“E.M. Cioran, or God Doesn’t Wear a Cane” (Andrei Codrescu)

Originally published in the American Book Review, vol. 1, no. 5, December/January 1978

In my bed of pain, with a crown of ice cubes araund my foot, I¬†was proof that Paris is the best skateboarding town in the world. The square at St. Sulpice had run from under me like Los Angeles had from under Fred Astaire, to show me, possibly, that I¬†wasn’t as young as my son. But the pain in my foot wasn’t as bad as the ache in my heart because now I¬†couldn’t see the hero of my adolescence with whom, by clever and devious means, I¬†had obtained an interview. I¬†looked over the radiator at the roofs of Montparnasse eight floors down, and called Emil Cioran to tell him that I couldn’t make it that evening, that I¬†was a cripple.

It is not pity, it is envy the tragic hero inspires in us, that lucky devil whose sufferings we devour as if we were entitied to them and he had cheated us of them. Why not try to take them back from him? In any case, they were meant for us … To be alI the more certain of that, we declare them our own, aggrandize them and give them excessive proportions; grappIe or groan before us as he will, he cannot move us, for we are not his spectators but his rivals, his competitors in the theatre, capable of supporting his miseries better than he is … (The Temptation to Exist 194)

Ever since I¬†remember (and my memory only goes as far as my literate beginnings) I experienced that frisson of awe and envy at mention of Cioran’s name. Born in my hometown of Sibiu in Transylvania, he was a legend before I¬†read him. Forbidden by the Communists, his books bumed with a flame that went way beyond their content, In the Iycee (the same one he had attended) I would positively dissolve at the thought that one day I¬†might be good enough to meet him. The dazzling fantasy of being in Paris talking to Emil Cioran exhausted me. Here I¬†was, at the core of my fantasy, unable to shake his hand. I¬†was a tragic hero,¬†not¬†because of my wounded foot which they might or might not saw off, but because I¬†couldn ‘t see him… [+]

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Entretien avec Aurel Cioran (1914-1997), par Claudio Mutti

Emil-si-Aurel-CioranParu dans VOXNR.Com, dimanche, 2 f√©vrier 2003. Propos recueillis √† Sibiu le 3 ao√Ľt 1995 par Claudio Mutti et parus dans la revue Origini, n¬į 13/f√©vrier 1996.

Q.: Dans la nouvelle nomenclature des rues de Bucarest, on trouve aujourd’hui le nom de Mircea Eliade, mais √† Sibiu, il n’y a pas encore de rue portant le nom d’Emil Cioran. Que repr√©sente Cioran pour ses concitoyens de Sibiu √† l’heure actuelle?

AC: Donner un nom √† une rue ou √† une place d√©pend des autorit√©s municipales. Normalement, il faut qu’un peu de temps passe apr√®s la mort d’une personnalit√© pour que son nom entre dans la toponymie. Quant √† ce qui concerne les habitants de Sibiu et en particulier les intellectuels locaux, ils ne seront pas en mesure de donner une r√©ponse pr√©cise √† votre question.

Q.: Je vais vous la formuler autrement. Dans une ville o√Ļ il y a une facult√© de th√©ologie, comment est accueilli un penseur aussi n√©gativiste (du moins en apparence…) que votre fr√®re?

AC: Vous avez bien fait d’ajouter en apparence. Dans un passage o√Ļ il parle de lui-m√™me √† la troisi√®me personne et qui a √©t√© publi√© pour la premi√®re fois dans les Ňíuvres compl√®tes de Gallimard, mon fr√®re parle tr√®s exactement du ¬≥paradoxe d’une pens√©e en apparence n√©gative. Il √©crit: “Nous sommes en pr√©sence d’une Ňďuvre √† la fois religieuse et antireligieuse o√Ļ s’exprime une sensibilit√© mystique”. En effet, je consid√®re qu’il est tout √† fait absurde de coller l’√©tiquette d’ath√©e sur le dos de mon fr√®re, comme on l’a fait depuis tant d’ann√©es. Mon fr√®re parle de Dieu sur chacune des pages qu’il a √©crites, avec les accents d’un v√©ritable mystique original. C’est justement sur ce th√®me que je suis intervenu lors d’un symposium qui a eu lieu ici √† Sibiu. Je vais vous citer un autre passage qui remonte √† 1990 et qui a √©t√© publi√© en roumain dans la revue Agor√†: “Personnellement, je crois que la religion va beaucoup plus en profondeur que toute autre forme de r√©flexion √©manant de l’esprit humain et que la vraie vision de la vie est la vision religieuse. L’homme qui n’est pas pass√© par le filtre de la religion et qui n’a jamais connu la tentation religieuse est un homme vide. Pour moi, l’histoire universelle √©quivaut au d√©ploiement du p√©ch√© originel et c’est de ce c√īt√©-l√† que je me sens le plus proche de la religion”… [+]

Cioran: conversaci√≥n con Fernando Savater

“Creo que la filosof√≠a no es posible m√°s que como fragmento. En forma de explosi√≥n. Ya no es posible ponerse a elaborar capitulo tras capitulo, en forma de tratado. En este sentido, Nietzsche fue sumamente liberador. Fue el quien sabote√≥ el estilo de la filosof√≠a acad√©mica, quien atent√≥¬†contra la idea de sistema. Ha sido liberador porque tras √©l puede decirse cualquier cosa… Ahora todos somos fragmentistas, incluso cuando escribimos libros de apariencia coordinada. Va tambi√©n con nuestro estilo de civilizaci√≥n.”

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Aparecida bajo el t√≠tulo ¬ęEscribir para despertar¬Ľ en el diaro El Pais del d√≠a 23 de octubre de 1977.

Extraído de CIORAN, E. M., Conversaciones.  Trad. de Carlos Manzano. Barcelona, Tusquets (Marginales 146), 1997, ps. 17-26.

Si les comprendo bien, me preguntan ustedes por qu√© no he elegido rotundamente el silencio, en lugar de merodear en tomo a √©l, y me reprochan explayarme en lamentos en lugar de callarme. Para empezar, no todo el mundo tiene la suerte de morir joven. Mi primer libro lo escrib√≠ en rumano a los veinti√ļn anos, prometi√©ndome no volver a escribir nada m√°s. Luego escrib√≠ otro, seguido de la misma promesa. La comedia se ha repetido durante m√°s de cuarenta a√Īos. Por qu√©? Porque escribir, por poco que sea, me ha ayudado a pasar los anos, pues las obsesiones expresadas quedan debilitadas y superadas a medias. Estoy seguro de que si no hubiese emborronado papel, me hubiera matado hace mucho. Escribir es un alivio extraordinario. Y publicar tambi√©n. Esto les parecer√° rid√≠culo y, sin embargo, es muy cierto. Pues un libro es vuestra vida, o una parte de ella, que se os hace exterior. Se desprende uno de todo lo que ama y sobre todo de todo lo que detesta en uno mismo. Ir√© m√°s lejos, si no hubiese escrito, hubiera podido convertirme en un asesino. La expresi√≥n es una liberaci√≥n. Les aconsejo que hagan el ejercicio siguiente: cuando odien a alguien y sientan ganas de liquidarle, cojan un trozo de papel y escriban que Fulano es un puerco, un bandido, un cr√°pula, un monstruo. En seguida advertir√°n que ya le odian menos. Es precisamente lo mismo que yo he hecho respecto a m√≠ mismo. He escrito para injuriar a la vida y para injuriarme. .Resultado? Me he soportado mejor y he soportado mejor la vida.

Cioran, ¬Ņqu√© podr√≠a usted a√Īadir a esto?

¬°Realmente no podr√≠a a√Īadir nada m√°s…! ¬°o quiz√° decir cualquier cosa! En realidad es una cuesti√≥n de vitalidad. Para que entienda esto debo hablarle de mi origen. Hay mucho de campesino en m√≠, mi padre era un cura ortodoxo rural y yo nac√≠ entre monta√Īas, en los C√°rpatos, en un ambiente muy primitivo. Era un pueblo realmente b√°rbaro, en el que los campesinos trabajaban tremendamente toda la semana para luego gastarse la paga en una noche, emborrach√°ndose como cubas. Yo era un chico bastante robusto: !todo lo que tengo ahora de achacoso lo ten√≠a entonces de fuerte! Le interesara a usted saber que mi mayor ambici√≥n por entonces era ser el primero jugando a los bolos: a los doce o trece a√Īos jugaba con los campesinos, por dinero o por cerveza. Me pasaba el domingo jugando contra ellos y frecuentemente lograba ganarles, aunque ellos fuesen m√°s fuertes que yo, porque como no ten√≠a otra cosa que hacer me pasaba la semana practicando…

Rumania

¬ŅFue la suya una infancia feliz?

Esto es muy importante: no conozco caso de una infancia tan feliz como la m√≠a. Viv√≠a junto a los C√°rpatos, jugando libremente en el campo y en la monta√Īa, sin obligaciones ni deberes. Fue una infancia inauditamente feliz, despu√©s, hablando con la gente, nunca he encontrado nada equivalente. Yo no quer√≠a salir nunca de aquel pueblo, no olvidare jam√°s el d√≠a en que mis padres me hicieron coger un coche para llevarme al liceo en la ciudad. Fue el final de mi sue√Īo, la ruina de mi mundo.

¬ŅQue recuerda usted ante todo de Rumania?

Lo que ante todo me gusto de Rumania fue su faceta extremadamente primitiva. Hab√≠a naturalmente gente civilizada, pero lo que yo prefer√≠a eran los iletrados, los analfabetos… Hasta los veinte a√Īos nada me gustaba tanto como irme de Sibiu a las monta√Īas y hablar con los pastores, con los campesinos completamente iletrados. Pasaba el tiempo charlando y bebiendo con ellos. Creo que un espa√Īol puede entender esta faceta primitiva, muy primitiva. Habl√°bamos de cualquier cosa y yo lograba un contacto casi inmediato con ellos.

¬ŅQu√© recuerdos guarda de la situaci√≥n hist√≥rica de su pa√≠s durante su juventud?

Bueno, Europa oriental era entonces el Imperio austroh√ļngaro. Sibiu estaba enclavada en Transilvania, pertenec√≠a al Imperio: nuestra capital so√Īada era Viena. Siempre me sent√≠ de alg√ļn modo vinculado al Imperio… !en el que, sin embargo, los rumanos √©ramos esclavos! Durante la guerra del 14, mis padres fueron deportados por los h√ļngaros… Me siento muy af√≠n, psicol√≥gicamente, a los h√ļngaros, a sus gustos y costumbres. La m√ļsica h√ļngara, gitana, me emociona profunda, muy profundamente. Soy una mezcla de h√ļngaro y rumano. Es curioso, el pueblo rumano es el pueblo m√°s fatalista del mundo. Cuando yo era joven, eso me indignaba, el manejo de conceptos metaf√≠sicos dudosos ‚ÄĒcomo destino, fatalidad‚ÄĒ para explicar el mundo. Pues bien: cuanto m√°s avanzo en edad, m√°s cerca voy sinti√©ndome de mis or√≠genes. Ahora deber√≠a sentirme europeo, occidental, pero no es as√≠ en absoluto. Tras una existencia en que he conocido bastantes pa√≠ses y le√≠do muchos libros, he llegado a la conclusi√≥n de que era el campesino rumano quien ten√≠a raz√≥n. Ese campesino que no cree en nada, que piensa que el hombre est√° perdido, que no hay nada que hacer, que se siente aplastado por la historia. Esa ideolog√≠a de v√≠ctima es tambi√©n mi concepci√≥n actual, mi filosof√≠a de la historia. Realmente, toda mi formaci√≥n intelectual no me ha servido de nada.

Un libro es una herida

Usted ha escrito: ¬ęUn libro debe hurgar en las heridas, provocarlas, incluso. Un libro debe ser un peligro¬Ľ ¬ŅEn qu√© sentido son peligrosos sus libros?

Bueno, mire usted: me han dicho muchas veces que lo que yo escribo en mis libros no debe decirse. Cuando saque el Pr√©cis, el cr√≠tico de Le Monde me mand√≥ una carta de reconvenci√≥n. ¬ęUsted no se da cuenta, ese libro podr√≠a caer en manos de j√≥venes!¬Ľ Eso es absurdo. .Para que van a servir los libros? Para aprender? Eso no tiene ning√ļn inter√©s, para eso no hay m√°s que ir a clase. No, yo creo que un libro debe ser realmente una herida, debe trastornar la vida del lector de un modo u otro. Mi idea al escribir un libro es despertar a alguien, azotarle. Puesto que los libros que he escrito han surgido de mis malestares, por no decir de mis sufrimientos, es preciso que en cierto modo transmitan esto mismo al lector. No, no me gustan los libros que se leen como quien lee el peri√≥dico, un libro debe conmoverlo todo, ponerlo todo en cuesti√≥n. .Para qu√©? Bueno, no me preocupa demasiado la utilidad de lo que escribo, porque no pienso realmente nunca en el lector; escribo para m√≠, para librarme de mis obsesiones, de mis tensiones, nada m√°s. Una se√Īora escrib√≠a hace poco sobre m√≠ en Le Quotidien de Paris: ¬ęCioran escribe las cosas que cada uno se repite en voz baja¬Ľ. No escribo proponi√©ndome fabricar ¬ęun libro¬Ľ, para que alguien lo lea. No, escribo para aliviarme. Ahora bien, despu√©s, meditando sobre la funci√≥n de mis libros, es cuando pienso que debieran ser algo as√≠ como una herida. Un libro que deja a su lector igual que antes de leerlo es un libro fallido.

En todos sus libros, junto a un aspecto que podr√≠amos llamar pesimista, negro, brilla una extra√Īa alegr√≠a, un gozo inexplicable pero reconfortante y hasta vivificador.

Es curioso esto que usted me dice; me lo han dicho muchos. Vera, yo no tengo demasiados lectores, pero podr√≠a citarle casos y casos de personas que han confesado a alg√ļn conocido m√≠o: ¬ęYo me habr√≠a suicidado si no hubiera le√≠do a Cioran¬Ľ. As√≠, pues, creo que tiene usted mucha raz√≥n. Creo que la causa de esto es la pasi√≥n: yo no soy pesimista, sino violento… Esto es lo que hace vivificante a mi negaci√≥n. En realidad, cuando antes habl√°bamos de heridas, yo no entend√≠a eso de un modo negativo: !herir a alguien no equivale en modo alguno a paralizarle! Mis libros no son depresivos ni deprimentes, de igual forma que un l√°tigo no es deprimente. Los escribo con furor y pasi√≥n. Si mis libros pudiesen ser escritos en frio, eso ser√≠a peligroso. Pero yo no puedo escribir en frio, soy como un enfermo que se sobrepone febrilmente en cada caso a su enfermedad. La primera persona que ley√≥ el Breviario de podredumbre, aun en manuscrito, fue el poeta Jules de Supervielle. Era un hombre ya muy mayor, profundamente sujeto a depresiones, y me dijo: ¬ęEs incre√≠ble lo mucho que me ha estimulado su libro¬Ľ. En ese sentido, si quiere usted, soy como el diablo, que es un tipo ¬†activo, un negador que hace marchar las cosas…

Aunque usted mismo se ha encargado de deslindar su obra de la filosof√≠a propiamente dicha (verbi gratia, la carta-prologo que precede a mi Ensayo sobre Cioran), no es en modo alguno arbitrario encuadrarle dentro de esas actividades diversas, autocriticas, que ocupan el lugar vacante de la filosof√≠a tras el final de los grandes sistemas decimon√≥nicos. ¬ŅQu√© sentido tiene a√ļn la filosof√≠a, Cioran?

Creo que la filosof√≠a no es posible m√°s que como fragmento. En forma de explosi√≥n. Ya no es posible ponerse a elaborar capitulo tras capitulo, en forma de tratado. En este sentido, Nietzsche fue sumamente liberador. Fue el quien saboteo el estilo de la filosof√≠a acad√©mica, quien atento contra la idea de sistema. Ha sido liberador porque tras √©l puede decirse cualquier cosa… Ahora todos somos fragmentistas, incluso cuando escribimos libros de apariencia coordinada. Va tambi√©n con nuestro estilo de civilizaci√≥n.

Tambi√©n va en ello nuestra honradez. Nietzsche dec√≠a que en la ambici√≥n sistem√°tica hay una falta de honradez…

Sobre eso de la honradez voy a decirle algo. Cuando uno emprende un ensayo de cuarenta p√°ginas sobre lo que sea, comienza por ciertas afirmaciones previas y queda prisionero de ellas. Cierta idea de la honradez le obliga a continuar respet√°ndolas hasta el final, a no contradecirse. Sin embargo, seg√ļn va avanzando el texto, le van ofreciendo otras tentaciones, que hay que rechazar porque apartan del camino trazado. Uno est√° encerrado en un c√≠rculo trazado por uno mismo. De este modo uno se hace honorable y cae en la falsedad y en la falta de veracidad. Si esto pasa en un ensayo de cuarenta p√°ginas, ! qu√© no ocurrir√° en un sistema! Este es el drama de todo pensamiento estructurado, el no permitir la contradicci√≥n. As√≠ se cae en lo falso, se miente para resguardar la coherencia. En cambio, si uno hace fragmentos, en el curso de un mismo d√≠a puede uno decir una cosa y la contraria. .Por que? Porque surge cada fragmento de una experiencia diferente y esas experiencias s√≠ que son verdaderas: son lo m√°s importante. Se dir√° que esto es irresponsable, pero si lo es, lo ser√° en el mismo sentido en que la vida es irresponsable. Un pensamiento fragmentario refleja todos los aspectos de vuestra experiencia: un pensamiento sistem√°tico refleja solo un aspecto, el aspecto controlado, luego empobrecido. En Nietzsche, en Dostoievski, hablan todos los tipos de humanidad posibles, todas las experiencias. En el sistema solo habla el controlador, el jefe. El sistema es siempre la voz del jefe: por eso todo sistema es totalitario, mientras que el pensamiento fragmentario permanece libre.

¬ŅCu√°l fue su formaci√≥n filos√≥fica? ¬ŅQu√© fil√≥sofos le han interesado m√°s?

Bueno, en mi juventud lei mucho a Leon Chestov, que era muy conocido entonces en Rumania. Pero quien m√°s me intereso, a quien m√°s ame, esa es la palabra, fue a Georg Simmel. Ya s√© que Simmel es bastante conocido en Espa√Īa, gracias al inter√©s de Ortega por √©l, mientras que es completamente ignorado en Francia. Simmel era un escritor maravilloso, un magnifico filosofo-ensayista. Fue amigo √≠ntimo de Lukacs y Bloch, en los que influyo y que luego renegaron de √©l, lo que me parece absolutamente deshonesto. Hoy Simmel est√° completamente olvidado en Alemania, silenciado incluso, pero en su √©poca tuvo la admiraci√≥n de figuras como Thomas Mann o Rilke. Simmel tambi√©n fue un pensador fragmentario, lo mejor de su obra son fragmentos. Tambi√©n influyeron mucho en mi los pensadores alemanes de la llamada ¬ęfilosof√≠a de la vida¬Ľ, como Dilthey, etc√©tera. Por supuesto, tambi√©n lei mucho a Kierkegaard entonces, cuando a√ļn no era moda. En general, lo que m√°s me ha interesado siempre es la filosof√≠a-confesi√≥n. Lo mismo en filosof√≠a que en literatura lo que me interesa son los casos, aquellos autores de quienes puede decirse que son ¬ęcasos¬Ľ en el sentido casi cl√≠nico de la expresi√≥n. Me interesan todos aquellos que van a la cat√°strofe y tambi√©n los que lograron situarse m√°s all√° de la cat√°strofe. No puedo admirar m√°s que a aquel que ha estado a punto de derrumbarse. Por eso ame a Nietzsche o a Otto Weininger. O tambi√©n autores rusos como Rozanov, escritores religiosos que rozan constantemente la herej√≠a, tipo Dostoievski. No me marcaron los autores que son solamente una experiencia intelectual, como Husserl. De Heidegger me intereso su vertiente kierkegaardiana, no la husserliana. Pero, ante todo, busco el caso: en pensamiento o literatura tengo inter√©s ante todo por lo fr√°gil, lo precario, lo que se derrumba y tambi√©n por lo que resiste la tentaci√≥n de derrumbarse pero deja constancia de la amenaza…

¬ŅQu√© opina usted de la ¬ęnueva filosof√≠a¬Ľ francesa, brote pol√©mico del d√≠a?

Bueno, no puedo decir que los conozca a fondo, pero en general creo que se trata de gente que comienza a despertar de su sue√Īo dogm√°tico…

Usted ha escrito uno de sus mejores libros sobre el tema de la utopía.

Recuerdo muy bien el comienzo de mi inter√©s, durante una conversaci√≥n en un caf√© de Paris con Mar√≠a Zambrano, all√° por los a√Īos cincuenta. Entonces decid√≠ escribir algo sobre la utop√≠a. Me puse a leer directamente a los utopistas: Moro, Fourier, Cabet, Campanella… Al principio, con exaltaci√≥n fascinada; luego, con cansancio; finalmente, con mortal aburrimiento. Es incre√≠ble la fascinaci√≥n que ejercieron los utopistas sobre grandes esp√≠ritus: Dostoievski, por ejemplo, le√≠a a Cabet con admiraci√≥n. ¬°Cabet, que era un perfecto imb√©cil, un sub-Fourier! Todos cre√≠an que el milenio estaba por llegar: un par de a√Īos, una d√©cada a lo sumo… Tambi√©n era deprimente su optimismo, la pintura excesivamente rosa, esas mujeres de Fourier cantando mientras trabajaban en los talleres… Este optimismo ut√≥pico es frecuentemente despiadado. Recuerdo, por ejemplo, un encuentro que tuve con Teilhard de Chardin; el hombre peroraba entusi√°sticamente sobre la evoluci√≥n del cosmos hacia Cristo, el punto Omega, etc√©tera… y entonces le pregunte que pensaba del dolor humano: ¬ęEl dolor y el sufrimiento¬Ľ, me dijo ¬ęson un simple accidente de la evoluci√≥n¬Ľ. Me fui indignado, neg√°ndome a discutir con aquel d√©bil mental. Creo que la utop√≠a y los utopistas han tenido un aspecto positivo, en el siglo XIX, el de llamar la atenci√≥n sobre la desigualdad de la sociedad y urgir a remediarla. No olvidemos que el socialismo es a fin de cuentas hijo de los utopistas. Pero se basan en una idea err√≥nea, la de la perfectibilidad indefinida del hombre. Creo m√°s acertada la teor√≠a del pecado original, aunque priv√°ndola de sus connotaciones religiosas, puramente como antropolog√≠a. Ha habido una ca√≠da irremediable, una perdida que nada puede colmar. En realidad, creo que lo que me ha alejado finalmente de la tentaci√≥n utopista es mi gusto por la historia, pues la historia es el ant√≠doto de la utop√≠a. Pero, aunque la pr√°ctica de la historia sea esencialmente antiut√≥pica, es cierto que la utop√≠a hace marchar la historia, la estimula. No actuamos m√°s que bajo la fascinaci√≥n de lo imposible: lo que equivale a decir que una sociedad incapaz de dar a luz una utop√≠a y de entregarse a ella est√° amenazada por la esclerosis y la ruina. La utop√≠a, la construcci√≥n de sistemas sociales perfectos, es una debilidad muy francesa: lo que al franc√©s le falta de imaginaci√≥n metaf√≠sica, le sobra de imaginaci√≥n pol√≠tica. Fabrica impecables sistemas sociales, pero sin tener en cuenta la realidad. Es un vicio nacional: mayo del 68, por ejemplo, fue una producci√≥n constante de sistemas de todo tipo, mas ingeniosos e irrealizables unos que otros.

El poder es el mal 

La utop√≠a es, por as√≠ decirlo, el problema de un poder inmanente y no trascendente a la sociedad. ¬ŅQu√© es el poder, Cioran?

Creo que el poder es malo, muy malo. Soy resignado y fatalista frente al hecho de su existencia, pero creo que es una calamidad. Mire usted, he conocido a gente que ha llegado a tener poder y es algo terrible. ¬°Algo tan malo como un escritor que llega a hacerse celebre! Es lo mismo que llevar un uniforme; cuando se lleva uniforme ya no se es el mismo: bien, pues alcanzar el poder es llevar un uniforme invisible de forma permanente. Me pregunto: .por que un hombre normal, o aparentemente normal, acepta el poder, vivir preocupado de la ma√Īana a la noche, etc√©tera? Sin duda, porque dominar es un placer, un vicio. Por eso no hay pr√°cticamente ning√ļn caso de dictador o jefe absoluto que abandone el poder de buen grado: el caso de Sila es el √ļnico que recuerdo. El poder es diab√≥lico: el diablo no fue m√°s que un √°ngel con ambici√≥n de poder, luego ni un √°ngel puede disponer de poder impunemente. Desear el poder es la gran maldici√≥n de la humanidad.

Volviendo a la utop√≠a…

El ansia de utop√≠a es un ansia religiosa, un deseo de absoluto. La utop√≠a es la gran fragilidad de la historia, pero tambi√©n su gran fuerza. En cierto sentido, la utop√≠a es lo que rescata la historia. Ah√≠ tiene usted la campana electoral en Francia, por ejemplo: si no fuera por su componente ut√≥pico, ser√≠a una querella entre tenderos… Mire usted, yo no podr√≠a ser pol√≠tico porque creo en la cat√°strofe. Por mi parte, estoy seguro de que la historia no es el camino del para√≠so. Bueno, si soy un verdadero esc√©ptico no puedo estar seguro ni de la cat√°strofe…, !digamos que estoy casi seguro! Por eso me siento desapegado de cualquier pa√≠s, de cualquier grupo. Soy un ap√°trida metaf√≠sico, algo as√≠ como aquellos estoicos de fines del Imperio romano, que se sent√≠an ¬ęciudadanos del mundo¬Ľ, lo que es una forma de decir que no eran ciudadanos de ninguna parte.

Usted no solo ha desertado de su patria, sino tambi√©n, lo que es a√ļn m√°s importante, de su lengua.

Ese es el mayor acontecimiento que puede ocurrirle a un escritor, el m√°s dram√°tico. ¬°Las cat√°strofes hist√≥ricas no son nada al lado de esto! Yo escrib√≠ en rumano hasta el a√Īo 47. Ese a√Īo yo me encontraba en una casita cerca de Dieppe y traduc√≠a a Mallarm√© al rumano. De pronto me dije: ¬ę!Que absurdo! ¬ŅPara qu√© traducir a Mallarme a una lengua que nadie conoce?¬Ľ. Y entonces renuncie a mi lengua. Me puse a escribir en franc√©s y fue muy dif√≠cil, porque por temperamento la lengua francesa no me conviene, me hace falta una lengua salvaje, una lengua de borracho. El franc√©s fue como una camisa de fuerza para m√≠. Escribir en otra lengua es una experiencia asombrosa. Se reflexiona sobre las palabras, sobre la escritura. Cuando escrib√≠a en rumano, yo no me daba cuenta de que escrib√≠a, simplemente escrib√≠a. Las palabras no eran entonces independientes de m√≠. En cuanto me puse a escribir en franc√©s todas las palabras se hicieron conscientes, las ten√≠a delante, fuera de m√≠, en sus celdillas y las iba cogiendo: ¬ęAhora t√ļ, y ahora tu¬Ľ. Es una experiencia parecida a otra que tuve cuando llegue a Paris. Me aloje en un hotelito del Barrio Latino, y el primer d√≠a, cuando baje a telefonear a conserjer√≠a, me encontr√© al encargado del hotel, su mujer y un hijo preparando el men√ļ de comida: ¬°lo preparaban como si fuese un plan de batalla! Me qued√© asombrado: en Rumania yo hab√≠a comido siempre como un animal, bien, pero inconscientemente, sin advertir lo que significa comer. En Paris me di cuenta de que comer es un ritual, un acto de civilizaci√≥n, casi una toma de posici√≥n filos√≥fica… Del mismo modo, escribir en franc√©s dejo de ser un acto instintivo, como era cuando escrib√≠a en rumano, y adquiri√≥ una dimensi√≥n deliberada, tal como deje tambi√©n de comer inocentemente… Al cambiar de lengua, liquid√© inmediatamente el pasado, cambie totalmente la vida. Aun hoy, sin embargo, me parece que escribo una lengua que no casa con nada, sin ra√≠ces, una lengua de invernadero.

Cioran, usted ha hablado frecuentemente del hast√≠o. ¬ŅQu√© papel ha desempe√Īado en su vida el hast√≠o, el tedio?

Puedo decirle que mi vida ha estado dominada por la experiencia del tedio. He conocido ese sentimiento desde mi infancia. No se trata de ese aburrimiento que puede combatirse por medio de diversiones, con la conversaci√≥n o con los placeres, sino de un hast√≠o, por decirlo as√≠, fundamental y que consiste en esto: m√°s o menos s√ļbitamente en casa o de visita o ante el paisaje m√°s bello, todo se vac√≠a de contenido y de sentido. El vac√≠o esta en uno y fuera de uno. Todo el Universo queda aquejado de nulidad. Ya nada resulta interesante, nada merece que se apegue uno a ello. El hast√≠o es un v√©rtigo, pero un v√©rtigo tranquilo, mon√≥tono; es la revelaci√≥n de la insignificancia universal, es la certidumbre llevada hasta el estupor o hasta la suprema clarividencia de que no se puede, de que no se debe hacer nada en este mundo ni en el otro, que no existe ning√ļn mundo que pueda convenirnos y satisfacernos. A causa de esta experiencia ‚ÄĒno constante, sino recurrente, pues el hast√≠o viene por acceso, pero dura mucho m√°s que una fiebre‚ÄĒ no he podido hacer nada serio en la vida. A decir verdad, he vivido intensamente, pero sin poder integrarme en la existencia. Mi marginalidad no es accidental, sino esencial. Si Dios se aburriese, seguir√≠a siendo Dios, pero un Dios marginal. Dejemos a Dios en paz. Desde siempre, mi sue√Īo ha sido ser in√ļtil e inutilizable. Pues bien, gracias al hast√≠o he realizado ese sue√Īo. Se impone una precisi√≥n: la experiencia que acabo de describir no es necesariamente deprimente, pues a veces se ve seguida de una exaltaci√≥n que transforma el vac√≠o en incendio, en un infierno deseable…

Y mientras me dispongo a salir, doran insiste:

No olvide decirles que solo soy un marginal, un marginal que escribe para hacer despertar. Repítaselo: mis libros pueden hacer despertar.

Cioran: conversaci√≥n con Fran√ßois Bondy

¬ŅLe gusta escribir?

Lo detesto y, adem√°s, he escrito muy poco. La mayor parte del tiempo no hago nada. Soy el hombre m√°s ocioso de Par√≠s. Creo que s√≥lo una puta sin cliente est√° menos activa que yo. […] No se deber√≠a escribir sobre lo que no se haya rele√≠do. En Francia existe tambi√©n el rito del libro anual. Hay que sacar un libro todos los a√Īos; si no, ¬ęte olvidan¬Ľ. Es el acto de presencia obligatorio. Basta con echar cuentas. Si el autor tiene ochenta a√Īos, ya se sabe que ha publicado sesenta libros. ¬°Qu√© suerte tuvieron Marco Aurelio y el autor de la Imitaci√≥n de no necesitar m√°s de uno!¬†

*

Aparecida en la obra de François Bondy: Gespräche mit James Baldwin, Carl Burckhardt, Mary McCarthy, E.M. Cioran, Witold Gombrowicz, Eugène Ionesco, Karl Jaspers, Hans Mayer, S. Mrozek, N. Sarraute, I. Silone, Jean Starobinski, Viena, Europa Verlag, 1970

¬ŅC√≥mo consigui√≥ este apartamento en el sexto piso, con una magn√≠fica vista sobre los tejados del Barrio Latino?
Gracias al esnobismo literario. Llevaba ya mucho tiempo harto de mi habitaci√≥n de hotel en la Rue Racine y hab√≠a pedido a una agente inmobiliaria que me buscara algo, pero no me hab√≠a ense√Īado nada. Entonces le envi√© un libro que acababa de publicar, con una dedicatoria. Dos d√≠as despu√©s, me trajo aqu√≠, donde el alquiler ‚ÄĒaunque le cueste creerlo‚ÄĒ es de unos cien francos, lo que corresponde a mis medios de vida. Es lo que ocurre con las dedicatorias de autor. La sesi√≥n de la firma en Gallimard, cada vez que aparece un libro, era algo que me aburr√≠a y una vez no llegu√© a firmar la mitad de mi contingente de libros. Nunca he tenido peores cr√≠ticas. Es un rito y una obligaci√≥n. Ni siquiera Beckett puede substraerse a √©l. Joyce nunca pudo entenderlo. Le hab√≠an dicho que en Par√≠s un cr√≠tico espera siempre una carta de agradecimiento del autor, cuando ha hablado bien de √©l. Y una vez accedi√≥ a enviar una tarjeta de visita con sus saludos a un cr√≠tico que hab√≠a publicado un estudio importante sobre √©l. Pero al otro le pareci√≥ demasiado lac√≥nico y no volvi√≥ a escribir nunca sobre Joyce.

Comencemos por Rumania. Usted se cri√≥ en Transilvania, estudi√≥ en Bucarest y en esta ciudad public√≥ sus primeros escritos. ¬ŅTenia usted ya en aquel momento, como tantos intelectuales rumanos, de Tzara a lonesco, los ojos puestos en Par√≠s?
En absoluto. En aquella √©poca la francofilia de los rumanos presentaba rasgos grotescos. Con ocasi√≥n de la primera guerra mundial un ministro dijo muy en serio para justificar la entrada de su pa√≠s en la guerra: ¬ęQue Rumania desaparezca no es tan importante, pero Francia no debe perecer¬Ľ. Recuerdo una revista francesa de derecho constitucional que en aquel momento tiraba mil doscientos ejemplares en Rumania y hoy ya s√≥lo vende un ejemplar de cada n√ļmero. Tuve un profesor admirable de filosof√≠a, Todor Vianu (muri√≥ hace unos a√Īos, siendo representante de Rumania ante la Unesco), y le√≠a sobre todo a fil√≥sofos y te√≥ricos del arte alemanes: Georg Simmel, W√≥lfflin, Worringer. Georg Simmel sigue siendo para m√≠ uno de los m√°s grandes. Ni Ernst Bloch ni Georg Luk√°cs reconocieron suficientemente todo lo que le deb√≠an. Su compa√Īera, con la que hab√≠a tenido un hijo, se ocult√≥ durante el Tercer Reich y por un capricho del destino, al intentar llegar a Suiza, justo antes del fin de la guerra, fue detenida y deportada.

¬ŅHab√≠a muchas personas en aquella √©poca en Bucarest que hubieran optado por estudiar est√©tica?
Millares. Como el Estado quer√≠a formar r√°pidamente un estrato de intelectuales, hab√≠a cincuenta mil estudiantes en Bucarest. Volv√≠an a los pueblos con sus diplomas, sin ganas ya de bensuciarse las manos, y se hund√≠an en el tedio, la desesperaci√≥n. El inmenso tedio rumano: era como un Ch√©jov muy malo. Adem√°s de los alemanes, yo le√≠a tambi√©n a los espiritualistas rusos, como Leo Chestov. ¬ŅEn Transilvania? Para todos los que viv√≠an all√≠, segu√≠a siendo el mundo de la monarqu√≠a imperial, que ni siquiera hoy se ha olvidado, ni all√≠ ni en Yugoslavia. He o√≠do incluso a comunistas hablar con emoci√≥n del emperador Francisco Jos√©. Mi padre era pope: para los intelectuales rumanos de la Transilvania h√ļngara apenas hab√≠a otras profesiones. Puede usted observar tambi√©n la cantidad de intelectuales rumanos de hoy que son hijos de pope. Mis padres hab√≠an estado por un tiempo en escuelas primarias h√ļngaras y a veces hablaban h√ļngaro entre ellos. Durante la guerra, fueron desplazados por ser rumanos: mi padre a Sopron (Odemburgo), mi madre a Cluj (Klausemburgo). Mi padre fue primero pope en un pueblo de los C√°rpatos y despu√©s p√°rroco de Hermannstadt.

Su propia inclinaci√≥n al misticismo, su odio del mundo, ¬Ņproceden de la tradici√≥n ortodoxa?
Est√°n m√°s emparentados con la secta gn√≥stica de los bogomilos, los antecesores de los c√°taros, cuya influencia fue intensa sobre todo en Bulgaria. En mi infancia yo era violentamente ateo, por no decir algo peor. Cuando recitaban la oraci√≥n de la comida, me levantaba al instante y abandonaba la mesa. Sin embargo, me reconozco pr√≥ximo a la creencia profunda del pueblo rumano, seg√ļn la cual la Creaci√≥n y el pecado son una y la misma cosa. En gran parte de la cultura balc√°nica, nunca ha cesado la acusaci√≥n contra la Creaci√≥n. ¬ŅQu√© es la tragedia griega sino la queja constante del coro, es decir, del pueblo, a prop√≥sito del destino? Por lo dem√°s, Dionisos proced√≠a de Tracia.

Es asombroso: sus escritos son profundamente pesimistas, pero su estilo es alegre, vivo, de un humor c√°ustico. Tambi√©n en la conversaci√≥n sus ideas dan miedo, pero el tono es agudo, animado. ¬ŅC√≥mo explica usted ese contraste?
Debe de ser algo heredado de mis padres, que ten√≠an caracteres totalmente opuestos. Nunca he podido escribir de otro modo que con el desaliento de las noches de insomnio y durante siete a√Īos apenas pude dormir. Creo que en todo escritor se reconoce si los pensamientos que lo ocupan son diurnos o nocturnos. Yo necesito ese desaliento y a√ļn hoy, antes de escribir, pongo un disco de m√ļsica c√≠ngara h√ļngara. Al mismo tiempo, yo ten√≠a una gran vitalidad, que he conservado y que vuelvo contra s√≠ misma. No se trata de estar m√°s o menos abatido, hay que estar melanc√≥lico hasta el exceso, extraordinariamente triste. Entonces es cuando se produce una reacci√≥n biol√≥gica saludable. Entre el horror y el √©xtasis, practico una tristeza activa. Durante mucho tiempo Kafka me pareci√≥ demasiado deprimente.

¬ŅLe gusta escribir?
Lo detesto y, además, he escrito muy poco. La mayor parte del tiempo no hago nada. Soy el hombre más ocioso de París. Creo que sólo una puta sin cliente está menos activa que yo.

¬ŅC√≥mo se gana la vida?
A los cuarenta a√Īos, estaba todav√≠a matriculado en la Sorbona, com√≠a en la cantina de los estudiantes y esperaba que esa situaci√≥n durase hasta el fin de mis d√≠as. Pero promulgaron una ley que prohib√≠a matricularse a partir de los veintisiete a√Īos y que me expuls√≥ de ese para√≠so. Al llegar a Par√≠s, me hab√≠a comprometido con el Instituto Franc√©s a escribir una tesis y ya hab√≠a comunicado su tema ‚ÄĒalgo sobre la √©tica de Nietzsche‚ÄĒ… pero no pensaba en absoluto escribirla. En lugar de eso, recorr√≠ toda Francia en bicicleta. Al final, no me retiraron la beca, porque les pareci√≥ que llevar Francia en las piernas tampoco carec√≠a de m√©rito. Pero leo mucho y sobre todo releo sin cesar. Me he le√≠do todo Dostoyevski cinco o seis veces. No se deber√≠a escribir sobre lo que no se haya rele√≠do. En Francia existe tambi√©n el rito del libro anual. Hay que sacar un libro todos los a√Īos; si no, ¬ęte olvidan¬Ľ. Es el acto de presencia obligatorio. Basta con echar cuentas. Si el autor tiene ochenta a√Īos, ya se sabe que ha publicado sesenta libros. ¬°Qu√© suerte tuvieron Marco Aurelio y el autor de la Imitaci√≥n de no necesitar m√°s de uno!

¬ŅC√≥mo se estren√≥ usted?
Con un libro aparecido en Bucarest en 1933. En las cimas de la desesperación, que contiene ya todo lo que vendría después. Es el más filosófico de mis libros.

¬ŅQu√© ocurri√≥ con la Guardia de Hierro, la variante rumana del fascismo? Dicen que usted simpatiz√≥ con ella.
La Guardia de Hierro, de la que, por lo dem√°s, nunca form√© parte, fue un fen√≥meno muy singular. Su jefe, Codreanu, era, en realidad, un eslavo que recordaba m√°s bien a un general del ej√©rcito ucraniano. La mayor√≠a de los comandos de la Guardia estaban compuestos por macedonios en exilio: de forma general, llevaba sobre todo la marca de las poblaciones circundantes de Rumania. Como el c√°ncer, del que se dice que no es una enfermedad, sino un complejo de enfermedades, la Guardia de Hierro era un complejo de movimientos y m√°s una secta delirante que un partido. En ella se hablaba menos de la renovaci√≥n nacional que de los prestigios de la muerte. Los rumanos son generalmente esc√©pticos, no esperan gran cosa del destino. Por eso la Guardia era despreciada por la mayor√≠a de los intelectuales, pero en el plano psicol√≥gico era distinto. Hay como una locura en ese pueblo profundamente fatalista. Y los intelectuales a que he aludido antes, con sus diplomas en pueblos donde se aburr√≠an a muerte, se incorporaban de buen grado a sus filas. La Guardia de Hierro estaba considerada un remedio para todos los males, incluido el tedio y hasta las purgaciones. Ese gusto por los extremos habr√≠a podido atraer tambi√©n a mucha gente hacia el comunismo, pero entonces apenas exist√≠a y no ten√≠a nada que ofrecer. En aquella √©poca experiment√© en m√≠ mismo c√≥mo sin la menor convicci√≥n se puede ceder a un entusiasmo. Es un estado que posteriormente he observado con frecuencia y no s√≥lo en personas de veinte a√Īos, como aquellas entre las que me contaba yo entonces, sino, por desgracia, tambi√©n en sexagenarios. Me ha decepcionado mucho.

¬ŅLo tildan con frecuencia de reaccionario?
Lo niego. Voy mucho m√°s lejos. Henri Thomas me dijo un d√≠a: ¬ęUsted est√° contra todo lo que ha ocurrido desde 1920¬Ľ, y yo le respond√≠: ¬ę¬°No, desde Ad√°n!¬Ľ.

¬ŅCu√°les son hoy sus relaciones con Rumania?
A la muerte de Stalin, todo el mundo se sent√≠a aliviado, s√≥lo yo suspiraba: ¬ęAhora se alzar√° el tel√≥n y vendr√°n para aqu√≠ todos los rumanos¬Ľ. Y eso fue, en efecto, lo que sucedi√≥. Vi llegar de repente a mi casa a los parientes m√°s alejados y a compa√Īeros de clase, que se pasaban horas cont√°ndome historias de vecindad y yo qu√© s√© qu√© m√°s. Entre ellos hab√≠a un m√©dico al que conoc√≠a desde el colegio y un d√≠a tuve un acceso de ira y le grit√© que se largara. Entonces me dijo: ¬ę¬ŅNo sabes que las c√©lulas nerviosas no se regeneran nunca y no hay que malgastarlas?¬Ľ. Eso me calm√≥ y seguimos hablando. Yo ten√≠a un amigo √≠ntimo que era un dirigente comunista. En aquella √©poca yo le aconsejaba que se quedara aqu√≠. En la calle me dijo: ¬ęNadie es profeta fuera de su pa√≠s¬Ľ, y volvi√≥ all√≠. Despu√©s pas√≥ dieciocho a√Īos en un campo de concentraci√≥n por desviacionismo. Pudo conservar el equilibrio mental reflexionando sobre problemas matem√°ticos. Hoy est√° libre y recibe una renta del Estado.

Usted est√° contra la historia, pero le fascinan sus problemas.
Observo su explosi√≥n. Hoy vivimos en un tiempo posthist√≥rico, del mismo modo que hay un poscristianismo. El te√≥logo Paul Tillich, que abandon√≥ Alemania en 1934, se puso a hablar en los Estados Unidos del poscristianismo y no chocaba a nadie. Se habla de ello incluso en los p√ļlpitos. Pero despu√©s se puso a luchar contra la idea de progreso y entonces se escandalizaron. Ese era el √ļnico sacrilegio aut√©ntico. Pero hoy ya no. Estamos presenciando la demolici√≥n de la idea de progreso. Incluso los pesimistas de aquella √©poca, como Eduard von Hartmann, estaban apegados a la idea de progreso. Sus ideas representaban para ellos un progreso del pensamiento. Pero hoy esa idea est√° comprometida en otro sentido. Anta√Īo se viv√≠a con la certidumbre de un futuro para la humanidad. Ahora ya no es as√≠. Al hablar del futuro, se a√Īade con frecuencia: ¬ęSi es que quedan hombres entonces¬Ľ. Anta√Īo el fin de la humanidad cobraba un sentido escatol√≥gico, iba unido a una idea de salvaci√≥n; hoy se lo considera un hecho, sin connotaci√≥n religiosa, ha entrado dentro de las previsiones. Sabemos que esto puede acabarse y desde entonces hay algo corrupto en la idea de progreso. Nada es ya como antes y a√ļn en nuestros d√≠as veremos producirse un cambio inaudito, inconcebible, en el hombre. El cristianismo est√° perdido, pero la historia tambi√©n. La humanidad ha seguido un mal camino. ¬ŅAcaso no es insoportable ese hormiguear de hombres que ocupan el sitio
de todas las dem√°s especies? Acabaremos convirti√©ndonos en una sola y √ļnica metr√≥polis, un P√©re-Lachaise universal. El hombre ensucia y degrada todo lo que lo rodea y en los pr√≥ximos cincuenta a√Īos se ver√° afectado √©l mismo muy duramente.

¬ŅEn qu√© figura de la tradici√≥n se reconoce usted?
La de Buda sigue siendo la más próxima. El comprendió el verdadero problema. Pero tengo demasiado temperamento para dominarlo como él. Siempre habrá un conflicto entre lo que sé y lo que siento.

¬ŅNunca ha sentido la tentaci√≥n de llevar, como su amigo Ionesco, esos conflictos a la escena?
Imposible. Mi pensamiento no se produce como un proceso, sino como un resultado, un residuo. Es lo que queda después de la fermentación, los desechos, el poso.

CIORAN, E. M., Conversaciones. Trad. de Carlos Manzano. Barcelona: Tusquets, 1997, p. 11-16.

Entrevista: “¬ŅQu√© pasa con este pueblo?: Emil Cior√°n”

TRAS LA COLA DE LA RATA publicar√° en tres entregas la √ļltima entrevista a Emil Cior√°n realizada por Vasile Andru (2). Traducida, comentada y adaptada ¬†del ¬†rumano al espa√Īol por Miguel √Āngel ¬†G√≥mez ¬†Mendoza*.

*Profesor  titular  de  la  Facultad  de  Ciencias  de  la Educación РUniversidad Tecnológica de Pereira (Colombia)

‚ÄúCe‚ÄďicupoporulńÉsta?‚ÄĚ √ļltima interview a Emil Cioran En: http://convorbiri-literare.ro/?p=4461 Consulta 31-10-2015) En: Revista Convorbiri literare, nr 5/ 15 de junio ¬†de 2015. Entrevista con Vasile Andru. Emil¬†Cioran muri√≥ en Paris el 20 de junio ¬†de 1995.

*

Me encuentro en la vivienda del filósofo, en París, en la Calle Odeon. Tuve la dirección gracias a Monica Lovinescu (3). Es septiembre de 1991.

Le ¬†digo al maestro que en ¬†Rumania es el ‚ÄúA√Īo Emil ¬†Cioran‚ÄĚ, el ¬†a√Īo de la recuperaci√≥n de sus libros, de su prestigio. Se sorprende. No se entusiasma mucho.

Le comento: el mi√©rcoles me encontr√© con Virgil ¬†Ierunca (4). Hablamos sobre la inexistencia de la literatura rumana en Occidente. ¬°Alguna vez nos arm√°bamos de¬†valor diciendo que los pa√≠ses peque√Īos apuntan por la oportunidad cultural! Y no por aquella econ√≥mica, y tampoco por la pol√≠tica, pero pueden tenerla por la del esp√≠ritu. ¬†¬°C√≥mo si esto ¬†fuera ¬†simple! ¬†Somos an√≥nimos del ¬†planeta. Los escritores del exilio no son conocidos. Constataci√≥n triste, ¬†realista. Petru Dumitru (5) ‚Äďc‚Äôest fini. VintilńÉ ¬†Horia (6) ‚Äďolvidado despu√©s de su momento de ¬†gloria. Paul Goma (7) public√≥ once libros en Francia, ¬†pero no es conocido por¬† los franceses. Le pregunt√© a Virgil Ierunca: ¬ŅPor ¬†qu√© ¬†sucede as√≠? Virgiel ¬†Ierunca me ¬†respondi√≥ ‚ÄúEl ¬†√ļnico ¬†escritor rumano contempor√°neo conocido en ¬†el ¬†mundo es Emil ¬†Cioran. Es¬† popular, es cl√°sico, aparece citado hasta en las revistas de moda, ¬°quiere decir que lleg√≥ a este estadio de recepci√≥n p√ļblica! ¬†Es el escritor ¬†rumano que tuvo √©xito.

*

Emil¬† Cioran: ¬ŅTuve ¬†√©xito? ¬†(Silencio, sonrisas) Escrib√≠ ¬†poco. No me ¬†involucr√© en pol√≠tica. Ni en pol√≠tica ¬†literaria. ¬†La pol√≠tica es un asunto de temperamento. Viv√≠ por fuera. No me involucr√© en nada, en grupos, en nada… [+]

Segunda parte

Tercera parte

“Do ex√≠lio metaf√≠sico: exist√™ncia, escritura e destino em Cioran” (Rodrigo In√°cio Ribeiro S√° Menezes)

¬†iseptasResumo:¬†Formado em Filosofia pela Universidade de Bucareste, em 1932, Emil ¬†Cioran (1911-1995) √© um pensador e escritor romeno ¬†radicado na Fran√ßa, onde, vivendo em Paris, abandonaria seu idioma materno, adotando o franc√™s como l√≠ngua de express√£o. Como outros autores do s√©culo XX, ele √© um exemplar not√°vel de dois fen√īmenos tipicamente modernos, ami√ļde concomitantes: a condi√ß√£o do intelectual enquanto exilado e o bilinguismo, estando sua obra marcada por um corte incisivo, em fun√ß√£o do qual ela se divide em uma parte romena e uma contraparte francesa . Pretende-se expor, a partir da dupla problem√°tica do ex√≠lio e do c√Ęmbio de idioma, a articula√ß√£o de tr√™s tem√°ticas conforme elas s√£o trabalhadas pela escritura filopo√©tica de Cioran: exist√™ncia, metaf√≠sica e destino. A partir delas, pretende-se elucidar a no√ß√£o de ‚Äúex√≠lio metaf√≠sico‚ÄĚ cunhada por Cioran para descrever-se.

Palavras-chave: Exílio, existência, metafísica, destino, escritura.

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Vida de tradutor

Em viagem à Romênia, a jornalista Elisianne Campos entrevista o paulistano Fernando Klabin, funcionário da Embaixada do Brasil em Bucareste e tradutor de grandes nomes da literatura e da cultura romenas

Entrevista realizada por Elisianne Campos e publicada em O Povo, 04/02/2013

Desde que teve sinal verde para ingressar na União Europeia, em 2007, a Romênia vem sofrendo um gradual processo de modernização, na tentativa de ocupar um patamar de igualdade em relação aos seus companheiros de bloco. Encravada no leste da Europa, a Romênia é uma ilha de latinidade no meio de uma encruzilhada cultural predominantemente eslava, que permaneceu fechada durante 22 anos (1967 a 1989), sob o regime comunista de Nicolae Ceasescu.

O romeno √© uma esp√©cie de primo distante do portugu√™s que, visto de perto, nem parece t√£o distante assim. Em uma viagem de estudos √† Bulg√°ria, decidi passar tamb√©m pela Rom√™nia, e em Bucareste conheci Fernando Klabin, paulistano apaixonado por esse pa√≠s que, para a maioria de n√≥s, √© um mist√©rio. Funcion√°rio da Embaixada do Brasil em Bucareste e tradutor, Klabin j√° transp√īs para o portugu√™s grandes nomes da literatura e da cultura romenas, como Lucian Blaga e Mircea Eliade, e traduziu para o romeno o cl√°ssico do economista brasileiro Celso Furtado, A forma√ß√£o econ√īmica do Brasil. H√° 15 anos no pa√≠s, ele n√£o consegue dizer ao certo o que h√° de comum entre romenos e brasileiros, mas afirma: ‚ÄúAcho que existe uma comunh√£o mental que est√° al√©m da l√≠ngua‚ÄĚ.

Encontramo-nos para esta entrevista em um pr√©dio pequeno, mas que guarda em si muitos significados para os bucarestinos. Em um dos cantos da Piata Revolutiei, de onde Ceausescu viu explodir a revolu√ß√£o que culminou com seu fuzilamento e de sua esposa, em 1989, h√° um edif√≠cio cujas paredes antigas contornam uma constru√ß√£o de estilo moderno. O pr√©dio era utilizado pelo servi√ßo de informa√ß√Ķes romeno para torturar opositores ao regime. As instala√ß√Ķes foram desativadas, deram lugar √† sede da Ordem dos Arquitetos da Rom√™nia e a um restaurante, mas a mem√≥ria foi preservada na fachada intocada e nas fotografias da d√©cada de 1980 que recobrem as paredes… [+]