Cioran agota su propia especie (25/06/1995)

La muerte es lo sublime al alcance de cualquiera , hab√≠a escrito Emile Cioran, pensador rumano que muri√≥ el pasado martes en Par√≠s, a los 84 a√Īos.

EL TIEMPO, 25 de junio de 1995, 05:00 am

La desaparici√≥n de Cioran vuelve a poner de relieve una de las obras m√°s enigm√°ticas y personales del siglo XX. Una obra que, sin embargo, lleg√≥ tarde al mundo hisp√°nico concretamente a principios de los a√Īos 70, cuando el joven fil√≥sofo espa√Īol Fernando Savater empez√≥ a escribir sobre ella y a divulgarla. EL TIEMPO habl√≥ con Fernando Savater desde Par√≠s, acerca del pensador rumano.

¬†Qu√© nos deja Cioran tras su muerte? Nos deja un pu√Īado de libros que cuentan con una de las prosas m√°s espl√©ndidas y conmovedoras de nuestro siglo. Una obra s√≥lo comparable a la de creadores como Elias Canetti, y cuatro o cinco privilegiados m√°s. Cioran es uno de los m√°s grandes escritores del siglo.
Usted lo clasifica como escritor, fil√≥sofo, pensador…? Fil√≥sofo no, porque fil√≥sofo tiene un toque acad√©mico, premioso e indagatorio que no le corresponde a Cioran. El fue m√°s bien un escritor en el sentido amplio del t√©rmino. Un moralista y un pensador. Un esp√≠ritu del estilo de Montaigne, de Chanford, de Lichtenberg y… en nuestro siglo, repito, Elias Canetti.

Por qu√© Cioran lleg√≥ tan tarde a Espa√Īa? En los a√Īos 70, cuando yo empec√© a escribir sobre Cioran, la verdad es que en Espa√Īa faltaban muchos autores. No s√≥lo √©l, muchos. Cioran fue siempre un escritor singular y, en aquella √©poca, los intelectuales progresistas s√≥lo se interesaban en los escritores que ten√≠an un contenido pol√≠tico. Por eso, de parte incluso de quienes se sal√≠an de las normas del r√©gimen de Franco, era dif√≠cil que Cioran llegara a conocerse. Y del otro lado, del de la cultura oficial, pues ah√≠ s√≠ que menos, porque la dictadura evitaba con mucha asepsia cualquier pensamiento como el de √©l, es decir negativo y de poco consuelo religioso. As√≠ que, por los dos lados, Cioran era considerado un intempestivo, de ah√≠ el retraso con que lleg√≥, si se tiene en cuenta que √©l comenz√≥ a escribir en los a√Īos 40, poco despu√©s de que fijara su residencia en Par√≠s.

El pensamiento de Cioran es negativo, pesimista, c√≥mo ve√≠a √©l su propia muerte? Hay muchas reflexiones sobre la muerte en su obra, y siempre que uno reflexiona sobre la muerte, reflexiona sobre la propia muerte. Cioran es un pensador de la fragilidad, de la transitoriedad de lo humano y, obvio, era muy consciente de su muerte… Quiz√° no como algo fatal.

Qué libros de Cioran daría usted a alguien que comienza a leerlo ahora? Lo característico de un pensador como Cioran es que sus libros, su mensaje, es algo sencillo. Esa fragilidad, ese inconveniente de haber nacido , tal como tituló uno de sus libros, está en toda su obra. No es un autor acumulativo, que va cambiando de pensamiento, sino que más bien va modulando siempre un mismo tema. De cualquier modo, libros como El inconveniente de haber nacido, La tentación de existir e Historia y utopía, son sin duda sus grandes obras.

Se considera usted discípulo de Cioran? Antes que nada yo me considero un buen amigo de Cioran. Un amigo al que admiré mucho. Admiré su estilo, su fuerza, su humor, la ternura especial y acogedora de su carácter. Soy su discípulo en la medida en que le debo muchas reflexiones, muchos momentos de iluminación.

En lo personal, c√≥mo era el trato con Cioran? Yo subrayar√≠a, sobre todo, algo que va a sorprender a sus lectores superficiales o accidentales. Estos sin duda lo imaginaban como una persona de talante l√ļgubre, negativo, hura√Īo, hostil… Y en realidad, Cioran era una persona sumamente acogedora, amable, preocupada por sus amigos hasta extremos verdaderamente rid√≠culos, tiernamente rid√≠culos. Era un hombre que, adem√°s, daba muy buenos consejos pr√°cticos, o sea que su forma de ser chocaba un poco con la imagen nihilista, pesimista que se desprend√≠a de su obra.

Tiene Cioran alg√ļn contacto con la religi√≥n? No. El se preocup√≥ por temas por los que tambi√©n se preocup√≥ la religi√≥n. Es decir las postrimer√≠as, la muerte, el sentido de la vida y del dolor, etc. Temas que la religi√≥n tambi√©n trata. Pero no, Cioran no era un hombre religioso.

El misterio de Cioran, de su vida, se extiende tambi√©n a su obra, una obra tan personal que no puede agruparse con otra en el siglo XX. Por qu√©? Porque Cioran es un caso verdaderamente singular del pensamiento… Puede decirse que es un pensador sin sistema filos√≥fico en la medida en que cada aforismo suyo penetra hasta el fondo, no necesita un sost√©n te√≥rico. Sus ideas nacen de una observaci√≥n profunda, aguda y solitaria de la realidad y de la vida, no del estudio y la interpretaci√≥n de la filosof√≠a pasada. Por eso no encaja en ninguna escuela o corriente de pensamiento. Tiene conexiones, claro. Fue amigo de Samuel Beckett, de Henri Micheaux, de Paul Cel√°n, de Ionesco y Mircea Eliade. En fin, tiene conexiones con pensadores, pero √©l pertenece a una estirpe √ļnica. Como los √°ngeles, Cioran agota su propia especie.

An√ļncios

Cioran y Dios, juntos en las librer√≠as (El Pa√≠s)

Se publica la versi√≥n √≠ntegra en espa√Īol de ‚ÄėL√°grimas y santos‚Äô, el gran libro del escritor y pensador rumano sobre la religi√≥n

Borja Hermoso, El Pais, Madrid, 1 septiembre, 2017 [fuente]

Hay que ser un cl√°sico en vida para poder conservar de forma permanente e ilimitada el esp√≠ritu de la contradicci√≥n y, al tiempo, ser capaz de tejer una obra no solo de una profunda belleza, sino tambi√©n de una perenne coherencia dentro del caos. Es, entre otros muchos rasgos, lo que enmarc√≥ al personaje y la obra de¬†Emil Cioran¬†(RńÉ»ôinari, Ruman√≠a, 1911-Par√≠s, 1995).

Un pensador tan atormentado como sarc√°stico y un escritor tan capaz de lo profundo como de lo a√©reo: cuesti√≥n de fondo y forma, cuesti√≥n de sabidur√≠a y de estilo en la aproximaci√≥n a las cuestiones b√°sicas de la existencia, incluido Dios ya sea como verdad, como duda o como mentira. La publicaci√≥n por vez primera en espa√Īol de la versi√≥n √≠ntegra y directamente traducida del rumano de¬†L√°grimas y santos¬†(Hermida Editores),¬†el gran libro religioso de Cioran, es una de las grandes noticias de este regreso al nuevo curso para los lectores en general y para los enemigos de las inamovibles certezas en particular.

La traducci√≥n de este libro inc√≥modo y digamos no excesivamente f√°cil (r√≠spido de verdad en algunos tramos) corre a cargo del argentino afincado desde hace m√°s de 30 a√Īos en Espa√Īa¬†Christian Santacroce. Lo menos que puede decirse es que sabe de lo que habla. Hace ya muchos a√Īos que Santacroce ley√≥ en la Universidad de Salamanca su tesis sobre la dimensi√≥n religiosa de la obra de Emil Cioran. El presidente de aquel tribunal calificador es la persona que m√°s y mejor ha conocido e interpretado no solo los escritos del Cioran, sino al propio autor:¬†Fernando Savater,¬†que resume as√≠ en tres l√≠neas el vaiv√©n conceptual del escritor y la cuesti√≥n que aqu√≠ importa: ‚ÄúCioran fue siempre un pensador religioso‚Ķ lo que pasa es que es un religioso contrariado. Nunca le perdon√≥ a Dios que no existiera‚ÄĚ.

Savater aparca las correcciones de su art√≠culo del fin de semana y regresa ‚Äďeterno retorno- a Cioran con motivo de¬†L√°grimas y santos, un abrumador ejercicio filos√≥fico sobre lo trascendente y alrededores: ‚ÄúEl tema de lo trascendente, de lo absoluto, etc√©tera, es su tema prioritario, sin duda. En un momento dado, Cioran se da cuenta de que ha perdido la vieja relaci√≥n que ten√≠a de joven con la religi√≥n, y ya no sabe c√≥mo compensarlo. De joven fue alguien con una fe ciega en lo absoluto, y por eso se acerc√≥ no solo a Dios sino a movimientos que persegu√≠an ese ideal absoluto como la¬†Guardia de Hierro,¬†primero, y los nazis despu√©s: porque ten√≠a ese af√°n de algo definitivo, y porque fuera de eso todo le resultaba tambaleante, p√ļtrido‚ÄĚ.

En este libro, Cioran, hijo de un sacerdote ortodoxo rumano y lector compulsivo de Nietschze, de Schopenhauer y de Kant, da rienda suelta a sus devaneos a veces conmovedores y a veces terribles, en torno a Dios, Jesucristo, los santos y la experiencia m√≠stica (que dice haber probado en sus largas noches de insomnio). Cioran escribe¬†L√°grimas y santos¬†en rumano entre 1936 y 1937, mientras era profesor de Filosof√≠a y L√≥gica en un instituto de la ciudad de Brasov, y publica el libro en 1937, a√Īo en el que abandonar√≠a Ruman√≠a para establecerse en Par√≠s. Llevaba m√°s de un a√Īo sumergido en la lectura de Shakespeare, de la vida de los santos ‚Äďa quienes parece aborrecer- y de m√≠sticos como Santa Teresa de √Āvila o San Juan de la Cruz ‚Äďa quienes confiesa adorar-. Ten√≠a 25 a√Īos y era una peque√Īa celebridad, pues ya hab√≠a publicado t√≠tulos que siguen siendo esenciales en su obra como¬†En las cimas de la desesperaci√≥n¬†o¬†El libro de las quimeras. La publicaci√≥n del libro solo le trajo problemas personales: su familia se aparta de √©l, y uno de sus mejores amigos, el tambi√©n escritor¬†Mircea Eliade, le ataca con dureza.

‚ÄúLa vida no es sino una constante crisis religiosa, superficial en los creyentes, perturbadora en los que dudan‚ÄĚ, escribe Cioran, que persigue en teor√≠a el ideal de santidad (‚Äú¬Ņllegar√© alg√ļn d√≠a a ser tan puro que no pueda reflejarme sino en las l√°grimas de los santos?‚ÄĚ) pero que en la pr√°ctica no soporta a estos enviados especiales de Dios: ‚ÄúTodo habr√≠a sido mejor sin los santos. Nos habr√≠amos ocupado cada quien de lo suyo y estar√≠amos contentos con nuestras imperfecciones. Su presencia, en cambio, provoca complejos de inferioridad, desprecio y envidias in√ļtiles. El mundo de los santos es un veneno celestial‚ÄĚ.

En opini√≥n de Christian Santacroce, traductor de la obra, ‚Äúla visi√≥n de Cioran de la existencia y todo lo que √©l expresa en torno a ella viene de un sentimiento religioso, aunque continuamente parad√≥jico. Su sentimiento de la existencia est√° constantemente saltando de un polo a otro, de la negaci√≥n a la afirmaci√≥n‚Ķ puede que fuera una persona religiosa a pesar de s√≠ mismo‚ÄĚ.

La edici√≥n de¬†L√°grimas y santos¬†que el pr√≥ximo lunes llegar√° a las librer√≠as rescata la versi√≥n original e √≠ntegra de la obra. La versi√≥n en espa√Īol que pod√≠a leerse hasta hoy se basaba en una traducci√≥n francesa realizada en los a√Īos 80 a partir de las numerosas amputaciones que el propio Cioran aplic√≥ a su libro. ‚ÄúCort√≥ muchas cosas del escrito original, creo yo, por una especie de reparo hacia el p√ļblico franc√©s‚ÄĚ, explica Santacroce, ‚Äúno cre√≠a que el lector franc√©s fuera a comprender bien ese desgarro de tipo religioso‚ÄĚ.

En su opini√≥n, el Cioran franc√©s no es el rumano: ‚ÄúSe ha estilizado para poder presentarse a su nuevo p√ļblico. Es un autor que utiliza mucho m√°s la iron√≠a y el sarcasmo, pero sobre todo con respecto a s√≠ mismo. Y eso incluye sus reflexiones acerca de la religi√≥n. El Cioran rumano, el de juventud, es mucho m√°s insolente y arrogante, y ese es precisamente el encanto de esa etapa de su obra‚ÄĚ, argumenta el traductor. Y coincide en su visi√≥n de las cosas con Fernando Savater, que matiza: ‚ÄúLo que diferencia a los libros de la primera √©poca de Cioran, los de su etapa rumana, es que son m√°s crudos, m√°s desesperados y sin bromas alrededor‚ÄĚ.

En Cioran, contradicciones y vaivenes conceptuales y filos√≥ficos, todos. Bromas, en efecto, pocas. Sirva como demostraci√≥n este martillazo hacia el mismo Dios que, pocas p√°ginas antes, hab√≠a adorado: ‚ÄúLa creaci√≥n del mundo no tiene otra explicaci√≥n que el temor de Dios a la soledad. En otros t√©rminos, nuestro rol, el de las criaturas, no es otro que¬†distraer¬†al Creador. Pobres bufones del absoluto‚Ķ‚ÄĚ.

“√Č. M. Cioran: la ca√≠da en la palabra” (Juan Manuel Tab√≠o)

Rialta Magazine Literaria, México

Quien visite hoy la regi√≥n de Transilvania tal vez comprobar√° que la trillada mitolog√≠a vamp√≠rica, ausente en cualquier folklore convincente,¬†se debe exclusivamente a las ficciones g√≥ticas y a la industria de Hollywood, pero dif√≠cilmente encontrar√° un panorama radicalmente distinto del que vio nacer, hace ahora cien a√Īos, a √Čmile Cioran: un paisaje de una profundidad abisal (al fondo, los C√°rpatos) en el que parecen disolverse ciudades deprimidas, ubicadas en la periferia de Europa, en el¬†limes¬†dacio de la Historia.

Reacio a aceptar otras determinaciones que no fueran las provenientes de la teolog√≠a o de la biolog√≠a, receloso del libre albedr√≠o (uno de sus reparos de mayor peso contra el existencialismo sartreano), el ap√°trida Cioran nunca dejar√° de reconocer el ascendiente de su suelo natal en la configuraci√≥n de su personalidad y su pensamiento, y agradecer√° al¬†fatum¬†balc√°nico ‚Äďo a sus genes‚Äď el haberle proporcionado en herencia el √°spero ciclo de quiebras que se requiere para forjar una convicci√≥n en la inutilidad esencial de los actos: ‚ÄúFracasar en la vida, esto se olvida con demasiada frecuencia, no es tan f√°cil: se precisa una larga tradici√≥n, un largo entrenamiento, el trabajo de varias generaciones‚ÄĚ.

A trav√©s de¬†una evocaci√≥n aparecida en¬†El Pa√≠s¬†y firmada por su amigo, traductor y antologador Fernando Savater, es posible acceder a la imagen de un Cioran domado por la civilidad parisina, respetuoso de las opiniones ajenas ‚Äďuna virtud, reconoce con acierto Savater, no necesariamente m√°s com√ļn en los esc√©pticos que en los adictos a un dogma‚Äď; de un Cioran risue√Īo que intenta torpemente cocinar unos filetes para convidar a sus hu√©spedes y que se asombra de su favorable acogida entre la izquierda espa√Īola de los setenta. Pero tambi√©n nos pone en guardia, mediante una breve secci√≥n del art√≠culo titulada ‚ÄúLos zarpazos del fil√≥sofo aullador‚ÄĚ en que se reproducen aforismos y se saquean ensayos y entrevistas, contra esa versi√≥n en clave New Age que una tenaz divulgaci√≥n period√≠stica ha terminado por imponer de Cioran ‚Äďtal vez no del todo inocente de su buena prensa‚Äď, y que reduce su pensamiento a un elenco hist√©rico de ‚Äújeremiadas de mal ag√ľero‚ÄĚ y de paneg√≠ricos del suicidio, a un¬†kitsch¬†de autoayuda pesimista (¬Ņm√°s Cioran, menos Prozac?)… [+]

“Regreso a Cioran”, por Fernando Savater

El País, Madrid, 11 mayo 2014

A menudo, cuando deambulo por el Barrio Latino buscando libros que probablemente no tendré tiempo de leer y sobre todo recuerdos, me encuentro casi sin querer recorriendo de nuevo la Rue de l’Odeon donde vivía Cioran. Era mi camino habitual hace más de dos décadas, el primero que tomaba en cuanto llegaba a París. Siempre con un punto de emoción, tímida y alegre, consciente de disfrutar de un privilegio inmerecido, por tanto vulnerable. Y que sabía cada vez más cercano a su fecha de caducidad…

Releo s√≥lo de vez en cuando a Cioran, pero me acuerdo mucho de √©l: sus gestos c√°lidos y admonitorios, su forma de pasarse la mano por el pelo sublevado y teatral, las vacilaciones ir√≥nicas de su voz (cerraba los ojos al buscar la palabra exacta que luego eyaculaba feliz), su risa sin estruendo con la boca abierta, un poco asm√°tica… Todo lo he revivido ahora con mayor intensidad al leer el libro de Gabriel Liiceanu,¬†E. M. Cioran. Itinerarios de una vida¬†(Ediciones del Subsuelo), ilustrado con una colecci√≥n de fotograf√≠as verdaderamente espl√©ndida que van desde la arrogancia de la juventud hasta sus √ļltimos paseos en silla de ruedas en el hospital Broca donde muri√≥. El relato biogr√°fico de Liiceanu es generoso y perspicaz, como corresponde a tan buen conocedor no s√≥lo de la obra sino tambi√©n de la persona del autor, pero adem√°s tiene el inapreciable complemento de la √ļltima y extensa entrevista de Cioran (poco antes de su hundimiento mental definitivo) en la que repasa la trayectoria de sus obsesiones, as√≠ como otra a su perpetua compa√Īera Simone Bou√©, cuya discreta elegancia algunos recordamos no menos que al propio Cioran.

Por lo que yo conoc√≠, ah√≠ est√° el contradictorio y entra√Īable pensador al menos para quien desee saber algo m√°s de lo que sus obras dicen, que es lo que m√°s cuenta. Un Cioran que se quiso descarnadamente l√ļcido pero que fue tambi√©n (¬Ņante todo?) ‚Äúingenuo y sentimental‚ÄĚ, como reza el t√≠tulo del libro de Vartic (Mira ediciones). Quiz√° este esencial Cioran, que George Steiner desde√Īa, es el que m√°s inspir√≥ a los j√≥venes que nos acercamos a √©l, como yo mismo en el remoto¬†Ensayo¬†que le dediqu√© y ahora de nuevo a Alberto Dom√≠nguez, en su¬†Cioran. Manual de antiayuda¬†(Alrev√©s). Este manual es una lectura m√°s refrescante que demoledora, un precipitado de reflexiones inteligentemente truculentas que afortunadamente no carece del oportuno humor que para m√≠ siempre caracteriz√≥ al rumano, demasiado rumano, pero que adem√°s acude sin cesar a otras fuentes literarias que no solo lo complementan sino que tambi√©n lo prolongan y diseminan en lo abierto. Es grato comprobar que aunque mi viejo y admirado amigo se quisiera un maestro de decepciones sigue siendo semillero de b√ļsquedas, de vocaciones nuevas.

Cuenta Liiceanu que ya en su √ļltimo internamiento, cuando apenas pod√≠a andar, Cioran desapareci√≥ un d√≠a de su habitaci√≥n del hospital. Las enfermeras le buscaron por todas partes y finalmente le encontraron dentro del armario de su cuarto. Revel√≥ que ‚Äúestaba extenuado por haber estado pase√°ndose horas enteras, en plena noche y en una ciudad desconocida‚ÄĚ. Tal fue su √ļltima glosa autobiogr√°fica, su reveladora despedida.

“Un refugiado en casa: desaparece el gran te√≥rico del escepticismo” (F√©lix de Az√ļa)

F√©lix de Az√ļa, El Pa√≠s, 21 de junio de 1995

Nada de lo que he ido leyendo de Cioran me ha ilustrado tanto sobre la compleja y delicada trama de su esp√≠ritu como aquella visita, hace m√°s de 20 a√Īos, en compa√Ī√≠a de Fernando Savater. Fuimos a verle a su buhardilla del Barrio Latino -una chambre de bonne de un ascetismo parejo al de Dreyer, pintada de blanco hasta por el suelo y con una estufa de hierro colado en medio de la habitaci√≥n, cierta tarde de febrero o marzo, ya no recuerdo, con un fr√≠o que pelaba. La estufa, que parec√≠a una deidad primitiva y mal√©vola en aquel refugio evidentemente santo, estaba apagada.Savater andaba por entonces traduciendo a Cioran para aquella editorial Taurus dirigida por quien no hab√≠a alcanzado todav√≠a a ennoblecer su sangre, y nadie conoc√≠a al rumano. Recuerdo que en aquellas fechas no muy alejadas de 1970 se hab√≠a producido una tremenda huelga de basureros en Par√≠s y la ciudad estaba cubierta de basura. Las ratas se cruzaban por entre las piernas de los paseantes y un humo excrementicio manaba de las monta√Īas de materia descompuesta. Cada d√≠a, mientras dur√≥ la huelga, Beckett llam√≥ por tel√©fono a Cioran para dar un pase√≠to juntos. “Nunca Par√≠s ha estado m√°s hermoso”, comentaba Beckett con exaltaci√≥n juvenil.

Cioran nos recibi√≥ con una cortes√≠a dieciochesca. Era un caballero entrado en a√Īos (es decir, mi actual edad), de mediana estatura y mirada inquisitiva. Nos sentamos a conversar, y Fernando me present√≥ como un espa√Īol que viv√≠a provisionalmente en Par√≠s. Cioran ya no atendi√≥ a nada m√°s. Me mir√≥ intensamente y comenz√≥ a interesarse por m√≠. “¬ŅCome usted con regularidad?”me pregunt√≥. “¬°Los inviernos de Par√≠s son temibles, pero a√ļn lo son m√°s sus prirnaveras!”. Me observ√≥ de arriba abajo, deteni√©ndose con inter√©s en los zapatos, y a√Īadi√≥: “¬°El fr√≠o h√ļmedo y pegajoso del Sena produce m√°s muertes que la s√≠filis!”. Se levant√≥ presuroso y nos conmin√≥ a seguirle… [+]

Cioran: conversaci√≥n con Fernando Savater

“Creo que la filosof√≠a no es posible m√°s que como fragmento. En forma de explosi√≥n. Ya no es posible ponerse a elaborar capitulo tras capitulo, en forma de tratado. En este sentido, Nietzsche fue sumamente liberador. Fue el quien sabote√≥ el estilo de la filosof√≠a acad√©mica, quien atent√≥¬†contra la idea de sistema. Ha sido liberador porque tras √©l puede decirse cualquier cosa… Ahora todos somos fragmentistas, incluso cuando escribimos libros de apariencia coordinada. Va tambi√©n con nuestro estilo de civilizaci√≥n.”

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Aparecida bajo el t√≠tulo ¬ęEscribir para despertar¬Ľ en el diaro El Pais del d√≠a 23 de octubre de 1977.

Extraído de CIORAN, E. M., Conversaciones.  Trad. de Carlos Manzano. Barcelona, Tusquets (Marginales 146), 1997, ps. 17-26.

Si les comprendo bien, me preguntan ustedes por qu√© no he elegido rotundamente el silencio, en lugar de merodear en tomo a √©l, y me reprochan explayarme en lamentos en lugar de callarme. Para empezar, no todo el mundo tiene la suerte de morir joven. Mi primer libro lo escrib√≠ en rumano a los veinti√ļn anos, prometi√©ndome no volver a escribir nada m√°s. Luego escrib√≠ otro, seguido de la misma promesa. La comedia se ha repetido durante m√°s de cuarenta a√Īos. Por qu√©? Porque escribir, por poco que sea, me ha ayudado a pasar los anos, pues las obsesiones expresadas quedan debilitadas y superadas a medias. Estoy seguro de que si no hubiese emborronado papel, me hubiera matado hace mucho. Escribir es un alivio extraordinario. Y publicar tambi√©n. Esto les parecer√° rid√≠culo y, sin embargo, es muy cierto. Pues un libro es vuestra vida, o una parte de ella, que se os hace exterior. Se desprende uno de todo lo que ama y sobre todo de todo lo que detesta en uno mismo. Ir√© m√°s lejos, si no hubiese escrito, hubiera podido convertirme en un asesino. La expresi√≥n es una liberaci√≥n. Les aconsejo que hagan el ejercicio siguiente: cuando odien a alguien y sientan ganas de liquidarle, cojan un trozo de papel y escriban que Fulano es un puerco, un bandido, un cr√°pula, un monstruo. En seguida advertir√°n que ya le odian menos. Es precisamente lo mismo que yo he hecho respecto a m√≠ mismo. He escrito para injuriar a la vida y para injuriarme. .Resultado? Me he soportado mejor y he soportado mejor la vida.

Cioran, ¬Ņqu√© podr√≠a usted a√Īadir a esto?

¬°Realmente no podr√≠a a√Īadir nada m√°s…! ¬°o quiz√° decir cualquier cosa! En realidad es una cuesti√≥n de vitalidad. Para que entienda esto debo hablarle de mi origen. Hay mucho de campesino en m√≠, mi padre era un cura ortodoxo rural y yo nac√≠ entre monta√Īas, en los C√°rpatos, en un ambiente muy primitivo. Era un pueblo realmente b√°rbaro, en el que los campesinos trabajaban tremendamente toda la semana para luego gastarse la paga en una noche, emborrach√°ndose como cubas. Yo era un chico bastante robusto: !todo lo que tengo ahora de achacoso lo ten√≠a entonces de fuerte! Le interesara a usted saber que mi mayor ambici√≥n por entonces era ser el primero jugando a los bolos: a los doce o trece a√Īos jugaba con los campesinos, por dinero o por cerveza. Me pasaba el domingo jugando contra ellos y frecuentemente lograba ganarles, aunque ellos fuesen m√°s fuertes que yo, porque como no ten√≠a otra cosa que hacer me pasaba la semana practicando…

Rumania

¬ŅFue la suya una infancia feliz?

Esto es muy importante: no conozco caso de una infancia tan feliz como la m√≠a. Viv√≠a junto a los C√°rpatos, jugando libremente en el campo y en la monta√Īa, sin obligaciones ni deberes. Fue una infancia inauditamente feliz, despu√©s, hablando con la gente, nunca he encontrado nada equivalente. Yo no quer√≠a salir nunca de aquel pueblo, no olvidare jam√°s el d√≠a en que mis padres me hicieron coger un coche para llevarme al liceo en la ciudad. Fue el final de mi sue√Īo, la ruina de mi mundo.

¬ŅQue recuerda usted ante todo de Rumania?

Lo que ante todo me gusto de Rumania fue su faceta extremadamente primitiva. Hab√≠a naturalmente gente civilizada, pero lo que yo prefer√≠a eran los iletrados, los analfabetos… Hasta los veinte a√Īos nada me gustaba tanto como irme de Sibiu a las monta√Īas y hablar con los pastores, con los campesinos completamente iletrados. Pasaba el tiempo charlando y bebiendo con ellos. Creo que un espa√Īol puede entender esta faceta primitiva, muy primitiva. Habl√°bamos de cualquier cosa y yo lograba un contacto casi inmediato con ellos.

¬ŅQu√© recuerdos guarda de la situaci√≥n hist√≥rica de su pa√≠s durante su juventud?

Bueno, Europa oriental era entonces el Imperio austroh√ļngaro. Sibiu estaba enclavada en Transilvania, pertenec√≠a al Imperio: nuestra capital so√Īada era Viena. Siempre me sent√≠ de alg√ļn modo vinculado al Imperio… !en el que, sin embargo, los rumanos √©ramos esclavos! Durante la guerra del 14, mis padres fueron deportados por los h√ļngaros… Me siento muy af√≠n, psicol√≥gicamente, a los h√ļngaros, a sus gustos y costumbres. La m√ļsica h√ļngara, gitana, me emociona profunda, muy profundamente. Soy una mezcla de h√ļngaro y rumano. Es curioso, el pueblo rumano es el pueblo m√°s fatalista del mundo. Cuando yo era joven, eso me indignaba, el manejo de conceptos metaf√≠sicos dudosos ‚ÄĒcomo destino, fatalidad‚ÄĒ para explicar el mundo. Pues bien: cuanto m√°s avanzo en edad, m√°s cerca voy sinti√©ndome de mis or√≠genes. Ahora deber√≠a sentirme europeo, occidental, pero no es as√≠ en absoluto. Tras una existencia en que he conocido bastantes pa√≠ses y le√≠do muchos libros, he llegado a la conclusi√≥n de que era el campesino rumano quien ten√≠a raz√≥n. Ese campesino que no cree en nada, que piensa que el hombre est√° perdido, que no hay nada que hacer, que se siente aplastado por la historia. Esa ideolog√≠a de v√≠ctima es tambi√©n mi concepci√≥n actual, mi filosof√≠a de la historia. Realmente, toda mi formaci√≥n intelectual no me ha servido de nada.

Un libro es una herida

Usted ha escrito: ¬ęUn libro debe hurgar en las heridas, provocarlas, incluso. Un libro debe ser un peligro¬Ľ ¬ŅEn qu√© sentido son peligrosos sus libros?

Bueno, mire usted: me han dicho muchas veces que lo que yo escribo en mis libros no debe decirse. Cuando saque el Pr√©cis, el cr√≠tico de Le Monde me mand√≥ una carta de reconvenci√≥n. ¬ęUsted no se da cuenta, ese libro podr√≠a caer en manos de j√≥venes!¬Ľ Eso es absurdo. .Para que van a servir los libros? Para aprender? Eso no tiene ning√ļn inter√©s, para eso no hay m√°s que ir a clase. No, yo creo que un libro debe ser realmente una herida, debe trastornar la vida del lector de un modo u otro. Mi idea al escribir un libro es despertar a alguien, azotarle. Puesto que los libros que he escrito han surgido de mis malestares, por no decir de mis sufrimientos, es preciso que en cierto modo transmitan esto mismo al lector. No, no me gustan los libros que se leen como quien lee el peri√≥dico, un libro debe conmoverlo todo, ponerlo todo en cuesti√≥n. .Para qu√©? Bueno, no me preocupa demasiado la utilidad de lo que escribo, porque no pienso realmente nunca en el lector; escribo para m√≠, para librarme de mis obsesiones, de mis tensiones, nada m√°s. Una se√Īora escrib√≠a hace poco sobre m√≠ en Le Quotidien de Paris: ¬ęCioran escribe las cosas que cada uno se repite en voz baja¬Ľ. No escribo proponi√©ndome fabricar ¬ęun libro¬Ľ, para que alguien lo lea. No, escribo para aliviarme. Ahora bien, despu√©s, meditando sobre la funci√≥n de mis libros, es cuando pienso que debieran ser algo as√≠ como una herida. Un libro que deja a su lector igual que antes de leerlo es un libro fallido.

En todos sus libros, junto a un aspecto que podr√≠amos llamar pesimista, negro, brilla una extra√Īa alegr√≠a, un gozo inexplicable pero reconfortante y hasta vivificador.

Es curioso esto que usted me dice; me lo han dicho muchos. Vera, yo no tengo demasiados lectores, pero podr√≠a citarle casos y casos de personas que han confesado a alg√ļn conocido m√≠o: ¬ęYo me habr√≠a suicidado si no hubiera le√≠do a Cioran¬Ľ. As√≠, pues, creo que tiene usted mucha raz√≥n. Creo que la causa de esto es la pasi√≥n: yo no soy pesimista, sino violento… Esto es lo que hace vivificante a mi negaci√≥n. En realidad, cuando antes habl√°bamos de heridas, yo no entend√≠a eso de un modo negativo: !herir a alguien no equivale en modo alguno a paralizarle! Mis libros no son depresivos ni deprimentes, de igual forma que un l√°tigo no es deprimente. Los escribo con furor y pasi√≥n. Si mis libros pudiesen ser escritos en frio, eso ser√≠a peligroso. Pero yo no puedo escribir en frio, soy como un enfermo que se sobrepone febrilmente en cada caso a su enfermedad. La primera persona que ley√≥ el Breviario de podredumbre, aun en manuscrito, fue el poeta Jules de Supervielle. Era un hombre ya muy mayor, profundamente sujeto a depresiones, y me dijo: ¬ęEs incre√≠ble lo mucho que me ha estimulado su libro¬Ľ. En ese sentido, si quiere usted, soy como el diablo, que es un tipo ¬†activo, un negador que hace marchar las cosas…

Aunque usted mismo se ha encargado de deslindar su obra de la filosof√≠a propiamente dicha (verbi gratia, la carta-prologo que precede a mi Ensayo sobre Cioran), no es en modo alguno arbitrario encuadrarle dentro de esas actividades diversas, autocriticas, que ocupan el lugar vacante de la filosof√≠a tras el final de los grandes sistemas decimon√≥nicos. ¬ŅQu√© sentido tiene a√ļn la filosof√≠a, Cioran?

Creo que la filosof√≠a no es posible m√°s que como fragmento. En forma de explosi√≥n. Ya no es posible ponerse a elaborar capitulo tras capitulo, en forma de tratado. En este sentido, Nietzsche fue sumamente liberador. Fue el quien saboteo el estilo de la filosof√≠a acad√©mica, quien atento contra la idea de sistema. Ha sido liberador porque tras √©l puede decirse cualquier cosa… Ahora todos somos fragmentistas, incluso cuando escribimos libros de apariencia coordinada. Va tambi√©n con nuestro estilo de civilizaci√≥n.

Tambi√©n va en ello nuestra honradez. Nietzsche dec√≠a que en la ambici√≥n sistem√°tica hay una falta de honradez…

Sobre eso de la honradez voy a decirle algo. Cuando uno emprende un ensayo de cuarenta p√°ginas sobre lo que sea, comienza por ciertas afirmaciones previas y queda prisionero de ellas. Cierta idea de la honradez le obliga a continuar respet√°ndolas hasta el final, a no contradecirse. Sin embargo, seg√ļn va avanzando el texto, le van ofreciendo otras tentaciones, que hay que rechazar porque apartan del camino trazado. Uno est√° encerrado en un c√≠rculo trazado por uno mismo. De este modo uno se hace honorable y cae en la falsedad y en la falta de veracidad. Si esto pasa en un ensayo de cuarenta p√°ginas, ! qu√© no ocurrir√° en un sistema! Este es el drama de todo pensamiento estructurado, el no permitir la contradicci√≥n. As√≠ se cae en lo falso, se miente para resguardar la coherencia. En cambio, si uno hace fragmentos, en el curso de un mismo d√≠a puede uno decir una cosa y la contraria. .Por que? Porque surge cada fragmento de una experiencia diferente y esas experiencias s√≠ que son verdaderas: son lo m√°s importante. Se dir√° que esto es irresponsable, pero si lo es, lo ser√° en el mismo sentido en que la vida es irresponsable. Un pensamiento fragmentario refleja todos los aspectos de vuestra experiencia: un pensamiento sistem√°tico refleja solo un aspecto, el aspecto controlado, luego empobrecido. En Nietzsche, en Dostoievski, hablan todos los tipos de humanidad posibles, todas las experiencias. En el sistema solo habla el controlador, el jefe. El sistema es siempre la voz del jefe: por eso todo sistema es totalitario, mientras que el pensamiento fragmentario permanece libre.

¬ŅCu√°l fue su formaci√≥n filos√≥fica? ¬ŅQu√© fil√≥sofos le han interesado m√°s?

Bueno, en mi juventud lei mucho a Leon Chestov, que era muy conocido entonces en Rumania. Pero quien m√°s me intereso, a quien m√°s ame, esa es la palabra, fue a Georg Simmel. Ya s√© que Simmel es bastante conocido en Espa√Īa, gracias al inter√©s de Ortega por √©l, mientras que es completamente ignorado en Francia. Simmel era un escritor maravilloso, un magnifico filosofo-ensayista. Fue amigo √≠ntimo de Lukacs y Bloch, en los que influyo y que luego renegaron de √©l, lo que me parece absolutamente deshonesto. Hoy Simmel est√° completamente olvidado en Alemania, silenciado incluso, pero en su √©poca tuvo la admiraci√≥n de figuras como Thomas Mann o Rilke. Simmel tambi√©n fue un pensador fragmentario, lo mejor de su obra son fragmentos. Tambi√©n influyeron mucho en mi los pensadores alemanes de la llamada ¬ęfilosof√≠a de la vida¬Ľ, como Dilthey, etc√©tera. Por supuesto, tambi√©n lei mucho a Kierkegaard entonces, cuando a√ļn no era moda. En general, lo que m√°s me ha interesado siempre es la filosof√≠a-confesi√≥n. Lo mismo en filosof√≠a que en literatura lo que me interesa son los casos, aquellos autores de quienes puede decirse que son ¬ęcasos¬Ľ en el sentido casi cl√≠nico de la expresi√≥n. Me interesan todos aquellos que van a la cat√°strofe y tambi√©n los que lograron situarse m√°s all√° de la cat√°strofe. No puedo admirar m√°s que a aquel que ha estado a punto de derrumbarse. Por eso ame a Nietzsche o a Otto Weininger. O tambi√©n autores rusos como Rozanov, escritores religiosos que rozan constantemente la herej√≠a, tipo Dostoievski. No me marcaron los autores que son solamente una experiencia intelectual, como Husserl. De Heidegger me intereso su vertiente kierkegaardiana, no la husserliana. Pero, ante todo, busco el caso: en pensamiento o literatura tengo inter√©s ante todo por lo fr√°gil, lo precario, lo que se derrumba y tambi√©n por lo que resiste la tentaci√≥n de derrumbarse pero deja constancia de la amenaza…

¬ŅQu√© opina usted de la ¬ęnueva filosof√≠a¬Ľ francesa, brote pol√©mico del d√≠a?

Bueno, no puedo decir que los conozca a fondo, pero en general creo que se trata de gente que comienza a despertar de su sue√Īo dogm√°tico…

Usted ha escrito uno de sus mejores libros sobre el tema de la utopía.

Recuerdo muy bien el comienzo de mi inter√©s, durante una conversaci√≥n en un caf√© de Paris con Mar√≠a Zambrano, all√° por los a√Īos cincuenta. Entonces decid√≠ escribir algo sobre la utop√≠a. Me puse a leer directamente a los utopistas: Moro, Fourier, Cabet, Campanella… Al principio, con exaltaci√≥n fascinada; luego, con cansancio; finalmente, con mortal aburrimiento. Es incre√≠ble la fascinaci√≥n que ejercieron los utopistas sobre grandes esp√≠ritus: Dostoievski, por ejemplo, le√≠a a Cabet con admiraci√≥n. ¬°Cabet, que era un perfecto imb√©cil, un sub-Fourier! Todos cre√≠an que el milenio estaba por llegar: un par de a√Īos, una d√©cada a lo sumo… Tambi√©n era deprimente su optimismo, la pintura excesivamente rosa, esas mujeres de Fourier cantando mientras trabajaban en los talleres… Este optimismo ut√≥pico es frecuentemente despiadado. Recuerdo, por ejemplo, un encuentro que tuve con Teilhard de Chardin; el hombre peroraba entusi√°sticamente sobre la evoluci√≥n del cosmos hacia Cristo, el punto Omega, etc√©tera… y entonces le pregunte que pensaba del dolor humano: ¬ęEl dolor y el sufrimiento¬Ľ, me dijo ¬ęson un simple accidente de la evoluci√≥n¬Ľ. Me fui indignado, neg√°ndome a discutir con aquel d√©bil mental. Creo que la utop√≠a y los utopistas han tenido un aspecto positivo, en el siglo XIX, el de llamar la atenci√≥n sobre la desigualdad de la sociedad y urgir a remediarla. No olvidemos que el socialismo es a fin de cuentas hijo de los utopistas. Pero se basan en una idea err√≥nea, la de la perfectibilidad indefinida del hombre. Creo m√°s acertada la teor√≠a del pecado original, aunque priv√°ndola de sus connotaciones religiosas, puramente como antropolog√≠a. Ha habido una ca√≠da irremediable, una perdida que nada puede colmar. En realidad, creo que lo que me ha alejado finalmente de la tentaci√≥n utopista es mi gusto por la historia, pues la historia es el ant√≠doto de la utop√≠a. Pero, aunque la pr√°ctica de la historia sea esencialmente antiut√≥pica, es cierto que la utop√≠a hace marchar la historia, la estimula. No actuamos m√°s que bajo la fascinaci√≥n de lo imposible: lo que equivale a decir que una sociedad incapaz de dar a luz una utop√≠a y de entregarse a ella est√° amenazada por la esclerosis y la ruina. La utop√≠a, la construcci√≥n de sistemas sociales perfectos, es una debilidad muy francesa: lo que al franc√©s le falta de imaginaci√≥n metaf√≠sica, le sobra de imaginaci√≥n pol√≠tica. Fabrica impecables sistemas sociales, pero sin tener en cuenta la realidad. Es un vicio nacional: mayo del 68, por ejemplo, fue una producci√≥n constante de sistemas de todo tipo, mas ingeniosos e irrealizables unos que otros.

El poder es el mal 

La utop√≠a es, por as√≠ decirlo, el problema de un poder inmanente y no trascendente a la sociedad. ¬ŅQu√© es el poder, Cioran?

Creo que el poder es malo, muy malo. Soy resignado y fatalista frente al hecho de su existencia, pero creo que es una calamidad. Mire usted, he conocido a gente que ha llegado a tener poder y es algo terrible. ¬°Algo tan malo como un escritor que llega a hacerse celebre! Es lo mismo que llevar un uniforme; cuando se lleva uniforme ya no se es el mismo: bien, pues alcanzar el poder es llevar un uniforme invisible de forma permanente. Me pregunto: .por que un hombre normal, o aparentemente normal, acepta el poder, vivir preocupado de la ma√Īana a la noche, etc√©tera? Sin duda, porque dominar es un placer, un vicio. Por eso no hay pr√°cticamente ning√ļn caso de dictador o jefe absoluto que abandone el poder de buen grado: el caso de Sila es el √ļnico que recuerdo. El poder es diab√≥lico: el diablo no fue m√°s que un √°ngel con ambici√≥n de poder, luego ni un √°ngel puede disponer de poder impunemente. Desear el poder es la gran maldici√≥n de la humanidad.

Volviendo a la utop√≠a…

El ansia de utop√≠a es un ansia religiosa, un deseo de absoluto. La utop√≠a es la gran fragilidad de la historia, pero tambi√©n su gran fuerza. En cierto sentido, la utop√≠a es lo que rescata la historia. Ah√≠ tiene usted la campana electoral en Francia, por ejemplo: si no fuera por su componente ut√≥pico, ser√≠a una querella entre tenderos… Mire usted, yo no podr√≠a ser pol√≠tico porque creo en la cat√°strofe. Por mi parte, estoy seguro de que la historia no es el camino del para√≠so. Bueno, si soy un verdadero esc√©ptico no puedo estar seguro ni de la cat√°strofe…, !digamos que estoy casi seguro! Por eso me siento desapegado de cualquier pa√≠s, de cualquier grupo. Soy un ap√°trida metaf√≠sico, algo as√≠ como aquellos estoicos de fines del Imperio romano, que se sent√≠an ¬ęciudadanos del mundo¬Ľ, lo que es una forma de decir que no eran ciudadanos de ninguna parte.

Usted no solo ha desertado de su patria, sino tambi√©n, lo que es a√ļn m√°s importante, de su lengua.

Ese es el mayor acontecimiento que puede ocurrirle a un escritor, el m√°s dram√°tico. ¬°Las cat√°strofes hist√≥ricas no son nada al lado de esto! Yo escrib√≠ en rumano hasta el a√Īo 47. Ese a√Īo yo me encontraba en una casita cerca de Dieppe y traduc√≠a a Mallarm√© al rumano. De pronto me dije: ¬ę!Que absurdo! ¬ŅPara qu√© traducir a Mallarme a una lengua que nadie conoce?¬Ľ. Y entonces renuncie a mi lengua. Me puse a escribir en franc√©s y fue muy dif√≠cil, porque por temperamento la lengua francesa no me conviene, me hace falta una lengua salvaje, una lengua de borracho. El franc√©s fue como una camisa de fuerza para m√≠. Escribir en otra lengua es una experiencia asombrosa. Se reflexiona sobre las palabras, sobre la escritura. Cuando escrib√≠a en rumano, yo no me daba cuenta de que escrib√≠a, simplemente escrib√≠a. Las palabras no eran entonces independientes de m√≠. En cuanto me puse a escribir en franc√©s todas las palabras se hicieron conscientes, las ten√≠a delante, fuera de m√≠, en sus celdillas y las iba cogiendo: ¬ęAhora t√ļ, y ahora tu¬Ľ. Es una experiencia parecida a otra que tuve cuando llegue a Paris. Me aloje en un hotelito del Barrio Latino, y el primer d√≠a, cuando baje a telefonear a conserjer√≠a, me encontr√© al encargado del hotel, su mujer y un hijo preparando el men√ļ de comida: ¬°lo preparaban como si fuese un plan de batalla! Me qued√© asombrado: en Rumania yo hab√≠a comido siempre como un animal, bien, pero inconscientemente, sin advertir lo que significa comer. En Paris me di cuenta de que comer es un ritual, un acto de civilizaci√≥n, casi una toma de posici√≥n filos√≥fica… Del mismo modo, escribir en franc√©s dejo de ser un acto instintivo, como era cuando escrib√≠a en rumano, y adquiri√≥ una dimensi√≥n deliberada, tal como deje tambi√©n de comer inocentemente… Al cambiar de lengua, liquid√© inmediatamente el pasado, cambie totalmente la vida. Aun hoy, sin embargo, me parece que escribo una lengua que no casa con nada, sin ra√≠ces, una lengua de invernadero.

Cioran, usted ha hablado frecuentemente del hast√≠o. ¬ŅQu√© papel ha desempe√Īado en su vida el hast√≠o, el tedio?

Puedo decirle que mi vida ha estado dominada por la experiencia del tedio. He conocido ese sentimiento desde mi infancia. No se trata de ese aburrimiento que puede combatirse por medio de diversiones, con la conversaci√≥n o con los placeres, sino de un hast√≠o, por decirlo as√≠, fundamental y que consiste en esto: m√°s o menos s√ļbitamente en casa o de visita o ante el paisaje m√°s bello, todo se vac√≠a de contenido y de sentido. El vac√≠o esta en uno y fuera de uno. Todo el Universo queda aquejado de nulidad. Ya nada resulta interesante, nada merece que se apegue uno a ello. El hast√≠o es un v√©rtigo, pero un v√©rtigo tranquilo, mon√≥tono; es la revelaci√≥n de la insignificancia universal, es la certidumbre llevada hasta el estupor o hasta la suprema clarividencia de que no se puede, de que no se debe hacer nada en este mundo ni en el otro, que no existe ning√ļn mundo que pueda convenirnos y satisfacernos. A causa de esta experiencia ‚ÄĒno constante, sino recurrente, pues el hast√≠o viene por acceso, pero dura mucho m√°s que una fiebre‚ÄĒ no he podido hacer nada serio en la vida. A decir verdad, he vivido intensamente, pero sin poder integrarme en la existencia. Mi marginalidad no es accidental, sino esencial. Si Dios se aburriese, seguir√≠a siendo Dios, pero un Dios marginal. Dejemos a Dios en paz. Desde siempre, mi sue√Īo ha sido ser in√ļtil e inutilizable. Pues bien, gracias al hast√≠o he realizado ese sue√Īo. Se impone una precisi√≥n: la experiencia que acabo de describir no es necesariamente deprimente, pues a veces se ve seguida de una exaltaci√≥n que transforma el vac√≠o en incendio, en un infierno deseable…

Y mientras me dispongo a salir, doran insiste:

No olvide decirles que solo soy un marginal, un marginal que escribe para hacer despertar. Repítaselo: mis libros pueden hacer despertar.

“El pensamiento fragmentario permanece libre” (Emil Cioran)

Nietzsche decía que en la ambición sistemática hay una falta de honradez… Sobre eso de la honradez voy a decirle algo. Cuando uno emprende un ensayo de cuarenta páginas sobre lo que sea, comi…

Fonte: El pensamiento fragmentario permanece libre, Emil Cioran