“A morte: um ‘saber sem conhecimentos’? Para uma reflexão conjunta sobre a melancolia e a morte”(Emilia Leitão e Cristiana Vasconcelos Rodrigues)

Publicado em Discursos. Série: Estudos Anglo-Americanos, dezembro de 2005

mortelanc

“Um grito de desespero: diálogo para uma filosofia da morte em Ivan Junqueira e Emil Cioran” (Rodrigo Michell dos Santos Araújo)

Estação Literária, Londrina, Volume 9, p. 81-94, jun. 2012
ISSN 1983-1048 – http://www.uel.br/pos/letras/EL

Resumo: Este artigo pretende estabelecer uma aproximação entre o pessimismo filosófico de Emil Cioran e a obra A sagração dos ossos (1994), de Ivan Junqueira. Busca-se investigar na obra do poeta um espaço propício para uma filosofia da morte e do morrer a partir da experiência de vida como agonia prolongada, que atravessa o pensamento do filósofo romeno. Neste sentido, à luz de uma filosofia pessimista é possível tomar a poesia de Ivan Junqueira como uma celebração e caminhar para a morte.
Palavras-chave: Morte; Desespero; Poesia; Filosofia.

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“Emil Cioran: the anti-philosopher of life and death” (Karl White)

Fourbythree Magazine

Does philosophy fail in the face of death? Karl White turns to the Romanian philosopher Emil Cioran’s life-long meditation on birth, existence and annihilation, asking whether philosophy can save us from the despair of our final hour or whether its limits lie at the very edge of our own mortality.

From its inception the philosophical enterprise has centred on death. Philosophy teaches us how to die, declared Socrates. According to him, we are pretending to be wise when we fear death, as we know nothing about it, and it could, contrary to all our instincts, be a blessing. Philosophy also has endeavoured to palliate our fears by reiterating endlessly a reminder of our mortality: it attempts to elevate us above the quotidian to make our death seem nothing exceptional; it urges on us a kind of modesty, where we must remember that we are pledged to death, a constant memento mori (which translates literally as ‘Remember to die’). Does it succeed in any of these goals? According to the Romanian thinker E.M. Cioran the answer is a resounding and deathly no, for according to him “nature has been generous to none but those she has dispensed from thinking about death”. Faced with true catastrophe, philosophy can ultimately be only a meditation on its own failure and impotence when confronted by the reality of our extinction.

Cioran is the anti-philosopher of philosophy. He decries and scorns the attempts of professional philosophers to circumscribe and contain the rawness of experience and the aporias of life with categories, definitions and moral imperatives. Cioran instead records with inimitable style, irony and black humour the twists and turns of his sensations, rages and disappointments and most powerfully the impotence of both reason and philosophy to cope with and contain death’s invisible and limitless force.  While man is in his eyes a puppet of fate and forces beyond his control, philosophy, as a discipline that endeavours to contain existence through the judicious use of reason, is but a mockery and comic example of human hubris. Death and silence will have the last words… [+]

Cioran o la voz de la conciencia

La muerte sólo me interesa en la que medida en que cierra la historia de una locura.

El Tiempo, Colombia, 21 de junio de 1995

La muerte fue una reiteración en la escritura del filósofo rumano Emile Mihai Cioran, quien murió ayer en París a los 84 años, víctima de la enfermedad de alzheimer.

Este es un luto para quienes siguieron sus obras, especialmente los jóvenes, que encontraron en sus desesperados aforismos las respuestas a muchas inquietudes de la existencia.

El filósofo rumano de expresión francesa se había convertido en los últimos años de su vida no sólo en un ídolo de los jóvenes estudiantes en el mundo entero, sino en un personaje novelesco muy europeo, a quien todos querían ir a visitar en su buhardilla del barrio latino.

Escuche usted, yo no soy filósofo. Hice estudios de filosofía en mi juventud, pero abandoné rápidamente toda idea de lanzarme a la enseñanza. No soy más que un pensador privado, trato de hablar de lo que he vivido, de mis experiencias personales , declaró en 1988 en una entrevista con el filósofo argentino Luis Jorge Jalfen.

Nacido en 1911 en la localidad rumana de Rasinari, E. M. Cioran llegó en 1937 a París, y desde entonces se quedó allí para siempre, salvo en los largos paseos en bicicleta que hizo por las costas del sur de Francia después de la segunda guerra mundial.

La obra de Cioran es una larga y dolorosa meditación sobre el vacío y la nada . Escribió siempre en francés, lengua que utilizó con una precisión que aún sorprende y deslumbra a los propios franceses (los críticos lo consideran, junto a Valery, el más importante prosista en esa lengua de este siglo). Escribo una prosa exange, no es un lenguaje directo. Jamás habría podido escribir una novela. Y la lengua francesa me gusta justamente porque es una lengua para juristas y lógicos , dijo.

Canoso, amante de Bach, fino, irónico, sonriente, el rumano gustaba de la compañía de los jóvenes, a quienes no daba consejos acerca de cómo vivir, pero a quienes consolaba con sus libros y su conversación, reconociendo que cada día es más difícil dedicarse a pensar, a leer y a escribir. Y es que no puedo hablar de lo que me afecta en lo mas profundo -añadía- si no es a solas con alguien: ese momento en que dos soledades pueden comunicarse .

Respecto de su vida, el filósofo rumano narró en varias ocasiones que a los 20 años ya había perdido todas las ilusiones y que su destino ya estaba sellado. Después, solo se reafirmó en su visión de las cosas.

No todo el mundo tiene la suerte de morir joven. Escribir, por poco que sea, me ayudó a pasar de un año a otro, pues cuando uno expresa sus obsesiones éstas se debilitan y en parte quedan superadas. Estoy seguro de que si no hubiera emborronado papel me habría matado hace mucho. Escribir es un alivio extraordinario , le dijo al filósofo español Fernando Savater en 1977.

Nada y así sea Si Albert Camus aseguró que el único problema filosófico que valía la pena ser planteado es el del suicidio, Cioran (en cierta medida un anti-Camus), considerado como alguien muy pesimista, salvó a varias personas de la autoeliminación provocándoles la risa, convencido como estaba de que si uno es capaz de reírse no debe desaparecer así como así.

Además del tema del fracaso, otro de los principales motores de la obra de Cioran fue el aburrimiento, el tedio, el hastío. Con los años el aburrimiento ha aumentado, este aburrimiento sin fondo. Mi madre, que fue la esposa de un sacerdote, me dijo una vez algo que jamás olvidé: si hubiera podido prever tus sufrimientos interiores, no te habría dado a luz. Esa frase me hizo mucho bien , confesó.

Irónico, escéptico, sarcástico y febril denunciador de la miseria humana, habló de la inutilidad de escribir y publicó mas de quince libros, entre estos El inconveniente de haber nacido, En las cimas de la desesperación, Breviario de podredumbre, Silogismos de la amargura, La tentación de existir, En las cumbres de la desesperanza (fue su primer libro, 1933) El libro de los engaños, De las lágrimas y de los santos, Historia y utopía, La caída en el tiempo y Desgarradura.

Fernando Savater tradujo su obra del francés, lo que sirvió para introducir sus acerados aforismos en el ámbito hispanoamericano. Sin embargo, Cioran en los últimos años había dejado de escribir. Según explicó a un amigo rumano, siento una disminución, una baja de intensidad y, por otra parte, todo el mundo escribe libros y eso me termina de asquear .

Cioran decía que su inclinación por la filosofía surgió en las largas y terribles noches de sus insomnios a los 20 años, cuando lo único que lo consolaba era la compañía de alguna mujer en un cabaret.

No forjó en sus libros sistema de pensamiento alguno, gustaba de los místicos españoles y de William Shakespeare, se nutría del pensamiento budista, admiraba a Jorge Luis Borges, a Samuel Beckett, a su compatriota y amigo Mircea Eliade, el historiador de religiones, y al dramaturgo Eugene Ionesco.

Los filósofos escriben para los profesores, los pensadores para los escritores (…) En Alemania se mira por encima del hombro a los pensadores. Por el contrario el filósofo es alguien bien considerado: ha construido un sistema, tiene el privilegio de ser ilegible. En Francia el escritor es dios, también el pensador en la medida en que éste escribe para el otro , dijo en otra entrevista.

Antes de ser célebre (es decir leído y traducido y por ello mismo apto a ganarse la vida gracias a la escritura) Cioran pasó muchos años oscuros, en los que con secreto orgullo escribía para él y algunos amigos e iba a los cocteles para beber vino gratis.

Para él no había diferencia entre el ser y la nada: la nada impregna el ser como la muerte anida en toda vida . Una recién aparecida primera edición de sus obras completas lleva anexo un elocuente glosario de sus temas: melancolía, hastío, fracaso, lucidez, suicidio, nada…

Aforismos de Cioran

– El aforismo es un fuego sin llama .

– París es el único lugar en el que la desesperación es agradable .

– Desconfíen del rencor de los solitarios que dan la espalda al amor, a la ambición, a la soledad. Se vengarán un día de haber renunciado a todo eso .

– Las especies animales hubieran durado millones de años si el hombre no hubiera acabado con ellas, pero la aventura humana no puede ser indefinida. El hombre ha dado ya lo mejor de sí mismo. Todos sentimos que las grandes civilizaciones han quedado atrás. Lo que no sabemos es cómo será el fin .

– La creación es un sabotaje definitivo .

– La peor desgracia que le puede ocurrir a un escritor es ser comprendido y la consagración es su peor castigo .

– Para ser libre marca distancias, desconfía del tiempo y de los horarios .

– Cada individuo, como cada época, no es real más que por sus exageraciones, por su capacidad de supervalorar, por sus dioses .

– Cuando el hombre haya alcanzado el objetivo que se ha propuesto, dominar la creación, quedara vacío, será a la vez Dios y fantasma .

– Escribir una visión afortunadamente falsa de la realidad que nos coloca por encima de lo que existe y de lo que nos parece existir .

“Veias carregadas de noites: morte, agonia e pensamento orgânico em Emil Cioran” (Antônio Carlos Lemos Garcia Júnior)

Trabalho de conclusão de graduação (licenciatura em Filosofia)

Centro Universitário Claretiano, Batatais, SP, 2014

Orientador: Prof. Dr. Edson Renato Nardi

Resumo: Emil Cioran (1911-1995) legou obras dotadas de uma linguagem poética e altamente cáustica que dá forma ao seu pensamento trágico e corrosivamente pessimista. Contrário aos academicismos, sistemas filosóficos tradicionais e adepto da reflexão enquanto auxiliada por sentimentos arrebatadores, concebe a morte enquanto questão última da filosofia e a qual exige uma seriedade abissal de quem sobre a mesma se põe a refletir; para Cioran, tamanha seriedade só se faz presente no pensador orgânico. Realizou-se esta pesquisa por meio de uma investigação acerca das temáticas da morte, agonia e pensamento orgânico presentes nas obras de Emil Cioran, tendo sua obra estreante Nos cumes do desespero (1933) enquanto referência-mor.

Palavras-Chave: Morte. Agonia. Lirismo. Reflexão.

Introdução

A presente pesquisa tem por objetivo investigar as questões da morte, pensamento orgânico e vivência agônica segundo o filósofo romeno Emil Cioran (1911-1995), através de revisão bibliográfica de algumas de suas obras, tendo como referencia principal sua obra estreante Nos cumes do desespero (1933).

Cioran, enquanto “pensador orgânico” (CIORAN, 2012, p.34) não desassocia a reflexão filosófica das aflições físicas e mentais que possam vir a acometer os pensadores: tais aflições, contrariamente ao usualmente concebido pela filosofia tradicional, não são barreiras ao pensar filosófico; mas sim requisitos para a formulação de questões e reflexões filosóficas verdadeiramente sérias. O filósofo romeno aponta a morte como a questão última da filosofia, a qual o desalento e o desespero que gera no homem pelo seu triunfo indômito são exaltados pelo autor enquanto bases primordiais ao pensador que se propõe refletir sobre a morte. A consciência da morte e a impossibilidade de abordá-la sem a experiência agônica norteiam a reflexão do filósofo romeno em sua obra inicial, referência-mor a esta pesquisa.

Segundo Franco Volpi (VOLPI, 2012, p.104), a obra de Cioran

destila, por todas as páginas, um concentrado de péssimo que envenena de morte todos os ideais, esperanças e impulsos metafísicos da filosofia, ou seja, todas as tentativas de dar à existência algum sentido e segurança, em face do abismo de absurdo que a todo instante a ameaça. As reflexões de Cioran empurram-nos até o ponto de nos sentir nus perante um destino também nu.

Contrário aos academicismos e sistemas filosóficos tradicionais, Emil Cioran traz em seu pensamento trágico e cáustico não somente uma contribuição ao meio acadêmico; mas ao homem contemporâneo, que exala sonolência espiritual.

Lirismo e Pensamento Orgânico

Adotando a forma lírica em suas obras, Cioran associa o lirismo ao sofrimento e às psicoses, sendo o estado lírico “um estado que transcende formas e sistemas.” (CIORAN, 2012, p.12). Em Nos cumes do desespero (1933), Cioran (2012, p.16) questiona:

Por que não podemos permanecer encerrados em nós mesmos? Por que insistimos em correr atrás da expressão e da forma no intuito de nos esvaziar de conteúdo e sistematizar um processo caótico e rebelde? Não seria mais fecundo entregarmo-nos à nossa fluidez interior, sem desejo de objetivar, apenas sorvendo voluptuosos, todas as ebulições e agitações íntimas?

A resposta reside, segundo o autor, no acúmulo de tormentos que aflige o homem dadas suas “vivências múltiplas e diferenciadas [que] se fundiram para engendrar as mais fecundas efervescências” (id., ibid., p. 16)”. Ao atingir tal estado, segundo Cioran, o indivíduo encontra-se “cheio de si” (id., ibid., p.16) e a tensão do viver acarreta uma espécie torpeza agônica, de proximidade para com a morte gerada pela ebulição do acúmulo interno:

Ser cheio de si, não no sentido de orgulho, mas no de riqueza, ser atormentado por uma infinidade interna e por uma tensão extrema significa viver com tanta intensidade, que acabamos morrendo por causa da vida. É tão raro e estranho esse sentimento, que devemos vivenciá-lo aos berros. Sinto como se devesse morrer por causa da vida e me pergunto se teria algum sentido buscar uma explicação. Quando todo o passado da alma palpita dentro de nós num momento de imensa tensão, quando uma presença total atualiza as experiências aprisionadas e quando um ritmo perde seu equilíbrio e uniformidade, a morte nos arranca dos cumes da vida sem que conheçamos diante dela o horror que acompanha a atordoadora obsessão da morte. (CIORAN, 2012, p.17)

O pensador romeno afirma que se torna impossível conviver com tais sentimentos supracitados ao encarcerá-los em si, portanto, aponta a necessidade de confessá-los enquanto a possível salvação dessas aflições às quais denomina “obsessão pela morte” (CIORAN, 2012, p.17). O lirismo, para Cioran, não é apenas a pela qual um escritor dá vazão ao desespero agônico que o atormenta, mas um estado de espírito: não se passa somente a expressar-se liricamente, torna-se lírico. Ser lírico é apresentar-se interiormente tão caótico e visceral que a expressão passa a ser uma necessidade vital:

O lirismo representa uma força de dispersão da subjetividade por indicar, no indivíduo, uma efervescência incoercível da vida, que sem cessar exige expressão. Ser lírico significa não podermos permanecer fechados em nós mesmos. Quanto mais interior, profundo e concentrado for o lirismo, mais intensa será essa necessidade de exteriorização. (CIORAN, 2012, p.17)

O filósofo romeno atribui à expressão lírica a qualidade da barbárie, cuja sua apreciação reside no fato de “ser bárbaro, ou seja, de ser só sangue, sinceridade e chamas (id., ibid., p.12), em detrimento da linguagem usualmente utilizada na filosofia, envolta em sistemas e jargões e a qual exige o afastamento imediato de quaisquer impulsos emocionais em sua utilização. Cioran menospreza a seriedade presente em questões meramente formais, questões essas que são formuladas unicamente por “incertezas da inteligência” (CIORAN, 2012, p.34) , não advindas de nossas aflições orgânicas. Enquanto pensadores abstratos põem-se a refletir, segundo Cioran, por prazer ou vaidade intelectual, o “pensador orgânico” (CIORAN, 2012, p.34) enuncia verdades pulsantes; provenientes e constituintes dele mesmo e exalta “pensamentos que mantém o aroma de sangue e de carne” (id., ibid., p.34).

Para o pensador romeno “Há questões que, uma vez abordadas, nos isolam em vida e até nos destroem” (CIORAN, 2012, p.33). Sendo a questão da Morte o exemplo-mor e a que exige, enquanto “questão perigosa” (CIORAN, 2012, p.33), uma seriedade infinita: “Ter uma seriedade infinita quer dizer estar perdido. Não se trata aqui do espírito calmo, nem da gravidade sem conteúdo das pessoas consideradas sérias, mas de uma tensão doida, que a cada momento da vida somos alçados ao plano da eternidade.” (CIORAN, 2012, p.34). E conclui:

Só o pensador orgânico e existencial é capaz desse tipo de seriedade, pois só para ele as verdades são vivas, frutos mais de uma tortura íntima e de uma afecção orgânica que de uma especulação inútil e gratuita. (CIORAN, 2012, p.34)

Experiência Agônica, Consciência da Morte e o Triunfo Indómito do Nada

A questão da morte permeia a obra de Emil Cioran enquanto questão última de sua filosofia, essencialmente em sua obra estreante Nos cumes do desespero, a qual foi escrita por um jovem, insone e desesperado Cioran: “Se não a houvesse escrito, eu com certeza teria posto um fim em minhas noites.” (CIORAN, 2012, p. 16). A seriedade culminante, proveniente apenas do “pensador orgânico” (CIORAN, 2012, p.34) é, portanto, exigida por Cioran quando se propõe refletir sobre a morte: somente se faz possível refletir sobre a morte de forma realmente séria com a experiência agônica1. Para o pensador romeno, não há possibilidade de se compreender a morte sem que se perceba a vida em si como agonia:

É possível falar da morte sem a experiência de agonia em vida? A morte não pode ser compreendida sem que a vida seja sentida como uma longa agonia, em que a morte se confunde com a vida. A morte não é algo exterior, ontologicamente diferente da vida, pois morte como realidade autônoma de vida não existe. Entrar na morte não significa, assim como crê a mentalidade vigente e em geral o Cristianismo , dar o último suspiro e passar para uma região de estrutura elevada e positividade diferente da vida, mas descobrir, na progressão da vida, um caminho para a morte e encontrar nas pulsações do vital uma profundidade imanente a ela. (CIORAN, 2012, p.35)

Cioran afirma que, principalmente no Cristianismo e em outras “metafísicas que reconhecem a imortalidade da alma” (CIORAN, 2012, p. 35), à morte e à sensação de agonia dá-se a característica de um “triunfo”, um plano no qual adentramos e nos separamos definitivamente da vida, tal como uma libertação, Cioran (2012, p.35) possui uma concepção distinta:

O verdadeiro sentido da agonia parece-me ser a revelação da imanência da morte durante a vida. Por que tão poucos têm a sensação de imanência da morte em vida, a experiência da agonia é tão rara? Não seria falsa a nossa suposição, tornando-se inverossímil o esboço de uma metafísica da morte apenas por meio da concepção de uma transcendência dela?

Para Emil Cioran, o homem comum e saudável é isento da sensação da morte em vida e experimenta uma espécie de estado de inconsciência, comportando-se de forma indiferente e crendo no distanciamento ilusório de sua existência em relação à morte, sendo incapaz de vivenciar a experiência agônica e adquirir a consciência da morte; faz-se necessário a doença e o desequilíbrio existencial para compreendê-la: “Com tuas veias carregadas de noites, te encontras entre os homens como um epitáfio no meio de um circo.” (CIORAN, 2011, p.38).

Cioran (2012, p. 38) aponta as doenças e estados depressivos enquanto causas principais da revelação “da imanência da morte na vida” (id., ibid., p.38), mesmo considerando a possibilidade de outras causas, as quais nomeia “acidentais”, a revelação do “caráter demoníaco da vida” (id, ibid, p. 37) é mais intensa nas enfermidades

Se a doença tem uma missão filosófica neste mundo, ela não pode ser outra senão demonstrar quão ilusória é a sensação de eternidade da vida e quão frágil é a ilusão de uma definição e de um triunfo da vida. Pois, na doença, a morte está sempre presente na vida. Os estados genuinamente doentios nos conectam a realidades metafísicas que um homem normal e saudável é incapaz de entender. (…) Todo o complexo de estados doentios revela uma tortura do vital e uma desintegração da vida de suas funções naturais. (CIORAN, 2012, p. 38)

A consciência da morte e a experiência agônica levam o homem a uma lucidez excruciante, na qual o indivíduo depara-se com o absurdo e o aniquilamento de quaisquer finalidades para a vida e existir passa a ser, tal como coloca o título de outra de suas obras (Do inconveniente de ter nascido, 1973), uma inconveniência:

Com a autonomia em relação à vida com que a consciência nos dota, a revelação da morte se torna tão intensa, que sua presença destrói toda espécie de ingenuidade, todo elã de alegria e toda volúpia natural. Há uma perversão, uma degradação infinita na consciência da morte. Toda a poesia ingênua da vida, todas as suas seduções e fascínios parecem desprovidos de conteúdo, assim como vazias parecem todas as projeções finalistas e ilusões teológicas do homem. (CIORAN, 2012, p.36)

Dada a presença da sensação da morte, o Nada introduz-se na existência. O medo da morte comprova, para o pensador romeno, o triunfo final do Nada. Para Cioran, temer a morte é o mesmo que temer o Nada, e isso demonstra que “o único sentido da presença da morte é atualizar progressivamente o caminho na direção do Nada.” (Cioran, 2012, p. 40). Todas as chagas existenciais, para o autor de Nos cumes do desespero, se resumem ao medo da morte: as angústias e múltiplas formas do medo não passam “de aspectos variados diante da mesma realidade fundamental.” (id., ibid., p.41). Segundo o autor, o triunfo da morte e, portanto, do Nada sobre a existência é indômito: quaisquer tentativas de se racionalizar o problema, qualquer forma de fé ou demais empreitadas; tudo recai no abismo da inutilidade:

O fato da agonia se desenrolar no tempo demonstra que a temporalidade não é apenas um caráter ou uma condição para a criação, mas para a morte, para o fenômeno dramático do morrer. É aqui que se manifesta o caráter demoníaco do tempo, em que se desenrola tanto o nascimento quanto a morte, tanto a criação quanto a destruição, sem que se evidencie, nesse complexo, qualquer convergência para um plano transcendente. O demonismo do tempo favorece a sensação do irremediável que se impõe como uma necessidade inelutável contra as nossas mais íntimas tendências. Estamos absolutamente convencidos de que não podemos escapar da sorte amarga que desejaríamos a outrem, de que estamos submetidos a uma fatalidade implacável e de que o tempo não fará outra coisa senão atualizar o processo dramático da destruição – eis as expressões do irremediável e da agonia. (CIORAN, 2012, p. 43)

Após a afirmação da inutilidade do existir e do triunfo implacável do Nada, Cioran (2012, p.43) questiona: “Não seria, portanto, o Nada a salvação?” e prossegue: “se a salvação na existência é quase impossível, como seria possível na ausência completa de qualquer tipo de existência? (id., ibid., p.43), e, por fim, conclui com uma causticidade escabrosa: “Posto que não há salvação no Nada nem na existência, mando este mundo aos diabos, junto com todas as suas leis eternas!” (id., ibid., p.43).

Em sua obra posterior Breviário de decomposição (1949) (primogênita de suas vazões líricas em francês), Cioran retoma a refletir sobre a morte, denunciando a vida enquanto fonte-mor de nosso horror existencial. A morte, ao cínico insone, apresenta-se demasiadamente exata, logicamente estabelecida. Enquanto a vida nos recai enquanto monopolizadora dos mistérios, fonte de nosso pavor, a “grande Desconhecida” (CIORAN, 2011, p. 23) e, por seu absurdo, superior à morte:

Aonde pode levar tanto vazio e incompreensível? Nós nos apegamos aos dias porque o desejo de morrer é demasiadamente lógico, portanto ineficaz. Porque se a vida tivesse um só argumento a seu favor – distinto, de uma evidência indiscutível -, se aniquilaria; os instintos e os preconceitos desvanecem-se ao contato com o Rigor. Tudo o que respira se alimenta do inverificável; um suplemento de lógica seria funesto para a existência – esforço até o Insensato… Dê um objetivo preciso à vida: ela perde instantaneamente seu atrativo. (CIORAN, 2011, p. 23)

No tocante à experiência agônica, Cioran considera abismal a divisão entre os indivíduos que a não a sofrem e os que a vivenciam; “um morre apenas um instante, o outro não para de morrer”. Apesar de partilharem do mesmo rumo ao Nada, o filósofo afirma que nada além da “insinuação progressiva das forças que nos anulam” (CIORAN, 2011, p.24) é capaz de provocar uma real transformação na vida humana: “Tudo o que prefigura a morte acrescenta uma qualidade de novidade à vida, a modifica e a amplia.” (id., ibid., p.24). Ao autor de Breviário de decomposição, pode-se almejar classificar um indivíduo através de diversos critérios, os quais o mesmo considera acidentais, exteriores, mas há algo que se faz verdadeiramente inerente ao sujeito: a morte.

Podem-se classificar os homens segundo os critérios mais caprichosos: segundo seus humores, suas inclinações, seus sonhos ou suas glândulas. Troca-se de idéias como de gravatas; pois toda idéia, todo critério vem do exterior, das configurações e dos acidentes do tempo. Mas há algo que vem de nós mesmos, que é nós mesmos, uma realidade invisível, mas interiormente verificável, uma presença insólita e imutável, que se pode conceber a todo instante e que nunca nos atrevemos a admitir, e que só tem atualidade antes de sua consumação: é a morte, o verdadeiro critério… E é ela, a dimensão mais íntima de todos os seres vivos, que separa a humanidade em duas ordens tão irredutíveis, tão afastadas uma da outra, que há mais distância entre elas que entre um abutre e uma toupeira, uma estrela e um cuspe. (CIORAN, 2011, p.23)

Suicídio

“Um livro é um suicídio adiado.” (Cioran, 2013, p.91)

Em Nos cumes do desespero, Cioran inicia seu ensaio sobre o suicídio (“O sentido do suicídio”) com um ataque aos que proclamam haver motivações racionais ou vontade no ato do suicídio. Todo impulso suicida, segundo o autor, provem de fatores patológicos, orgânicos e hermeticamente individuais:

Não há suicídios baseados em decisões em decisões racionais, resultantes de reflexões sobre a inutilidade do mundo ou sobre o Vazio da vida. Se me forem apresentados os casos dos sábios da antiguidade que se suicidavam na solidão, responderei que o suicídio deles era possível apenas porque haviam aniquilado a vida dentro de si, destruído toda pulsação da vida, mas não é menos verdadeiro o fato de que a mesma vida, o mesmo corpo em que tais problemas fervilhavam tem de ter sido previamente afetado para permitir pensamentos dessa natureza. Ninguém se suicida por causa de acontecimentos exteriores, mas devido ao seu próprio desequilíbrio interior e orgânico. (CIORAN, 2012, p.68)

A Cioran (2012, p.69), é inconcebível que o suicídio seja uma afirmação da vida enaltecendo a importância da impossibilidade de se permanecer vivo no percurso à auto-nulificação, sendo tal impossibilidade não um “capricho” (id., ibid., p.69) mas fruto de uma escabrosa “tragédia interior” (id., ibid., p.69). O pensador romeno enaltece sua surpresa e indignação pelo juízo fundamentado em uma hierarquização de motivações suicidas (id., ibid., p.69), o qual procura-se estabelecer que causa para cometer suicídio seja nobre ou vulgar (id., ibid., p.69): para Cioran (2012, p.69) “ Todo suicídio, a partir do momento que seja suicídio, é impressionante”. Aos que depreciam os suicidas com motivações amorosas, Cioran (2012, p. 69) demonstra total repúdio:

Nutro o maior desprezo por aqueles que ridicularizam os suicídios por amor, pois eles são incapazes de compreender que um amor realizável representa, para quem ama, uma anulação do próprio ser, uma perda total de sentido, uma impossibilidade de existir. Quando amamos com todo o conteúdo do nosso ser, com a totalidade de nossa existência subjetiva, uma irrealização desse amor só levará ao desabamento completo do nosso ser. As grandes paixões, quando não podem ser realizadas, levam à morte mais rapidamente que as grandes doenças.

Ao final de suas considerações sobre o suicídio, Cioran lança a questão “Por que não me suicido?” (2012, p.70) e dá-nos sua motivação: tanto a vida quando a morte o enauseiam (id., ibid., p.70):

Não tenho a mínima ideia do que estou fazendo no universo. Sinto neste momento uma necessidade de gritar, de dar um berro, que horripile o mundo todo, que faça todos tremerem, estremecerem num desvario assustador (…) Em mim todas as cintilações se apagam para renascerem em raio e relâmpago. Não estaria a própria escuridão pegando fogo dentro de mim? (CIORAN, 2012, p.70)

Cioran, posteriormente, legou-nos um aforisma que expressa de forma concisa sua desmotivação para tal ato: “Só se suicidam os otimistas, os otimistas que não conseguem mais sê-lo. Os outros, não tendo nenhuma razão para viver, por que a teriam para morrer?” (CIORAN, 2011, p.35)

Considerações Finais

Não há possibilidade de redenção no pensamento trágico e corrosivo de Emil Cioran, que enuncia o triunfo indômito do Nada; mas, o ser que se encontra a exalar torpor existencial talvez nele encontre a lucidez amarga necessária para remediar seu estado de inércia.

Bibliografia

CIORAN, E. Breviário de decomposição. São Paulo: Rocco, 2011.

­­­CIORAN, E. Do inconveniente de ter nascido. Lisboa: Letra Livre, 2013.

CIORAN, E. Nos cumes do desespero. São Paulo: Hedra, 2012.

CIORAN, E. Silogismos da amargura. São Paulo: Rocco, 2011.

VOLPI, F. O niilismo. 2.ed. São Paulo: Loyola, 2012.

ANTÔNIO CARLOS LEMOS GARCIA JÚNIOR – 1091816

Gradua̤̣o em Filosofia РLicenciatur

“Suicídio: o adeus para (in) transcendência” (José Fernandes Pires Júnior)

Albert Camus escreveu que o suicídio era um “problema filosófico verdadeiramente sério”. Conheça a visão de pensadores como Emil Cioran, Santo Tomás de Aquino e Jean-Jacques Rousseau sobre esse tema tão delicado e controverso

por José Fernandes Pires Júnior, graduado em Filosofia, bacharelando em Direito e professor de Filosofia da rede de ensino público do Distrito Federal.

Artigo publicado na revista Filosofia – Conhecimento Prático [site]

“Por que vivo, quem sou, o que sou, quem me leva? Que serei para morte? Para vida o que sou?[…] Cerca-me o mistério, a ilusão e a descrença.[…] Ó meu pavor de ser, nada há que te vença! a vida como a morte é o mesmo mal!” Fernando Pessoa, 14/09/1919

“Só há um problema filosófico verdadeiramente sério: o suicídio”. É-nos suficiente essa afirmação de Albert Camus para se mensurar quão delicado e complexo é esse problema. A declaração de Camus está registrada num ensaio de 1942, O Mito de Sísifo. Trataremos, aqui, neste trabalho – sem nenhuma pretensão de haurir o tema – sobre a questão da morte voluntária, no dizer do grego antigo. De antemão, faz-se necessário dizer que nosso olhar voltar-se-á, tão somente, à Filosofia; assim, deixaremos à parte o enfoque jurídico, sociológico e antropológico que enseja, também, a questão. Registre-se, logo de pronto, que não se tem por escopo qualquer apologia ao delicado problema, apenas busca-se sua abordagem e a tentativa de iniciar uma possível compreensão. O além disso é fruto da engenhosidade e perspicácia do amigo leitor.

Emil Cioran e o flerte com o suicídio

“Por que eu não me mato?” – indagou o filósofo a Emil Cioran (1911-1995), que apesar disso não se suicidou, mas desejou fazê-lo muitas vezes. Questionamentos como esse são típicos da psicologia suicida. O enfrentamento da morte a pretexto de libertação, mais do que coragem, exige consciência de que tudo está perdido e não há mais saídas a garantir que a vida vale a pena ser vivida. Geralmente, os casos de suicídio são marcados por um traço peculiar: a solidão. Suicidas são, amiúde, solitários e dão adeus ao mundo mergulhados na solidão; se não é assim, vejamos como Cioran visualiza um cenário apropriado para a realização do ato, “quando levantamos em meio à noite buscando desesperadamente por uma derradeira explicação, mas ao constatar a nossa solidão, porque todos dormem, desistimos de nossa intenção, pois ‘como abandonar um mundo onde se pode ainda estar sozinho?” [texto integral]

Moartea aforisticǎ la Emil Cioran (Nadia-Irina Chelaru)

Nadia-Irina Chelaru

Emile Cioran, écrivain et philosophe d’origine roumaine, intéresse particulièrement le lecteur contemporain par sa façon d’interpréter le monde par le négative. Son état de désespoir (Sur les cimes du désespoir), sa vision de l’être humain «l’être est un produit de l’échec, l’homme est rien» (Des larmes et des saints), du temps (La chute dans le temps), de l’amour, sur la mort et sur histoire (Histoire et utopie) remettent en question un certain discours sur le mythe en tant que cycle ou même recyclage de l’histoire. La modernité de son œuvre réside pourtant dans la création d’un nouveau mythe, un «mythe valaque», et dans son discours négatif (son renversement). Cette négation du mythe ne finit pas par la destruction de son objet; au contraire, elle contribue justement à sa remythisation. Le moraliste attire l’attention du lecteur par son outrance, par le fait qu’il est un éternel étranger, l’homme qui ne trouve sa place nulle part, et par sa compassion, sa «pitié pathologique» envers les êtres qui sont condamnés à vivre. Cioran nie, mais en même temps aime l’être humain.

Dans ce contexte, l’un des thèmes les plus importants de son écriture est certainement la mort. Celle-ci se présente selon trois modes d’expression formelle: l’essai, le propos et l’aphorisme. Une analyse attentive permet cependant de réduire cette triade, car chaque essai est constitué d’un certain nombre de propos, qui, à leur tour, sont essentiellement charpentés autour d’une série d’aphorismes. L’aphorisme est bien la cellule ou l’unité première qui demeure à la base de l’écriture cioranienne de la mort. Dans cet article, je voudrais montrer comment ces aphorismes sont construits grammaticalement, les figures stylistiques et pragmatiques (l’ironie, l’insinuation, le sous-entendu) qui les composent négativement. L’aphorisme sera ce qui rompt la forme circulaire du mythe et, en même temps, ce qui la relance vers autre chose. Je m’interrogerai sur la manière qui combiner les quatre formes aphoristiques de la mort: la forme itérative, l’anecdote, la citation, et l’opposition des pronoms tu/vous1. L’aphorisme deviendra alors l’élément circulaire central dans la méthode de Cioran.

Emil Cioran (1911-1995), scriitor şi filosof român de expresie franceză, interesează în particular cititorul contemporan prin felul său de a interpreta lumea în mod negativ. Starea sa de disperare (Pe culmile disperării), viziunea sa asupra fiinţei umane – «fiinţa umană este un produs al eşecului, omul este un nimic» (Lacrimi şi sfinţi), a timpului (Căderea în timp), despre iubire, moarte şi istorie (Istorie şi utopie), pun în discuţie un anumit discurs despre mit ca ciclu sau reciclaj al istoriei. Modernitatea operei sale rezidă totuşi în crearea unui nou mit, «mitul valah» în discursul cioranian, cum explică Eugen Simion2. Această negaţie a mitului nu sfârşeşte prin distrugerea obiectului; ea contribuie, din contră, cum explică Eugen Simion, la «remitizarea» lui. Moralistul atrage atenţia cititorului prin excesul său, prin faptul că el este un etern străin, un om care nu-şi găseşte locul nicăieri, şi prin compasiunea sa, «mila sa patologică» faţă de fiinţele care sunt condamnate să trăiască. Astfel, Cioran neagă şi în acelaşi timp iubeşte fiinţa umană.
În acest context, una dintre temele cele mai importante ale operei sale este, cu siguranţă, moartea. Aceasta reprezintă sfârşitul şi apogeul vieţii. Când vorbim de viaţă, ne gândim involuntar la moarte, căci ea este inclusă. Moartea este întotdeauna o condiţie a interpretării timpului la Cioran şi ea este aceea care determină forma fragmentată a scrierii sale. Dar, pe de altă parte, nu putem niciodată să vorbim de moarte, fără să fi trăit o viaţă. Astfel, viaţa şi moarte sunt interdependente, indispensabile una alteia. Ele se aseamănă prin faptul că se atrag şi sunt diferite prin faptul că se resping. Cum afirmă filosoful Heidegger, «trebuie să prinzi trenul care circulă, căci a refuza moartea înseamnă a refuza să trăieşti o viaţă umană autentică» (Tiffreau, 101).

Moartea a influenţat deci autorii şi criticii de la începuturile istoriei scrierii. Homer vorbeşte despre moarte în Iliada şi în Odiseea, Eschil în Prometeu înlănţuit. Pentru Montaigne, «a filosofa înseamnă a învăţa să mori». Spinoza adaugă, subliniind legătura dintre moarte şi libertate, că «omul liber nu se gândeşte la nimic mai puţin decât la moarte şi înţelepciunea sa este o meditaţie nu a morţii, dar a vieţii» (Tiffreau, 101). Ideea de moarte este pentru Cioran «de domeniul utilitarului şi al logicii», explică acelaşi critic francez, Tiffreau (100).

Cum explică Cioran, în Silogismele amărăciunii, «nu cultivă aforismul decât cei care au cunoscut frica în mijlocul cuvintelor, această frică de a se prăbuşi cu toate cuvintele» (14). După părerea criticului Moret, îl putem considera pe Cioran ca un «metec al moraliştilor francezi din sec. XVII şi XVIII» (234). Astfel, Cioran rămâne fidel tradiţiei moraliste, el care practica eseul, mai mult sau mai puţin scurt, anecdota, apologul, portretul, nota biografică, şi, mai ales, aforismul.

Ceea ce vizează Cioran este o «formă de scriere negru pe alb, prin care s-ar exprima direct o gândire în ceea ce are ea organic, în timp ce emană de afecte, de senzaţii, de sentimente la care scrierea trebuie să rămână fidelă, fără să le ipostazieze în idei, fără să se manifeste în discurs» (235). Astfel, forma scurtă constituie o cheie a lecturii pentru toată opera lui Cioran.

La Cioran, meditaÅ£ia asupra morÅ£ii se prezintă sub forma a trei moduri de expresie: eseul, zicala, aforismul. O analiză atentă permite totuşi să se reducă această triadă, căci fiecare eseu este constituit dintr-un anumit număr de zicale, care la rândul lor sunt esenÅ£ial ataşate în jurul unei serii de aforsime. Aforismul este astfel celula sau unitatea principală ce stă la baza scrierii cioraniene despre moarte. În acest articol aş vrea să demonstrez cum sunt construite gramatical aforismele şi să identific elementele stilistice şi pragmatice (ironia, insinuarea, subînÅ£elesul) care le compun negativ. Aforismul va fi acela care rupe forma circulară a mitului şi, în acelaşi timp, cel care o relansează spre altceva. Voi analiza materia care combină cele patru forme aforistice ale morÅ£ii: forma iterativă, anecdota şi citatul şi opoziÅ£ia pronominală. Aforismul va deveni astfel elementul circular central în metoda lui Cioran… [+]