“Un refugiado en casa: desaparece el gran teórico del escepticismo” (Félix de Azúa)

Félix de Azúa, El País, 21 de junio de 1995

Nada de lo que he ido leyendo de Cioran me ha ilustrado tanto sobre la compleja y delicada trama de su espíritu como aquella visita, hace más de 20 años, en compañía de Fernando Savater. Fuimos a verle a su buhardilla del Barrio Latino -una chambre de bonne de un ascetismo parejo al de Dreyer, pintada de blanco hasta por el suelo y con una estufa de hierro colado en medio de la habitación, cierta tarde de febrero o marzo, ya no recuerdo, con un frío que pelaba. La estufa, que parecía una deidad primitiva y malévola en aquel refugio evidentemente santo, estaba apagada.Savater andaba por entonces traduciendo a Cioran para aquella editorial Taurus dirigida por quien no había alcanzado todavía a ennoblecer su sangre, y nadie conocía al rumano. Recuerdo que en aquellas fechas no muy alejadas de 1970 se había producido una tremenda huelga de basureros en París y la ciudad estaba cubierta de basura. Las ratas se cruzaban por entre las piernas de los paseantes y un humo excrementicio manaba de las montañas de materia descompuesta. Cada día, mientras duró la huelga, Beckett llamó por teléfono a Cioran para dar un paseíto juntos. “Nunca París ha estado más hermoso”, comentaba Beckett con exaltación juvenil.

Cioran nos recibió con una cortesía dieciochesca. Era un caballero entrado en años (es decir, mi actual edad), de mediana estatura y mirada inquisitiva. Nos sentamos a conversar, y Fernando me presentó como un español que vivía provisionalmente en París. Cioran ya no atendió a nada más. Me miró intensamente y comenzó a interesarse por mí. “¿Come usted con regularidad?”me preguntó. “¡Los inviernos de París son temibles, pero aún lo son más sus prirnaveras!”. Me observó de arriba abajo, deteniéndose con interés en los zapatos, y añadió: “¡El frío húmedo y pegajoso del Sena produce más muertes que la sífilis!”. Se levantó presuroso y nos conminó a seguirle… [+]

“Tentaciones para ir a E. M. Cioran” (Rafael Pérez Gay)

NEXOS, 1 Julio, 1995

El fracaso.

Buena parte de la obra del gran escritor rumano-francés Emile M. Cioran (1911-1995) está construida alrededor de un tema que se volvió con el tiempo una pasión: el fracaso, personal, de los pueblos, del comunismo, de la filosofía, de la historia. Los dos libros donde esa pasión se expande con inmensa sabiduría y asombrosa fuerza estilística son Los silogismos de la amargura (Gallimard, 1952) y La tentación de existir (Gallimard, 1972). En este último escribió: “Fracasar en la vida, esto se olvida a veces demasiado pronto, no es tan fácil: se precisa una larga tradición, un largo entrenamiento, el trabajo de varias generaciones. Una vez realizado este trabajo, todo va de maravilla”. Por lo demás y como es notable que en estos tiempos ya nadie fracasa —sólo hay sucesiones de circunstancias adversas y éxitos mal entendidos—, Cioran es una rara especie de actualidad mexicana.

Pascal.

El más grande artista de la prosa francesa, Pascal, es una presencia sutil pero al mismo tiempo capital en la evolución literaria de E. M. Cioran. Es posible que Cioran haya amado en Pascal la disputa entre la ciencia y las letras, la controversia religiosa, el modelo de su sátira demoledora y, sobre todo, el hecho de que bien a bien Pascal nunca escribió un libro: publicó varios folletos que llegaron hasta nosotros como Les lettres provinciales y Les pensées, conjunto aforístico salido de una gran cantidad de notas recuperadas del enorme desorden que Pascal dejó cuando murió. Ese destino fragmentario y esa vocación por lo inacabado quedaron puestos en este aforismo: “Las obras mueren: los fragmentos no pueden morir, porque nunca han existido”. Se puede llegar a Pascal por el camino de Cioran.

El escepticismo.

Es un lugar común, pero es correcto: el escepticismo es el gran centro nervioso de la obra de Cioran, en La tentación de existir, seguramente la mejor prosa ensayística francesa de los últimos cuarenta o cincuenta años, así como en toda su producción posterior a 1956, Historia y utopía (Gallimard, 1960), La caída en el tiempo (Gallimard, 1964), El aciago demiurgo (Gallimard, 1969), e incluso los aforismos de El inconveniente de haber nacido (Gallimard, 1973), el escepticismo, un escepticismo trepidante, no sólo es el tema común sino, además, un método de trabajo, un conjunto de actitudes, como él mismo llamó a la obra de Nietszche, para explicarse las tres grandes zonas de su obra: la literatura, la filosofía y la historia. “La historia es indefendible. Hay que reaccionar respecto a ella con la inflexible abulia del cínico; o si no, ponerse del lado de todo el mundo, marchar con la turba de los rebeldes, de los asesinos y de los creyentes”. “La ingenuidad, el optimismo, la generosidad -suelen encontrarse en los botánicos, los especialistas de ciencias puras o los exploradores, nunca en los políticos, los historiadores o los curas… [+]

“E.M. Cioran, or God Doesn’t Wear a Cane” (Andrei Codrescu)

Originally published in the American Book Review, vol. 1, no. 5, December/January 1978

In my bed of pain, with a crown of ice cubes araund my foot, I was proof that Paris is the best skateboarding town in the world. The square at St. Sulpice had run from under me like Los Angeles had from under Fred Astaire, to show me, possibly, that I wasn’t as young as my son. But the pain in my foot wasn’t as bad as the ache in my heart because now I couldn’t see the hero of my adolescence with whom, by clever and devious means, I had obtained an interview. I looked over the radiator at the roofs of Montparnasse eight floors down, and called Emil Cioran to tell him that I couldn’t make it that evening, that I was a cripple.

It is not pity, it is envy the tragic hero inspires in us, that lucky devil whose sufferings we devour as if we were entitied to them and he had cheated us of them. Why not try to take them back from him? In any case, they were meant for us … To be alI the more certain of that, we declare them our own, aggrandize them and give them excessive proportions; grappIe or groan before us as he will, he cannot move us, for we are not his spectators but his rivals, his competitors in the theatre, capable of supporting his miseries better than he is … (The Temptation to Exist 194)

Ever since I remember (and my memory only goes as far as my literate beginnings) I experienced that frisson of awe and envy at mention of Cioran’s name. Born in my hometown of Sibiu in Transylvania, he was a legend before I read him. Forbidden by the Communists, his books bumed with a flame that went way beyond their content, In the Iycee (the same one he had attended) I would positively dissolve at the thought that one day I might be good enough to meet him. The dazzling fantasy of being in Paris talking to Emil Cioran exhausted me. Here I was, at the core of my fantasy, unable to shake his hand. I was a tragic hero, not because of my wounded foot which they might or might not saw off, but because I couldn ‘t see him… [+]

Le Monde: “Cioran et la chute de l’homme dans le temps”

mondeCe vendredi 8 avril a lieu la commémoration de son centième anniversaire (soit 15 ans après qu’Emil Cioran a rejoint les anges).

Par Pierre Assouline

LE MONDE DES LIVRES | 07.04.2011 à 10h39 [source]

Inutile de se précipiter sur le souple pavé “Quarto” réunissant ses oeuvres complètes, ni sur l’épais “Cahier” que l’Herne lui a consacré, pour y chercher une ou deux maximes juste assez désespérées, de nature à coller avec la commémoration de son centième anniversaire, ce vendredi 8 avril (soit 15 ans après qu’Emil Cioran a rejoint les anges). Tout ce qui est sorti de sa plume ne parle que de cela : la chute de l’homme dans le temps.

Les cioranologues, cioranophiles et cioranolâtres ont pu néanmoins lui souhaiter de vive voix un bon anniversaire. Non pas devant sa tombe au cimetière Montparnasse : c’est là qu’on a le plus de chances de le trouver absent. Plutôt ailleurs, précisément. Ces derniers jours, on pouvait saluer son spectre mélancolique dans la salle byzantine du Palais de Béhague. L’ambassade de Roumanie avait pris des allures de ciorangerie pour la circonstance : Alain Lecucq et sa compagnie y jouaient Mansarde à Paris, une pièce de Matei Visniec, histoire d’un philosophe franco-roumain qui, en quittant les bureaux de son éditeur, oublie l’itinéraire menant de la rue Sébastien-Bottin au carrefour de l’Odéon et se perd en Europe. Si la ville avait songé à apposer une plaque commémorative sur la façade du 21 de la rue de l’Odéon, rappelant qu’ici vécut un maître en syllogismes de l’amertume, sûr qu’il serait arrivé à bon port. Ce geste commémoratif fut d’ailleurs solennellement exigé lors d’un brillant colloque consacré au pessimiste jubilatoire au Salon du livre. Il y fut question de la fécondité de ses contradictions, du sens de son incohérence et du salut par l’oxymoron. La moindre des choses pour un paradoxe fait homme. Incidemment, on apprit que sa bibliothèque même était bancale ; il est vrai qu’il avait cru bon se faire menuisier pour l’occasion.

A Paris toujours, mais cette fois du côté de l’Hôtel Drouot, on s’apprête à célébrer un centenaire plus sonnant et trébuchant. Simone Baulez, l’opiniâtre brocanteuse qui sauva une trentaine de cahiers, dont le journal inédit du moraliste et plusieurs versions dépressives du fameux De l’inconvénient d’être né, en débarrassant sa cave, s’est vue confirmée dans ses droits par la cour d’appel à l’issue de plusieurs années de procédure. Encore faut-il qu’elle récupère son bien. Or la chambre nationale des commissaires-priseurs, adoptant une attitude kafkaïenne qui eût certainement inspiré l’Emil, refuse de lever le séquestre sur les documents tant qu’une décision de justice ne le lui ordonne pas expressément. On en est là, en attendant qu’une juridiction soit saisie par son avocat, Me Rappaport. Mais la brocanteuse, qui s’est engagée à tout céder en bloc, n’est pas pressée ; à ce jour, outre l’ambassade de Roumanie, le Musée des Lettres et Manuscrits a manifesté son intérêt.

Cioran à l’encan

En attendant, incroyable coïncidence, jeudi 7 avril, soit quelques heures avant que les saints en larmes ne soufflent ses bougies d’anniversaire, Cioran se retrouve à l’encan à Drouot sous le marteau de Binoche & Giquello, dans l’espoir que la vente atteigne des cimes. Discrétion oblige, on en ignore la provenance mais on peut la supposer familiale ; en effet, outre des textes manuscrits autographes et des notes de lecture, ces archives (122 numéros) valent surtout par l’importante correspondance intime de Cioran échangée entre 1933 et 1983 avec ses parents et son frère Aurel, ainsi que par des documents aussi personnels que ses diplômes, passeports, cartes d’identité, cartes d’admission à la Bibliothèque nationale, cartes de chemin de fer, etc. Toute dispersion est un serrement de coeur car elle est dispersion. N’empêche qu’à lui seul, le catalogue est déjà un document excitant pour les biographes, généticiens et historiens de la littérature. Tout ce que déteste Milan Kundera, si l’on en juge par l’édition non critique de ses “Pléiade” parues sous son contrôle. Tant pis pour lui : pour ses 100 ans, Prague ne pavoisera pas, alors que pour ceux de Cioran, Bucarest est en fête. Normal, puisqu’il disait penser en roumain avant d’écrire en français.

Stanislas Pierret, le directeur de l’Institut français de Bucarest, a proposé à Dan Perjovschi de “donner à voir” la pensée de Cioran dans les rues de la capitale. Celui-ci appose donc une trentaine d’affiches, à compter du 8 avril et durant un mois, partout où existent des noeuds de communication. Pour chacune d’elles, un fragment chu de l’oeuvre du moraliste et un dessin au feutre marqueur qui se veut tout sauf son illustration. Un aphorisme visuel en regard d’un aphorisme philosophique. L’un et l’autre enfants de Sibiu,ils se retrouvent à la rue sur les murs de Bucarest. On y lira peut-être ces lignes échappées de Bréviaire des vaincus III (L’Herne) : “Le devoir de celui qui écrit n’est-il pas de se trancher les veines sur la page blanche, de faire ainsi cesser le supplice des mondes informulés ?” Allez, joyeux anniversaire quand même !

Pierre Assouline

Entrevista com Henrique Zanoni: “Música perfeita para o suicídio”, espetáculo teatral inspirado na obra de Cioran

Ao longo de mais uma madrugada insone, o jovem filósofo Emil Cioran embarca numa viagem vertiginosa, mas repleta de um humor ácido, se embrenhando por temas como a lucidez, o amor, a arte, a morte e a vida.

A peça “Música perfeita para o suicídio”, que integra o repertório teatral da Cia. dos Infames, criada a partir dos escritos de Cioran, entrou em cartaz no dia 24 de maio de 2016, no Teatro Cemitério de Automóveis, na capital paulista.

 

Contemplada no 2º Prêmio Zé Renato de Teatro da Secretária Municipal de Cultura, tem direção de Cristiano Burlan e atuação de Henrique Zanoni. Este é o segundo projeto da Cia. dos Infames – a estreia se deu com “A Vida dos Homens Infames”, baseada na obra de Michel Foucault. Jean-Claude Bernardet, crítico, professor e ator, faz uma participação especial em vídeos que interagem com o protagonista.

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Nesta entrevista, o ator, diretor e dramaturgo Henrique nos conta um pouco sobre o e sobre a trajetória que o levou à ideia de produzir um monólogo sobre o autor romeno. O potencial dramatúrgico de Cioran, a virtude catártica de sua obra, a infâmia como ética de vida, o humor e a poeticidade da prosa cioraniana como ingredientes de uma mise-en-scène explosiva , entre outros assuntos – eis o que o leitor encontrará a seguir. 

EMCioran/Br: Primeiramente, Henrique, muito obrigado por nos conceder esta entrevista. Para começar, que tal se você se apresentasse, falando um pouco de sua formação e de sua carreira artística?

H.Z.: Em primeiro lugar, sou eu que gostaria de agradecer! O blog mantido por você foi uma das grandes fontes de pesquisa para o projeto! Então, registro aqui publicamente minha admiração por esse trabalho e a importância para a difusão e potencialização da obra de Cioran.
Em relação à minha formação, tenho um passado que condena – sou economista! Depois dessa fase vergonhosa, estudei e me formei como ator no INDAC. Lá se vão quase dez anos! Nesse período, trabalhei com algumas companhias de teatro, passando por textos clássicos como Shakespeare, Tchekhov, Arrabal, e também por autores brasileiros contemporâneos (Mario Bortolotto, Samir Yazbek, Marcos Barbosa).
Em 2012, me tornei sócio da produtora de cinema Bela Filmes, ao lado de Cristiano Burlan. Na produtora, realizamos inúmeros longas metragens (ficção e documentário), tais como “Sinfonia de um Homem Só”, “Amador”, “Mataram Meu Irmão”, “Hamlet”, “Em Busca de Borges”, entre outros. Trabalhei também com outros diretores, tais como Marcelo Caetano e Cláudio Gonçalves. Em 2015, dirigi meu primeiro curta-metragem, “Brutalidade”, que passou em alguns festivais nacionais (Juiz de Fora, Ouro Preto) e internacionais (Itália, México).
A partir dessa pesquisa que eu e o Cristiano desenvolvemos no cinema, decidimos, em 2013, fundar nossa Companhia de Teatro, a Cia dos Infames. Nosso primeiro projeto foi “A Vida dos Homens Infames”, baseado em dois diários resgatados por Michel Foucault – “Eu, Pierre Riviere, que degolei minha mãe, meu irmão e minha irmã…” e “Herculine Barbin: Diário de uma Hermafrodita”. A peça tinha direção do Cristiano Burlan e dramaturgia minha e da Marcela Vieira. Além da peça, que cumpriu 2 temporadas em São Paulo e rodou por alguns festivais nacionais, o projeto contou com o ciclo de debates “Por um Teatro Não-Fascista”, onde debatemos temas como escrita, atuação, encenação e crítica teatral, e contou com nomes como Luiz Fuganti, Roberto Alvim, Samir Yazbek, Salma Tannus, Maria Eugênia de Menezes, entre outros.
Bom, e chegamos agora com o projeto “Música Perfeita para o Suicídio”, que foi contemplado no 2o Edital Zé Renato de teatro da prefeitura de São Paulo.

EMCioran/Br: Como você chegou a Cioran, ou, pela perspectiva oposta, como Cioran chegou até você? Qual foi sua primeira leitura do autor e o que o atraiu a ele?

H.Z.: Há 3 anos atrás, o Cristiano me deu o livro “Breviário de Decomposição”. Confesso que não fui arrebatado de imediato pela obra, mas desde o início, o cinismo e humor de Cioran, aliado a sua escrita altamente poética e pessoal me pareceram um material muito interessante para trabalhar dramaturgicamente. Fui atrás das outras obras. Foi então que entrei em contato com “Nos Cumes do Desespero”. Quando li a abertura do livro (“Escrevi esse livro aos 22 anos de idade… se não o houvesse escrito com certeza teria posto fim às minhas noites”), fui imediatamente capturado. A partir daí, devorei todos os livros (em português) de Cioran e a leitura realmente teve um efeito devastador sobre minha visão e ética com a vida. Comecei a separar os temas que me interessavam, as mudanças e contradições ao longo de sua obra, as histórias que contava, etc.. De certa maneira, encaro sua obra sob uma certa perspectiva trágica: fico sempre imaginando o que esse franco-romeno teve que passar para produzir sua obra, o que ele se dispôs a enfrentar, uma lucidez e consciência ininterruptas, e, ao dar forma a esses pensamentos duros e difíceis, quando lemos, sentimos uma certa catarse, pois todos sentimos aquilo, mas nos falta coragem para enfrentar as questões de frente; mas através da leitura, da expressão, a vida torna-se um pouco menos insuportável.

EMCioran/Br: Você acaba de estrear um monólogo inspirado na obra de Cioran, e intitulado “Música perfeita para o suicídio”. Anteriormente, você havia produzido outra peça, inspirada na obra de Foucault. O que o levou a escolher estes dois autores? Como surgiu a ideia de dramatizar a obra de Cioran, que, diferentemente de outros pensadores do mesmo contexto histórico-cultural (vêm a mente Sartre, Camus e Beckett, entre tantos outros), nunca se arriscou a produzir para o teatro? Enfim, que tipo de apelo dramatúrgico você enxerga na obra de Cioran? Aliás, não é a primeira vez que a obra do autor do Breviário de decomposição é adaptada ao teatro, no Brasil ou em outros países, como a França…

H.Z.: O que, talvez, me interessa nas obras de Foucault e Cioran é uma certa infâmia com a vida, com os temas escolhidos e a própria escrita que produziram (as escolhas artísticas não são exatamente planejadas e conscientes; por vezes tomamos contato com obras que nos arrebatam e você simplesmente não consegue se livrar delas; talvez as peças sirvam a esse propósito de libertação). A nossa companhia de teatro tem esse interesse, de lidar com autores infames, de unir o pensamento com a encenação, unir ética e estética. Mas também estamos interessados agora em autores brasileiros contemporâneos.
Devo dizer que o humor de Cioran foi o que me arrebatou profundamente. Ainda que um sorriso estranho, desconfortável (a imagem da hiena, tão cara a ele, me vem a mente de imediato) sempre que penso em Cioran, quase não consigo parar de rir! Além disso, a própria escritura/estilística de Cioran me estimulava muito: capaz de criar imagens que flertam com uma certa “paixão do absurdo”, de uma poética fabulosa e intrincada, e, principalmente por escrever tudo em primeira pessoa! Como ele mesmo diz, “tudo o que escrevi, é inseparável do que vivi. Não inventei nada, fui apenas o secretário de minhas sensações”. Juntando todos esses elementos – escritura profundamente pessoal, altamente poética e imagética e dotada de humor pra lá de instigante – me pareceram ingredientes com um potencial dramatúrgico muito rico e explosivo.
Mas a grande dificuldade foi: o que o teatro, e somente o teatro, pode trazer para a obra de Cioran? Caso contrário, acho muito mais interessante ler os livros! Além disso, o tempo todo, queria fugir de dois problemas que enxergo numa leitura superficial de Cioran: como não “construir” um personagem que fosse uma caricatura de um louco (o que Cioran definitivamente não era) e como não fazer uma “palestra” sobre seus escritos. E sempre achei que o humor/cinismo de Cioran deveria dar o tom da peça (como não cair num “stand-up comedy” banalizado e boçal era outro desafio). Finalmente, tanto os temas como a própria escrita de Cioran são muito complexos, quase labirínticos, então o desafio seria como “incluir” (no bom sentido) o público nessa viagem do pensamento. Se o teatro é ação, como fazer do pensamento, ação? Enfim, foram 3 anos de um longo, difícil e prazeroso caminho para chegarmos aqui.

EMCioran/Br: Por que o título “Música perfeita para o suicídio”?

H.Z.: Nomear as obras é sempre uma grande luta! E nomear uma obra baseada em Cioran, mestre nos títulos, trouxeram ainda mais dificuldade para isso!
Em termos mais concretos, posso citar alguns, digamos, disparadores (não há nenhuma “hierarquia” aqui): a música tem uma importância muito grande para Cioran e também para mim (cada trabalho que faço, utilizo um conjunto de músicas para estimular a criação). Além disso, a música tem um poder muito forte para mim e o Cristiano em termos de encenação. Teve também o fato de entrar em contato com a música “Domingo Sombrio”, de Rezso Seres (que ficou conhecida como música húngara do suicídio), que acho que dialoga muito com a obra cioraniana. Por fim, tanto na dramaturgia como interpretação e encenação, buscamos transformar os escritos em música; uma música feita de palavras, de entonações, pausas, velocidades, que fosse perfeita para o suicídio; transformar o “falar” do ator numa partitura musical. Em suma, tentar dar conta do que considero talvez o mais importante para uma obra de arte: a criação de uma atmosfera.

EMCioran/Br: Como alguém dedicado às artes cênicas e à dramaturgia, você encontra alguma dificuldade especial em adaptar a obra de um autor como Cioran para o teatro, algum desafio específico em se tratando de uma discursividade tão complexa como a do autor do Breviário, tão fragmentária e assistemática como a dele?

H.Z.: Cada vez mais tenho a percepção de que mais importante para o artista é saber o que não queremos! Então, desde o início não queria transformar Cioran num louco vulgar e também não queria fazer uma palestra a partir dos escritos de Cioran. Queria também incluir o humor cioraniano, sem simplificar suas ideias, sem fazer algo mastigado e bobinho para a plateia (acredito piamente que os espectadores, quando criadas as condições, topam a viagem teatral e embarcam junto com você). O desafio era fazer uma biografia de Cioran, mas não uma biografia “histórica”, e sim uma biografia através de seu pensamento (que, no fim das contas, é o que interessa). Então, precisava de certa maneira unir o subtexto do ator com o subtexto do pensamento de Cioran. Enfim, todo o trabalho talvez tenha sido deixar me permear pelo pensamento de Cioran, sentir esse pensamento na minha pele, transformar esse pensamento em ação.

EMCioran/Br: Um livro favorito de Cioran? Algum aforismo, ou alguns?

H.Z.: Difícil…. muito difícil… Vou citar apenas o que talvez tenha sido o livro mais importante para a escritura da peça (e que inclusive o próprio Cioran disse que todos seus temas estão ali, somente foram retrabalhados nos livros posteriores): “Nos Cumes do Desespero”.
E, mais difícil que um livro, talvez seja um aforismo. Vou escolher um em função do próprio ofício do ator. Ainda que essencialmente coletivo, existe uma solidão essencial do trabalho de criação: “É na solidão que as lágrimas são ardentes”.

EMCioran/Br: Há um teaser da peça que, aliás, acompanha esta entrevista. Para além dele, o que você poderia adiantar a respeito da peça, sem estragar a surpresa? É para deixar os leitores do portal, e potencial público do espetáculo, ainda mais instigado para vê-lo…

H.Z.: Qualquer coisa que eu diga, será diferente da experiência que buscamos criar com a peça. Então, a única coisa que diria: VENHAM VER A PEÇA! São 50 minutos viajando pelos pensamentos (e atmosfera) de Cioran!
Antes de ser uma palestra pedante sobre como lidar com sua vida, embarcamos numa viagem vertiginosa por temas difíceis e delicados, mas dotados de um humor e um cinismo ímpar, contagiantes! (“se fosse eleito Deus, imediatamente pediria demissão”; ou “durante todo minha vida nutri a pretensão extraordinária de ser o homem mais lúcido que já existiu. Cada um com sua loucura; a minha foi me julgar normal”; ou “um passeio no cemitério é uma lição de sabedoria quase automática; é melhor que ir no médico”). Enfim… venham!

EMCioran/Br: Para terminar, deixo com você as últimas palavras: gostaria de dizer algo mais, sobre Cioran, sobre o teatro, sobre sua peça inspirada em Cioran?

H.Z.: Já falei muito! Hehe… Mas gostaria novamente de agradecer imensamente a você (e seu blog!). Devo agradecer também a Fernando Klabin, Flamarion Caldeira Ramos e José Thomaz Brum. Vocês são os verdadeiros multiplicadores desse kamikaze chamado Cioran. E para os leitores, diria: o teatro é por definição efêmero. Então, venham experienciar essa atmosfera cioraniana materializada na cena.

EMCioran/Br: Caro Henrique, muito obrigado, uma vez mais, pela entrevista. Sinto-me tentado a desejar o seguinte para você e todos os envolvidos no espetáculo que você protagoniza: “Merda!”, o que vem a ser ainda mais oportuno em se tratando de uma peça sobre Cioran…

SERVIÇO

“Música perfeita para o suicídio”, espetáculo teatral

Local: Cemitério de Automóveis – Rua Frei Caneca, 384 – São Paulo.
Classificação etária: 14 anos

Duração: 60 minutos*
(*todas as quintas haverá debates após a apresentação)

Datas e horários: somente às quintas, às 22h, dias 26 de maio, 02, 09 e 16 de junho.

PROGRAMAÇÃO DEBATES

(Mediação: Fábio Zanoni)

26 de maio – Cioran no Século XXI: Nos Cumes do Desespero
Fernando Klabin e Marcelo Mirisola

02 de junho – Escrita: Solidão e Êxtase
Dione Carlos e Rodrigo Menezes

09 de junho – O Ator e a Lucidez
Chico Carvalho e Flamarion Caldeira Ramos

16 de junho – O que Resta ao Teatro?
Mario Bortolotto e convidado à confirmar

Realização:
Prefeitura de Ṣo Paulo РPr̻mio Z̩ Renato

Produção:
Bela Filmes & Cia. dos Infames

VENDA ON-LINE (Ingresse.com)
РOs Ingressos desta oferta ṣo referentes ao ;
– É obrigatório a apresentação do ingresso/voucher impresso ou em forma digital (via SMS ou aplicativo Ingresse), juntamente com o DOCUMENTO OFICIAL COM FOTO para a entrada no evento;
– O ingresso/voucher que comprou não é pra você? O site da Ingresse possibilita a renomeação na aba “Meus Ingressos” até 2 horas antes do início do evento. Em casos onde o comprador esteja presente na entrada, não é necessária a renomeação;
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“Cioran, un pensador crítico cuya obra refleja nuestra realidad” (La Jornada, México)

A cien años de su natalicio, las tesis del filósofo devienen imprescindibles

Por Mônica Mateos-Vega, La Jornada, México, 12 de enero de 2011, p. 4.

El país vive un periodo de incertidumbre, muerte y desazón con magnitudes distintas al impacto recibido por el intelectual rumano ante la guerra, el exilio y el genocidio, asevera Luis Ochoa Bilbao

A cien años de su natalicio, el pensamiento de Émile Michel Cioran, un filósofo imprescindible en Europa, tiene el atractivo de seguir siendo un autor virgen del que se puede hablar y estudiar en México, consideran aquí especialistas.

En librerías nacionales se puede conseguir casi una veintena de títulos, entre ellos la redición que en noviembre pasado lanzó la editorial Tusquets de Conversaciones, el homenaje que su editor de toda la vida, Gallimard, publicó poco después de la muerte del pensador, ocurrida en 1995.

Conocer la obra de Cioran es necesario para comprender los temas más emotivamente extenuantes de la civilización europea y, por herencia, americana. Reflexiona sobre la vida y la muerte, sobre el suicidio, sobre la idea de Dios, temas que no dejan de ser inquietantes ni siquiera para sociedades embrutecidas por el vértigo del consumo, de la técnica, del espectáculo y del ocio, considera Luis Ochoa Bilbao, coordinador de la licenciatura de Relaciones Internacionales de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

Autor también del extenso ensayo Cioran y la ética de la instrospección (2005, publicado en la revista Andamios, de la Universidad Nacional Autónoma de México), Ochoa añade: ¿Es posible seguir preocupándose por Dios en el siglo de la biogenética, del universo elegante, del calentamiento global? Parece que sí, y Cioran nos recuerda que esos problemas siguen vigentes, aunque sea en la intimidad inconfesa de todos nosotros.

Un apátrida, siempre

En entrevista con La Jornada el investigador Luis Ochoa Bilbao señala que “México vive un periodo de incertidumbre, riesgo, muerte, desazón, con magnitudes distintas, todas esas emociones las experimentaron los europeos del siglo XX. Cioran escribió sobre ello, impactado por fenómenos como la guerra, el exilio y el genocidio… [+]

“Cioran ateo credente che spiava dio” (Gianfranco Ravasi) [Ita]

Avvenire.it, 19 giugno 2015

​Vent’anni fa, il 20 giugno 1995, moriva a Parigi lo scrittore Emil Cioran. Sulle rive della Senna era approdato a 26 anni, nel 1937, dopo aver lasciato alle spalle la sua patria, la Romania, e la sua cittadina, Rasinari, un delizioso villaggio della Transilvania. Posto su un colle circondato da monti coperti di querce, faggi e pini, attraversato da un ruscello, pittoresco per il paesaggio, quel piccolo centro era marcato religiosamente da due chiese, l’una settecentesca, l’altra neoclassica dedicata alla Trinità, della quale era parroco suo padre. La lapidaria carta d’identità ideale di Cioran era, però, così scandita: «Io sono uno straniero per la polizia, per Dio, per me stesso».

Straniero, quindi, per la sua nazione originaria, che egli aveva cancellato dalla sua anagrafe personale, abbandonandone anche la lingua. Straniero anche per la nazione che l’aveva ospitato, a causa del suo costante isolazionismo: «Sopprimevo dal mio vocabolario una parola dopo l’altra. Finito il massacro, una sola rimase come superstite: Solitudine. Mi risvegliai appagato». Straniero, infine, per Dio, lui che – come dicevamo – era figlio di un prete ortodosso. Talmente straniero da iscriversi alla “razza degli atei”, eppure con un’insonne ansia di inseguimento nei confronti del mistero divino: «Mi sono sempre aggirato attorno a Dio come un delatore: incapace di invocarlo, l’ho spiato». È per questa ragione che di lui posso anch’io brevemente parlare, senza pretese di travalicare il mio perimetro di teologo sconfinando nell’analisi di critica letteraria che le sue opere meritano, un vaglio che effettivamente è stato ampiamente condotto. Cioran, infatti, si è appostato a più riprese per tendere agguati a Dio costringendolo a reagire e quindi a svelarsi.

Emblematico è il dialogo che a distanza intavolò col teologo rumeno Petre Tutea. Costui non aveva abbandonato la sua terra, nonostante 13 anni trascorsi nelle prigioni di Ceausescu, né tanto meno la sua fede, a tal punto da replicare a Cioran così: «Senza Dio l’uomo rimane un povero animale, razionale e parlante, che non viene da nessuna parte, e va non si sa dove». In realtà, il suo interlocutore non era strettamente ateo né agnostico, tant’è vero che era giunto al punto di suggerire ai teologi una sua particolare via “estetica” per dimostrare l’esistenza di Dio. Scriveva, infatti, in Lacrime e santi (tradotto da Adelphi nel 1990): «Quando voi ascoltate Bach vedete nascere Dio… Dopo un oratorio, una cantata o una “Passione”, Dio deve esistere… Pensare che tanti teologi e filosofi hanno sprecato notti e giorni a cercare prove dell’esistenza di Dio, dimenticando la sola!».

Cioran accusa l’Occidente di un delitto estremo, quello dell’aver estenuata e disseccata la potenza generatrice del Vangelo: «Consumato fino all’osso, il cristianesimo ha smesso di essere una fonte di stupore e di scandalo, ha smesso di scatenare vizi e di fecondare intelligenze e amori». Potremmo, perciò, considerarlo come un Qohelet-Ecclesiaste moderno. Egli, infatti, si era trasformato in una sorta di “mistico del Nulla”, lasciando intravedere il brivido delle “notti dell’anima” di certi grandi mistici come Giovanni della Croce o Angelo Silesio, risalendo fino allo sconcertante cantore del nesso Dio-Nulla, il celebre Meister Eckhart medievale. «Ero ancora un bambino, quando conobbi per la prima volta il sentimento del nulla, in seguito a un’illuminazione che non riuscirei a definire». Un’epifania di luce oscura, potremmo dire con un ossimoro usato dal Giobbe biblico.

«Si ha sempre qualcuno sopra di sé – continuava -; al di là di Dio stesso si eleva il Nulla». Ma ecco il paradosso: «Il campo visivo del cuore è: il mondo, più Dio, più il Nulla. Cioè tutto». E allora questa è la sua conclusione: «E se l’esistenza fosse per noi un esilio e il Nulla una patria?». Il Nulla – sempre per ossimoro – diventa il nome di un Dio, certamente ben diverso dal Dio cristiano, eppure come lui pronto a raccogliere il male di vivere dell’umanità.

Scriveva Cioran, evocando la “psicostasia” dell’antico Egitto, ossia la pesatura delle anime dei defunti per la verifica della gravità delle loro colpe: «Nel giorno del giudizio verranno pesate solo le lacrime». Nel tempo della disperazione, infatti, certe bestemmie – dichiarava Cioran, sulla scia di Giobbe – sono “preghiere negative”, la cui virulenza è accolta da Dio più della compassata lode teologica (l’idea era già stata formulata da Lutero).

Cioran è, quindi, un ateo-credente sui generis. Il suo pessimismo, anzi, il suo negazionismo riguarda piuttosto l’umanità: «Se Noè avesse avuto il dono di leggere il futuro, non c’è alcun dubbio che si sarebbe fatto colare a picco!». E qui il Nulla diventa il mero nulla, un vuoto annientamento: «Adorare la terra e dirsi che proprio essa è il termine e la speranza dei nostri affanni, e che sarebbe vano cercare qualcosa di meglio per riposarsi e dissolversi». L’uomo con le sue follie ti fa perdere ogni fede, è una sorta di dimostrazione della non esistenza di Dio e l’invito a un ritorno al nulla.

In questa luce si spiega il pessimismo radicale di Cioran che brilla già nei titoli delle sue opere: L’inconveniente di essere nati, La tentazione di esistere, Sulle cime della disperazione, Squartamento, Sillogismi dell’amarezza e così via. E qualche volta è difficile dargli torto, guardando non solo la storia dell’umanità, ma anche il vuoto di tanti individui che non ha niente del tragico Nulla trascendente: “Di molte persone – scriveva – si può affermare quanto vale per certi dipinti, cioè che la parte più preziosa è la cornice”. Ma per fortuna – ed è questa la grande contraddizione – esiste, come si diceva, anche Bach

Idealmente si potrebbe accostare a Cioran un suo amico, anch’egli rumeno, lui pure esule a Parigi e morto un anno prima, il 28 marzo 1994, cioè il grande drammaturgo Eugène Ionesco. Agnostico ma non indifferente, durante un’intervista, scherzando ma non troppo, aveva confessato: «Mi precipito al telefono ogni volta che suona, nella speranza, ogni volta delusa, che possa essere Dio che mi telefona. O almeno uno dei suoi angeli di segreteria».

Alla base del suo pessimismo nei confronti dell’umanità, analogo a quello di Cioran, c’era però in Ionesco lo stupore di una persona ferita dall’imperio della stupidità, del male, della cattiveria, dell’umiliazione dei piccoli e degli innocenti, della menzogna comunista dominante nel suo Paese.

Ed era proprio da questa temperie morale che fioriva il suo anelito verso il mistero, la sua inquietudine spirituale, la sua ricerca del Dio nascosto che non telefona mai alla sua creatura che pure è in angosciosa attesa di un suo squillo. L’ultima riga del suo diario è stata, però, folgorante: «Pregare. Non So Chi. Spero: Gesù Cristo». Proprio per questo è importante anche per noi credenti seguire i percorsi di simili ricerche condotti da persone non credenti ma col viso rivolto verso l’infinito e l’eterno. Il loro impegno è sincero e, a differenza di certi atei devoti, non ha interessi di altro genere, insalivati con altri sapori di tono politico o sociale.

Come riconosceva uno scrittore cattolico francese, Pierre Reverdy, «ci sono atei di un’asprezza feroce che, tutto sommato, si interessano di Dio molto di più di certi credenti frivoli e leggeri». Proprio per questo ho cercato in più occasioni di introdurre nel “Cortile dei gentili” per il dialogo tra credenti e non credenti, sia Cioran sia Ionesco, così come un altro grande scrittore francese, Albert Camus. Essi ci insegnano che il vero ateismo contemporaneo non è il loro ma lo è quell’indifferenza, superficialità, banalità che genera un “apateismo”, un vuoto che non ferisce né emoziona, a differenza di queste voci apparentemente scandalose ma autenticamente inquiete e in ricerca. E già il Socrate di Platone affermava che «una vita senza ricerca non merita di essere vissuta».