Conversación con Helga Perz

“La paradoja de mi naturaleza es la de que siento pasión por la existencia, pero al mismo tiempo todos mis pensamientos son hostiles a la vida. Desde siempre he adivinado y sentido el lado negativo de la vida, el de que todo es vacío.”

Cioran (Conversación con Helga Perz)

«Ein Gespräch mit dem Schrifsteller E.M. Cioran.» Publicada en el diario alemán Süddeutsche Zeitung, 7 y 8 de octubre de 1978.

Señor Cioran, ¿es la del sentido una cuestión que haya que evitar a toda costa?

Esa cuestión me ha atormentado toda mi vida, pero no he encontrado respuesta alguna. Después de haber leído y reflexionado no poco, he llegado a la misma conclusión que el campesino del Danubio o los analfabetos de la prehistoria: no hay respuesta. Hay que resignarse a ello y soportar la vida tal como viene.

¿Acaso no tiene una dimensión alentadora la conciencia de ser incomprendido y deber seguir siéndolo, como lo demuestran los esfuerzos sin cesar renovados para explicarse, y no podríamos deducir de ello un interés inquebrantable por el sentido?

Yo estoy un poco influido por el taoísmo, según el cual debemos imitar el agua. No hacer ningún esfuerzo y tomarnos la vida con calma. Pero por mi temperamento soy todo lo contrario de eso: un poco histérico, un epiléptico frustrado en cierto modo, en el sentido de que no he tenido la suerte de serlo. Si hubiera tenido una verdadera enfermedad, habría sido una liberación para mí. Pero he tenido que vivir siempre desgarrado interiormente, porque no he encontrado una salida fuera de mí, y con una gran tensión, contraria a mi visión de la vida. Aunque tengo una concepción sombría de la vida, siempre he tenido una gran pasión por la existencia, una pasión tan grande, que se ha invertido en una negación de la vida, porque no tenía los medios para satisfacer mi apetito de vida. Así, que no soy un hombre decepcionado, sino un hombre interiormente abatido por demasiados esfuerzos. La pasividad era para mí un ideal inaccesible. Me han preguntado por qué no opto por el suicidio, pero, para mí, el suicidio no es algo negativo. Al contrario. La idea de que existe el suicidio me ha permitido soportar la vida y sentirme libre. No he vivido como un esclavo, sino como un hombre libre.

Pero, ¿no demuestra eso que es usted un fanático de la vida?

La paradoja de mi naturaleza es la de que siento pasión por la existencia, pero al mismo tiempo todos mis pensamientos son hostiles a la vida. Desde siempre he adivinado y sentido el lado negativo de la vida, el de que todo es vacío. He sufrido fundamentalmente de tedio. Tal vez sea innato, nada puedo hacer. La palabra francesa que designa eso es absolutamente intraducibie: cafard («desánimo»). Tengo cafard. Nada puede hacerse contra eso. Tiene que pasar por sí solo.

Señor Cioran, la vida, con los años, ¿se ha vuelto más sencilla o más difícil para usted?

Imagínese: más sencilla. Mi infancia era el paraíso terrenal. Nací no lejos de Hermannstadt, en un pueblo de montaña rumano, y estaba constantemente fuera de casa, de la mañana a la noche. Cuando tuve que abandonar aquel pueblo a los diez años para ingresar en el instituto, tuve la sensación de una gran catástrofe. Lo peor llegó cuando tenía dieciséis o diecisiete años. Mi juventud fue en verdad una catástrofe. Empecé a padecer insomnio y no estaba en condiciones de hacer nada. Pasaba todo el día acostado. El contraste con mi infancia fue una gran experiencia para mí. Pero ahora, a partir de —digamos— los cincuenta años, me siento más feliz, pues ya no vivo en la misma tensión. Lo considero una derrota. Antes yo era como un demonio, podía venirme abajo en cualquier momento, pero vivía de verdad intensamente.
En comparación con el joven que fui, ahora soy, en una palabra, lo que los franceses llaman un raté («fracasado»), alguien que ha malogrado su vida —un pobre hombre— por esa idea grandiosa que tengo de mi juventud.

¿Y nunca ha recuperado la armonía de su infancia?

No, pero la recuerdo como algo totalmente perdido, como algo sucedido en un mundo anterior. Me parece tan lejana en el pasado y al tiempo tan presente… Como todas las personas de edad, recuerdo con mucha exactitud mi infancia, pero como algo absolutamente alejado: algo que no es siquiera mi vida, sino otra vida, una vida anterior. Si hubiese tenido una infancia triste, habría sido mucho más optimista en mis ideas, pero siempre he sentido, inconscientemente incluso, ese contraste, esa contradicción, entre mi infancia y todo lo que vino a continuación. Eso me destruyó interiormente en cierto modo.

¿La nostalgia del paraíso perdido?

Sí. Hay tres lugares que son importantes para mí: París, Dresde y esa región de Hermannstadt en la que nací. París me fascinaba; cuando era joven, quería ir a París y vivir en París. Lo logré, pero hoy estoy un poco cansado de esta ciudad, llevo demasiado tiempo viviendo en ella. Dresde era la ciudad que más me gustaba, después de París. Hermannstadt queda más o menos fuera de mi alcance. Podría volver a ella, pero no quiero. Ya no tengo patria. Pero el lugar en el que pasé mi infancia está, para mí, tan presente como si lo hubiera visto hace unos días.

Usted dijo un día que ése era el mundo del antiguo Imperio austrohúngaro. ¿Significa todavía algo para usted ese estilo de vida?

En el fondo, ya nada tiene significado para mí, vivo sin porvenir. El futuro está excluido para mí en todos los sentidos; en cuanto al pasado, es en verdad otro mundo. No vivo, hablando propiamente, fuera del tiempo, pero sí como un hombre detenido, metafísica y no históricamente hablando. Para mí no hay ninguna salida, porque carece de sentido que haya una salida. Así, vivo como en un presente eterno y sin objeto y no soy desgraciado por carecer de objeto. Los hombres deben habituarse a vivir sin objeto y no es tan fácil como se cree. En todo caso, es un resultado. Creo que mis pensamientos se reducen a eso: vivir sin objeto. Por eso escribo muy poco, trabajo poco, siempre he vivido al margen de la sociedad, soy apátrida y está bien así. Ya no necesito una patria, no quiero pertenecer a nada.

Señor Cioran, ¿no son siempre las reflexiones sobre la muerte una forma de conjurar el miedo? Puesto que no tenemos otra cosa que la vida, ¿hemos de estar por fuerza aterrados por la muerte?

Cuando yo era joven, pensaba en la muerte en todo momento. Era una obsesión, incluso cuando comía. Toda mi vida estaba bajo el imperio de la muerte. Ese pensamiento nunca me ha abandonado, pero con el tiempo se ha debilitado. Sigue siendo una obsesión, pero ya no es un pensamiento. Le doy un ejemplo: hace unos meses, conocí a una señora y hablamos de un conocido común, alguien a quien yo no había visto desde hacía mucho tiempo. Ella decía que valía más que no volviese a verlo, pues era muy desgraciado. No dejaba de pensar en la muerte. Yo le respondí: «¿En qué otra cosa quiere usted que piense?». A fin de cuentas, no hay otro tema. Desde luego, es mucho mejor no pensar en ella, pero nada hay de anormal en hacerlo. No hay otro problema. Precisamente porque yo he estado a la vez liberado y paralizado por ese pensamiento de la muerte, no he hecho nada en mi vida. Cuando se piensa en la muerte no se puede tener una profesión. Sólo se puede vivir como he vivido yo, al margen de todo, como un parásito. La sensación que siempre he tenido ha sido la de inutilidad, de falta de objeto. Podemos decir que es enfermizo, pero lo es sólo en sus efectos, no desde un punto de vista filosófico. Filosóficamente, es de lo más normal que todo nos parezca inútil. ¿Por qué habríamos de hacer algo? ¿Por qué? Creo que toda acción es fundamentalmente inútil y que el hombre ha frustrado su destino, que era el de no hacer nada. Creo que el único momento justo en la historia es el periodo antiguo de la India, en el que se hacía una vida contemplativa, en el que se contentaban con mirar las cosas sin ocuparse nunca de ellas. Entonces la vida contemplativa fue verdaderamente una realidad.

Pero, ¿no querría decir eso que cada cual vive exclusivamente para sí y no está nunca ahí para algún otro?

No, no. Yo no soy egoísta. Esa no es realmente la palabra apropiada. Yo soy compasivo. El sufrimiento de los demás tiene sobre mí un efecto directo. Pero, si mañana desapareciera la humanidad, me daría igual. Recientemente, he escrito incluso un artículo al respecto: «La nécessaire catastrophe» («La catástrofe necesaria»). La desaparición del hombre es una idea que no me desagrada.

¿Son importantes los amigos para usted?

Sí, tengo muchos y buenos amigos, a los que veo con mucho gusto, pues sólo podemos descubrir nuestros propios defectos gracias a los amigos. Para mejorarnos interiormente basta con observar bien a nuestros amigos. Yo estoy muy agradecido a todos mis amigos, a los que aprecio enormemente, pues he hecho todo lo posible para no tener los mismos defectos que ellos. Pero no lo he logrado. La amistad sólo tiene sentido cuando no somos como nuestros amigos. Hay que ser diferentes de ellos. ¿De qué serviría la amistad, si no?

¿Sus amigos han sido siempre modelos negativos para usted?

Todas las personas son modelos negativos. Nadie es un santo. Pero la amistad debe ser fecunda, pues nuestros amigos son los únicos seres humanos a los que conocemos íntimamente. El ejemplo de nuestros amigos debe ser útil para nuestra propia educación.

Señor Cioran, un conflicto fundamental en el hombre es el debido a que el resultado de sus reflexiones no sea siempre conforme a lo que siente, a que haya siempre divergencias al respecto. ¿Puede remediarse ese conflicto y podríamos considerar los momentos en que el saber y el sentimiento coinciden como cimas en una vida humana? ¿O rechaza usted eso también?

El saber y los sentimientos raras veces hacen buenas migas. Para mí, sólo ha habido un descubrimiento en la historia mundial. Se encuentra en el primer capítulo del Génesis, donde se habla del árbol de la vida y del árbol del conocimiento. El árbol del conocimiento, es decir, el árbol maldito. La tragedia del hombre es el conocimiento. Siempre he notado que, cada vez que tomo conciencia de algo, el sentimiento que tengo al respecto resulta debilitado. Para mí, el título más hermoso que se haya dado jamás a un libro es Bewusstsein als Verhängnis («La conciencia como fatalidad»). Lo escribió un alemán, el libro no es bueno, pero ese título es la fórmula que resume mi vida. Creo haber sido hiperconsciente toda mi vida y en eso estriba su tragedia.

¿Hay aún, aparte de la filosofía, alguna ciencia que le interese?

No. ¿Sabe lo que me interesa? He leído un número incalculable de Memorias. Me interesa todo lo que sea relato de una vida, autobiografía, y me gusta mucho oír a alguien contarme su vida, decirme cosas de las que no hable con nadie. No hace mucho recibí una carta sorprendente de una señora. Me escribía que yo era su dios, el hombre más grande que jamás haya existido y otras locuras por el estilo. Yo no quería responderle. Y después sentí deseos de conocerla y vino a verme. Pasó cuatro horas contándome su vida con detalles increíbles, que aún no había revelado nunca a nadie, estoy seguro. Parecía un poco trastornada, lo reconozco, pero me fascinó. Por mi parte, apenas dije palabra. Al final, le pregunté por qué me contaba todo eso. Yo no había sido nunca sino un escritor entre otros y ni siquiera grande. Me respondió: «Hace tres o cuatro años el azar me hizo descubrir su libro Del inconveniente de haber nacido y, antes incluso de haberlo leído, ¡supe que era mi libro!». Y después se fue, aquella enferma cuya vida conocía yo ya. Como ve, me interesa la gente, pero sólo cuando está perturbada o cuando se encuentra mal.

Pero, ¿acaso no es algo que le ocurre a toda persona adulta, lo de encontrarse mal?

Sí, pero en grados diferentes. Tiene que haber habido un golpe duro en una vida. Esa señora anciana me gustaba como alguien que se encontraba de verdad mal y porque me dijo cosas que no volverá a contar nunca a nadie. Era algo excepcional y, si me pregunto qué me gusta más en la vida, son sin lugar a dudas esos encuentros excepcionales en los que nos lo decimos todo: con gente a la que cuento todo y que me cuenta todo. Para mí, tal vez sean la única justificación de la vida, esos encuentros excepcionales, y tal vez sean también el mayor éxito de la mía, si es que puedo hablar de éxito.

Pero, ¿no compromete a nada ese encuentro excepcional?

No, pero tiene una dimensión transcendente. Es como si sucediese en otro planeta, fuera del tiempo. Carece de historia: ni antes ni después. Hay algo eterno en ella.

Fuente: CIORAN, E. M., Conversaciones. Trad. de Carlos Manzano. Barcelona: Tusquets, 1996, p. 27-32.

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Entrevista com Matéi Visniec: “Em Cioran há o prazer de pensar”

O dramaturgo romeno Matéi Visniec diz que o pensamento de Emil Cioran, o mais famoso filósofo romeno, é um pensamento que dá vertigem. Instigado, porém, pela maneira elegante e eloquente de Cioran refletir e escrever sobre o vazio – ou os vazios – Visniec dedicou ao pensador niilista uma de suas peças: Os desvãos Cioran ou Mansarda em Paris com vista para a morte, no Brasil publicada pela É Realizações. Com exclusividade para a Fausto, quando em visita ao país, Matéi Visniec fala um pouco mais desse guia espiritual de almas inquietas, mestre tão perturbador quanto irresistível – diga-se já, uma das pedras fundamentais dessa revista. Deleite-se! [+]

Publicado em Faustomag. Tradução: Flavio Deroo.

“A liquidação tecnológica da palavra está em marcha”: Matéi Visniec no Brasil

Autor romeno naturalizado francês realizará palestras neste domingo em Porto Alegre dentro do 9º Festival de Inverno

Por Fábio Prikladnicki – Porto Alegre, Zero Hora, 27/07/2017

Se a tarefa de um dramaturgo é responder às grandes questões de seu tempo, o romeno naturalizado francês Matéi Visniec pode se dar por satisfeito. Sua mais recente peça publicada no Brasil, Migraaaantes, é inspirada na muito atual tragédia dos refugiados. Seus textos reescrevem a história e recuperam grandes personagens da cultura e da intelectualidade em uma chave não realista que muitos identificam com o teatro do absurdo. Visniec estará em Porto Alegre para realizar a palestra Teatro e Jornalismo: Tentativas de Compreender o Mundo, na qual abordará a relação entre sua vivência na imprensa e a criação teatral. Será neste domingo (30/7), às 15h, na Sala Álvaro Moreyra (Erico Verissimo, 307), com entrada franca, dentro da programação do 9º Festival de Inverno, que vai até quarta-feira (veja detalhes no roteiro da página 8). Leia, a seguir, a entrevista concedida pelo autor a Zero Hora por e-mail.

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Migraaaantes trata de um tema bastante atual. Poderia comentar quais foram suas inspirações para escrevê-la? E você acredita que o dramaturgo tem o compromisso de abordar as grandes questões de seu tempo?
A Europa está sacudida neste momento pelo fenômeno da imigração. Trata-se de um movimento massivo de populações que batem às portas da Europa para escapar da guerra, dos massacres, das perseguições de todo tipo, do subdesenvolvimento, da miséria material (e por vezes cultural e sexual), da fome, das mudanças climáticas catastróficas. As migrações tornaram-se um fenômeno duradouro. Nada poderá parar essas milhões de pessoas em busca de dignidade e de uma vida melhor. Isso é fato, é uma constatação de todos os especialistas e da mídia. A questão agora está ligada às mudanças políticas, culturais, identitárias, sociais e de outras naturezas que esses movimentos vão gerar. O debate é rico, suscita polêmicas, engendra reações de fechamento e de medo. Uma coisa é certa: nada será como antes. As migrações são sinais de um mundo em mudança. Creio que o olhar do artista é importante na compreensão do que está ocorrendo. Todo mundo deve participar desse debate, deve esforçar-se para compreender o que está acontecendo à humanidade: os políticos, os sociólogos, os historiadores, os jornalistas, os especialistas em geopolítica, os pesquisadores, os cientistas, os climatólogos, os economistas. Nesse contexto de brainstorming, a voz dos artistas é importante, ela é mesmo peculiar. O teatro pode também participar desse debate, pois atrás do fenômeno das migrações se escondem dramas individuais e coletivos assustadores, tráficos de todos os tipos e redes de explorações infernais, escolhas políticas discutíveis do lado das grandes potências e formas de indiferença condenáveis… (leia a entrevista na íntegra aqui)

Cioran, l’orrore e l’estasi della vita: dialogo con Massimo Carloni

Intervista realizzata da Ciprian Vălcan. Orizzonti Culturali Italo-Romeni, n. 7, luglio 2012, anno II.

La figura del grande pensatore romeno, il suo rapporto con la tradizione filosofica e religiosa, come pure la ricezione della sua opera in Italia sono al centro del dialogo tra Ciprian Vălcan e Massimo Carloni, studioso del filosofo di Răşinari. «Di Cioran – rivela Carloni – mi seduce la sincerità con la quale abborda le problematiche della vita. La chiave decisiva per comprendere la sua figura la fornisce lui stesso, riprendendo una formula di Baudelaire: l’orrore e l’estasi della vita, sentiti simultaneamente. Occorre sempre tenere insieme questi due atteggiamenti».

Massimo Carloni, com’è arrivato a conoscere l’opera di Cioran?

Nella prima metà degli anni ’90 m’imbattei in qualche suo aforisma, riportato in un libro sul Pensiero negativo e la nuova destra, dove Cioran era frettolosamente annoverato tra gli scrittori del tramonto, sulla scia di Nietzsche, Spengler, Bataille, ecc. Furono sufficienti due o tre formule, da cui emanava una luce particolare, miracolosa, per decidere di approfondire l’opera di questo scrittore a me sconosciuto, definito magiaro (sic!) in quel saggio. Così, ammaliato dal titolo, scelsi la Tentation d’exister. La vera folgorazione, tuttavia, avvenne quando da Parigi mi portarono in regalo il volume delle Opere edito da Gallimard. Il contatto diretto col suo francese, ad un tempo levigato e dirompente, fu decisivo. Mi commossero poi le foto della sua mansarda. Quest’uomo – mi dissi – non si limita a meditare intorno all’essenziale: lo vive… [+]

Jean-Luc Godard sobre Cioran

“Ler, então viver”, entrevista de Jean-Luc Godard a Pierre Assouline, publicada no caderno Mais! da Folha de S. Paulo, 27 de julho de 1997

Desde sempre os livros são seus amigos. E a literatura, sua boa fada, lhe deu “uma consciência moral”. O cineasta místico da Nouvelle Vague recebeu a “Lire” às margens do lago Léman, na Suíça, onde mora, para falar de Gide, Cioran e Valéry.

Pergunta – A literatura vinha mais do lado Godard da família ou do lado Monod?

Godard – Do lado Monod. Minha mãe lia muito. Mas o gosto pelo romantismo alemão me foi passado por meu pai, que era médico. Entre os 18 e os 20 anos, graças a ele, devorei Musil, Broch, Thomas Mann. Meu avô também me marcou muito. Ele era banqueiro em Paribas. Era amigo de Paul Valéry e tinha todos os livros dele. Chamávamos sua biblioteca de “o valerianum”. Nos aniversários de seu casamento eu tinha que recitar “O Cemitério Marinho”. Eu também gostava de seu “Tel Quel”. Era menos selvagem que Cioran, mas a época era diferente. Ele também repetia belas frases de Valéry.

“Na literatura há muito passado e pouco futuro, mas não há presente” (Jean-Luc Godard)

Pergunta – Foi a leitura de Cioran que o tornou mais sábio?

Godard – Ela corresponde a minha queda pelos aforismos, a síntese, os provérbios. Talvez esse gosto meu tenha origem nas fórmulas científicas. O aforismo resume alguma coisa mas, ao mesmo tempo, permite outros desenvolvimentos. Como um nó: poderia ter sido feito em outro sentido, mas, mesmo assim, quando está dado, o sapato fica preso no pé do mesmo jeito. Não se trata de um pensamento, mas do traço de um pensamento. Leio Cioran a toda hora, em todos os sentidos. É muito bem escrito. Com ele, o espírito transforma a matéria. Cioran me oferece uma matéria da qual o espírito se nutre.

Pergunta РMas o que ̩ que tanto o seduz nos aforismos?

Godard – Seu aspecto de central de triagem. A gente entra, sai, retorna. Quando encontramos um bom pensamento, podemos nos demorar nele por muito tempo, e depois carregá-lo conosco. Não é preciso ler tudo. Gosto muito de Fernando Pessoa, mas ele é muito sombrio, enquanto Cioran nos ajuda a viver. É uma forma de pensamento diferente daquele pensamento com começo, meio e fim. Não é uma história que se conta, mas um momento da história.

Pergunta – Percebe-se que o sr. assinalou trechos das “Obras Completas”, de Cioran -é verdade?

Godard – Coisas como “cada pensamento deveria lembrar a decadência de um sorriso”, “somos todos farsantes, sobrevivemos a nossos problemas”, “todo problema profana um mistério, e este, por sua vez, é profanado por sua solução”, “a palidez nos mostra até onde o corpo é capaz de compreender a alma”, “cedo ou tarde, cada desejo deve encontrar seu esgotamento, sua verdade”… Sem falar neste, que me agrada especialmente: “Objeção a fazer à ciência: o mundo não merece ser conhecido”. É muito diferente das idiotices de Georges Charpak. Os cientistas que se permitem escrever, sem saber escrever -isso não! “La Logique du Vivant”, de François Jacob, estava escrito. Prefiro Buffon: o estilo é o próprio homem. Levinas tinha idéias bonitas, mas era incapaz de transmiti-las devido ao problema da língua. A mesma coisa aconteceu com Popper e Einstein. Há um esgotamento do saber escrever. Já Cioran… Eu havia esquecido o seguinte: “No contato com os homens, perdi o frescor de minhas neuroses”.

[Entrevista completa]

Entretien avec Aurel Cioran (1914-1997), par Claudio Mutti

Emil-si-Aurel-CioranParu dans VOXNR.Com, dimanche, 2 février 2003. Propos recueillis à Sibiu le 3 août 1995 par Claudio Mutti et parus dans la revue Origini, n° 13/février 1996.

Q.: Dans la nouvelle nomenclature des rues de Bucarest, on trouve aujourd’hui le nom de Mircea Eliade, mais à Sibiu, il n’y a pas encore de rue portant le nom d’Emil Cioran. Que représente Cioran pour ses concitoyens de Sibiu à l’heure actuelle?

AC: Donner un nom à une rue ou à une place dépend des autorités municipales. Normalement, il faut qu’un peu de temps passe après la mort d’une personnalité pour que son nom entre dans la toponymie. Quant à ce qui concerne les habitants de Sibiu et en particulier les intellectuels locaux, ils ne seront pas en mesure de donner une réponse précise à votre question.

Q.: Je vais vous la formuler autrement. Dans une ville où il y a une faculté de théologie, comment est accueilli un penseur aussi négativiste (du moins en apparence…) que votre frère?

AC: Vous avez bien fait d’ajouter en apparence. Dans un passage où il parle de lui-même à la troisième personne et qui a été publié pour la première fois dans les Œuvres complètes de Gallimard, mon frère parle très exactement du ³paradoxe d’une pensée en apparence négative. Il écrit: “Nous sommes en présence d’une œuvre à la fois religieuse et antireligieuse où s’exprime une sensibilité mystique”. En effet, je considère qu’il est tout à fait absurde de coller l’étiquette d’athée sur le dos de mon frère, comme on l’a fait depuis tant d’années. Mon frère parle de Dieu sur chacune des pages qu’il a écrites, avec les accents d’un véritable mystique original. C’est justement sur ce thème que je suis intervenu lors d’un symposium qui a eu lieu ici à Sibiu. Je vais vous citer un autre passage qui remonte à 1990 et qui a été publié en roumain dans la revue Agorà: “Personnellement, je crois que la religion va beaucoup plus en profondeur que toute autre forme de réflexion émanant de l’esprit humain et que la vraie vision de la vie est la vision religieuse. L’homme qui n’est pas passé par le filtre de la religion et qui n’a jamais connu la tentation religieuse est un homme vide. Pour moi, l’histoire universelle équivaut au déploiement du péché originel et c’est de ce côté-là que je me sens le plus proche de la religion”… [+]