Cioran agota su propia especie (25/06/1995)

La muerte es lo sublime al alcance de cualquiera , había escrito Emile Cioran, pensador rumano que murió el pasado martes en París, a los 84 años.

EL TIEMPO, 25 de junio de 1995, 05:00 am

La desaparición de Cioran vuelve a poner de relieve una de las obras más enigmáticas y personales del siglo XX. Una obra que, sin embargo, llegó tarde al mundo hispánico concretamente a principios de los años 70, cuando el joven filósofo español Fernando Savater empezó a escribir sobre ella y a divulgarla. EL TIEMPO habló con Fernando Savater desde París, acerca del pensador rumano.

 Qué nos deja Cioran tras su muerte? Nos deja un puñado de libros que cuentan con una de las prosas más espléndidas y conmovedoras de nuestro siglo. Una obra sólo comparable a la de creadores como Elias Canetti, y cuatro o cinco privilegiados más. Cioran es uno de los más grandes escritores del siglo.
Usted lo clasifica como escritor, filósofo, pensador…? Filósofo no, porque filósofo tiene un toque académico, premioso e indagatorio que no le corresponde a Cioran. El fue más bien un escritor en el sentido amplio del término. Un moralista y un pensador. Un espíritu del estilo de Montaigne, de Chanford, de Lichtenberg y… en nuestro siglo, repito, Elias Canetti.

Por qué Cioran llegó tan tarde a España? En los años 70, cuando yo empecé a escribir sobre Cioran, la verdad es que en España faltaban muchos autores. No sólo él, muchos. Cioran fue siempre un escritor singular y, en aquella época, los intelectuales progresistas sólo se interesaban en los escritores que tenían un contenido político. Por eso, de parte incluso de quienes se salían de las normas del régimen de Franco, era difícil que Cioran llegara a conocerse. Y del otro lado, del de la cultura oficial, pues ahí sí que menos, porque la dictadura evitaba con mucha asepsia cualquier pensamiento como el de él, es decir negativo y de poco consuelo religioso. Así que, por los dos lados, Cioran era considerado un intempestivo, de ahí el retraso con que llegó, si se tiene en cuenta que él comenzó a escribir en los años 40, poco después de que fijara su residencia en París.

El pensamiento de Cioran es negativo, pesimista, cómo veía él su propia muerte? Hay muchas reflexiones sobre la muerte en su obra, y siempre que uno reflexiona sobre la muerte, reflexiona sobre la propia muerte. Cioran es un pensador de la fragilidad, de la transitoriedad de lo humano y, obvio, era muy consciente de su muerte… Quizá no como algo fatal.

Qué libros de Cioran daría usted a alguien que comienza a leerlo ahora? Lo característico de un pensador como Cioran es que sus libros, su mensaje, es algo sencillo. Esa fragilidad, ese inconveniente de haber nacido , tal como tituló uno de sus libros, está en toda su obra. No es un autor acumulativo, que va cambiando de pensamiento, sino que más bien va modulando siempre un mismo tema. De cualquier modo, libros como El inconveniente de haber nacido, La tentación de existir e Historia y utopía, son sin duda sus grandes obras.

Se considera usted discípulo de Cioran? Antes que nada yo me considero un buen amigo de Cioran. Un amigo al que admiré mucho. Admiré su estilo, su fuerza, su humor, la ternura especial y acogedora de su carácter. Soy su discípulo en la medida en que le debo muchas reflexiones, muchos momentos de iluminación.

En lo personal, cómo era el trato con Cioran? Yo subrayaría, sobre todo, algo que va a sorprender a sus lectores superficiales o accidentales. Estos sin duda lo imaginaban como una persona de talante lúgubre, negativo, huraño, hostil… Y en realidad, Cioran era una persona sumamente acogedora, amable, preocupada por sus amigos hasta extremos verdaderamente ridículos, tiernamente ridículos. Era un hombre que, además, daba muy buenos consejos prácticos, o sea que su forma de ser chocaba un poco con la imagen nihilista, pesimista que se desprendía de su obra.

Tiene Cioran algún contacto con la religión? No. El se preocupó por temas por los que también se preocupó la religión. Es decir las postrimerías, la muerte, el sentido de la vida y del dolor, etc. Temas que la religión también trata. Pero no, Cioran no era un hombre religioso.

El misterio de Cioran, de su vida, se extiende también a su obra, una obra tan personal que no puede agruparse con otra en el siglo XX. Por qué? Porque Cioran es un caso verdaderamente singular del pensamiento… Puede decirse que es un pensador sin sistema filosófico en la medida en que cada aforismo suyo penetra hasta el fondo, no necesita un sostén teórico. Sus ideas nacen de una observación profunda, aguda y solitaria de la realidad y de la vida, no del estudio y la interpretación de la filosofía pasada. Por eso no encaja en ninguna escuela o corriente de pensamiento. Tiene conexiones, claro. Fue amigo de Samuel Beckett, de Henri Micheaux, de Paul Celán, de Ionesco y Mircea Eliade. En fin, tiene conexiones con pensadores, pero él pertenece a una estirpe única. Como los ángeles, Cioran agota su propia especie.

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“Regreso a Cioran”, por Fernando Savater

El País, Madrid, 11 mayo 2014

A menudo, cuando deambulo por el Barrio Latino buscando libros que probablemente no tendré tiempo de leer y sobre todo recuerdos, me encuentro casi sin querer recorriendo de nuevo la Rue de l’Odeon donde vivía Cioran. Era mi camino habitual hace más de dos décadas, el primero que tomaba en cuanto llegaba a París. Siempre con un punto de emoción, tímida y alegre, consciente de disfrutar de un privilegio inmerecido, por tanto vulnerable. Y que sabía cada vez más cercano a su fecha de caducidad…

Releo sólo de vez en cuando a Cioran, pero me acuerdo mucho de él: sus gestos cálidos y admonitorios, su forma de pasarse la mano por el pelo sublevado y teatral, las vacilaciones irónicas de su voz (cerraba los ojos al buscar la palabra exacta que luego eyaculaba feliz), su risa sin estruendo con la boca abierta, un poco asmática… Todo lo he revivido ahora con mayor intensidad al leer el libro de Gabriel Liiceanu, E. M. Cioran. Itinerarios de una vida (Ediciones del Subsuelo), ilustrado con una colección de fotografías verdaderamente espléndida que van desde la arrogancia de la juventud hasta sus últimos paseos en silla de ruedas en el hospital Broca donde murió. El relato biográfico de Liiceanu es generoso y perspicaz, como corresponde a tan buen conocedor no sólo de la obra sino también de la persona del autor, pero además tiene el inapreciable complemento de la última y extensa entrevista de Cioran (poco antes de su hundimiento mental definitivo) en la que repasa la trayectoria de sus obsesiones, así como otra a su perpetua compañera Simone Boué, cuya discreta elegancia algunos recordamos no menos que al propio Cioran.

Por lo que yo conocí, ahí está el contradictorio y entrañable pensador al menos para quien desee saber algo más de lo que sus obras dicen, que es lo que más cuenta. Un Cioran que se quiso descarnadamente lúcido pero que fue también (¿ante todo?) “ingenuo y sentimental”, como reza el título del libro de Vartic (Mira ediciones). Quizá este esencial Cioran, que George Steiner desdeña, es el que más inspiró a los jóvenes que nos acercamos a él, como yo mismo en el remoto Ensayo que le dediqué y ahora de nuevo a Alberto Domínguez, en su Cioran. Manual de antiayuda (Alrevés). Este manual es una lectura más refrescante que demoledora, un precipitado de reflexiones inteligentemente truculentas que afortunadamente no carece del oportuno humor que para mí siempre caracterizó al rumano, demasiado rumano, pero que además acude sin cesar a otras fuentes literarias que no solo lo complementan sino que también lo prolongan y diseminan en lo abierto. Es grato comprobar que aunque mi viejo y admirado amigo se quisiera un maestro de decepciones sigue siendo semillero de búsquedas, de vocaciones nuevas.

Cuenta Liiceanu que ya en su último internamiento, cuando apenas podía andar, Cioran desapareció un día de su habitación del hospital. Las enfermeras le buscaron por todas partes y finalmente le encontraron dentro del armario de su cuarto. Reveló que “estaba extenuado por haber estado paseándose horas enteras, en plena noche y en una ciudad desconocida”. Tal fue su última glosa autobiográfica, su reveladora despedida.

“Morre Emil Cioran, o arauto do pessimismo” (Folha de S. Paulo, 21/06/1995)

DA REDAÇÃO; COM AGÊNCIAS INTERNACIONAIS

arauto

Folha de São Paulo, “caderno Ilustrada”, 21 de junho de 1995

O filósofo romeno, autor de `Silogismos da Amargura’ e `Breviário de Decomposição’, estava com 84 anos

O filósofo romeno Emil Cioran morreu ontem aos 84 anos em um hospital de Paris, segundo informou sua editora francesa, a Gallimard. O filósofo sofria do mal de Alzheimer e já não escrevia há alguns anos.

Cioran vivia na França desde 1937, para onde se mudou como bolsista do Instituto Francês de Bucareste. Embora nunca tenha voltado a viver na Romênia, o filósofo nunca quis trocar sua nacionalidade.

Suas idéias, expressas quase sempre como aforismos ou reflexões breves, revelavam um profundo pessimismo sobre a existência e o destino humanos.

Emil Cioran nasceu em 8 de abril de 1911, em Rasinari, uma aldeia nas montanhas dos Cárpatos, na Romênia. Filho de um sacerdote ortodoxo, o filósofo se dizia “obcecado pelo pior”.

Formou-se em filosofia em 1932, em Bucareste. Publicou no ano seguinte seu primeiro livro, “No Cume do Desespero”. Escrita aos 22 anos, a obra é, segundo Cioran, “uma espécie de testamento”, porque o filósofo pensava em se suicidar durante suas noites de insônia.

Seguiram-se “Livro dos Enganos” (1935) e “Sobre Lágrimas e Santos” (1937).
Cioran se considerava um discípulo do argentino Jorge Luis Borges e dizia que o aforismo (uma máxima, uma sentença moral breve) era um “fogo sem chama”.

“Desconfiem do rancor dos solitários que dão as costas ao amor, à ambição, à solidão. Um dia se vingarão por terem renunciado a tudo isso”, diz um de seus famosos aforismos.

Suas obras publicadas no Brasil, todas pela editora Rocco, são “Breviário de Decomposição” (1949, seu primeiro livro escrito em francês), “Silogismos da Amargura” (1952, que se tornou best seller na França em sua edição de bolso de 1987) e “História e Utopia” (1960). “O Livro dos Logros” está sendo traduzido e deve ser lançado no fim deste ano.

Em 1989, Cioran e o dramaturgo Eugène Ionesco, que haviam sido banidos da Romênia, foram nomeados membros de honra da União dos Escritores daquele país.
Em maio último, a editora Gallimard publicou um volume que reúne temas de suas obras relativos à “depressão, ao fracasso, ao suicídio, à lucidez e ao nada”.

Seus livros mais importantes foram escritos em francês, língua que considerava de um rigor “inumano e infernal”. Era considerado pelos críticos como o mais importante escritor de língua francesa deste século, junto a Paul Valéry.

Entre seus mais de quinze livros estão também “O Inconveniente de Ter Nascido” (1973), “A Tentativa de Existir” (1956), “Exercícios de Admiração” e “O Ocaso do Pensamento”, sua última obra escrita em romeno.

Em livros como “A Queda no Tempo” (1964), “O Demiurgo Aziago” (1969) e “Desgarramento” (1979), o filósofo empenha-se em demonstrar que a criação é uma “sabotagem definitiva”.

“As espécies animais teriam durado milhões de anos se o homem não tivesse acabado com elas, mas a aventura humana não pode ser indefinida. O homem já deu o melhor de si. Todos sentimos que as grandes civilizações ficaram para trás. O que não sabemos é como será o fim”, escreveu Cioran.

“Un refugiado en casa: desaparece el gran teórico del escepticismo” (Félix de Azúa)

Félix de Azúa, El País, 21 de junio de 1995

Nada de lo que he ido leyendo de Cioran me ha ilustrado tanto sobre la compleja y delicada trama de su espíritu como aquella visita, hace más de 20 años, en compañía de Fernando Savater. Fuimos a verle a su buhardilla del Barrio Latino -una chambre de bonne de un ascetismo parejo al de Dreyer, pintada de blanco hasta por el suelo y con una estufa de hierro colado en medio de la habitación, cierta tarde de febrero o marzo, ya no recuerdo, con un frío que pelaba. La estufa, que parecía una deidad primitiva y malévola en aquel refugio evidentemente santo, estaba apagada.Savater andaba por entonces traduciendo a Cioran para aquella editorial Taurus dirigida por quien no había alcanzado todavía a ennoblecer su sangre, y nadie conocía al rumano. Recuerdo que en aquellas fechas no muy alejadas de 1970 se había producido una tremenda huelga de basureros en París y la ciudad estaba cubierta de basura. Las ratas se cruzaban por entre las piernas de los paseantes y un humo excrementicio manaba de las montañas de materia descompuesta. Cada día, mientras duró la huelga, Beckett llamó por teléfono a Cioran para dar un paseíto juntos. “Nunca París ha estado más hermoso”, comentaba Beckett con exaltación juvenil.

Cioran nos recibió con una cortesía dieciochesca. Era un caballero entrado en años (es decir, mi actual edad), de mediana estatura y mirada inquisitiva. Nos sentamos a conversar, y Fernando me presentó como un español que vivía provisionalmente en París. Cioran ya no atendió a nada más. Me miró intensamente y comenzó a interesarse por mí. “¿Come usted con regularidad?”me preguntó. “¡Los inviernos de París son temibles, pero aún lo son más sus prirnaveras!”. Me observó de arriba abajo, deteniéndose con interés en los zapatos, y añadió: “¡El frío húmedo y pegajoso del Sena produce más muertes que la sífilis!”. Se levantó presuroso y nos conminó a seguirle… [+]

“Tentaciones para ir a E. M. Cioran” (Rafael Pérez Gay)

NEXOS, 1 Julio, 1995

El fracaso.

Buena parte de la obra del gran escritor rumano-francés Emile M. Cioran (1911-1995) está construida alrededor de un tema que se volvió con el tiempo una pasión: el fracaso, personal, de los pueblos, del comunismo, de la filosofía, de la historia. Los dos libros donde esa pasión se expande con inmensa sabiduría y asombrosa fuerza estilística son Los silogismos de la amargura (Gallimard, 1952) y La tentación de existir (Gallimard, 1972). En este último escribió: “Fracasar en la vida, esto se olvida a veces demasiado pronto, no es tan fácil: se precisa una larga tradición, un largo entrenamiento, el trabajo de varias generaciones. Una vez realizado este trabajo, todo va de maravilla”. Por lo demás y como es notable que en estos tiempos ya nadie fracasa —sólo hay sucesiones de circunstancias adversas y éxitos mal entendidos—, Cioran es una rara especie de actualidad mexicana.

Pascal.

El más grande artista de la prosa francesa, Pascal, es una presencia sutil pero al mismo tiempo capital en la evolución literaria de E. M. Cioran. Es posible que Cioran haya amado en Pascal la disputa entre la ciencia y las letras, la controversia religiosa, el modelo de su sátira demoledora y, sobre todo, el hecho de que bien a bien Pascal nunca escribió un libro: publicó varios folletos que llegaron hasta nosotros como Les lettres provinciales y Les pensées, conjunto aforístico salido de una gran cantidad de notas recuperadas del enorme desorden que Pascal dejó cuando murió. Ese destino fragmentario y esa vocación por lo inacabado quedaron puestos en este aforismo: “Las obras mueren: los fragmentos no pueden morir, porque nunca han existido”. Se puede llegar a Pascal por el camino de Cioran.

El escepticismo.

Es un lugar común, pero es correcto: el escepticismo es el gran centro nervioso de la obra de Cioran, en La tentación de existir, seguramente la mejor prosa ensayística francesa de los últimos cuarenta o cincuenta años, así como en toda su producción posterior a 1956, Historia y utopía (Gallimard, 1960), La caída en el tiempo (Gallimard, 1964), El aciago demiurgo (Gallimard, 1969), e incluso los aforismos de El inconveniente de haber nacido (Gallimard, 1973), el escepticismo, un escepticismo trepidante, no sólo es el tema común sino, además, un método de trabajo, un conjunto de actitudes, como él mismo llamó a la obra de Nietszche, para explicarse las tres grandes zonas de su obra: la literatura, la filosofía y la historia. “La historia es indefendible. Hay que reaccionar respecto a ella con la inflexible abulia del cínico; o si no, ponerse del lado de todo el mundo, marchar con la turba de los rebeldes, de los asesinos y de los creyentes”. “La ingenuidad, el optimismo, la generosidad -suelen encontrarse en los botánicos, los especialistas de ciencias puras o los exploradores, nunca en los políticos, los historiadores o los curas… [+]

“E.M. Cioran, or God Doesn’t Wear a Cane” (Andrei Codrescu)

Originally published in the American Book Review, vol. 1, no. 5, December/January 1978

In my bed of pain, with a crown of ice cubes araund my foot, I was proof that Paris is the best skateboarding town in the world. The square at St. Sulpice had run from under me like Los Angeles had from under Fred Astaire, to show me, possibly, that I wasn’t as young as my son. But the pain in my foot wasn’t as bad as the ache in my heart because now I couldn’t see the hero of my adolescence with whom, by clever and devious means, I had obtained an interview. I looked over the radiator at the roofs of Montparnasse eight floors down, and called Emil Cioran to tell him that I couldn’t make it that evening, that I was a cripple.

It is not pity, it is envy the tragic hero inspires in us, that lucky devil whose sufferings we devour as if we were entitied to them and he had cheated us of them. Why not try to take them back from him? In any case, they were meant for us … To be alI the more certain of that, we declare them our own, aggrandize them and give them excessive proportions; grappIe or groan before us as he will, he cannot move us, for we are not his spectators but his rivals, his competitors in the theatre, capable of supporting his miseries better than he is … (The Temptation to Exist 194)

Ever since I remember (and my memory only goes as far as my literate beginnings) I experienced that frisson of awe and envy at mention of Cioran’s name. Born in my hometown of Sibiu in Transylvania, he was a legend before I read him. Forbidden by the Communists, his books bumed with a flame that went way beyond their content, In the Iycee (the same one he had attended) I would positively dissolve at the thought that one day I might be good enough to meet him. The dazzling fantasy of being in Paris talking to Emil Cioran exhausted me. Here I was, at the core of my fantasy, unable to shake his hand. I was a tragic hero, not because of my wounded foot which they might or might not saw off, but because I couldn ‘t see him… [+]

Le Monde: “Cioran et la chute de l’homme dans le temps”

mondeCe vendredi 8 avril a lieu la commémoration de son centième anniversaire (soit 15 ans après qu’Emil Cioran a rejoint les anges).

Par Pierre Assouline

LE MONDE DES LIVRES | 07.04.2011 à 10h39 [source]

Inutile de se précipiter sur le souple pavé “Quarto” réunissant ses oeuvres complètes, ni sur l’épais “Cahier” que l’Herne lui a consacré, pour y chercher une ou deux maximes juste assez désespérées, de nature à coller avec la commémoration de son centième anniversaire, ce vendredi 8 avril (soit 15 ans après qu’Emil Cioran a rejoint les anges). Tout ce qui est sorti de sa plume ne parle que de cela : la chute de l’homme dans le temps.

Les cioranologues, cioranophiles et cioranolâtres ont pu néanmoins lui souhaiter de vive voix un bon anniversaire. Non pas devant sa tombe au cimetière Montparnasse : c’est là qu’on a le plus de chances de le trouver absent. Plutôt ailleurs, précisément. Ces derniers jours, on pouvait saluer son spectre mélancolique dans la salle byzantine du Palais de Béhague. L’ambassade de Roumanie avait pris des allures de ciorangerie pour la circonstance : Alain Lecucq et sa compagnie y jouaient Mansarde à Paris, une pièce de Matei Visniec, histoire d’un philosophe franco-roumain qui, en quittant les bureaux de son éditeur, oublie l’itinéraire menant de la rue Sébastien-Bottin au carrefour de l’Odéon et se perd en Europe. Si la ville avait songé à apposer une plaque commémorative sur la façade du 21 de la rue de l’Odéon, rappelant qu’ici vécut un maître en syllogismes de l’amertume, sûr qu’il serait arrivé à bon port. Ce geste commémoratif fut d’ailleurs solennellement exigé lors d’un brillant colloque consacré au pessimiste jubilatoire au Salon du livre. Il y fut question de la fécondité de ses contradictions, du sens de son incohérence et du salut par l’oxymoron. La moindre des choses pour un paradoxe fait homme. Incidemment, on apprit que sa bibliothèque même était bancale ; il est vrai qu’il avait cru bon se faire menuisier pour l’occasion.

A Paris toujours, mais cette fois du côté de l’Hôtel Drouot, on s’apprête à célébrer un centenaire plus sonnant et trébuchant. Simone Baulez, l’opiniâtre brocanteuse qui sauva une trentaine de cahiers, dont le journal inédit du moraliste et plusieurs versions dépressives du fameux De l’inconvénient d’être né, en débarrassant sa cave, s’est vue confirmée dans ses droits par la cour d’appel à l’issue de plusieurs années de procédure. Encore faut-il qu’elle récupère son bien. Or la chambre nationale des commissaires-priseurs, adoptant une attitude kafkaïenne qui eût certainement inspiré l’Emil, refuse de lever le séquestre sur les documents tant qu’une décision de justice ne le lui ordonne pas expressément. On en est là, en attendant qu’une juridiction soit saisie par son avocat, Me Rappaport. Mais la brocanteuse, qui s’est engagée à tout céder en bloc, n’est pas pressée ; à ce jour, outre l’ambassade de Roumanie, le Musée des Lettres et Manuscrits a manifesté son intérêt.

Cioran à l’encan

En attendant, incroyable coïncidence, jeudi 7 avril, soit quelques heures avant que les saints en larmes ne soufflent ses bougies d’anniversaire, Cioran se retrouve à l’encan à Drouot sous le marteau de Binoche & Giquello, dans l’espoir que la vente atteigne des cimes. Discrétion oblige, on en ignore la provenance mais on peut la supposer familiale ; en effet, outre des textes manuscrits autographes et des notes de lecture, ces archives (122 numéros) valent surtout par l’importante correspondance intime de Cioran échangée entre 1933 et 1983 avec ses parents et son frère Aurel, ainsi que par des documents aussi personnels que ses diplômes, passeports, cartes d’identité, cartes d’admission à la Bibliothèque nationale, cartes de chemin de fer, etc. Toute dispersion est un serrement de coeur car elle est dispersion. N’empêche qu’à lui seul, le catalogue est déjà un document excitant pour les biographes, généticiens et historiens de la littérature. Tout ce que déteste Milan Kundera, si l’on en juge par l’édition non critique de ses “Pléiade” parues sous son contrôle. Tant pis pour lui : pour ses 100 ans, Prague ne pavoisera pas, alors que pour ceux de Cioran, Bucarest est en fête. Normal, puisqu’il disait penser en roumain avant d’écrire en français.

Stanislas Pierret, le directeur de l’Institut français de Bucarest, a proposé à Dan Perjovschi de “donner à voir” la pensée de Cioran dans les rues de la capitale. Celui-ci appose donc une trentaine d’affiches, à compter du 8 avril et durant un mois, partout où existent des noeuds de communication. Pour chacune d’elles, un fragment chu de l’oeuvre du moraliste et un dessin au feutre marqueur qui se veut tout sauf son illustration. Un aphorisme visuel en regard d’un aphorisme philosophique. L’un et l’autre enfants de Sibiu,ils se retrouvent à la rue sur les murs de Bucarest. On y lira peut-être ces lignes échappées de Bréviaire des vaincus III (L’Herne) : “Le devoir de celui qui écrit n’est-il pas de se trancher les veines sur la page blanche, de faire ainsi cesser le supplice des mondes informulés ?” Allez, joyeux anniversaire quand même !

Pierre Assouline