Tesis: “Conocimiento de sí, mística y escritura fragmentaria en E. M. Cioran” (Germán Cortéz Baizabal)

Universidad Veracruzana, Facultad de Filosofía, Xalapa-Enríquez, Veracruz. Agosto de 2013

Introducción

Las interrogantes e inquietudes que la vida y obra de E. M. Cioran han generado se bifurcan por caminos de lo más diversos. Tanto en Rumania como en Francia, así como en los países hispano-parlantes, donde ha sido traducida, la obra de este dacio enfurecido ha sido objeto tanto de encomio así como de frontal rechazo. Algunos ven en él a uno de los escritores filosóficos más importantes del siglo XX, y en esta misma perspectiva, también se le cuenta entre los pensadores más iconoclastas surgidos en los últimos tiempos, frente al cual, por ejemplo, según la exagerada -y absolutamente discutible- opinión de algunos de sus fervientes apologetas, Nietzsche raya en la ingenuidad. Por otro lado, también se ha dicho que su pensamiento –en el ámbito político- adolece de cierto grado de conservadurismo, y que el nihilismo y negatividad que se respira de su obra no permiten sacar partido alguno, salvo el acentuar y reiterar que el hombre no es precisamente una bendición, tanto por el rumbo que le ha dado a la historia como por el uso y las nefastas consecuencias que éste ha sacado de cierta idea de razón.

Es complicado inclinarnos de manera unilateral tanto por una u otra percepción, más bien nos situamos en un punto medio, pues aunque sin duda alguna Cioran pretendió –muy a su modo- filosofar a martillazos o derribar ídolos, es decir, vivir y pensar allende una visión sub specie aeternitatis, no por ello podríamos suscribir a pie juntillas -según se verá más adelante- los alcances del desengaño a los que pretende haber llegado mediante la experiencia del tedio (sobre este delicado e importante problema sólo nos limitaremos a dar testimonio y mostrar las discrepancias que en este punto nuestro autor mantiene con la mística teresiana, esto dado que los objetivos de la presente investigación van hacia otros derroteros, pese a esto, permítasenos señalar únicamente que nos parece que hace falta un trabajo realmente crítico al interior de la lucidez cioraniana); por otro lado, tampoco podríamos decir que el conocimiento de sí cioraniano carece de interés alguno por el sólo hecho de desembocar en una visión de la nada, pues las aristas que articulan dicho conocimiento, esto es, las virtudes del desequilibrio y la escritura fragmentaria, poseen la virtud, desde nuestra perspectiva, no sólo de apropiarse, rehabilitar y redescribir tradiciones tanto filosóficas como místico-religiosas que han sido marginadas del ámbito del pensamiento hegemónico en Occidente, sino también porque permiten cultivar y ejercitar otro rostro del pensador y del pensamiento que, a su vez, posibilitan otra forma de aproximación a sí mismo y al mundo.

En consecuencia, con la presente investigación pretendemos indagar sobre el conocimiento de sí y la escritura fragmentaria. Temáticas íntimamente relacionadas, pero que guardan cierta distancia de la que más adelante hablaremos. Ahora bien, en relación con el primero de estos elementos nuestro objetivo es dar cuenta del sentido que adquiere el conocimiento de sí cuando el escritor y pensador rumano-francés cae presa de una crisis místico-religiosa, pero ante semejante situación, y dado que los conocimientos e interéses de nuestro autor no se delimitan a una tradición mística en específico, circunscribiremos nuestra exploración al interior de la mística española. En este tenor las preguntas que responderemos son, en términos generales, las siguientes: ¿Cuáles son los elementos de la mística española de los que se sirve nuestro autor y cómo los ensambla en su estética hagiográfica? ¿Tales elementos que se apropia son asumidos en el mismo sentido que se presentan en la mística a la que recurre o adquieren otro carácter (secularizado, cuasireligioso, etc.) al interior de su planteamiento, y de ser así, qué sentido adquieren? ¿Dicho conocimiento de sí al tomar tales elementos se instala, sólo por eso, en una búsqueda propiamente mística, es decir, en un camino de perfección?

Son, pues, éstas algunas de las preguntas que nos servirán de eje para internarnos en las avenidas tanto del conocimiento de sí cioraniano así como en la mística española. Aunado a esto, y con la intención de que el problema no se nos escurra de las manos y termine por aplastarnos, puesto que al interior de la mística española hay una variedad exquisita de autores y problemáticas, y dado que el pensador de Rasinari recurre a más de uno de los místicos españoles, hemos optado por delimitar aún más nuestra indagatoria a una de las figuras más emblemáticas y ricas del Siglo de Oro español, a saber, la monja carmelita descalza Teresa de Ahumada. El porqué de tal elección estriba tanto en el interés que nuestro autor manifiesta por la obra de esta infatigable y enfermiza monja, así como en ciertas afinidades temáticas que hemos vislumbrado y en las cuales centraremos nuestra atención. Y por añadidura, también hurgaremos en el carácter de la religiosidad y acercamiento que este creyente “sin la gracia” posee, lo cual le da un sello característico y personal al conocimiento de sí forjado por nuestro pensador. De igual modo, también es nuestra intención abrir un pequeño espacio de discusión en torno a la afirmación que hace Alfredo A. Abad Torres sobre la cuestión de la mística en Cioran, en donde, se hará ver que, en contra de lo que el colombiano afirma, el pensador rumano-francés no se adscribe al vacío pleno místico, sino que sus derroteros se orientan hacia otras latitudes.

Por otro lado, en lo que respecta a la escritura fragmentaria, nuestra labor consistirá en mostrar el carácter complementario o más bien, en destacar y articular otro de los recursos de los que se vale nuestro autor para ejercitar el conocimiento de sí, recurso que se orienta hacia otros derroteros de los que se presentan en las virtudes del desequilibrio de las que se vale Cioran. Sobre el recurso del fragmento cioraniano nos proponemos dilucidar el carácter existencial de dicha escritura, pasando revista a algunos de los registros en los que tal escritura se emplea (la epístola, el retrato, el fragmento, etc.), esto con el objetivo de mostrar que, pese a las consecuencias de la experiencia del tedio, la escritura fragmentaria irrumpe eficazmente como otra manera de cultivar el conocimiento de sí. Así también mostraremos, en relación con el fragmento cioraniano, la relación existente entre la adopción de un estilo de escritura y el contenido de una concepción filosófica.

Dicho lo anterior, el itinerario que hemos ideado para desarrollar lo aquí esbozado se articula de la siguiente manera:

En el primer capítulo titulado: Sobre el concepto de filosofía y sus prácticas o la filosofía como ascesis, nos hemos propuesto mostrar de la mano de Michel Foucault y Pierre Hadot, la revaloración o redescubrimiento de la filosofía antigua como inquietud de sí o ejercicio espiritual. Esto obedece en primera instancia, al hecho de que el carácter de la filosofía, tal como se presenta en las investigaciones de estos filósofos franceses, posee muchas afinidades, aunque también cierta distancia, con la práctica de la filosofía de E. M. Cioran; además de que también esto nos sirve como basamento para evidenciar, hasta cierto punto, el carácter de la espiritualidad teresiana. Por otro lado, porque en la filosofía como inquietud o ejercicio de sí existe toda una serie de prácticas no complementarias, sino constitutivas de ese modo de filosofar, las cuales adquieren igual atención e importancia tanto en la espiritualidad teresiana como en la apuesta vital cioraniana.

Ya en nuestro segundo capítulo que hemos titulado: Teresa de Ahumada y E. M. Cioran: El conocimiento de sí como puente, nos volcamos hacia los asuntos que dan forma y sentido al conocimiento al que apelan nuestros autores. Aquí nuestro centro de gravedad será, en primera instancia, el inmiscuirnos al interior del castillo teresiano, para dar cuenta de los elementos e importancia que posee la oración o el saber propio teresiano para con la vida o riqueza interior del místico. Y como segundo momento de nuestro paso a través del puente señalado, nos aventuramos en un pequeño bosquejo sobre el carácter de la crisis místico-religiosa del pensador de Rasinari. Y, en última instancia, pasaremos a desarrollar los elementos y la redescripción de la mística tal como se presenta en Cioran, para así poder apreciar de mejor manera las afinidades y contrapuntos que se presentan entre el saber propio teresiano y el conocimiento de sí en Cioran y, aunado a esto, mostraremos las razones de por qué creemos que Abad Torres incurre en un desatino al decir que Cioran se adscribe a la nada plena mística. Todo este desarrollo para responder a las preguntas antes planteadas.

Y en el último de nuestros capítulos: Escritura y pathos o de la escritura fragmentaria en E. M. Cioran; se desarrollarán los elementos antes esbozados, para hacer ver, entre otras cosas, que la escritura fragmentaria es, en gran medida, una prolongación del ejercicio de introspección o conocimiento de sí en nuestro autor. Cerraremos con nuestras consideraciones finales. [Pdf]

El Chico, Ver.
Verano del 2013
Germán Cortés Baizabal

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