Cioran: conversaci√≥n con Fernando Savater

“Creo que la filosof√≠a no es posible m√°s que como fragmento. En forma de explosi√≥n. Ya no es posible ponerse a elaborar capitulo tras capitulo, en forma de tratado. En este sentido, Nietzsche fue sumamente liberador. Fue el quien sabote√≥ el estilo de la filosof√≠a acad√©mica, quien atent√≥¬†contra la idea de sistema. Ha sido liberador porque tras √©l puede decirse cualquier cosa… Ahora todos somos fragmentistas, incluso cuando escribimos libros de apariencia coordinada. Va tambi√©n con nuestro estilo de civilizaci√≥n.”

cioran-savater
Aparecida bajo el t√≠tulo ¬ęEscribir para despertar¬Ľ en el diaro El Pais del d√≠a 23 de octubre de 1977.

Extraído de CIORAN, E. M., Conversaciones.  Trad. de Carlos Manzano. Barcelona, Tusquets (Marginales 146), 1997, ps. 17-26.

Si les comprendo bien, me preguntan ustedes por qu√© no he elegido rotundamente el silencio, en lugar de merodear en tomo a √©l, y me reprochan explayarme en lamentos en lugar de callarme. Para empezar, no todo el mundo tiene la suerte de morir joven. Mi primer libro lo escrib√≠ en rumano a los veinti√ļn anos, prometi√©ndome no volver a escribir nada m√°s. Luego escrib√≠ otro, seguido de la misma promesa. La comedia se ha repetido durante m√°s de cuarenta a√Īos. Por qu√©? Porque escribir, por poco que sea, me ha ayudado a pasar los anos, pues las obsesiones expresadas quedan debilitadas y superadas a medias. Estoy seguro de que si no hubiese emborronado papel, me hubiera matado hace mucho. Escribir es un alivio extraordinario. Y publicar tambi√©n. Esto les parecer√° rid√≠culo y, sin embargo, es muy cierto. Pues un libro es vuestra vida, o una parte de ella, que se os hace exterior. Se desprende uno de todo lo que ama y sobre todo de todo lo que detesta en uno mismo. Ir√© m√°s lejos, si no hubiese escrito, hubiera podido convertirme en un asesino. La expresi√≥n es una liberaci√≥n. Les aconsejo que hagan el ejercicio siguiente: cuando odien a alguien y sientan ganas de liquidarle, cojan un trozo de papel y escriban que Fulano es un puerco, un bandido, un cr√°pula, un monstruo. En seguida advertir√°n que ya le odian menos. Es precisamente lo mismo que yo he hecho respecto a m√≠ mismo. He escrito para injuriar a la vida y para injuriarme. .Resultado? Me he soportado mejor y he soportado mejor la vida.

Cioran, ¬Ņqu√© podr√≠a usted a√Īadir a esto?

¬°Realmente no podr√≠a a√Īadir nada m√°s…! ¬°o quiz√° decir cualquier cosa! En realidad es una cuesti√≥n de vitalidad. Para que entienda esto debo hablarle de mi origen. Hay mucho de campesino en m√≠, mi padre era un cura ortodoxo rural y yo nac√≠ entre monta√Īas, en los C√°rpatos, en un ambiente muy primitivo. Era un pueblo realmente b√°rbaro, en el que los campesinos trabajaban tremendamente toda la semana para luego gastarse la paga en una noche, emborrach√°ndose como cubas. Yo era un chico bastante robusto: !todo lo que tengo ahora de achacoso lo ten√≠a entonces de fuerte! Le interesara a usted saber que mi mayor ambici√≥n por entonces era ser el primero jugando a los bolos: a los doce o trece a√Īos jugaba con los campesinos, por dinero o por cerveza. Me pasaba el domingo jugando contra ellos y frecuentemente lograba ganarles, aunque ellos fuesen m√°s fuertes que yo, porque como no ten√≠a otra cosa que hacer me pasaba la semana practicando…

Rumania

¬ŅFue la suya una infancia feliz?

Esto es muy importante: no conozco caso de una infancia tan feliz como la m√≠a. Viv√≠a junto a los C√°rpatos, jugando libremente en el campo y en la monta√Īa, sin obligaciones ni deberes. Fue una infancia inauditamente feliz, despu√©s, hablando con la gente, nunca he encontrado nada equivalente. Yo no quer√≠a salir nunca de aquel pueblo, no olvidare jam√°s el d√≠a en que mis padres me hicieron coger un coche para llevarme al liceo en la ciudad. Fue el final de mi sue√Īo, la ruina de mi mundo.

¬ŅQue recuerda usted ante todo de Rumania?

Lo que ante todo me gusto de Rumania fue su faceta extremadamente primitiva. Hab√≠a naturalmente gente civilizada, pero lo que yo prefer√≠a eran los iletrados, los analfabetos… Hasta los veinte a√Īos nada me gustaba tanto como irme de Sibiu a las monta√Īas y hablar con los pastores, con los campesinos completamente iletrados. Pasaba el tiempo charlando y bebiendo con ellos. Creo que un espa√Īol puede entender esta faceta primitiva, muy primitiva. Habl√°bamos de cualquier cosa y yo lograba un contacto casi inmediato con ellos.

¬ŅQu√© recuerdos guarda de la situaci√≥n hist√≥rica de su pa√≠s durante su juventud?

Bueno, Europa oriental era entonces el Imperio austroh√ļngaro. Sibiu estaba enclavada en Transilvania, pertenec√≠a al Imperio: nuestra capital so√Īada era Viena. Siempre me sent√≠ de alg√ļn modo vinculado al Imperio… !en el que, sin embargo, los rumanos √©ramos esclavos! Durante la guerra del 14, mis padres fueron deportados por los h√ļngaros… Me siento muy af√≠n, psicol√≥gicamente, a los h√ļngaros, a sus gustos y costumbres. La m√ļsica h√ļngara, gitana, me emociona profunda, muy profundamente. Soy una mezcla de h√ļngaro y rumano. Es curioso, el pueblo rumano es el pueblo m√°s fatalista del mundo. Cuando yo era joven, eso me indignaba, el manejo de conceptos metaf√≠sicos dudosos ‚ÄĒcomo destino, fatalidad‚ÄĒ para explicar el mundo. Pues bien: cuanto m√°s avanzo en edad, m√°s cerca voy sinti√©ndome de mis or√≠genes. Ahora deber√≠a sentirme europeo, occidental, pero no es as√≠ en absoluto. Tras una existencia en que he conocido bastantes pa√≠ses y le√≠do muchos libros, he llegado a la conclusi√≥n de que era el campesino rumano quien ten√≠a raz√≥n. Ese campesino que no cree en nada, que piensa que el hombre est√° perdido, que no hay nada que hacer, que se siente aplastado por la historia. Esa ideolog√≠a de v√≠ctima es tambi√©n mi concepci√≥n actual, mi filosof√≠a de la historia. Realmente, toda mi formaci√≥n intelectual no me ha servido de nada.

Un libro es una herida

Usted ha escrito: ¬ęUn libro debe hurgar en las heridas, provocarlas, incluso. Un libro debe ser un peligro¬Ľ ¬ŅEn qu√© sentido son peligrosos sus libros?

Bueno, mire usted: me han dicho muchas veces que lo que yo escribo en mis libros no debe decirse. Cuando saque el Pr√©cis, el cr√≠tico de Le Monde me mand√≥ una carta de reconvenci√≥n. ¬ęUsted no se da cuenta, ese libro podr√≠a caer en manos de j√≥venes!¬Ľ Eso es absurdo. .Para que van a servir los libros? Para aprender? Eso no tiene ning√ļn inter√©s, para eso no hay m√°s que ir a clase. No, yo creo que un libro debe ser realmente una herida, debe trastornar la vida del lector de un modo u otro. Mi idea al escribir un libro es despertar a alguien, azotarle. Puesto que los libros que he escrito han surgido de mis malestares, por no decir de mis sufrimientos, es preciso que en cierto modo transmitan esto mismo al lector. No, no me gustan los libros que se leen como quien lee el peri√≥dico, un libro debe conmoverlo todo, ponerlo todo en cuesti√≥n. .Para qu√©? Bueno, no me preocupa demasiado la utilidad de lo que escribo, porque no pienso realmente nunca en el lector; escribo para m√≠, para librarme de mis obsesiones, de mis tensiones, nada m√°s. Una se√Īora escrib√≠a hace poco sobre m√≠ en Le Quotidien de Paris: ¬ęCioran escribe las cosas que cada uno se repite en voz baja¬Ľ. No escribo proponi√©ndome fabricar ¬ęun libro¬Ľ, para que alguien lo lea. No, escribo para aliviarme. Ahora bien, despu√©s, meditando sobre la funci√≥n de mis libros, es cuando pienso que debieran ser algo as√≠ como una herida. Un libro que deja a su lector igual que antes de leerlo es un libro fallido.

En todos sus libros, junto a un aspecto que podr√≠amos llamar pesimista, negro, brilla una extra√Īa alegr√≠a, un gozo inexplicable pero reconfortante y hasta vivificador.

Es curioso esto que usted me dice; me lo han dicho muchos. Vera, yo no tengo demasiados lectores, pero podr√≠a citarle casos y casos de personas que han confesado a alg√ļn conocido m√≠o: ¬ęYo me habr√≠a suicidado si no hubiera le√≠do a Cioran¬Ľ. As√≠, pues, creo que tiene usted mucha raz√≥n. Creo que la causa de esto es la pasi√≥n: yo no soy pesimista, sino violento… Esto es lo que hace vivificante a mi negaci√≥n. En realidad, cuando antes habl√°bamos de heridas, yo no entend√≠a eso de un modo negativo: !herir a alguien no equivale en modo alguno a paralizarle! Mis libros no son depresivos ni deprimentes, de igual forma que un l√°tigo no es deprimente. Los escribo con furor y pasi√≥n. Si mis libros pudiesen ser escritos en frio, eso ser√≠a peligroso. Pero yo no puedo escribir en frio, soy como un enfermo que se sobrepone febrilmente en cada caso a su enfermedad. La primera persona que ley√≥ el Breviario de podredumbre, aun en manuscrito, fue el poeta Jules de Supervielle. Era un hombre ya muy mayor, profundamente sujeto a depresiones, y me dijo: ¬ęEs incre√≠ble lo mucho que me ha estimulado su libro¬Ľ. En ese sentido, si quiere usted, soy como el diablo, que es un tipo ¬†activo, un negador que hace marchar las cosas…

Aunque usted mismo se ha encargado de deslindar su obra de la filosof√≠a propiamente dicha (verbi gratia, la carta-prologo que precede a mi Ensayo sobre Cioran), no es en modo alguno arbitrario encuadrarle dentro de esas actividades diversas, autocriticas, que ocupan el lugar vacante de la filosof√≠a tras el final de los grandes sistemas decimon√≥nicos. ¬ŅQu√© sentido tiene a√ļn la filosof√≠a, Cioran?

Creo que la filosof√≠a no es posible m√°s que como fragmento. En forma de explosi√≥n. Ya no es posible ponerse a elaborar capitulo tras capitulo, en forma de tratado. En este sentido, Nietzsche fue sumamente liberador. Fue el quien saboteo el estilo de la filosof√≠a acad√©mica, quien atento contra la idea de sistema. Ha sido liberador porque tras √©l puede decirse cualquier cosa… Ahora todos somos fragmentistas, incluso cuando escribimos libros de apariencia coordinada. Va tambi√©n con nuestro estilo de civilizaci√≥n.

Tambi√©n va en ello nuestra honradez. Nietzsche dec√≠a que en la ambici√≥n sistem√°tica hay una falta de honradez…

Sobre eso de la honradez voy a decirle algo. Cuando uno emprende un ensayo de cuarenta p√°ginas sobre lo que sea, comienza por ciertas afirmaciones previas y queda prisionero de ellas. Cierta idea de la honradez le obliga a continuar respet√°ndolas hasta el final, a no contradecirse. Sin embargo, seg√ļn va avanzando el texto, le van ofreciendo otras tentaciones, que hay que rechazar porque apartan del camino trazado. Uno est√° encerrado en un c√≠rculo trazado por uno mismo. De este modo uno se hace honorable y cae en la falsedad y en la falta de veracidad. Si esto pasa en un ensayo de cuarenta p√°ginas, ! qu√© no ocurrir√° en un sistema! Este es el drama de todo pensamiento estructurado, el no permitir la contradicci√≥n. As√≠ se cae en lo falso, se miente para resguardar la coherencia. En cambio, si uno hace fragmentos, en el curso de un mismo d√≠a puede uno decir una cosa y la contraria. .Por que? Porque surge cada fragmento de una experiencia diferente y esas experiencias s√≠ que son verdaderas: son lo m√°s importante. Se dir√° que esto es irresponsable, pero si lo es, lo ser√° en el mismo sentido en que la vida es irresponsable. Un pensamiento fragmentario refleja todos los aspectos de vuestra experiencia: un pensamiento sistem√°tico refleja solo un aspecto, el aspecto controlado, luego empobrecido. En Nietzsche, en Dostoievski, hablan todos los tipos de humanidad posibles, todas las experiencias. En el sistema solo habla el controlador, el jefe. El sistema es siempre la voz del jefe: por eso todo sistema es totalitario, mientras que el pensamiento fragmentario permanece libre.

¬ŅCu√°l fue su formaci√≥n filos√≥fica? ¬ŅQu√© fil√≥sofos le han interesado m√°s?

Bueno, en mi juventud lei mucho a Leon Chestov, que era muy conocido entonces en Rumania. Pero quien m√°s me intereso, a quien m√°s ame, esa es la palabra, fue a Georg Simmel. Ya s√© que Simmel es bastante conocido en Espa√Īa, gracias al inter√©s de Ortega por √©l, mientras que es completamente ignorado en Francia. Simmel era un escritor maravilloso, un magnifico filosofo-ensayista. Fue amigo √≠ntimo de Lukacs y Bloch, en los que influyo y que luego renegaron de √©l, lo que me parece absolutamente deshonesto. Hoy Simmel est√° completamente olvidado en Alemania, silenciado incluso, pero en su √©poca tuvo la admiraci√≥n de figuras como Thomas Mann o Rilke. Simmel tambi√©n fue un pensador fragmentario, lo mejor de su obra son fragmentos. Tambi√©n influyeron mucho en mi los pensadores alemanes de la llamada ¬ęfilosof√≠a de la vida¬Ľ, como Dilthey, etc√©tera. Por supuesto, tambi√©n lei mucho a Kierkegaard entonces, cuando a√ļn no era moda. En general, lo que m√°s me ha interesado siempre es la filosof√≠a-confesi√≥n. Lo mismo en filosof√≠a que en literatura lo que me interesa son los casos, aquellos autores de quienes puede decirse que son ¬ęcasos¬Ľ en el sentido casi cl√≠nico de la expresi√≥n. Me interesan todos aquellos que van a la cat√°strofe y tambi√©n los que lograron situarse m√°s all√° de la cat√°strofe. No puedo admirar m√°s que a aquel que ha estado a punto de derrumbarse. Por eso ame a Nietzsche o a Otto Weininger. O tambi√©n autores rusos como Rozanov, escritores religiosos que rozan constantemente la herej√≠a, tipo Dostoievski. No me marcaron los autores que son solamente una experiencia intelectual, como Husserl. De Heidegger me intereso su vertiente kierkegaardiana, no la husserliana. Pero, ante todo, busco el caso: en pensamiento o literatura tengo inter√©s ante todo por lo fr√°gil, lo precario, lo que se derrumba y tambi√©n por lo que resiste la tentaci√≥n de derrumbarse pero deja constancia de la amenaza…

¬ŅQu√© opina usted de la ¬ęnueva filosof√≠a¬Ľ francesa, brote pol√©mico del d√≠a?

Bueno, no puedo decir que los conozca a fondo, pero en general creo que se trata de gente que comienza a despertar de su sue√Īo dogm√°tico…

Usted ha escrito uno de sus mejores libros sobre el tema de la utopía.

Recuerdo muy bien el comienzo de mi inter√©s, durante una conversaci√≥n en un caf√© de Paris con Mar√≠a Zambrano, all√° por los a√Īos cincuenta. Entonces decid√≠ escribir algo sobre la utop√≠a. Me puse a leer directamente a los utopistas: Moro, Fourier, Cabet, Campanella… Al principio, con exaltaci√≥n fascinada; luego, con cansancio; finalmente, con mortal aburrimiento. Es incre√≠ble la fascinaci√≥n que ejercieron los utopistas sobre grandes esp√≠ritus: Dostoievski, por ejemplo, le√≠a a Cabet con admiraci√≥n. ¬°Cabet, que era un perfecto imb√©cil, un sub-Fourier! Todos cre√≠an que el milenio estaba por llegar: un par de a√Īos, una d√©cada a lo sumo… Tambi√©n era deprimente su optimismo, la pintura excesivamente rosa, esas mujeres de Fourier cantando mientras trabajaban en los talleres… Este optimismo ut√≥pico es frecuentemente despiadado. Recuerdo, por ejemplo, un encuentro que tuve con Teilhard de Chardin; el hombre peroraba entusi√°sticamente sobre la evoluci√≥n del cosmos hacia Cristo, el punto Omega, etc√©tera… y entonces le pregunte que pensaba del dolor humano: ¬ęEl dolor y el sufrimiento¬Ľ, me dijo ¬ęson un simple accidente de la evoluci√≥n¬Ľ. Me fui indignado, neg√°ndome a discutir con aquel d√©bil mental. Creo que la utop√≠a y los utopistas han tenido un aspecto positivo, en el siglo XIX, el de llamar la atenci√≥n sobre la desigualdad de la sociedad y urgir a remediarla. No olvidemos que el socialismo es a fin de cuentas hijo de los utopistas. Pero se basan en una idea err√≥nea, la de la perfectibilidad indefinida del hombre. Creo m√°s acertada la teor√≠a del pecado original, aunque priv√°ndola de sus connotaciones religiosas, puramente como antropolog√≠a. Ha habido una ca√≠da irremediable, una perdida que nada puede colmar. En realidad, creo que lo que me ha alejado finalmente de la tentaci√≥n utopista es mi gusto por la historia, pues la historia es el ant√≠doto de la utop√≠a. Pero, aunque la pr√°ctica de la historia sea esencialmente antiut√≥pica, es cierto que la utop√≠a hace marchar la historia, la estimula. No actuamos m√°s que bajo la fascinaci√≥n de lo imposible: lo que equivale a decir que una sociedad incapaz de dar a luz una utop√≠a y de entregarse a ella est√° amenazada por la esclerosis y la ruina. La utop√≠a, la construcci√≥n de sistemas sociales perfectos, es una debilidad muy francesa: lo que al franc√©s le falta de imaginaci√≥n metaf√≠sica, le sobra de imaginaci√≥n pol√≠tica. Fabrica impecables sistemas sociales, pero sin tener en cuenta la realidad. Es un vicio nacional: mayo del 68, por ejemplo, fue una producci√≥n constante de sistemas de todo tipo, mas ingeniosos e irrealizables unos que otros.

El poder es el mal 

La utop√≠a es, por as√≠ decirlo, el problema de un poder inmanente y no trascendente a la sociedad. ¬ŅQu√© es el poder, Cioran?

Creo que el poder es malo, muy malo. Soy resignado y fatalista frente al hecho de su existencia, pero creo que es una calamidad. Mire usted, he conocido a gente que ha llegado a tener poder y es algo terrible. ¬°Algo tan malo como un escritor que llega a hacerse celebre! Es lo mismo que llevar un uniforme; cuando se lleva uniforme ya no se es el mismo: bien, pues alcanzar el poder es llevar un uniforme invisible de forma permanente. Me pregunto: .por que un hombre normal, o aparentemente normal, acepta el poder, vivir preocupado de la ma√Īana a la noche, etc√©tera? Sin duda, porque dominar es un placer, un vicio. Por eso no hay pr√°cticamente ning√ļn caso de dictador o jefe absoluto que abandone el poder de buen grado: el caso de Sila es el √ļnico que recuerdo. El poder es diab√≥lico: el diablo no fue m√°s que un √°ngel con ambici√≥n de poder, luego ni un √°ngel puede disponer de poder impunemente. Desear el poder es la gran maldici√≥n de la humanidad.

Volviendo a la utop√≠a…

El ansia de utop√≠a es un ansia religiosa, un deseo de absoluto. La utop√≠a es la gran fragilidad de la historia, pero tambi√©n su gran fuerza. En cierto sentido, la utop√≠a es lo que rescata la historia. Ah√≠ tiene usted la campana electoral en Francia, por ejemplo: si no fuera por su componente ut√≥pico, ser√≠a una querella entre tenderos… Mire usted, yo no podr√≠a ser pol√≠tico porque creo en la cat√°strofe. Por mi parte, estoy seguro de que la historia no es el camino del para√≠so. Bueno, si soy un verdadero esc√©ptico no puedo estar seguro ni de la cat√°strofe…, !digamos que estoy casi seguro! Por eso me siento desapegado de cualquier pa√≠s, de cualquier grupo. Soy un ap√°trida metaf√≠sico, algo as√≠ como aquellos estoicos de fines del Imperio romano, que se sent√≠an ¬ęciudadanos del mundo¬Ľ, lo que es una forma de decir que no eran ciudadanos de ninguna parte.

Usted no solo ha desertado de su patria, sino tambi√©n, lo que es a√ļn m√°s importante, de su lengua.

Ese es el mayor acontecimiento que puede ocurrirle a un escritor, el m√°s dram√°tico. ¬°Las cat√°strofes hist√≥ricas no son nada al lado de esto! Yo escrib√≠ en rumano hasta el a√Īo 47. Ese a√Īo yo me encontraba en una casita cerca de Dieppe y traduc√≠a a Mallarm√© al rumano. De pronto me dije: ¬ę!Que absurdo! ¬ŅPara qu√© traducir a Mallarme a una lengua que nadie conoce?¬Ľ. Y entonces renuncie a mi lengua. Me puse a escribir en franc√©s y fue muy dif√≠cil, porque por temperamento la lengua francesa no me conviene, me hace falta una lengua salvaje, una lengua de borracho. El franc√©s fue como una camisa de fuerza para m√≠. Escribir en otra lengua es una experiencia asombrosa. Se reflexiona sobre las palabras, sobre la escritura. Cuando escrib√≠a en rumano, yo no me daba cuenta de que escrib√≠a, simplemente escrib√≠a. Las palabras no eran entonces independientes de m√≠. En cuanto me puse a escribir en franc√©s todas las palabras se hicieron conscientes, las ten√≠a delante, fuera de m√≠, en sus celdillas y las iba cogiendo: ¬ęAhora t√ļ, y ahora tu¬Ľ. Es una experiencia parecida a otra que tuve cuando llegue a Paris. Me aloje en un hotelito del Barrio Latino, y el primer d√≠a, cuando baje a telefonear a conserjer√≠a, me encontr√© al encargado del hotel, su mujer y un hijo preparando el men√ļ de comida: ¬°lo preparaban como si fuese un plan de batalla! Me qued√© asombrado: en Rumania yo hab√≠a comido siempre como un animal, bien, pero inconscientemente, sin advertir lo que significa comer. En Paris me di cuenta de que comer es un ritual, un acto de civilizaci√≥n, casi una toma de posici√≥n filos√≥fica… Del mismo modo, escribir en franc√©s dejo de ser un acto instintivo, como era cuando escrib√≠a en rumano, y adquiri√≥ una dimensi√≥n deliberada, tal como deje tambi√©n de comer inocentemente… Al cambiar de lengua, liquid√© inmediatamente el pasado, cambie totalmente la vida. Aun hoy, sin embargo, me parece que escribo una lengua que no casa con nada, sin ra√≠ces, una lengua de invernadero.

Cioran, usted ha hablado frecuentemente del hast√≠o. ¬ŅQu√© papel ha desempe√Īado en su vida el hast√≠o, el tedio?

Puedo decirle que mi vida ha estado dominada por la experiencia del tedio. He conocido ese sentimiento desde mi infancia. No se trata de ese aburrimiento que puede combatirse por medio de diversiones, con la conversaci√≥n o con los placeres, sino de un hast√≠o, por decirlo as√≠, fundamental y que consiste en esto: m√°s o menos s√ļbitamente en casa o de visita o ante el paisaje m√°s bello, todo se vac√≠a de contenido y de sentido. El vac√≠o esta en uno y fuera de uno. Todo el Universo queda aquejado de nulidad. Ya nada resulta interesante, nada merece que se apegue uno a ello. El hast√≠o es un v√©rtigo, pero un v√©rtigo tranquilo, mon√≥tono; es la revelaci√≥n de la insignificancia universal, es la certidumbre llevada hasta el estupor o hasta la suprema clarividencia de que no se puede, de que no se debe hacer nada en este mundo ni en el otro, que no existe ning√ļn mundo que pueda convenirnos y satisfacernos. A causa de esta experiencia ‚ÄĒno constante, sino recurrente, pues el hast√≠o viene por acceso, pero dura mucho m√°s que una fiebre‚ÄĒ no he podido hacer nada serio en la vida. A decir verdad, he vivido intensamente, pero sin poder integrarme en la existencia. Mi marginalidad no es accidental, sino esencial. Si Dios se aburriese, seguir√≠a siendo Dios, pero un Dios marginal. Dejemos a Dios en paz. Desde siempre, mi sue√Īo ha sido ser in√ļtil e inutilizable. Pues bien, gracias al hast√≠o he realizado ese sue√Īo. Se impone una precisi√≥n: la experiencia que acabo de describir no es necesariamente deprimente, pues a veces se ve seguida de una exaltaci√≥n que transforma el vac√≠o en incendio, en un infierno deseable…

Y mientras me dispongo a salir, doran insiste:

No olvide decirles que solo soy un marginal, un marginal que escribe para hacer despertar. Repítaselo: mis libros pueden hacer despertar.

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Cioran: conversaci√≥n con Fran√ßois Bondy

¬ŅLe gusta escribir?

Lo detesto y, adem√°s, he escrito muy poco. La mayor parte del tiempo no hago nada. Soy el hombre m√°s ocioso de Par√≠s. Creo que s√≥lo una puta sin cliente est√° menos activa que yo. […] No se deber√≠a escribir sobre lo que no se haya rele√≠do. En Francia existe tambi√©n el rito del libro anual. Hay que sacar un libro todos los a√Īos; si no, ¬ęte olvidan¬Ľ. Es el acto de presencia obligatorio. Basta con echar cuentas. Si el autor tiene ochenta a√Īos, ya se sabe que ha publicado sesenta libros. ¬°Qu√© suerte tuvieron Marco Aurelio y el autor de la Imitaci√≥n de no necesitar m√°s de uno!¬†

*

Aparecida en la obra de François Bondy: Gespräche mit James Baldwin, Carl Burckhardt, Mary McCarthy, E.M. Cioran, Witold Gombrowicz, Eugène Ionesco, Karl Jaspers, Hans Mayer, S. Mrozek, N. Sarraute, I. Silone, Jean Starobinski, Viena, Europa Verlag, 1970

¬ŅC√≥mo consigui√≥ este apartamento en el sexto piso, con una magn√≠fica vista sobre los tejados del Barrio Latino?
Gracias al esnobismo literario. Llevaba ya mucho tiempo harto de mi habitaci√≥n de hotel en la Rue Racine y hab√≠a pedido a una agente inmobiliaria que me buscara algo, pero no me hab√≠a ense√Īado nada. Entonces le envi√© un libro que acababa de publicar, con una dedicatoria. Dos d√≠as despu√©s, me trajo aqu√≠, donde el alquiler ‚ÄĒaunque le cueste creerlo‚ÄĒ es de unos cien francos, lo que corresponde a mis medios de vida. Es lo que ocurre con las dedicatorias de autor. La sesi√≥n de la firma en Gallimard, cada vez que aparece un libro, era algo que me aburr√≠a y una vez no llegu√© a firmar la mitad de mi contingente de libros. Nunca he tenido peores cr√≠ticas. Es un rito y una obligaci√≥n. Ni siquiera Beckett puede substraerse a √©l. Joyce nunca pudo entenderlo. Le hab√≠an dicho que en Par√≠s un cr√≠tico espera siempre una carta de agradecimiento del autor, cuando ha hablado bien de √©l. Y una vez accedi√≥ a enviar una tarjeta de visita con sus saludos a un cr√≠tico que hab√≠a publicado un estudio importante sobre √©l. Pero al otro le pareci√≥ demasiado lac√≥nico y no volvi√≥ a escribir nunca sobre Joyce.

Comencemos por Rumania. Usted se cri√≥ en Transilvania, estudi√≥ en Bucarest y en esta ciudad public√≥ sus primeros escritos. ¬ŅTenia usted ya en aquel momento, como tantos intelectuales rumanos, de Tzara a lonesco, los ojos puestos en Par√≠s?
En absoluto. En aquella √©poca la francofilia de los rumanos presentaba rasgos grotescos. Con ocasi√≥n de la primera guerra mundial un ministro dijo muy en serio para justificar la entrada de su pa√≠s en la guerra: ¬ęQue Rumania desaparezca no es tan importante, pero Francia no debe perecer¬Ľ. Recuerdo una revista francesa de derecho constitucional que en aquel momento tiraba mil doscientos ejemplares en Rumania y hoy ya s√≥lo vende un ejemplar de cada n√ļmero. Tuve un profesor admirable de filosof√≠a, Todor Vianu (muri√≥ hace unos a√Īos, siendo representante de Rumania ante la Unesco), y le√≠a sobre todo a fil√≥sofos y te√≥ricos del arte alemanes: Georg Simmel, W√≥lfflin, Worringer. Georg Simmel sigue siendo para m√≠ uno de los m√°s grandes. Ni Ernst Bloch ni Georg Luk√°cs reconocieron suficientemente todo lo que le deb√≠an. Su compa√Īera, con la que hab√≠a tenido un hijo, se ocult√≥ durante el Tercer Reich y por un capricho del destino, al intentar llegar a Suiza, justo antes del fin de la guerra, fue detenida y deportada.

¬ŅHab√≠a muchas personas en aquella √©poca en Bucarest que hubieran optado por estudiar est√©tica?
Millares. Como el Estado quer√≠a formar r√°pidamente un estrato de intelectuales, hab√≠a cincuenta mil estudiantes en Bucarest. Volv√≠an a los pueblos con sus diplomas, sin ganas ya de bensuciarse las manos, y se hund√≠an en el tedio, la desesperaci√≥n. El inmenso tedio rumano: era como un Ch√©jov muy malo. Adem√°s de los alemanes, yo le√≠a tambi√©n a los espiritualistas rusos, como Leo Chestov. ¬ŅEn Transilvania? Para todos los que viv√≠an all√≠, segu√≠a siendo el mundo de la monarqu√≠a imperial, que ni siquiera hoy se ha olvidado, ni all√≠ ni en Yugoslavia. He o√≠do incluso a comunistas hablar con emoci√≥n del emperador Francisco Jos√©. Mi padre era pope: para los intelectuales rumanos de la Transilvania h√ļngara apenas hab√≠a otras profesiones. Puede usted observar tambi√©n la cantidad de intelectuales rumanos de hoy que son hijos de pope. Mis padres hab√≠an estado por un tiempo en escuelas primarias h√ļngaras y a veces hablaban h√ļngaro entre ellos. Durante la guerra, fueron desplazados por ser rumanos: mi padre a Sopron (Odemburgo), mi madre a Cluj (Klausemburgo). Mi padre fue primero pope en un pueblo de los C√°rpatos y despu√©s p√°rroco de Hermannstadt.

Su propia inclinaci√≥n al misticismo, su odio del mundo, ¬Ņproceden de la tradici√≥n ortodoxa?
Est√°n m√°s emparentados con la secta gn√≥stica de los bogomilos, los antecesores de los c√°taros, cuya influencia fue intensa sobre todo en Bulgaria. En mi infancia yo era violentamente ateo, por no decir algo peor. Cuando recitaban la oraci√≥n de la comida, me levantaba al instante y abandonaba la mesa. Sin embargo, me reconozco pr√≥ximo a la creencia profunda del pueblo rumano, seg√ļn la cual la Creaci√≥n y el pecado son una y la misma cosa. En gran parte de la cultura balc√°nica, nunca ha cesado la acusaci√≥n contra la Creaci√≥n. ¬ŅQu√© es la tragedia griega sino la queja constante del coro, es decir, del pueblo, a prop√≥sito del destino? Por lo dem√°s, Dionisos proced√≠a de Tracia.

Es asombroso: sus escritos son profundamente pesimistas, pero su estilo es alegre, vivo, de un humor c√°ustico. Tambi√©n en la conversaci√≥n sus ideas dan miedo, pero el tono es agudo, animado. ¬ŅC√≥mo explica usted ese contraste?
Debe de ser algo heredado de mis padres, que ten√≠an caracteres totalmente opuestos. Nunca he podido escribir de otro modo que con el desaliento de las noches de insomnio y durante siete a√Īos apenas pude dormir. Creo que en todo escritor se reconoce si los pensamientos que lo ocupan son diurnos o nocturnos. Yo necesito ese desaliento y a√ļn hoy, antes de escribir, pongo un disco de m√ļsica c√≠ngara h√ļngara. Al mismo tiempo, yo ten√≠a una gran vitalidad, que he conservado y que vuelvo contra s√≠ misma. No se trata de estar m√°s o menos abatido, hay que estar melanc√≥lico hasta el exceso, extraordinariamente triste. Entonces es cuando se produce una reacci√≥n biol√≥gica saludable. Entre el horror y el √©xtasis, practico una tristeza activa. Durante mucho tiempo Kafka me pareci√≥ demasiado deprimente.

¬ŅLe gusta escribir?
Lo detesto y, además, he escrito muy poco. La mayor parte del tiempo no hago nada. Soy el hombre más ocioso de París. Creo que sólo una puta sin cliente está menos activa que yo.

¬ŅC√≥mo se gana la vida?
A los cuarenta a√Īos, estaba todav√≠a matriculado en la Sorbona, com√≠a en la cantina de los estudiantes y esperaba que esa situaci√≥n durase hasta el fin de mis d√≠as. Pero promulgaron una ley que prohib√≠a matricularse a partir de los veintisiete a√Īos y que me expuls√≥ de ese para√≠so. Al llegar a Par√≠s, me hab√≠a comprometido con el Instituto Franc√©s a escribir una tesis y ya hab√≠a comunicado su tema ‚ÄĒalgo sobre la √©tica de Nietzsche‚ÄĒ… pero no pensaba en absoluto escribirla. En lugar de eso, recorr√≠ toda Francia en bicicleta. Al final, no me retiraron la beca, porque les pareci√≥ que llevar Francia en las piernas tampoco carec√≠a de m√©rito. Pero leo mucho y sobre todo releo sin cesar. Me he le√≠do todo Dostoyevski cinco o seis veces. No se deber√≠a escribir sobre lo que no se haya rele√≠do. En Francia existe tambi√©n el rito del libro anual. Hay que sacar un libro todos los a√Īos; si no, ¬ęte olvidan¬Ľ. Es el acto de presencia obligatorio. Basta con echar cuentas. Si el autor tiene ochenta a√Īos, ya se sabe que ha publicado sesenta libros. ¬°Qu√© suerte tuvieron Marco Aurelio y el autor de la Imitaci√≥n de no necesitar m√°s de uno!

¬ŅC√≥mo se estren√≥ usted?
Con un libro aparecido en Bucarest en 1933. En las cimas de la desesperación, que contiene ya todo lo que vendría después. Es el más filosófico de mis libros.

¬ŅQu√© ocurri√≥ con la Guardia de Hierro, la variante rumana del fascismo? Dicen que usted simpatiz√≥ con ella.
La Guardia de Hierro, de la que, por lo dem√°s, nunca form√© parte, fue un fen√≥meno muy singular. Su jefe, Codreanu, era, en realidad, un eslavo que recordaba m√°s bien a un general del ej√©rcito ucraniano. La mayor√≠a de los comandos de la Guardia estaban compuestos por macedonios en exilio: de forma general, llevaba sobre todo la marca de las poblaciones circundantes de Rumania. Como el c√°ncer, del que se dice que no es una enfermedad, sino un complejo de enfermedades, la Guardia de Hierro era un complejo de movimientos y m√°s una secta delirante que un partido. En ella se hablaba menos de la renovaci√≥n nacional que de los prestigios de la muerte. Los rumanos son generalmente esc√©pticos, no esperan gran cosa del destino. Por eso la Guardia era despreciada por la mayor√≠a de los intelectuales, pero en el plano psicol√≥gico era distinto. Hay como una locura en ese pueblo profundamente fatalista. Y los intelectuales a que he aludido antes, con sus diplomas en pueblos donde se aburr√≠an a muerte, se incorporaban de buen grado a sus filas. La Guardia de Hierro estaba considerada un remedio para todos los males, incluido el tedio y hasta las purgaciones. Ese gusto por los extremos habr√≠a podido atraer tambi√©n a mucha gente hacia el comunismo, pero entonces apenas exist√≠a y no ten√≠a nada que ofrecer. En aquella √©poca experiment√© en m√≠ mismo c√≥mo sin la menor convicci√≥n se puede ceder a un entusiasmo. Es un estado que posteriormente he observado con frecuencia y no s√≥lo en personas de veinte a√Īos, como aquellas entre las que me contaba yo entonces, sino, por desgracia, tambi√©n en sexagenarios. Me ha decepcionado mucho.

¬ŅLo tildan con frecuencia de reaccionario?
Lo niego. Voy mucho m√°s lejos. Henri Thomas me dijo un d√≠a: ¬ęUsted est√° contra todo lo que ha ocurrido desde 1920¬Ľ, y yo le respond√≠: ¬ę¬°No, desde Ad√°n!¬Ľ.

¬ŅCu√°les son hoy sus relaciones con Rumania?
A la muerte de Stalin, todo el mundo se sent√≠a aliviado, s√≥lo yo suspiraba: ¬ęAhora se alzar√° el tel√≥n y vendr√°n para aqu√≠ todos los rumanos¬Ľ. Y eso fue, en efecto, lo que sucedi√≥. Vi llegar de repente a mi casa a los parientes m√°s alejados y a compa√Īeros de clase, que se pasaban horas cont√°ndome historias de vecindad y yo qu√© s√© qu√© m√°s. Entre ellos hab√≠a un m√©dico al que conoc√≠a desde el colegio y un d√≠a tuve un acceso de ira y le grit√© que se largara. Entonces me dijo: ¬ę¬ŅNo sabes que las c√©lulas nerviosas no se regeneran nunca y no hay que malgastarlas?¬Ľ. Eso me calm√≥ y seguimos hablando. Yo ten√≠a un amigo √≠ntimo que era un dirigente comunista. En aquella √©poca yo le aconsejaba que se quedara aqu√≠. En la calle me dijo: ¬ęNadie es profeta fuera de su pa√≠s¬Ľ, y volvi√≥ all√≠. Despu√©s pas√≥ dieciocho a√Īos en un campo de concentraci√≥n por desviacionismo. Pudo conservar el equilibrio mental reflexionando sobre problemas matem√°ticos. Hoy est√° libre y recibe una renta del Estado.

Usted est√° contra la historia, pero le fascinan sus problemas.
Observo su explosi√≥n. Hoy vivimos en un tiempo posthist√≥rico, del mismo modo que hay un poscristianismo. El te√≥logo Paul Tillich, que abandon√≥ Alemania en 1934, se puso a hablar en los Estados Unidos del poscristianismo y no chocaba a nadie. Se habla de ello incluso en los p√ļlpitos. Pero despu√©s se puso a luchar contra la idea de progreso y entonces se escandalizaron. Ese era el √ļnico sacrilegio aut√©ntico. Pero hoy ya no. Estamos presenciando la demolici√≥n de la idea de progreso. Incluso los pesimistas de aquella √©poca, como Eduard von Hartmann, estaban apegados a la idea de progreso. Sus ideas representaban para ellos un progreso del pensamiento. Pero hoy esa idea est√° comprometida en otro sentido. Anta√Īo se viv√≠a con la certidumbre de un futuro para la humanidad. Ahora ya no es as√≠. Al hablar del futuro, se a√Īade con frecuencia: ¬ęSi es que quedan hombres entonces¬Ľ. Anta√Īo el fin de la humanidad cobraba un sentido escatol√≥gico, iba unido a una idea de salvaci√≥n; hoy se lo considera un hecho, sin connotaci√≥n religiosa, ha entrado dentro de las previsiones. Sabemos que esto puede acabarse y desde entonces hay algo corrupto en la idea de progreso. Nada es ya como antes y a√ļn en nuestros d√≠as veremos producirse un cambio inaudito, inconcebible, en el hombre. El cristianismo est√° perdido, pero la historia tambi√©n. La humanidad ha seguido un mal camino. ¬ŅAcaso no es insoportable ese hormiguear de hombres que ocupan el sitio
de todas las dem√°s especies? Acabaremos convirti√©ndonos en una sola y √ļnica metr√≥polis, un P√©re-Lachaise universal. El hombre ensucia y degrada todo lo que lo rodea y en los pr√≥ximos cincuenta a√Īos se ver√° afectado √©l mismo muy duramente.

¬ŅEn qu√© figura de la tradici√≥n se reconoce usted?
La de Buda sigue siendo la más próxima. El comprendió el verdadero problema. Pero tengo demasiado temperamento para dominarlo como él. Siempre habrá un conflicto entre lo que sé y lo que siento.

¬ŅNunca ha sentido la tentaci√≥n de llevar, como su amigo Ionesco, esos conflictos a la escena?
Imposible. Mi pensamiento no se produce como un proceso, sino como un resultado, un residuo. Es lo que queda después de la fermentación, los desechos, el poso.

CIORAN, E. M., Conversaciones. Trad. de Carlos Manzano. Barcelona: Tusquets, 1997, p. 11-16.

“O pensador da amargura” (Caderno Mais!, 1995)

Emil Cioran, o filósofo do desespero e do não-sentido da existência, fala sobre sua trajetoria intelectual em entrevista a sair este ano na França.

 

Em 17 de fevereiro de 1995, o caderno Mais! da Folha de S√£o Paulo faria um dossi√™ sobre Cioran, pouco antes de seu falecimento. A mat√©ria saiu a t√≠tulo do lan√ßamento do volume Entretiens (Gallimard), publicado na Fran√ßa no mesmo ano com entrevistas do autor ao longo de sua vida. O artigo principal do dossi√™ √© o trecho de uma das entrevistas contidas no livro, concedida a Michael Jakob e reproduzida abaixo. Outros textos que integram o dossi√™ s√£o “O sil√™ncio do d√Ęndi”, de Leda Ten√≥rio da Motta, e “Cioran √© herdeiro dos c√©ticos, de Nietzsche e Dostoi√©vski”, de C√°ssio Starling Carlos.

A ins√īnia da raz√£o

O pensador romeno Emil Cioran conta como suas noites de vig√≠lia o fizeram perder a confian√ßa na filosofia e descobrir um mundo feito de desespero e vazio, em um de suas raras entrevistas, que o “Mais!” publicada em tradu√ß√£o da cr√≠tica liter√°ria Leda Ten√≥rio da Motta.

por MICHAEL JAKOB

Pergunta – Quando se l√™ o que o sr. escreve, tem-se a impress√£o de que n√£o acredita no di√°logo. O sr. diz tamb√©m que todo encontro marcado lhe parece uma esp√©cie de crucifix√£o… Tenho consci√™ncia da dificuldade que pode representar uma entrevista consigo, mas estou aqui para tentar, apesar de tudo. Se come√ß√°ssemos pela sua inf√Ęncia na Rom√™nia? O sr. a tem ainda bem presente?

Cioran РSim, extraordinariamente presente. Nasci em Rasinari, uma aldeia nos Cárpatos, na montanha, a 12 km de Sibiu-Hermanstad. Eu amava muito essa aldeia; tinha dez anos quando a deixei para entrar no colégio em Sibiu, e não vou esquecer nunca o dia, ou melhor a hora, em que meu pai me levou para lá. Tínhamos alugado uma carroça e eu chorei, chorei o tempo todo porque tinha o pressentimento de que o paraíso estava perdido. Essa aldeia na montanha tinha para a criança que eu era uma vantagem enorme: depois do café da manhã, eu podia desaparecer até o meio-dia; voltava para casa e, uma hora depois, desaparecia de novo nas montanhas. Isso durou até os dez anos.
Depois, veio uma outra¬† vantagem, a de morar l√° em cima: durante a guerra de 14, meus pais, por serem romenos, foram deportados pelos h√ļngaros, e meu irm√£o, minha irm√£ e eu ficamos com minha av√≥, ficamos totalmente livres, em suma! Era a √©poca ideal! Eu gostava muito dos camponeses e mais ainda, dos pastores: tinha uma esp√©cie de culto por eles. Quando tive que abandonar esse mundo, tive o pressentimento de que para mim alguma coisa se partia para sempre. N√£o parava de chorar e n√£o esquecerei nunca disso.

Pergunta – Pelo que o sr. diz, foi literalmente arrancado do solo natal.

Cioran – Da terra e desse mundo primitivo de que tanto gostava, e do sentimento de liberdade a ele relacionado. Foi assim que me vi em Sibiu, uma cidade muito importante do Imp√©rio √Āustro-H√ļngaro, uma esp√©cie de cidade-fronteira com muitos militares. Tr√™s etnias coabitavam ali: os alem√£es, os romenos e os h√ļngaros. Pode ser curioso, mas isso me marcou para o resto da vida: n√£o posso viver numa cidade onde s√≥ se fala uma l√≠ngua, me aborre√ßo imediatamente. Eu apreciava justamente a diversidade dessas tr√™s culturas, a verdadeira cultura, bem entendido, sendo a alem√£; os h√ļngaros e os romenos eram uma esp√©cie de escravos que tentavam se alforriar. Havia nessa cidade de Sibiu uma biblioteca alem√£ que era muito importante para mim.
Em todo caso, depois da minha aldeia natal e de Paris, Sibiu (Sibiu-Hermanstad ou Nagyszeben, em h√ļngaro) √© a cidade que mais amo no mundo. Se a palavra nostalgia tem um sentido, √© o pesar de ter tido que deixar uma cidade como essa e o de ter deixado minha aldeia. No fundo, o √ļnico mundo verdadeiro √© o mundo primitivo onde tudo √© poss√≠vel e nada est√° atualizado.

Pergunta – O sr., na verdade, desterrou-se v√°rias vezes?

Cioran – Sim, v√°rias vezes. Primeiro, pelo fato de ter abandonado minha inf√Ęncia. E depois minha vida em Sibiu. Por que Sibiu foi uma cidade importante para mim? Porque foi l√° que vivi o grande drama da minha vida, um drama que durou anos e que me marcou pelo resto dos meus dias. Tudo o que j√° escrevi, tudo o que pensei, tudo o que elaborei, todas as minhas divaga√ß√Ķes t√™m origem neste drama: por volta dos 20 anos, perdi o sono. Lembro-me de ficar passeando durante horas em plena cidade ‚ÄĒSibiu √© uma bela cidade, uma cidade alem√£ que data da Idade M√©dia.
Eu sa√≠a por volta da meia-noite e simplesmente passeava pelas ruas, s√≥ havia algumas prostitutas e eu numa cidade vazia, o sil√™ncio total, a prov√≠ncia. Perambulava horas nas ruas, como um fantasma, e tudo o que escrevi mais tarde foi elaborado durante essas noites. Meu primeiro livro,¬† Pe Culmile Dispar√†rii (No Cume do Desespero) √© dessa √©poca. √Č um livro que escrevi com 22 anos, uma esp√©cie de testamento porque eu pensava que ia me suicidar. Mas sobrevivi. √Č que n√£o tinha of√≠cio algum, e isso foi muito importante. No fundo, como n√£o dormia de noite e passeava pela cidade, n√£o prestava para nada durante o dia, n√£o poderia praticar um of√≠cio.
Tinha uma licença, havia terminado meus estudos de filosofia em Bucareste etc, mas não podia ser professor porque não é possível, depois de passar toda a noite em vigília, ir bancar o engraçado na frente dos alunos, falar de coisas que não interessam. Essas noites de Sibiu estão portanto na origem de minha visão do mundo.

Pergunta – Mas essas noites tamb√©m lhe permitiram descobrir todo um espa√ßo extraordin√°rio, logo alguma coisa de aberto, de fascinante…

Cioran – √Č verdade. Mas havia antecedentes no meu caso para a minha vis√£o das coisas. J√° tinha essa vis√£o das coisas muito antes, mas foi a partir dos 20 anos que a compreendi de maneira sistem√°tica. Devo precisar antes de mais nada que meu pai era padre ortodoxo, mas minha m√£e era incr√©dula.
Curiosamente, ou por por causa disso mesmo, ela era muito mais independente de esp√≠rito que meu pai. Eu estava pois com 20 anos e um dia ‚ÄĒeram duas horas da tarde, lembro-me perfeitamente‚ÄĒ na frente da minha m√£e, me joguei no sof√° e disse:¬† N√£o aguento mais. Minha m√£e me respondeu:¬† Se eu soubesse teria feito um aborto. Isso me causou uma impress√£o extraordin√°ria, mas de modo algum negativa. Em vez de me revoltar, esbocei, eu me lembro, uma esp√©cie de sorriso, e foi como uma revela√ß√£o; ser o fruto do acaso, sem nenhuma necessidade, isso foi de certa maneira uma liberta√ß√£o. Mas me marcou pelo resto da vida.
Minha mãe, curiosamente, depois de ler as coisas que eu tinha escrito em romeno (ela não sabia francês), mais ou menos as aceitou. Meu pai, em compensação, ficou muito triste; ele cria e, sem ser fanático, sua profissão era a de padre; evidentemente, tudo o que eu escrevia o incomodava e ele não sabia como reagir. Só minha mãe me entendia.
E √© muito curioso porque, no come√ßo, eu a desprezava, mas um dia ela me disse:¬† Para mim, s√≥ existe Bach. A partir desse momento, compreendi que me parecia com ela e, efetivamente, herdei v√°rios dos seus defeitos, e tamb√©m algumas qualidades. Essas s√£o revela√ß√Ķes que marcam uma vida. E ent√£o aconteceu uma coisa, sabe, escrevi um livro ‚ÄĒmeu segundo ou terceiro livro, que se chama¬† L√°grimas e Santos.
√Č um livro que foi editado na Rom√™nia em 1937. Ele foi extremamente mal recebido; primeiro, o editor, quando o livro estava quase pronto ‚ÄĒele estava em Bucareste e eu, nessa √©poca, em Brasov‚ÄĒ me telefonou para me dizer que n√£o ia public√°-lo. Na verdade, n√£o o tinha lido e, no momento da publica√ß√£o, lhe disseram :¬† Voc√™ leu esse livro? Ent√£o ele leu e me disse:¬† Fiz a minha vida com a ajuda de Deus e n√£o posso publicar o seu livro. (Risos) Isso √© balc√Ęnico. Eu disse a ele:¬† Mas √© um livro profundamente religioso. Ele respondeu:¬† Pode ser, mas n√£o quero o seu livro.
Foi no ano em que eu vim para a França. Eu lhe disse:  Eu tenho que deixar o país, tenho que ir para Paris por um mês.  Pode ser, mas não quero o seu livro. Foi tudo o que respondeu! Fui até um café, estava desesperado, dizia para mim mesmo: o que vou fazer? Eu gostava bastante desse livro porque ele era o resultado de uma crise religiosa e finalmente encontrei um editor ou melhor um tipógrafo, um impressor que me disse:  Eu vou publicá-lo para você. Então, saí da Romênia e vim para a França.
O livro saiu na minha aus√™ncia, em 1937, e meus pais se viram numa situa√ß√£o bem delicada; minha m√£e me escreveu:¬† Eu compreendo o seu livro etc, mas voc√™ n√£o devia t√™-lo publicado com seus pais vivos porque coloca o seu pai numa situa√ß√£o muito dif√≠cil e a mim tamb√©m que sou presidente das mulheres ortodoxas… todos riem de mim na cidade.
Mas minha m√£e, apesar de tudo, compreendeu esse livro, ela me disse:¬† V√™-se que h√° uma ruptura interior em voc√™, de um lado o blasfemo, de outro a nostalgia. Esse livro √© o resultado de uma crise feita de vig√≠lias. √Č por isso que sempre desprezei as pessoas que conseguem dormir, o que √© mais ou menos um absurdo porque s√≥ tinha um desejo: dormir. Mas compreendi uma coisa: as noites em claro s√£o de uma import√Ęncia capital!

Pergunta – √Č nas noites em claro que se produz…

Cioran – N√£o somente isso, mas se compreende principalmente. Veja, a vida √© muito simples: as pessoas se levantam, passam o dia, trabalham, se cansam, depois se deitam, acordam, come√ßam outro dia. O extraordin√°rio fen√īmeno da ins√īnia faz com que n√£o haja descontinuidade. O sono interrompe um processo. Mas a pessoa que tem ins√īnia est√° l√ļcida no meio da noite, a qualquer momento, para ela n√£o h√° diferen√ßa entre o dia e a noite. √Č uma esp√©cie de tempo intermin√°vel.

Pergunta – O insone vive numa outra temporalidade?

Cioran – Sim, absolutamente. √Č um outro tempo e um outro mundo pois a vida s√≥ √© suport√°vel por causa da descontinuidade. No fundo, por que se dorme? N√£o √© tanto para se descansar, mas para esquecer. O tipo que se levanta de manh√£ depois de uma noite de sono tem a ilus√£o de come√ßar alguma coisa.
Mas se você passa a noite toda acordado, você não começa nada. Às oito horas da manhã, você está no mesmo estado em que estava às oito horas da noite e toda a perspectiva das coisas muda necessariamente. Eu acho que se nunca acreditei no progresso, se nunca fui logrado por esse logro foi também por causa disso.

Pergunta РSeria um tempo em que se vê o mundo no negativo?

Cioran – No negativo ou no positivo, como quiser, mas se tem um outro sentimento do tempo. N√£o √© o tempo que passa, √© o tempo que n√£o passa. E isso muda a sua vida. √Č por isso que eu considero que as noites em claro s√£o a maior experi√™ncia que se pode fazer na vida, elas marcam pelo resto da vida. D√° para compreender por que, no passado, a tortura consistia em impedir os acusados de dormir: ao cabo de algumas noites, eles confessavam tudo! O segredo do homem, o segredo da vida √© o sono. √Č isso que torna a vida poss√≠vel.
Estou absolutamente convicto de que se impedissem a humanidade de dormir, haveria massacres sem precedentes, a hist√≥ria terminaria. Esse fen√īmeno me abriu os olhos para sempre, por assim dizer. Minha vis√£o das coisas √© o resultado dessas vig√≠lias,¬† vig√≠lias do esp√≠rito, ousaria dizer, √© pretensioso, mas enfim, √© um pouco isso. E, fen√īmeno muito curioso, minha adora√ß√£o pela filosofia, pela linguagem filos√≥fica ‚ÄĒeu era louco pela terminologia filos√≥fica‚ÄĒ pois muito bem, essa supersti√ß√£o, porque se trata de supersti√ß√£o, foi varrida pelas vig√≠lias. Porque eu vi que isso n√£o podia me ajudar, me fazia suportar a vida, mas de maneira nenhuma as noites. Foi assim que perdi a f√© na filosofia.

Pergunta – Mas encontrou muitos amigos nas letras …

Cioran РSim, perfeitamente. Isso aconteceu no momento em que vi que a filosofia não podia me ajudar, que os filósofos nada têm a me dizer. De todo modo, são os escritores que eu prefiro. Para mim, Dostoiévski é o maior dos gênios, o maior dos romancistas, tudo o que se quiser dizer, todos os superlativos. Eu li enormemente os russos, Tchekov, naturalmente.

Pergunta РQuando começou a ler Dostoiévski?

Cioran РDesde sempre. Mas só o compreendi mais tarde. Foi no período das noites em claro que compreendi  Os Possessos. Mas, na verdade, só gostava dos grandes doentes e, para mim, um escritor que não é doente é quase automaticamente um tipo de segunda ordem.

Pergunta – O seu livro sobre¬† As L√°grimas e os Santos √© muito dostoievskiano, com aquela concep√ß√£o da mulher ao mesmo tempo como prostituta e santa…

Cioran – De fato. Vou dizer-lhe porque esse livro teve uma certa import√Ęncia em minha vida. Estava em Brasov e foi no √ļnico ano de minha vida em que cheguei a trabalhar… Era professor de filosofia num col√©gio, mas esse trabalho logo se revelou imposs√≠vel para mim, eu s√≥ pensava numa coisa: largar tudo e ir para a Fran√ßa para escapar dessa situa√ß√£o. Minha passagem pelo liceu de Brasov foi realmente catastr√≥fica, tive problemas com meus alunos, com os professores, com o diretor… em suma, com todo mundo. Consegui enfim ir para Paris mas ‚ÄĒcomo lhe disse antes‚ÄĒ quando saiu meu livro sobre os santos todo mundo se voltou contra mim. Com a exce√ß√£o de uma jovem americana de 17 anos que me escreveu uma carta impressionante.
Foi portanto um desastre que me fez compreender definitivamente que, embora tivesse inquieta√ß√£o religiosa, nem por isso teria nunca f√©. No fundo, perdi uma ilus√£o capital… Reli os m√≠sticos, mas o que me agradava neles era o lado excessivo e principalmente o fato de falarem com Deus de homem para homem, se assim posso dizer… Quanto a mim, por mais que me atormentasse, nem por isso a f√© me era menos imposs√≠vel. Mesmo hoje n√£o posso dizer que seja um esp√≠rito perfeitamente a-religioso, o que constato √© a impossibilidade de crer. A cren√ßa √© um dom. Por certo, h√° muita gente que alimenta uma s√©rie de equ√≠vocos a respeito, mas para mim √© imposs√≠vel.

Pergunta – Ent√£o, j√° nesse momento os fil√≥sofos m√≠sticos eram para o sr. mais importantes que um Hegel ou um Kant…

Cioran – Infinitamente mais importantes. Santa Teresa de √Āvila teve um papel muito grande em minha vida, fiquei transtornado com a leitura da biografia de Edith Stein… Sabe como ela se converteu? Um dia, ela chegou na casa de uma amiga fil√≥sofa e, como a amiga tinha lhe deixado um bilhete dizendo que chegaria mais tarde, Edith Stein se deparou, enquanto esperava, com a vida de Santa Teresa de √Āvila, e ficou completamente tomada… √Č a origem de sua convers√£o.
Ora, em todos os artigos sobre Edith Stein os autores se admiram disso e acham o fato muito curioso, mas o ponto n√£o √© esse: Teresa de √Āvila tem um tom que transtorna realmente. Evidentemente, eu n√£o me converti porque n√£o tinha voca√ß√£o religiosa, mas Santa Teresa me ensinou muito, transtornou-me¬† literariamente, mas o fato √© que para ter f√© √© preciso nascer com ela… Eu posso passar por todas as crises menos pela f√©, que √© igualmente uma crise, mas uma forma de crise que n√£o √© a minha. Quer dizer que posso conhecer a crise, mas n√£o conhecer a f√©.

Pergunta – E os poetas?

Cioran – Os poetas me apaixonaram, claro. Mas existe tamb√©m este fen√īmeno muito balc√Ęnico: o¬† rat√©, quer dizer, o tipo muito dotado que n√£o se realiza, que promete tudo e n√£o cumpre as suas promessas. Meus grandes amigos na Rom√™nia n√£o eram de modo algum escritores, mas¬† rat√©s.
Um deles principalmente me influenciou muito, um tipo que tinha feito estudos de teologia e que ia ser padre, mas precisava se casar para isso. No domingo do casamento, todo mundo esperava por ele, ele disse a si mesmo que era uma loucura e desapareceu. Esperaram por ele o dia inteiro na igreja e n√£o foi mais encontrado durante meses.
Ele me influenciou muito. Não tinha dom nenhum, não conseguia escrever e lia muito pouco, mas seu conhecimento da natureza humana, sua psicologia inata eram simplesmente extraordinários. Nunca o vi enganar-se sobre coisa nenhuma. Era de uma lucidez absoluta, criminal e agressiva. Não digo que lhe devo diretamente muita coisa, mas ele era, em todo caso, um interlocutor muito importante para mim porque foi com ele que compreendi até onde é possível se ir. Na negação, ele foi realmente até o limite.
O que era muito curioso é que era um tipo enorme, que dava a impressão de ser muito próspero e sereno. Ele não era mau, não era um salafrário, mas era incapaz de alimentar a menor ilusão a respeito do que quer que fosse. Isso representa também uma forma de conhecimento porque, no fundo, o que é o conhecimento senão a demolição de alguma coisa?

Pergunta – O conhecimento mals√£o?

Cioran – N√£o s√≥ o conhecimento mals√£o, qualquer conhecimento levado √†s √ļltimas consequ√™ncias √© perigoso e mals√£o pois ‚ÄĒeu estou falando da pr√≥pria vida e n√£o dos conhecimentos ditos filos√≥ficos‚ÄĒ a vida s√≥ √© suport√°vel porque n√£o se vai √†s √ļltimas consequ√™ncias. Uma empresa s√≥ √© poss√≠vel se se tiver um m√≠nimo de ilus√£o, sen√£o n√£o √© poss√≠vel. A lucidez completa √© o nada.
Vou lhe dar um exemplo para mostrar o lado demon√≠aco do meu amigo. Um dia, tinha me apaixonado por uma mulher. Ele viu que estava muito seduzido e me disse:¬† √Č completamente insensato. Eu acabava de conhec√™-la, era amor √† primeira vista, ele sabia, mas continuou:¬† Voc√™ viu a nuca? Eu respondi que n√£o havia come√ßado por a√≠.¬† Olhe bem, ele me disse. Achei isso tudo uma besteira total, de uma inaudita mesquinharia, mas olhei assim mesmo, e descobri uma espinha na nuca. Ele tinha estragado tudo! Isso me impressionou demais, esse dem√īnio dentro dele.

Pergunta – Esse tipo √© um puro produto do mundo balc√Ęnico?

Cioran – Evidentemente, dada a sua falta de medida. N√≥s vamos longe demais. O Ocidente, a civiliza√ß√£o francesa, toda a id√©ia de polidez ‚ÄĒo que √©? S√£o limites que se aceitam pela reflex√£o. N√£o se pode ir mais adiante‚ÄĒ n√£o vale a pena ‚ÄĒ√© de mau gosto.
Mas n√£o se pode falar de civiliza√ß√£o nos Balc√£s, n√£o h√° crit√©rios. Somos impelidos ao excesso e o mundo russo, a literatura russa √© mais ou menos isso. Por exemplo, eu sou muito sens√≠vel ao fen√īmeno do t√©dio. Toda a minha vida me entediei ‚ÄĒe a literatura russa gira em torno do t√©dio, √© o nada cont√≠nuo. Eu pessoalmente, vivi o fen√īmeno do t√©dio de maneira patol√≥gica talvez, mas fiz isso porque queria me entediar. O problema √© que quando a gente se entedia com tudo, est√° tudo perdido, n√£o √©?

Pergunta РO tédio nesse sentido faz parte dessa categoria da temporalidade que é  outra, diferente?

Cioran РSim, exatamente, porque o tédio está finalmente baseado no tempo, no horror do tempo, no medo do tempo, na revelação do tempo, na consciência do tempo. Os que não têm consciência do tempo não se entediam; a vida só é suportável se não houver consciência de cada momento que passa, se não for assim está tudo perdido. A experiência do tédio é a consciência do tempo exasperado.

Pergunta – O sr. acaba de dizer algo que mostra at√© que ponto todo escrito esconde uma voz subterr√Ęnea…

Cioran – Todos os nossos atos t√™m subterr√Ęneos, e √© isso que √© psicologicamente interessante, n√≥s s√≥ conhecemos a superf√≠cie, o lado superficial. Acedemos ao que √© formulado, mas o importante √© o que n√£o √© formulado, o que est√° impl√≠cito, o segredo de uma atitude ou de uma proposi√ß√£o. √Č por isso que todos os nossos ju√≠zos sobre os outros, mas tamb√©m sobre n√≥s s√£o parcialmente falsos. O lado mesquinho fica camuflado. Ora, o lado mesquinho √© profundo, eu diria mesmo que √© o que h√° de mais profundo nos seres, e √© aquele a que menos temos acesso.
Os grandes escritores s√£o precisamente aqueles que t√™m o sentimento desses¬† baixos, Dostoi√©vski principalmente. Ele revela tudo o que √© profundo e aparentemente mesquinho, mas √© mais que mesquinho, √© tr√°gico; s√£o esses os verdadeiros psic√≥logos. Eu conhe√ßo muita gente que escreveu romances e fracassou ‚ÄĒmesmo Mircea Eliade escreveu muitos romances e fracassou, por qu√™? Porque eles s√≥ traduzem os fen√īmenos de superf√≠cie e n√£o a origem dos sentimentos. A origem de um sentimento √© muito dif√≠cil de captar, mas √© isso que √© importante e isso √© v√°lido para qualquer fen√īmeno: para a f√© religiosa etc. Como come√ßou? Por que continuou? √Č esse o desafio e s√≥ quem tem a divina√ß√£o √© capaz de enxergar de onde vem isso. E isso n√£o vem da raz√£o.

Pergunta РTambém nas suas leituras o sr. está atrás dessa  origem?

Cioran – Estou, e na minha vida tamb√©m. O que √© formulado √© s√≥ uma parte do pensamento. √Č por isso que h√° poucos romancistas verdadeiros. Todo mundo pode escrever um romance mas n√£o se trata apenas de escrev√™-lo. Dostoi√©vski, para mim, √© o √ļnico que foi at√© as origens dos atos; v√™-se muito bem porque suas personagens fizeram isto ou aquilo, mas n√£o se v√™ de imediato. Minha atitude n√£o tem nada a ver com a psican√°lise, nada, pois ela quer curar; n√£o √© isso que √© interessante. √Č o dem√īnio que habita os seres que importa ‚ÄĒmas como capt√°-lo?

Pergunta РE como o sr. lê a poesia? Partindo desse tipo de premissas?

Cioran РCertamente. Por que um tipo é bom poeta e outro não? Quando o outro é mais sutil? Por que sua poesia não resiste? Porque o que faz a origem dos atos, o que é profundo, não passa; é brilhante, é notável, é poético, mas é só isso. Por que será que outro que tem menos talento é maior poeta? Por que será que um tipo é um gênio, quer dizer, mais que um talento? Porque conseguiu transpor alguma coisa que nos escapa, e que escapa a ele próprio.
Portanto √© um fen√īmeno misterioso. Nos dias de hoje, h√° muita gente que escreve aforismos, isso se tornou uma esp√©cie de moda na Fran√ßa. Se voc√™ l√™, n√£o √© t√£o ruim assim, mas √© algo que se esgota em f√≥rmulas, que n√£o tem prolongamento. N√£o h√° nada a fazer, √© uma confiss√£o sem segredos. √Č algo que n√£o esconde nada, embora tudo seja bem formulado, tudo tenha um sentido, n√£o tem futuro nenhum. O que constitui o segredo de um ser, √© o que n√£o se sabe. E √© esse tamb√©m o interesse da vida, do com√©rcio entre os seres. Se n√£o for assim, acaba-se num di√°logo de fantoches.

Pergunta РMas isso fica mais complicado no seu caso, dada a sua lucidez. Como escrever, como dizer alguma coisa para não dizê-lo?

Cioran – Sempre dizemos s√≥ uma parte do que queremos dizer. √Č o tom que √© muito importante. Temos um tom, n√£o somente como m√ļsicos, mas em geral, em tudo o que fazemos. Muito frequentemente, h√° uma falta de tom, ou n√£o h√° tom nenhum. E isso, na verdade, √© muito misterioso, pois n√£o podemos defini-lo, s√≥ podemos senti-lo. Voc√™ abre um livro, por exemplo, e l√™ uma p√°gina que √© not√°vel, por que ela n√£o lhe diz nada? N√£o que seja nula, mas n√£o se sentem os prolongamentos.
N√£o sabemos de onde emana esse tom t√£o misterioso; temos a√≠ uma esp√©cie de irrealidade, em tudo o que √© literatura. √Č o que se chama falta de necessidade ‚ÄĒmas por que essa falta de necessidade? No com√©rcio cotidiano com os seres, √© a mesma coisa. Voc√™ encontra algu√©m que n√£o v√™ h√° muito tempo, fala durante horas, mas √© o nada. Voc√™ encontra outra pessoa e volta para casa transtornado. √Č essa a verdadeira originalidade dos seres ‚ÄĒo que eles escondem e passa apesar de tudo o que dizem.

Pergunta – √Č como a m√ļsica?

Cioran – √Č absolutamente como a m√ļsica. E, para mim, as pessoas que dizem:¬† Para mim a m√ļsica n√£o significa nada ‚ÄĒconsidero que est√° liquidado, n√£o preciso prosseguir, √© algo de extremamente grave porque a m√ļsica toca justamente naquilo que √© o mais √≠ntimo em cada um. Com quem n√£o sente a m√ļsica n√£o tenho ponto nenhum em comum, √© de uma gravidade inomin√°vel e uma esp√©cie de maldi√ß√£o de que o tipo n√£o tem consci√™ncia.

Pergunta – Falando em m√ļsica, √© preciso pensar imediatamente em Bach, que o sr. j√° evocou…

Cioran – Bach √© um deus para mim. Acho inconceb√≠vel pensar que h√° pessoas que n√£o compreendem Bach, e no entanto isso existe. Acho que a m√ļsica √© verdadeiramente a √ļnica arte capaz de criar uma cumplicidade profunda entre dois seres. N√£o √© a poesia, √© s√≥ a m√ļsica.
Algu√©m que n√£o √© sens√≠vel √† m√ļsica sofre de uma enfermidade enorme. Acho inconceb√≠vel que algu√©m possa n√£o ser sens√≠vel a Schumann ou a Bach, embora admita muito bem que algu√©m possa afirmar que n√£o aprecia a poesia. Mas no caso da m√ļsica √© outra coisa, √© algo de muito grave.

Pergunta – Quando o sr. ouve m√ļsica?

Cioran – O tempo todo, principalmente agora que n√£o escrevo mais. Eu parei de escrever, considero que n√£o vale a pena continuar, mas essa secura √© preenchida pela m√ļsica. A vida sem a m√ļsica √©, na verdade, um absurdo para mim. N√£o precisamos escrever, uma vez que n√£o √© poss√≠vel transcrever com palavras o que √© de ordem musical. Nada do que faz sentido em m√ļsica passa via escritura. Por que escrever nessas condi√ß√Ķes?
E, de todo modo, porque escrever de maneira geral? Por que multiplicar os livros, porque querer a qualquer pre√ßo ser escritor? Todo mundo escreve demais ‚ÄĒ√© esse o drama faz muito tempo, essa superprodu√ß√£o in√ļtil e absurda, principalmente em Paris. E por qu√™? Mesmo eu, pensei que n√£o fosse escrever ou que fosse escrever muito pouco, mas acabamos entrando no jogo.
Agora, compreendi que n√£o queria mais continuar com essa com√©dia. Antes, n√£o era uma com√©dia, por que o fato de escrever correspondia, apesar de tudo, a uma esp√©cie de necessidade, era uma maneira de me desembara√ßar de mim mesmo. √Č preciso dizer que exprimir-se √© a melhor maneira de simplificar tudo. Basta escrever alguma coisa e ela perde imediatamente o mist√©rio, est√° perdido; voc√™ mata a coisa e voc√™ mesmo. Isso preencheu uma fun√ß√£o para mim; agora n√£o preenche mais.
Notei que as pessoas que n√£o escrevem t√™m mais recursos do que as que se exprimem, porque elas guardam tudo nelas. Mas escrever √© expulsar de si tudo o que havia de importante. Portanto, quem escreve √© algu√©m que se esvazia. E, ao cabo de uma vida, √© o nada. √Č por isso que os escritores s√£o t√£o pouco interessantes. Eu penso isso seriamente, eles se esvaziaram de si mesmos, s√£o fantoches. S√£o seres muito brilhantes, que n√£o t√™m mais ser.

Pergunta РO sr. tomou a decisão, ao chegar na França, de não trabalhar nesse país também?

Cioran – Tomei, foi de maneira ultral√ļcida que compreendi que √© preciso aceitar qualquer humilha√ß√£o ou sofrimento para n√£o exercer um of√≠cio, fazer coisas de que n√£o se gosta e de que n√£o se pode gostar, exercer um trabalho impessoal. Eu s√≥ teria aceito um trabalho f√≠sico. S√≥ teria aceito varrer as ruas, qualquer coisa, mas escrever, ser jornalista, n√£o! Eu tinha que fazer tudo para¬† n√£o ganhar a vida.
Para ser livre é preciso suportar qualquer humilhação e era quase o programa da minha vida, esse. Eu tinha organizado muito bem minha vida em Paris, mas as coisas não funcionaram como o previsto. Eu estive matriculado na Sorbonne até a idade de 40 anos, comia na universidade como estudante. Infelizmente, quando eu fiz 40 anos, me convocaram para me dizer:  Sr., agora chega, há um limite de idade, ele é de 27 anos. De repente, todos os meus projetos de liberdade foram por água abaixo.
Eu me lembro que morava num hotel bem perto daqui, numa velha mansarda de que gostava muito, e que falei para mim mesmo: agora a situação ficou muito grave. Até ali, o problema tinha sido resolvido automaticamente: tudo de que precisava era de uma matrícula na Sorbonne para comer por quase nada nas residências universitárias. O que fazer? Não tinha meios para comer nos restaurantes nem para levar uma vida normal.
Isso não foi um marco na minha vida mas foi uma extraordinária preocupação. Agora, como eu estava disposto a aceitar tudo menos fazer o que não queria, isso complicava demais a minha vida. Felizmente ainda tinha o quarto no hotel, que pagava por mês e que não custava quase nada. Eu adorava, de verdade, essa velha e deliciosa mansarda, aqui pertinho, na rua Monsieur le Prince. E, de uma hora para a outra, vi que estavam pondo para fora todos os mensalistas, menos eu.
Eu conhecia o gerente e ele n√£o ousou, mas eu pensei: uma hora dessas vai acontecer, √© preciso de qualquer modo encontrar outra coisa. Foi em 1960, eu tinha publicado “Hist√≥ria e Utopia” e conhecia uma senhora que trabalhava com apartamentos. Mandei-lhe meu livro, ela prometeu me ajudar e, tr√™s dias depois, consegui este apartamento por um pre√ßo decididamente insignificante, √© um aluguel antigo. Eles n√£o podem aumentar o aluguel e eu, que tenho horror da velhice, tiro um certo proveito disso, mesmo achando que n√£o √© muito justo com o propriet√°rio.
Foi assim que consegui resolver o meu problema e tudo isso foi necessário para viver sem exercer uma profissão. Mas tudo isso acabou, os moços, hoje, não têm mais essa possibilidade. Tem moços que vêm me visitar e que me dizem que gostariam de viver como eu. Mas é tarde demais. Tudo isso desapareceu, está acabado agora.

Pergunta РMas o sr. continuou a trabalhar, a escrever ainda assim, o sr. publica bastante na  Nouvelle Revue Française.

Cioran – √Č verdade. N√£o se pode viver totalmente no para√≠so ‚ÄĒquer dizer, na parasitagem. Eu compreendi que era preciso escrever e isso certamente correspondia a uma necessidade. Assim, publiquei meu primeiro livro em franc√™s,¬† Pr√©cis de D√©composition (Brevi√°rio de Decomposi√ß√£o).
Depois disso, tinha algumas vagas inten√ß√Ķes e j√° me perguntava na √©poca por que multiplicar livros. Por qu√™? De todo modo, das pessoas s√≥ restam algumas frases, n√£o √©? Mas √© preciso dizer ainda que os dias s√£o longos demais, e depois havia certamente tamb√©m uma forma de vitalidade em jogo, uma necessidade de manifesta√ß√£o. Fui totalmente desconhecido por 30 anos, meus livros n√£o tinham a menor sa√≠da. Eu aceitei muito bem essa condi√ß√£o e ela correspondia tamb√©m √† minha vis√£o das coisas, at√© o momento em que vieram os livros de bolso. Acho que essa √© a √ļnica maneira de tocar de verdade os leitores que se interessam por voc√™.
E depois √© o mecanismo de toda carreira liter√°ria; mas os √ļnicos anos importantes s√£o os de anonimato. Ser desconhecido √© uma vol√ļpia; tem lados amargos √†s vezes, mas √© um estado extraordin√°rio. Durante anos, fui apresentado nos sal√Ķes ‚ÄĒporque teve um tempo em que gostava de beber u√≠sque e, como n√£o podia comprar, ia √†s recep√ß√Ķes‚ÄĒ como o amigo de Ionesco e de Beckett. Aceitava muito bem essa condi√ß√£o. Por que n√£o? Por que ser conhecido?

Pergunta РPor que resolveu de repente escrever em francês?

Cioran РEu tinha tomado a decisão de não voltar mais para a Romênia. Para mim, estava acabado, tudo isso, na verdade, me parecia fazer parte do passado, no sentido absoluto do termo. Eu estava num lugar perto de Dieppe, no litoral, em 1936, e tentava traduzir Mallarmé para o romeno. E, de repente, disse para mim mesmo:  Não tenho o menor dom para isso, e foi subitamente que tomei a decisão de escrever em francês.
At√© ent√£o, curiosamente, eu tinha negligenciado o franc√™s, enquanto que estudava bastante o ingl√™s, cheguei at√© a seguir o curso para a¬† agr√©gation na Sorbonne. A decis√£o de escrever em franc√™s ‚ÄĒdecis√£o tomada num minuto‚ÄĒ revelou-se muito mais dif√≠cil de realizar do que eu pensava. Foi realmente um supl√≠cio. Escrevi quatro vezes meu primeiro livro, o que me deu at√© enj√īo de escrever. Depois de escrever o¬† Brevi√°rio de Decomposi√ß√£o, me dizia portanto que n√£o valia a pena continuar a me atormentar. Publiquei os¬† Silogismos da Amargura por cansa√ßo. N√£o vale a pena fazer frases etc.
Depois, o processo continuou, apesar de tudo, e é preciso dizer também que Jean Paulhan me pedia o tempo todo para colaborar na  Nouvelle Revue Française. Eu prometia, para depois me arrepender, depois queria cumprir minha promessa e foi assim que entrei numa espécie de engrenagem. Aceitava perfeitamente ficar na periferia.
Era totalmente desconhecido, mas isso n√£o tem nada de desagrad√°vel, no fim das contas. S√£o esses os anos de vida de um escritor, o escritor sem leitor ‚ÄĒque conhece algumas pessoas e mais nada; isso tem lados desagrad√°veis no plano pr√°tico, mas √© a √©poca da verdadeira escritura, porque voc√™ tem a impress√£o de escrever para voc√™ mesmo.

Pergunta РHouve também uma motivação política que o levou a se desligar do romeno, da Romênia?

Cioran – O que √© que eu vou fazer com o meu romeno em Paris? Eu tinha rompido com a Rom√™nia: ela n√£o existia mais para mim. Eu tinha prometido, na Rom√™nia, que faria uma tese ‚ÄĒcoisa que nunca fiz. De todo modo, a Rom√™nia para mim s√≥ representava o passado. Ent√£o para que escrever em romeno? E para quem?
E depois, o que eu escrevia nunca teria sido aceito pelo regime. Hoje eles aceitam os meus escritos e publicam o tempo todo meus artigos nas revistas.

Pergunta – √Č verdade que o sr. foi aberta e fanaticamente antidemocrata no fim dos anos 40?

Cioran РSabe, a democracia na Romênia não era uma verdadeira democracia. Eu era antidemocrata porque a democracia não sabia se defender. Ataquei a democracia por causa da sua debilidade. Era um regime que não tinha instinto de conservação. E eu ataquei alguém por quem tinha a maior estima, Juliu Maniu, o chefe dos democratas romanos. Escrevi um artigo em que dizia que Maniu, que é o maior democrata do mundo, devia ter sido chefe de partido na Suécia, no país dos nórdicos. Mas não num país como a Romênia.
A democracia tem que se defender com todos os m√©todos e dar provas de vitalidade. Mas Maniu s√≥ lutava com conceitos puros e esses conceitos n√£o t√™m nenhuma chance nos Balc√£s. A democracia foi realmente deficiente na Rom√™nia, n√£o esteve √† altura da situa√ß√£o hist√≥rica. N√£o se pode seguir gente assim, √© a utopia encarnada nos Balc√£s, n√£o √© poss√≠vel. Houve democracia na Rom√™nia, o partido liberal de Maniu, mas nas situa√ß√Ķes dif√≠ceis esse tipo de partido n√£o aguenta, eles foram completamente ultrapassados pela hist√≥ria.

Pergunta – E a democracia ocidental?

Cioran РHá um certo automatismo no Ocidente, seja como for, porque a democracia nasceu aqui, ela pode sobreviver a si mesma. Mas pode desmoronar, nunca se sabe. O drama do liberalismo e da democracia é que nos momentos graves eles estão perdidos! Já se viu isso. A carreira de Hitler é o resultado da fraqueza democrática. A sua história é muito simples.

Pergunta РQual é a ponte no seu pensamento entre o indivíduo e a história?

Cioran – Ela se fixa muito mal, pelo mal-estar. N√£o h√° ponte e o mal-estar se torna a solu√ß√£o. Temos que ser l√ļcidos como indiv√≠duos sabendo, ao mesmo tempo, que o excesso de lucidez torna a vida insuport√°vel. A vida s√≥ √© suport√°vel se n√£o formos √†s √ļltimas consequ√™ncias.

Pergunta – Isso √© o pensamento indiano que penetrou, para dizer assim, a sua obra? √Č o sr., de que o sr. fala sempre? Isso marca uma ren√ļncia com rela√ß√£o √† lucidez e √† nostalgia de uma filosofia adormecida?

Cioran РEu estou além disso também, mas o budismo desempenhou, realmente, há uns dez anos, um papel muito importante para mim. Eu sempre fui um pouco budista, se é possível ser um pouco. Para lhe dizer a verdade: se tivesse escolha, se pudesse optar por uma religião entre todas, seria budista. Deixando de lado alguns pontos, o budismo me parece aceitável e até confortável.

Pergunta РMas é possível escolher lucidamente uma religião?

Cioran – √Č por afinidade secreta, apesar de tudo, que essa escolha √© feita; h√° pontos muito precisos como a vis√£o do sofrimento, que eu aceito; mas a transmigra√ß√£o ou outros aspectos do budismo, como aceit√°-los?
√Č preciso pertencer a uma tradi√ß√£o para poder subscrever esse tipo de coisa, √© preciso partilhar de um certo tipo de pensamento, de concep√ß√£o do mundo. Como acreditar na metempsicose, nas etapas da vida, por exemplo? Os dogmas n√£o s√£o aceit√°veis, mas o esp√≠rito √©, perfeitamente. Tudo o que o budismo constata sobre o sofrimento, sobre a morte etc., √© aceit√°vel, o lado negativo. E foi esse lado que levou Buda a deixar o mundo.
E depois disso, √© a religi√£o que demanda menos f√©. O cristianismo e o juda√≠smo exigem coisas muito precisas e se voc√™ se recusa a acreditar nelas est√° perdido, acabou; o budismo n√£o, aceita compromissos. As raz√Ķes que levaram Buda a deixar o mundo, podemos aceit√°-las sem dificuldade, com a condi√ß√£o de ter a coragem de ir √†s √ļltimas consequ√™ncias. O budismo n√£o lhe pede nenhum voto, nenhum reconhecimento, e √© por isso que ele est√° a ponto de ultrapassar o cristianismo.

Pergunta – O sr. ainda passeia muito?

Cioran – Sim, claro.

Pergunta РE vai sempre aos cemitérios?

Cioran РNão só aos cemitérios. Eu tenho, é verdade, um fraco por cemitérios; mas hoje em dia os cemitérios não são mais bonitos, estão sobrecarregados. Quando vejo amigos, mas também desconhecidos passarem por momentos de abatimento, de desespero, só tenho um conselho a dar:  Passe 20 minutos num cemitério, vai ver que a sua tristeza não vai desaparecer, mas vai ser quase superada.
Outro dia, encontrei uma moça que eu conheço, desesperada por causa de um problema amoroso, e lhe disse:  Você não está muito longe de Montparnasse, vá lá, passe por ali meia hora, vai ver que a sua tristeza lhe parecer tolerável.
√Č muito melhor do que ir no m√©dico. Um passeio no cemit√©rio √© uma li√ß√£o de sabedoria quase autom√°tica. Eu mesmo sempre pratiquei esse tipo de m√©todo; n√£o parece muito s√©rio, mas √© relativamente eficaz. O que √© que voc√™ vai dizer a algu√©m que est√° num desespero profundo? Nada ou mais ou menos nada. A √ļnica maneira de suportar realmente esse tipo de vazio √© ter consci√™ncia do nada. Sem isso, a vida n√£o √© suport√°vel.
Se voc√™ tem consci√™ncia do nada, tudo o que lhe acontece √© de propor√ß√£o normal e n√£o assume as propor√ß√Ķes dementes que caracterizam o exagero do desespero.

Pergunta РE uma espécie de solução catártica que o sr. está recomendando?

Cioran – Certamente. Precisamos ver o que somos. Eu conheci, por exemplo, muitos jovens escritores que queriam se suicidar por n√£o ter sucesso, o que eu compreendo, a rigor. Mas √© muito dif√≠cil acalmar algu√©m que chegou nesse ponto. O que √© terr√≠vel na vida √© o fracasso, e isso acontece com todo mundo…
Pergunta – Mas se tira alguma coisa do fracasso? Quando se sobrevive… Cioran – – √Č uma li√ß√£o extraordin√°ria; mas tem muita gente que n√£o a suporta, e isso em todos os n√≠veis, empregados e gente¬† importante. No fim das contas, a experi√™ncia da vida √© o fracasso.
S√£o principalmente os ambiciosos, os que fazem um plano de vida que ficam tocados, os que pensam no futuro. √Č por isso que eu mando as pessoas para o cemit√©rio. √Č a √ļnica maneira de minimizar uma situa√ß√£o tr√°gica.

Pergunta – O sr. disse que agora n√£o escreve mais. Acha que isso vai durar?

Cioran – Eu n√£o sei de nada, mas √© muito poss√≠vel que n√£o escreva mais. Tenho horror de ver todos esses livros que saem… esses autores que publicam pelo menos um livro por ano… √© doentio. Eu acho que n√£o se deve escrever mais, que √© preciso saber renunciar.
Hoje isso j√° n√£o me diverte mais, num certo sentido. √Č preciso um m√≠nimo de entusiasmo, √© preciso que haja uma expectativa. E depois eu me digo que j√° chega de imprecar contra o mundo e contra Deus, n√£o vale a pena…

Pergunta – Mas, em pensamento, o sr. continua a imprecar?

Cioran РForçosamente. Há uma espécie de resignação que é o fruto da idade e o cansaço é agora um estado muito real que é preciso levar em conta. Podemos sempre escrever e dizer tudo, mas se esse ato não corresponde mais a uma necessidade interior, não passa de literatura.
E isso √© o que eu n√£o quero, talvez porque sempre acreditei ‚ÄĒ√© o meu lado ing√™nuo‚ÄĒ no que escrevia. Isso n√£o √© bom, vai mesmo contra a minha vis√£o das coisas, mas tanto pior! √Č evidente que, se temos consci√™ncia do nada, √© absurdo escrever um livro, √© at√© rid√≠culo. Por que escrever e para quem? Mas h√° necessidades interiores que escapam a essa vis√£o, elas s√£o de outra natureza, mais √≠ntimas e mais misteriosas, irracionais; levada ao extremo, a consci√™ncia do nada n√£o √© compat√≠vel com coisa nenhuma, com gesto algum; a id√©ia de fidelidade, de autenticidade etc, tudo desaparece.
Mas, ainda assim, existe essa vitalidade misteriosa que o leva a fazer alguma coisa. E talvez, no fundo, a vida seja isso: fazemos coisas √†s quais aderimos sem acreditar ‚ÄĒ√©, √© mais ou menos isso…

Tradu√ß√£o de LEDA TEN√ďRIO DA MOTA

Esta entrevista com Cioran foi publicada pela primeira vez no livro de Michael Jakob “Aussichten des Denkens” (editora Wilhelm Fink Verlag, de Munique), no ano passado, quando tamb√©m apareceu pela primeira vez em franc√™s, na revista “Magazine Litt√©raire”. Ela ser√° publicada este ano pela editora francesa Gallimard em um volume de entrevistas com o fil√≥sofo.