and hated Camus, who, he said, had the mentality and culture of a substitute teacher.

Today, the only true pleasure in reading comes from an appreciation of sheer style, something very few writers now possess. The works of Cioran are everlastingly readable, disturbing, provocative, comical. He was the supreme farceur of philosophy, and always provides entertaining companionship for his fellow insomniacs, who mingle their sleepless lucidity with his.

Cioran said that one of the greatest jokes in his absurd existence was when in 1974 the Spanish regime of Franco, already in a state of decomposition, scorned his book Le Mauvais Demiurge, accusing it of being “aetheist, blasphemous and anti-Christian”. Cioran’s wry comment was: “The Inquisition is not yet dead.” At a time when I, too, was being subjected to similar ignorant attacks by self-appointed guardians of bigotry, such words from Cioran were infinitely refreshing. In fact, he claimed that Buddhism was his one religion, and the only worthwhile philosophy. When I pointed out to him that he had been born on the birthday of Buddha, he gave a sudden rare laugh of pure joy. “Jesus is revenging himself on us for not having died on a sofa.”

He often quoted Montesquieu’s witty saying: “I’d like to banish all funeral ceremonies. One should weep for men at their birth, not at their death.” Emil Mihai Cioran was after all given a traditional funeral service at the little Romanian Orthodox Eglise des Saints-Archangel and a funeral cortege to the Cimetiere Montparnasse, where he lies now with Baudelaire, poet of the Flowers of Evil that was one of Cioran’s bibles of the beauties of excess and ennui.