Entretien avec Aurel Cioran (1914-1997), par Claudio Mutti)

Emil-si-Aurel-CioranParu dans VOXNR.Com, Dimanche, 2 Février 2003. Propos recueillis à Sibiu le 3 août 1995 par Claudio Mutti et parus dans la revue Origini, n° 13/février 1996.

Q.: Dans la nouvelle nomenclature des rues de Bucarest, on trouve aujourd’hui le nom de Mircea Eliade, mais à Sibiu, il n’y a pas encore de rue portant le nom d’Emil Cioran. Que représente Cioran pour ses concitoyens de Sibiu à l’heure actuelle?

AC: Donner un nom à une rue ou à une place dépend des autorités municipales. Normalement, il faut qu’un peu de temps passe après la mort d’une personnalité pour que son nom entre dans la toponymie. Quant à ce qui concerne les habitants de Sibiu et en particulier les intellectuels locaux, ils ne seront pas en mesure de donner une réponse précise à votre question.

Q.: Je vais vous la formuler autrement. Dans une ville où il y a une faculté de théologie, comment est accueilli un penseur aussi négativiste (du moins en apparence…) que votre frère?

AC: Vous avez bien fait d’ajouter en apparence. Dans un passage où il parle de lui-même à la troisième personne et qui a été publié pour la première fois dans les Œuvres complètes de Gallimard, mon frère parle très exactement du ³paradoxe d’une pensée en apparence négative. Il écrit: “Nous sommes en présence d’une œuvre à la fois religieuse et antireligieuse où s’exprime une sensibilité mystique”. En effet, je considère qu’il est tout à fait absurde de coller l’étiquette d’athée sur le dos de mon frère, comme on l’a fait depuis tant d’années. Mon frère parle de Dieu sur chacune des pages qu’il a écrites, avec les accents d’un véritable mystique original. C’est justement sur ce thème que je suis intervenu lors d’un symposium qui a eu lieu ici à Sibiu. Je vais vous citer un autre passage qui remonte à 1990 et qui a été publié en roumain dans la revue Agorà: “Personnellement, je crois que la religion va beaucoup plus en profondeur que toute autre forme de réflexion émanant de l’esprit humain et que la vraie vision de la vie est la vision religieuse. L’homme qui n’est pas passé par le filtre de la religion et qui n’a jamais connu la tentation religieuse est un homme vide. Pour moi, l’histoire universelle équivaut au déploiement du péché originel et c’est de ce côté-là que je me sens le plus proche de la religion”… [+]

Cioran: conversación con Fernando Savater

“Creo que la filosofía no es posible más que como fragmento. En forma de explosión. Ya no es posible ponerse a elaborar capitulo tras capitulo, en forma de tratado. En este sentido, Nietzsche fue sumamente liberador. Fue el quien saboteó el estilo de la filosofía académica, quien atentó contra la idea de sistema. Ha sido liberador porque tras él puede decirse cualquier cosa… Ahora todos somos fragmentistas, incluso cuando escribimos libros de apariencia coordinada. Va también con nuestro estilo de civilización.”

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Aparecida bajo el título «Escribir para despertar» en el diaro El Pais del día 23 de octubre de 1977.

Extraído de CIORAN, E. M., Conversaciones.  Trad. de Carlos Manzano. Barcelona, Tusquets (Marginales 146), 1997, ps. 17-26.

Si les comprendo bien, me preguntan ustedes por qué no he elegido rotundamente el silencio, en lugar de merodear en tomo a él, y me reprochan explayarme en lamentos en lugar de callarme. Para empezar, no todo el mundo tiene la suerte de morir joven. Mi primer libro lo escribí en rumano a los veintiún anos, prometiéndome no volver a escribir nada más. Luego escribí otro, seguido de la misma promesa. La comedia se ha repetido durante más de cuarenta años. Por qué? Porque escribir, por poco que sea, me ha ayudado a pasar los anos, pues las obsesiones expresadas quedan debilitadas y superadas a medias. Estoy seguro de que si no hubiese emborronado papel, me hubiera matado hace mucho. Escribir es un alivio extraordinario. Y publicar también. Esto les parecerá ridículo y, sin embargo, es muy cierto. Pues un libro es vuestra vida, o una parte de ella, que se os hace exterior. Se desprende uno de todo lo que ama y sobre todo de todo lo que detesta en uno mismo. Iré más lejos, si no hubiese escrito, hubiera podido convertirme en un asesino. La expresión es una liberación. Les aconsejo que hagan el ejercicio siguiente: cuando odien a alguien y sientan ganas de liquidarle, cojan un trozo de papel y escriban que Fulano es un puerco, un bandido, un crápula, un monstruo. En seguida advertirán que ya le odian menos. Es precisamente lo mismo que yo he hecho respecto a mí mismo. He escrito para injuriar a la vida y para injuriarme. .Resultado? Me he soportado mejor y he soportado mejor la vida.

Cioran, ¿qué podría usted añadir a esto?

¡Realmente no podría añadir nada más…! ¡o quizá decir cualquier cosa! En realidad es una cuestión de vitalidad. Para que entienda esto debo hablarle de mi origen. Hay mucho de campesino en mí, mi padre era un cura ortodoxo rural y yo nací entre montañas, en los Cárpatos, en un ambiente muy primitivo. Era un pueblo realmente bárbaro, en el que los campesinos trabajaban tremendamente toda la semana para luego gastarse la paga en una noche, emborrachándose como cubas. Yo era un chico bastante robusto: !todo lo que tengo ahora de achacoso lo tenía entonces de fuerte! Le interesara a usted saber que mi mayor ambición por entonces era ser el primero jugando a los bolos: a los doce o trece años jugaba con los campesinos, por dinero o por cerveza. Me pasaba el domingo jugando contra ellos y frecuentemente lograba ganarles, aunque ellos fuesen más fuertes que yo, porque como no tenía otra cosa que hacer me pasaba la semana practicando…

Rumania

¿Fue la suya una infancia feliz?

Esto es muy importante: no conozco caso de una infancia tan feliz como la mía. Vivía junto a los Cárpatos, jugando libremente en el campo y en la montaña, sin obligaciones ni deberes. Fue una infancia inauditamente feliz, después, hablando con la gente, nunca he encontrado nada equivalente. Yo no quería salir nunca de aquel pueblo, no olvidare jamás el día en que mis padres me hicieron coger un coche para llevarme al liceo en la ciudad. Fue el final de mi sueño, la ruina de mi mundo.

¿Que recuerda usted ante todo de Rumania?

Lo que ante todo me gusto de Rumania fue su faceta extremadamente primitiva. Había naturalmente gente civilizada, pero lo que yo prefería eran los iletrados, los analfabetos… Hasta los veinte años nada me gustaba tanto como irme de Sibiu a las montañas y hablar con los pastores, con los campesinos completamente iletrados. Pasaba el tiempo charlando y bebiendo con ellos. Creo que un español puede entender esta faceta primitiva, muy primitiva. Hablábamos de cualquier cosa y yo lograba un contacto casi inmediato con ellos.

¿Qué recuerdos guarda de la situación histórica de su país durante su juventud?

Bueno, Europa oriental era entonces el Imperio austrohúngaro. Sibiu estaba enclavada en Transilvania, pertenecía al Imperio: nuestra capital soñada era Viena. Siempre me sentí de algún modo vinculado al Imperio… !en el que, sin embargo, los rumanos éramos esclavos! Durante la guerra del 14, mis padres fueron deportados por los húngaros… Me siento muy afín, psicológicamente, a los húngaros, a sus gustos y costumbres. La música húngara, gitana, me emociona profunda, muy profundamente. Soy una mezcla de húngaro y rumano. Es curioso, el pueblo rumano es el pueblo más fatalista del mundo. Cuando yo era joven, eso me indignaba, el manejo de conceptos metafísicos dudosos —como destino, fatalidad— para explicar el mundo. Pues bien: cuanto más avanzo en edad, más cerca voy sintiéndome de mis orígenes. Ahora debería sentirme europeo, occidental, pero no es así en absoluto. Tras una existencia en que he conocido bastantes países y leído muchos libros, he llegado a la conclusión de que era el campesino rumano quien tenía razón. Ese campesino que no cree en nada, que piensa que el hombre está perdido, que no hay nada que hacer, que se siente aplastado por la historia. Esa ideología de víctima es también mi concepción actual, mi filosofía de la historia. Realmente, toda mi formación intelectual no me ha servido de nada.

Un libro es una herida

Usted ha escrito: «Un libro debe hurgar en las heridas, provocarlas, incluso. Un libro debe ser un peligro» ¿En qué sentido son peligrosos sus libros?

Bueno, mire usted: me han dicho muchas veces que lo que yo escribo en mis libros no debe decirse. Cuando saque el Précis, el crítico de Le Monde me mandó una carta de reconvención. «Usted no se da cuenta, ese libro podría caer en manos de jóvenes!» Eso es absurdo. .Para que van a servir los libros? Para aprender? Eso no tiene ningún interés, para eso no hay más que ir a clase. No, yo creo que un libro debe ser realmente una herida, debe trastornar la vida del lector de un modo u otro. Mi idea al escribir un libro es despertar a alguien, azotarle. Puesto que los libros que he escrito han surgido de mis malestares, por no decir de mis sufrimientos, es preciso que en cierto modo transmitan esto mismo al lector. No, no me gustan los libros que se leen como quien lee el periódico, un libro debe conmoverlo todo, ponerlo todo en cuestión. .Para qué? Bueno, no me preocupa demasiado la utilidad de lo que escribo, porque no pienso realmente nunca en el lector; escribo para mí, para librarme de mis obsesiones, de mis tensiones, nada más. Una señora escribía hace poco sobre mí en Le Quotidien de Paris: «Cioran escribe las cosas que cada uno se repite en voz baja». No escribo proponiéndome fabricar «un libro», para que alguien lo lea. No, escribo para aliviarme. Ahora bien, después, meditando sobre la función de mis libros, es cuando pienso que debieran ser algo así como una herida. Un libro que deja a su lector igual que antes de leerlo es un libro fallido.

En todos sus libros, junto a un aspecto que podríamos llamar pesimista, negro, brilla una extraña alegría, un gozo inexplicable pero reconfortante y hasta vivificador.

Es curioso esto que usted me dice; me lo han dicho muchos. Vera, yo no tengo demasiados lectores, pero podría citarle casos y casos de personas que han confesado a algún conocido mío: «Yo me habría suicidado si no hubiera leído a Cioran». Así, pues, creo que tiene usted mucha razón. Creo que la causa de esto es la pasión: yo no soy pesimista, sino violento… Esto es lo que hace vivificante a mi negación. En realidad, cuando antes hablábamos de heridas, yo no entendía eso de un modo negativo: !herir a alguien no equivale en modo alguno a paralizarle! Mis libros no son depresivos ni deprimentes, de igual forma que un látigo no es deprimente. Los escribo con furor y pasión. Si mis libros pudiesen ser escritos en frio, eso sería peligroso. Pero yo no puedo escribir en frio, soy como un enfermo que se sobrepone febrilmente en cada caso a su enfermedad. La primera persona que leyó el Breviario de podredumbre, aun en manuscrito, fue el poeta Jules de Supervielle. Era un hombre ya muy mayor, profundamente sujeto a depresiones, y me dijo: «Es increíble lo mucho que me ha estimulado su libro». En ese sentido, si quiere usted, soy como el diablo, que es un tipo  activo, un negador que hace marchar las cosas…

Aunque usted mismo se ha encargado de deslindar su obra de la filosofía propiamente dicha (verbi gratia, la carta-prologo que precede a mi Ensayo sobre Cioran), no es en modo alguno arbitrario encuadrarle dentro de esas actividades diversas, autocriticas, que ocupan el lugar vacante de la filosofía tras el final de los grandes sistemas decimonónicos. ¿Qué sentido tiene aún la filosofía, Cioran?

Creo que la filosofía no es posible más que como fragmento. En forma de explosión. Ya no es posible ponerse a elaborar capitulo tras capitulo, en forma de tratado. En este sentido, Nietzsche fue sumamente liberador. Fue el quien saboteo el estilo de la filosofía académica, quien atento contra la idea de sistema. Ha sido liberador porque tras él puede decirse cualquier cosa… Ahora todos somos fragmentistas, incluso cuando escribimos libros de apariencia coordinada. Va también con nuestro estilo de civilización.

También va en ello nuestra honradez. Nietzsche decía que en la ambición sistemática hay una falta de honradez…

Sobre eso de la honradez voy a decirle algo. Cuando uno emprende un ensayo de cuarenta páginas sobre lo que sea, comienza por ciertas afirmaciones previas y queda prisionero de ellas. Cierta idea de la honradez le obliga a continuar respetándolas hasta el final, a no contradecirse. Sin embargo, según va avanzando el texto, le van ofreciendo otras tentaciones, que hay que rechazar porque apartan del camino trazado. Uno está encerrado en un círculo trazado por uno mismo. De este modo uno se hace honorable y cae en la falsedad y en la falta de veracidad. Si esto pasa en un ensayo de cuarenta páginas, ! qué no ocurrirá en un sistema! Este es el drama de todo pensamiento estructurado, el no permitir la contradicción. Así se cae en lo falso, se miente para resguardar la coherencia. En cambio, si uno hace fragmentos, en el curso de un mismo día puede uno decir una cosa y la contraria. .Por que? Porque surge cada fragmento de una experiencia diferente y esas experiencias sí que son verdaderas: son lo más importante. Se dirá que esto es irresponsable, pero si lo es, lo será en el mismo sentido en que la vida es irresponsable. Un pensamiento fragmentario refleja todos los aspectos de vuestra experiencia: un pensamiento sistemático refleja solo un aspecto, el aspecto controlado, luego empobrecido. En Nietzsche, en Dostoievski, hablan todos los tipos de humanidad posibles, todas las experiencias. En el sistema solo habla el controlador, el jefe. El sistema es siempre la voz del jefe: por eso todo sistema es totalitario, mientras que el pensamiento fragmentario permanece libre.

¿Cuál fue su formación filosófica? ¿Qué filósofos le han interesado más?

Bueno, en mi juventud lei mucho a Leon Chestov, que era muy conocido entonces en Rumania. Pero quien más me intereso, a quien más ame, esa es la palabra, fue a Georg Simmel. Ya sé que Simmel es bastante conocido en España, gracias al interés de Ortega por él, mientras que es completamente ignorado en Francia. Simmel era un escritor maravilloso, un magnifico filosofo-ensayista. Fue amigo íntimo de Lukacs y Bloch, en los que influyo y que luego renegaron de él, lo que me parece absolutamente deshonesto. Hoy Simmel está completamente olvidado en Alemania, silenciado incluso, pero en su época tuvo la admiración de figuras como Thomas Mann o Rilke. Simmel también fue un pensador fragmentario, lo mejor de su obra son fragmentos. También influyeron mucho en mi los pensadores alemanes de la llamada «filosofía de la vida», como Dilthey, etcétera. Por supuesto, también lei mucho a Kierkegaard entonces, cuando aún no era moda. En general, lo que más me ha interesado siempre es la filosofía-confesión. Lo mismo en filosofía que en literatura lo que me interesa son los casos, aquellos autores de quienes puede decirse que son «casos» en el sentido casi clínico de la expresión. Me interesan todos aquellos que van a la catástrofe y también los que lograron situarse más allá de la catástrofe. No puedo admirar más que a aquel que ha estado a punto de derrumbarse. Por eso ame a Nietzsche o a Otto Weininger. O también autores rusos como Rozanov, escritores religiosos que rozan constantemente la herejía, tipo Dostoievski. No me marcaron los autores que son solamente una experiencia intelectual, como Husserl. De Heidegger me intereso su vertiente kierkegaardiana, no la husserliana. Pero, ante todo, busco el caso: en pensamiento o literatura tengo interés ante todo por lo frágil, lo precario, lo que se derrumba y también por lo que resiste la tentación de derrumbarse pero deja constancia de la amenaza…

¿Qué opina usted de la «nueva filosofía» francesa, brote polémico del día?

Bueno, no puedo decir que los conozca a fondo, pero en general creo que se trata de gente que comienza a despertar de su sueño dogmático…

Usted ha escrito uno de sus mejores libros sobre el tema de la utopía.

Recuerdo muy bien el comienzo de mi interés, durante una conversación en un café de Paris con María Zambrano, allá por los años cincuenta. Entonces decidí escribir algo sobre la utopía. Me puse a leer directamente a los utopistas: Moro, Fourier, Cabet, Campanella… Al principio, con exaltación fascinada; luego, con cansancio; finalmente, con mortal aburrimiento. Es increíble la fascinación que ejercieron los utopistas sobre grandes espíritus: Dostoievski, por ejemplo, leía a Cabet con admiración. ¡Cabet, que era un perfecto imbécil, un sub-Fourier! Todos creían que el milenio estaba por llegar: un par de años, una década a lo sumo… También era deprimente su optimismo, la pintura excesivamente rosa, esas mujeres de Fourier cantando mientras trabajaban en los talleres… Este optimismo utópico es frecuentemente despiadado. Recuerdo, por ejemplo, un encuentro que tuve con Teilhard de Chardin; el hombre peroraba entusiásticamente sobre la evolución del cosmos hacia Cristo, el punto Omega, etcétera… y entonces le pregunte que pensaba del dolor humano: «El dolor y el sufrimiento», me dijo «son un simple accidente de la evolución». Me fui indignado, negándome a discutir con aquel débil mental. Creo que la utopía y los utopistas han tenido un aspecto positivo, en el siglo XIX, el de llamar la atención sobre la desigualdad de la sociedad y urgir a remediarla. No olvidemos que el socialismo es a fin de cuentas hijo de los utopistas. Pero se basan en una idea errónea, la de la perfectibilidad indefinida del hombre. Creo más acertada la teoría del pecado original, aunque privándola de sus connotaciones religiosas, puramente como antropología. Ha habido una caída irremediable, una perdida que nada puede colmar. En realidad, creo que lo que me ha alejado finalmente de la tentación utopista es mi gusto por la historia, pues la historia es el antídoto de la utopía. Pero, aunque la práctica de la historia sea esencialmente antiutópica, es cierto que la utopía hace marchar la historia, la estimula. No actuamos más que bajo la fascinación de lo imposible: lo que equivale a decir que una sociedad incapaz de dar a luz una utopía y de entregarse a ella está amenazada por la esclerosis y la ruina. La utopía, la construcción de sistemas sociales perfectos, es una debilidad muy francesa: lo que al francés le falta de imaginación metafísica, le sobra de imaginación política. Fabrica impecables sistemas sociales, pero sin tener en cuenta la realidad. Es un vicio nacional: mayo del 68, por ejemplo, fue una producción constante de sistemas de todo tipo, mas ingeniosos e irrealizables unos que otros.

El poder es el mal 

La utopía es, por así decirlo, el problema de un poder inmanente y no trascendente a la sociedad. ¿Qué es el poder, Cioran?

Creo que el poder es malo, muy malo. Soy resignado y fatalista frente al hecho de su existencia, pero creo que es una calamidad. Mire usted, he conocido a gente que ha llegado a tener poder y es algo terrible. ¡Algo tan malo como un escritor que llega a hacerse celebre! Es lo mismo que llevar un uniforme; cuando se lleva uniforme ya no se es el mismo: bien, pues alcanzar el poder es llevar un uniforme invisible de forma permanente. Me pregunto: .por que un hombre normal, o aparentemente normal, acepta el poder, vivir preocupado de la mañana a la noche, etcétera? Sin duda, porque dominar es un placer, un vicio. Por eso no hay prácticamente ningún caso de dictador o jefe absoluto que abandone el poder de buen grado: el caso de Sila es el único que recuerdo. El poder es diabólico: el diablo no fue más que un ángel con ambición de poder, luego ni un ángel puede disponer de poder impunemente. Desear el poder es la gran maldición de la humanidad.

Volviendo a la utopía…

El ansia de utopía es un ansia religiosa, un deseo de absoluto. La utopía es la gran fragilidad de la historia, pero también su gran fuerza. En cierto sentido, la utopía es lo que rescata la historia. Ahí tiene usted la campana electoral en Francia, por ejemplo: si no fuera por su componente utópico, sería una querella entre tenderos… Mire usted, yo no podría ser político porque creo en la catástrofe. Por mi parte, estoy seguro de que la historia no es el camino del paraíso. Bueno, si soy un verdadero escéptico no puedo estar seguro ni de la catástrofe…, !digamos que estoy casi seguro! Por eso me siento desapegado de cualquier país, de cualquier grupo. Soy un apátrida metafísico, algo así como aquellos estoicos de fines del Imperio romano, que se sentían «ciudadanos del mundo», lo que es una forma de decir que no eran ciudadanos de ninguna parte.

Usted no solo ha desertado de su patria, sino también, lo que es aún más importante, de su lengua.

Ese es el mayor acontecimiento que puede ocurrirle a un escritor, el más dramático. ¡Las catástrofes históricas no son nada al lado de esto! Yo escribí en rumano hasta el año 47. Ese año yo me encontraba en una casita cerca de Dieppe y traducía a Mallarmé al rumano. De pronto me dije: «!Que absurdo! ¿Para qué traducir a Mallarme a una lengua que nadie conoce?». Y entonces renuncie a mi lengua. Me puse a escribir en francés y fue muy difícil, porque por temperamento la lengua francesa no me conviene, me hace falta una lengua salvaje, una lengua de borracho. El francés fue como una camisa de fuerza para mí. Escribir en otra lengua es una experiencia asombrosa. Se reflexiona sobre las palabras, sobre la escritura. Cuando escribía en rumano, yo no me daba cuenta de que escribía, simplemente escribía. Las palabras no eran entonces independientes de mí. En cuanto me puse a escribir en francés todas las palabras se hicieron conscientes, las tenía delante, fuera de mí, en sus celdillas y las iba cogiendo: «Ahora tú, y ahora tu». Es una experiencia parecida a otra que tuve cuando llegue a Paris. Me aloje en un hotelito del Barrio Latino, y el primer día, cuando baje a telefonear a conserjería, me encontré al encargado del hotel, su mujer y un hijo preparando el menú de comida: ¡lo preparaban como si fuese un plan de batalla! Me quedé asombrado: en Rumania yo había comido siempre como un animal, bien, pero inconscientemente, sin advertir lo que significa comer. En Paris me di cuenta de que comer es un ritual, un acto de civilización, casi una toma de posición filosófica… Del mismo modo, escribir en francés dejo de ser un acto instintivo, como era cuando escribía en rumano, y adquirió una dimensión deliberada, tal como deje también de comer inocentemente… Al cambiar de lengua, liquidé inmediatamente el pasado, cambie totalmente la vida. Aun hoy, sin embargo, me parece que escribo una lengua que no casa con nada, sin raíces, una lengua de invernadero.

Cioran, usted ha hablado frecuentemente del hastío. ¿Qué papel ha desempeñado en su vida el hastío, el tedio?

Puedo decirle que mi vida ha estado dominada por la experiencia del tedio. He conocido ese sentimiento desde mi infancia. No se trata de ese aburrimiento que puede combatirse por medio de diversiones, con la conversación o con los placeres, sino de un hastío, por decirlo así, fundamental y que consiste en esto: más o menos súbitamente en casa o de visita o ante el paisaje más bello, todo se vacía de contenido y de sentido. El vacío esta en uno y fuera de uno. Todo el Universo queda aquejado de nulidad. Ya nada resulta interesante, nada merece que se apegue uno a ello. El hastío es un vértigo, pero un vértigo tranquilo, monótono; es la revelación de la insignificancia universal, es la certidumbre llevada hasta el estupor o hasta la suprema clarividencia de que no se puede, de que no se debe hacer nada en este mundo ni en el otro, que no existe ningún mundo que pueda convenirnos y satisfacernos. A causa de esta experiencia —no constante, sino recurrente, pues el hastío viene por acceso, pero dura mucho más que una fiebre— no he podido hacer nada serio en la vida. A decir verdad, he vivido intensamente, pero sin poder integrarme en la existencia. Mi marginalidad no es accidental, sino esencial. Si Dios se aburriese, seguiría siendo Dios, pero un Dios marginal. Dejemos a Dios en paz. Desde siempre, mi sueño ha sido ser inútil e inutilizable. Pues bien, gracias al hastío he realizado ese sueño. Se impone una precisión: la experiencia que acabo de describir no es necesariamente deprimente, pues a veces se ve seguida de una exaltación que transforma el vacío en incendio, en un infierno deseable…

Y mientras me dispongo a salir, doran insiste:

No olvide decirles que solo soy un marginal, un marginal que escribe para hacer despertar. Repítaselo: mis libros pueden hacer despertar.

Entrevista de Paulo Borges ao filósofo romeno Ciprian Valcan sobre budismo, filosofia, Cioran, Oriente e Ocidente

Fonte: Todo o mundo entre ninguém – 21 de março de 2012

1. Em que medida um melhor conhecimento da filosofia oriental contribui para a transformação da reflexão filosófica da tradição ocidental? No seu caso, como é que o budismo influenciou o estilo de filosofia que pratica?

Conhecer as filosofias orientais – muito diversas entre si – é indispensável para conhecer melhor a própria filosofia ocidental. Por um lado, porque algumas filosofias orientais, como a persa e a indiana, são fruto da mesma matriz linguística e cultural, a indo-europeia, com categorias muito semelhantes às do pensamento ocidental, procedente da submatriz grega do pensamento indoeuropeu. Por outro, porque outras filosofias orientais, como a chinesa e a japonesa, radicam numa matriz linguística e cultural muito distinta, configurando uma heterotopia (Michel Foucault), uma alteridade apenas por contraste com a qual se podem plenamente esclarecer as fundamentais opções que configuraram o destino da filosofia europeia-ocidental e a civilização dela surgida. Não é possível compreender a Europa e a filosofia ocidental sem as confrontar com o pensamento chinês, como hoje mostra François Jullien. O mesmo se pode dizer, embora de forma mais atenuada, da filosofia persa, indiana e tibetana (a qual, embora procedente de outra matriz linguística, incorporou muitas das categorias indianas). Se bem que ligadas a uma matriz comum, estas filosofias exploraram possibilidades muito diversas daquelas que foram sendo predominantemente privilegiadas pelo pensamento ocidental. Pese o risco de generalizações sempre falaciosas, pode dizer-se que as filosofias orientais privilegiam a experiência directa e pré-conceptual da vida e/ou do fundo indeterminado dos fenómenos, enquanto a filosofia ocidental, sobretudo desde Platão e Aristóteles, optou pela determinação conceptual do mundo com fins político-científicos. Outra grande diferença é o antropocentrismo do pensamento ocidental pós-socrático – raiz da actual crise ecológica e da devastação da Terra e dos seres vivos – perante a tendencial empatia cósmica do pensamento oriental com todas as formas de vida, vistas como iguais no seu fundo comum. Seja como for, as tradições são sempre muito mais interligadas do que as histórias da filosofia nos levam a crer. Não há culturas, mas sim entre-culturas… [+]

Entrevista: “¿Qué pasa con este pueblo?: Emil Ciorán”

TRAS LA COLA DE LA RATA publicará en tres entregas la última entrevista a Emil Ciorán realizada por Vasile Andru (2). Traducida, comentada y adaptada  del  rumano al español por Miguel Ángel  Gómez  Mendoza*.

*Profesor  titular  de  la  Facultad  de  Ciencias  de  la Educación – Universidad Tecnológica de Pereira (Colombia)

Ceicupoporulăsta?” última interview a Emil Cioran En: http://convorbiri-literare.ro/?p=4461 Consulta 31-10-2015) En: Revista Convorbiri literare, nr 5/ 15 de junio  de 2015. Entrevista con Vasile Andru. Emil Cioran murió en Paris el 20 de junio  de 1995.

*

Me encuentro en la vivienda del filósofo, en París, en la Calle Odeon. Tuve la dirección gracias a Monica Lovinescu (3). Es septiembre de 1991.

Le  digo al maestro que en  Rumania es el “Año Emil  Cioran”, el  año de la recuperación de sus libros, de su prestigio. Se sorprende. No se entusiasma mucho.

Le comento: el miércoles me encontré con Virgil  Ierunca (4). Hablamos sobre la inexistencia de la literatura rumana en Occidente. ¡Alguna vez nos armábamos de valor diciendo que los países pequeños apuntan por la oportunidad cultural! Y no por aquella económica, y tampoco por la política, pero pueden tenerla por la del espíritu.  ¡Cómo si esto  fuera  simple!  Somos anónimos del  planeta. Los escritores del exilio no son conocidos. Constatación triste,  realista. Petru Dumitru (5) –c’est fini. Vintilă  Horia (6) –olvidado después de su momento de  gloria. Paul Goma (7) publicó once libros en Francia,  pero no es conocido por  los franceses. Le pregunté a Virgil Ierunca: ¿Por  qué  sucede así? Virgiel  Ierunca me  respondió “El  único  escritor rumano contemporáneo conocido en  el  mundo es Emil  Cioran. Es  popular, es clásico, aparece citado hasta en las revistas de moda, ¡quiere decir que llegó a este estadio de recepción pública!  Es el escritor  rumano que tuvo éxito.

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Emil  Cioran: ¿Tuve  éxito?  (Silencio, sonrisas) Escribí  poco. No me  involucré en política. Ni en política  literaria.  La política es un asunto de temperamento. Viví por fuera. No me involucré en nada, en grupos, en nada… [+]

Segunda parte

Tercera parte

Entrevista: Fernando Klabin e a tradução do romeno

EMCioranbr – Você é um brasileiro fluente em romeno, tradutor juramentado e tudo mais. Isso não é muito comum. Permita-me perguntar: como “chegou” à Romênia, à língua romena. Como se deu esse encontro?

FK – Na verdade, mais correto seria dizer que a Romênia “chegou” até mim, abraçando-me numa espécie de acidente de percurso. Devido a minhas próprias raízes, sempre tive uma curiosidade acentuada pelo Leste Europeu, mas jamais imaginei que um dia despencaria e, mais, permaneceria na Romênia – país que, até minha primeira visita em 1996, só conhecia através da minha coleção de selos. Em seguida, devido a um de certa forma misterioso “parentesco” difícil de explicar entre as mentalidades brasileira e romena, absorver a língua e adentrar na cultura local foi e tem sido um processo tão prazeroso quanto irreprimível.

EMCioranbr – Quanto a Cioran, especificamente, como surgiu a ideia de traduzir “Nos cumes do desespero”? Foi sua a iniciativa? Você tem algum trabalho voltado especificamente à obra de Cioran?

FK – Ainda em São Paulo, minha primeira leitura de Cioran – o “Breviário de Decomposição”, traduzido pelo filósofo José Thomaz Brum e publicado pela Rocco – impressionou-me profundamente. De modo que, tão logo me vi em sua terra natal, apressei-me em ler, no ano 2000, no original romeno, seu primeiro livro, “Nos cumes do desespero”. Meu interesse pelo filósofo aumentou e, à medida em que o conhecimento da língua me permitia, passei à leitura do resto de suas obras escritas em romeno, almejando um dia poder traduzi-las para o português, tendo em vista ademais que, no Brasil, só suas obras francesas têm sido promovidas. Foi há pouco tempo que encontrei na editora Hedra acolhida generosa para publicar “Nos cumes do desespero”, aonde quase literalmente chegamos durante uma difícílima negociação relacionada aos direitos de autor. Tenho muita vontade de traduzir as outras obras romenas de Cioran, embora não haja ainda um sinal concreto de qualquer editora interessada.

EMCioranbr – Paulo Bezerra, que traduziu Dostoievski, disse que o ofício do tradutor envolve muita inventividade, tanto quanto para criar. Você traduziu As seis doenças do espírito contemporâneo, do filósofo e amigo de Cioran, Constantin Noica. “Nos cumes…” parece um livro muito diferente, em forma e conteúdo, daquele de Noica. Como foi traduzir Cioran do romeno para o português? O estilo, o tom, o ritmo, tudo isso é difícil de ser preservado no nosso idioma?

FK – A tradução é sempre, mais ou menos, uma doce traição. E, desde o início, é necessário assumir uma determinada abordagem, que inevitavelmente vai sempre favorecer algo em detrimento de outra coisa. A minha abordagem, no caso de textos filosóficos, é a de procurar interferir o mínimo possível. Quero acreditar que as surpreendentes semelhanças entre o romeno e o português permitam, até certo ponto, essa transposição quase direta em certos trechos. Noica me parece mais apolíneo diante do dionisíaco Cioran, traduzi-los foram experiências muito diferentes entre si, mesmo porque meu domínio da língua e da cultura romenas se aprofundaram nos mais de 10 anos que separam ambas as traduções. Acredito que manter o fraseado e o estilo de Cioran quase que por meio de uma transposição, como se  um espelho brasileiro refletisse o livro romeno, favoreça a manutenção das idéias do autor, ajudando o leitor a apreendê-las – talvez mais cruas e rígidas, porém mais autênticas.

EMCioranbr – O que haveria de especificamente romeno, em termos de linguagem (estilo, construções semânticas, etc.), em “Nos Cumes…”, em contraste com a escritura francesa de Cioran?

FK – O francês é uma língua de elegância e sonoridade tais, que até as imprecações soam como um elogio. Ao meu ver, Cioran fez extremo bom uso da plasticidade da língua francesa, nela revestindo, com ainda mais charme e sedução, sua torrente de idéias. É necessário lembrar que justamente suas primeiras obras foram escritas em romeno e que, mesmo que Cioran continuasse filosofando em romeno, haveria um inevitável contraste entre sua escrita de juventude e sua escrita madura. Suas obras juvenis, de qualquer modo, chamam a atenção, para além dos temas incandescentemente abordados, pelo estilo distinto que a língua romena imprime ao discurso e pela identificação das idéias embrionárias que, mais tarde, Cioran revisitará e desenvolverá, com reconhecida maestria, favorecido pela dimensão artística e mesmo histriônica do idioma francês.

EMCioranbr: Por mais que o livro não permita adivinhar por si só, pelo seu teor introspectivo, “Nos cumes do desespero” é contemporâneo de um drama coletivo e político, a saber, a agonia de uma Romênia entre guerras lutando por sua independência. Mais ou menos na mesma época, o autor de “Nos Cumes…” publicaria um libelo político, Schimbarea la faţǎ a României (“Transfiguração da Romênia”), que se tornaria, para a posteridade, o registro inglório dos excessos e delírios totalitários de um jovem Cioran. É possível traçar paralelos entre Pe Culmile Disperǎrii e Schimbarea la faţǎ a României?

FK – Acredito que o próprio Cioran possa nos oferecer elementos para uma resposta. Num breve prefácio de 1990 à edição romena de “A Transfiguração da Romênia”, o autor diz ter escrito “estas divagações em 1935-36, aos 24 anos, com paixão e orgulho. De tudo o que publiquei em romeno e francês, este texto é talvez o mais apaixonado e ao mesmo tempo o que me é mais alheio. Não me reencontro nele, embora pareça-me evidente a presença da minha histeria de então. Julguei ser minha obrigação suprimir algumas páginas pretensiosas e estúpidas.” Num prefácio à edição francesa de “Nos cumes do desespero”, Cioran confessa ter escapado do suicídio ao escrever aquele livro durante suas noites insones. Pode-se dizer que, embora abordem temas diferentes, ambas as obras se valem do mesmo motor: aquela rebeldia, aquele excesso juvenis que, com o tempo, Cioran contemporiza na elegância da língua francesa e na lucidez de uma ironia impossivelmente ácida – onde a mera provocação transcende para acusar Deus e a humanidade de uma culpa da qual não conseguimos nos livrar.

EMCioranbr –  Uma anotação extraída dos Cahiers traz uma lembrança de vocábulos romenos que teriam guardado, para Cioran, depois de anos, um significado pessoal profundo. Diz ele: “Do meu país eu herdei o niilismo inato, seu traço fundamental, sua única originalidade. Zădărnicie, nimicnicie – essas palavras extraordinárias, não, essas não são palavras, são a realidade do nosso sangue, do meu sangue.” Cioran costuma se referir aos romenos como um povo fatalista, desenganado, conformista, passivo, cético em relação ao destino… Poderia nos dizer o que significam zădărnicie e nimicnicie? Qual é, de fato, a relevância destes termos no imaginário coletivo romeno? De resto, em que medida essa representação que Cioran faz dos romenos não é uma idealização subjetiva e caricatural que revela mais sobre ele que sobre os romenos de modo geral?

FK – Quero acreditar que, ao evocar esses dois termos, de certo modo eruditos no idioma romeno, e que significam vaidade – no sentido do Eclesiastes – e  insignificância, Cioran faz menção a uma profunda sabedoria que o povo romeno desenvolveu ao longo dos séculos, e que o transformou, como bem diz, num povo fatalista, desenganado, conformista, passivo, cético em relação ao destino. Essa experiência secular foi a de ser invadido ou subjugado pelos mais variados povos. E a reação romena foi resumida num provérbio freqüentemente repetido: cabeça baixa, espada não corta.

EMCioranbr – Por fim, podemos esperar, no futuro, novas traduções de livros romenos de Cioran?

FK – A depender dos meus esforços, sem dúvida que sim. E espero que um mais aprofundado conhecimento de Cioran por parte do leitor brasileiro abra as portas na direção de outros autores romenos tão importantes quanto ele, mas que não gozaram da mesma projeção internacional, sobretudo por terem permanecido na Romênia.

Entrevista a M. Liliana Herrera: la recepción de Cioran en Colombia y otros temas [Esp]

M. Liliana Herrera Alzate cursó sus estudios de Maestría  (1.989) y Doctorado en Filosofía en la Pontificia Universidad Javeriana (Bogota, 2001). Profesora titular en la Universidad Tecnológica de Pereira. Entre sus libros publicados figuran: Cioran: aproximaciones (1994); Cioran, lo voluptuoso lo insoluble (2003); Cioran, ensayos críticos (Traductora y compiladora con A. Abad T., 2008). Cioran en perspectivas (en coautoría con A. Abad T., 2009);  Compilación: Encuentro Internacional  Emil Cioran 2008-2011 (en coautoría con Alfredo Abad T, 2012); En torno a Cioran,  Nuevos ensayos y perspectivas (2014; segundo volumen de las ponencias presentadas en las ediciones 2012, 2013 de dicho Encuentro). Ha publicado además diferentes ensayos sobre temas filosóficos y literarios en revistas nacionales e internacionales. Es la gestora y directora del Encuentro Internacional Emil Cioran, realizado en la Universidad Tecnológica de Pereira. 

EMCioran/Br: Estimada profesora Liliana Herrera, inicialmente me gustaría agradecerle, en nombre del Portal E.M. Cioran/Br y sus visitantes, lectores de Cioran, por la generosidad de concedernos esta entrevista. Es un honor y un privilegio acceder a la perspectiva personal y crítica de una especialista en este autor que es un interés común de todos nosotros.
En primer lugar, no se podría dejar de mencionar el Encuentro Internacional Emil Cioran que se realiza anualmente en la ciudad colombiana de Pereira, que ha alcanzado su séptima edición en 2014 y del cual usted es la gestora. Se trata efectivamente de un exitoso encuentro y uno de los pocos eventos académicos regulares en todo el mundo dedicado a discutir y divulgar la obra del pensador rumano. ¿Puede contarnos cómo surgió el Encuentro Internacional Emil Cioran?¿Cómo ha sido posible realizar y mantener un evento académico sobre un pensador tan marginal y además tan anti-académico como Cioran? ¿En su opinión, qué ha cambiado desde la primera edición? ¿Qué espera usted del futuro del Encuentro Internacional Emil Cioran?

M.L.H.A.: El Encuentro Internacional se originó en un Proyecto que el grupo de Investigación en Filosofía Contemporánea que yo dirijo presentó a la Universidad Tecnológica de Pereira. Con el profesor Alfredo Abad, desarrollamos el tema, y uno de sus resultados fue este evento. La primera edición del Encuentro se realizó en octubre del año 2007. El invitado internacional en esa ocasión fue el profesor Ger Groot de la Universidad de Rotterdam.  Las primeras ediciones del evento, inicialmente,  giraron en torno al pensamiento de Cioran y a las relaciones filosofía-literatura, línea en la que bien puede ubicarse la obra de Cioran. Los objetivos, pues, eran tres: dar a conocer a la comunidad filosófica y literaria de nuestro país los  trabajos que sobre el autor rumano francés estaban realizando los especialistas cioranianos, principalmente rumanos, franceses y españoles. Segundo, divulgar la cultura rumana que en nuestro medio es casi desconocida. Finalmente, plantear algunas  cuestiones más amplias concernientes a la discusión filosofía y literatura, tema que viene ganando terreno académico dentro de la comunidad filosófica y literaria internacional en los últimos años.
Sin embargo, y dadas ciertas  características de nuestra universidad y nuestra región, el Encuentro se empezó a perfilar como un proyecto de mayor envergadura: de ser académico, se ha ido convirtiendo en un proyecto cultural de la Universidad para la ciudad y la región y que está logrando posicionarse a nivel nacional e internacional por ser uno de los pocos que tienen como tema principal a Cioran (aparte, claro está, del Coloquio Internacional Emil Cioran que se realiza anualmente en Sibiu, Rumania).
Pero nuestro evento ha tenido desde sus inicios características específicas que lo diferencian del que  se realiza en Sibiu y que está dirigido a los especialistas. No es una réplica suya y no puede serlo. En resumen: debido al creciente interés que en nuestro evento ha mostrado el público regional y nacional, hemos ampliado los tres objetivos mencionados antes: respecto al primero, estamos promoviendo  el pensamiento de Cioran y los estudios que sobre él se están desarrollando entre un público no sólo universitario que se desenvuelve en el campo de la filosofía y de la literatura, sino entre uno mucho más amplio  que incluye estudiantes de educación media, además de otro público que lleva a cabo su actividad intelectual en privado, al margen de la universidad o entre los reducidos círculos intelectuales más o menos conocidos en nuestra ciudad. Esto explica que nuestro coloquio sea itinerante: en las siete ediciones del evento, las conferencias de nuestros invitados internacionales se han dictado no sólo en la Universidad Tecnológica de Pereira sino también en otras universidades de la región, en Salas Culturales, en un colegio público de educación media, y en pequeñas ciudades cercanas a Pereira. El público, pues es muy heterogéneo. El objetivo  acerca de  dar a conocer la cultura rumana (mitos, historia, escritores, música) se ha mantenido. Finalmente, hemos ampliado las temáticas concernientes a las relaciones filosofía-literatura-arte y sociedad que incluyen problemáticas de actualidad. De esta manera, nuestro público, filosófico, estudiantil o sencillamente lector, puede escuchar o leer en las Memorias que hemos publicado,  temas relativos a estos ámbitos.

EMCioran/Br:¿Qué puede decirnos sobre la recepción de Cioran y el alcance de su obra en Colombia? ¿Cuándo empezó a ser leído, y por quienes? ¿Se puede decir que existe allá una tradición de estudios críticos sobre el pensador rumano? En Brasil, él es en gran medida rechazado por los intelectuales y los medios académicos, los cuales se rehúsan a reconocer la seriedad y al la consistencia filosófica de su pensamiento; es además muy poco leído por el gran público, la mayoría de las veces de manera superficial y abusivamente vinculado a Nietzsche, como si el rumano no fuera sino un continuador de la filosofía nietzscheana (tesis sostenida por Susan Sontag, por ejemplo); también suele ser frecuentemente utilizado por cierta militancia ateística cientificista como argumento de autoridad para darle peso a su causa ideológica, lo que resulta ignorar la profunda dimensión mística y metafísica entrañada en el pensamiento cioraniano. ¿Suele suceder lo mismo en Colombia?

M.L.H.A.: Sí. La historia de la recepción de la obra de Cioran en Colombia ha sido más o menos la misma que la de Brasil. Cioran se empezó a conocer hacia finales de los años 70. Eran pocos los libros en español que llegaban al país en esa época. Fue leído inicialmente por un pequeño círculo de intelectuales críticos de la academia, aunque algunos vinculados a ella. Las lecturas sobre el pensador  que se llevaban a cabo estaban influenciadas por las de los poetas malditos o cierta literatura pesimista. Un poco más tarde, los comentarios que se podían encontrar sobre Cioran lo vincularon abiertamente a Nietzsche y a una posición ateísta que niega o ignora, como bien lo dice usted, la dimensión mística, religiosa pero combativa (más allá y sobre cualquier institución de esa índole) del pensamiento cioraniano. Esta imagen fue promovida incluso por profesores universitarios de tendencia nietzscheana hacia finales de los años 80. Pero, respecto a la academia en general, el autor era casi desconocido en el medio; y aquellos que tenían noticias superficiales de él lo rechazaron. De alguna manera, este rechazo subsiste pero en una medida menos intensa. A partir de la década del dos mil, Cioran ha sido más conocido dentro del ambiente intelectual universitario y extraacadémico. Desde el 2007, estamos aportando a las universidades y bibliotecas del país una bibliografía cioraniana a la que no se tenía acceso y  que consiste en publicaciones de traducciones de algunos trabajos realizados por especialistas extranjeros y otros consignados en las Memorias del Encuentro. En el programa de Filosofía de la UTP hemos introducido en varias ocasiones, en la cátedra de Filosofía Contemporánea, un seminario sobre el pensador rumano-francés. Nuestros grupos de investigación, por su parte publican sus trabajos concernientes a algunas problemáticas que la obra presenta. No obstante, Cioran sigue siendo marginal; no es para la gran masa, y esto, de alguna manera, es un alivio.

EMCioran/Br:A Cioran le gustaba definirse como un “pensador privado”. Su obra no está hecha para las masas, para uso público de las colectividades, sino que es una obra intimista y profundamente personal, dirigida a las consciencias individuales. En el documental Apocalipsa dupa Cioran (“El Apocalipsis según Cioran”) se refieren a él como ein Geheimtipp für Kenner, es decir, “una indicación secreta para conocedores”. Dicho esto, una cuestión altamente interesante sería particularmente su relación intelectual con Cioran: ¿cuándo y cómo ha conocido su obra? ¿Qué le ha atraído en él, en su pensamiento? Sus estudios académicos se han centrado en la obra cioraniana, y además su maestría y su doctorado fueron dedicados a la investigación del pensamiento de Cioran, de los cuales resultaron dos libros sobre él. ¿Qué significa Cioran para usted?

M.L.H.A.: El hecho de que sea un pensador privado del que no se podría hacer uso colectivo y que no podría ser vinculado o utilizado por ninguna clase de ideología ya que la misma naturaleza de la obra lo impide, es lo que la protege de la trivialización de las modas literarias o de sectas de adeptos. Obviamente, hay lectores que utilizan dos o tres aforismos o algunos títulos para apoyar posturas intelectuales o éticamente irresponsables. Pero no dejan de ser casos intrascendentes. Acertadamente lo afirma usted: Cioran logra tener un lugar privilegiado en las conciencias individuales, en la intimidad y sensibilidad  de una  existencia. Leí a Cioran por primera vez cuando cursaba mis estudios de pregrado en filosofía. Usted conoce bien esa experiencia: el impacto, la sorpresa, la aprobación inmediata de sus afirmaciones, y quizá el consuelo esencial que es su obra para el alma. Cioran dice (y lo corroboró en una entrevista) las cosas que todo hombre más o menos lúcido o realista (en un sentido existencial) siente pero que no se atreve a expresar porque no tiene las palabras, el talento o la valentía para hacerlo. Y esto explica -sin necesidad de ir más lejos en busca de argumentos o explicaciones- la importancia que en la vida personal adquiere una obra como la de Cioran. Realicé mi trabajo de grado principalmente sobre dos temas: el suicidio y la crítica a la filosofía. Mi trabajo de maestría tuvo otro rumbo, pero en el de doctorado volví a retomar su obra. Debo aclarar que aún en ese momento en Colombia no había acceso a los estudios que sobre él  se venían realizando en Europa Central o Europa del Este. Así que mis  trabajos fueron  en gran medida intuitivos. No me considero especialista en Cioran, y aunque me considerara, en realidad no lo soy. Más bien soy una divulgadora de su obra. Creo que tiene razón en su crítica sobre la historia y la condición humanas. Su humor negro, hereje, es un bálsamo. Jaspers dijo que algunas seres son la “excepción”; nosotros no lo somos ni podríamos intentar imitar “la excepción”. Pero sí es posible establecer (utilizando otros términos de Jaspers)  una especie de “comunicación amorosa” con aquellos que lo son, y a su lado buscar el propio camino hacia sí mismo.

EMCioran/Br: Como se sabe por una entrevista al periódico colombiano El espectador, usted es una de las personas que han tenido el privilegio de tener correspondencia con el pensador rumano. ¿Cómo empezó ese intercambio epistolar? ¿Qué paralelos se podría establecer entre el autor de los libros que leemos y el interlocutor epistolar? ¿El Cioran de las cartas es distinto del Cioran escritor?

M.L.H.A.: Tengo entendido que él sostuvo correspondencia con  una buena cantidad de personas. Efectivamente, para mí, fue un privilegio. Cuando inicié mi trabajo de pregrado se me ocurrió escribirle una carta a la casa Gallimard. Y con gran sorpresa recibí una respuesta. El intercambio epistolar fue esporádico,  pero transcurrió en un lapso de 10 años. Se sabe que uno de los autores que han unido vida y obra es Cioran. En las cartas conserva el mismo “tono” que muestra en los libros. Por supuesto, son cartas breves,  personales donde no se desarrolla ningún tema. Pero uno tiene la certeza que está frente al mismo temperamento, al mismo sentimiento de la existencia al mismo talento que exhibe en sus libros. Sin embargo, en las cartas se evidencia claramente a un ser de gran amabilidad y calidez.

EMCioran/Br: La continuidad y la discontinuidad entre la obra rumana y la obra francesa de Cioran suele ser muy discutidas. ¿Qué relación ve usted entre sus escritos de juventud en Rumania y sus escritos de madurez en Francia? ¿Es justo hablar de una ruptura entre los dos periodos, o sería razonable relativizar dicha ruptura?

M.L.H.A.: La relativización es la opción correcta. Hay continuidades y discontinuidades temáticas y estilísticas. No obstante existe un “fondo idéntico”. Me refiero con esto al espíritu que anima los dos momentos de la obra: el escepticismo a pesar de ciertas veleidades juveniles, la lucha con Dios que sólo pudo atenuar el cansancio que traen los años, un estilo escritural intenso y apasionado, depurado por la disciplina que le impuso otra lengua…en fin.  Uno de los estudios que profundiza este tema es el del rumano Ciprian Valcan y que, a mi juicio, es de obligada lectura para los estudiosos cioranianos.

EMCioran/Br: Es razonable decir que el siglo veinte no ha conocido ninguna figura intelectual más controvertida, más indefinible, más enigmática que Cioran. Además es un pensador muy reciente cuya tradición crítica no está todavía establecida, consolidada; a cada año se descubren nuevos datos y se revelan informaciones inéditas sobre él, incluso libros que él escribió pero no publicó mientras vivió (como Razne, publicado recientemente en Rumania). La cantidad de interpretaciones distintas de Cioran es proporcional a la cantidad de sus intérpretes. Como Nietzsche en el siglo diecinueve, Cioran es un autor extemporáneo en el siglo veinte. ¿Qué piensa usted sobre el futuro de la crítica cioraniana en el mundo? ¿Le parece que Cioran va a ser más bien acogido por las generaciones futuras, académicas y extra-académicas?

M.L.H.A.: Cioran fue un visionario; una especie de H. G. Wells (aunque sé muy bien que puede parecer absurda la comparación…). Los cioranianos seguirán escribiendo; la obra de Cioran, por ser auténtica, sincera, podrá perdurar;  y el mundo seguirá su destino implacable.

EMCioran/Br:Para concluir: ¿hay un libro de Cioran que sea especialmente significativo para usted, o más de uno? Lo mismo con los aforismos cioranianos…

M.L.H.A.: Uno de los libros que permite acercarse a su pensamiento en contexto es el de “Entretiens”, y es una buena iniciación para todo aquél que quiera empezar  a estudiarlo con seriedad. Como uno de los temas que más me ha inquietado de Cioran es el de su atormentada religiosidad, me interesan mucho los libros de la época rumana. Además, el aliento poético que tienen los hacen más apasionados, más dramáticos (por ejemplo, los textos que se pueden llamar oraciones blasfemas). Pero es difícil hablar de uno o dos libros o aforismos preferidos. En este caso, no se puede elegir, salvo por las problemáticas que sean de interés del estudioso.

EMCioran/Br: Profesora M. Liliana, le agradezco una vez más, en nombre de los lectores de Cioran, por la generosidad de darnos esta entrevista.

© Portal EMCioran/Br; M. Liliana Herrera A.
São Paulo – Pereira, 24/11/2014