Cioran agota su propia especie (25/06/1995)

La muerte es lo sublime al alcance de cualquiera , hab√≠a escrito Emile Cioran, pensador rumano que muri√≥ el pasado martes en Par√≠s, a los 84 a√Īos.

EL TIEMPO, 25 de junio de 1995, 05:00 am

La desaparici√≥n de Cioran vuelve a poner de relieve una de las obras m√°s enigm√°ticas y personales del siglo XX. Una obra que, sin embargo, lleg√≥ tarde al mundo hisp√°nico concretamente a principios de los a√Īos 70, cuando el joven fil√≥sofo espa√Īol Fernando Savater empez√≥ a escribir sobre ella y a divulgarla. EL TIEMPO habl√≥ con Fernando Savater desde Par√≠s, acerca del pensador rumano.

¬†Qu√© nos deja Cioran tras su muerte? Nos deja un pu√Īado de libros que cuentan con una de las prosas m√°s espl√©ndidas y conmovedoras de nuestro siglo. Una obra s√≥lo comparable a la de creadores como Elias Canetti, y cuatro o cinco privilegiados m√°s. Cioran es uno de los m√°s grandes escritores del siglo.
Usted lo clasifica como escritor, fil√≥sofo, pensador…? Fil√≥sofo no, porque fil√≥sofo tiene un toque acad√©mico, premioso e indagatorio que no le corresponde a Cioran. El fue m√°s bien un escritor en el sentido amplio del t√©rmino. Un moralista y un pensador. Un esp√≠ritu del estilo de Montaigne, de Chanford, de Lichtenberg y… en nuestro siglo, repito, Elias Canetti.

Por qu√© Cioran lleg√≥ tan tarde a Espa√Īa? En los a√Īos 70, cuando yo empec√© a escribir sobre Cioran, la verdad es que en Espa√Īa faltaban muchos autores. No s√≥lo √©l, muchos. Cioran fue siempre un escritor singular y, en aquella √©poca, los intelectuales progresistas s√≥lo se interesaban en los escritores que ten√≠an un contenido pol√≠tico. Por eso, de parte incluso de quienes se sal√≠an de las normas del r√©gimen de Franco, era dif√≠cil que Cioran llegara a conocerse. Y del otro lado, del de la cultura oficial, pues ah√≠ s√≠ que menos, porque la dictadura evitaba con mucha asepsia cualquier pensamiento como el de √©l, es decir negativo y de poco consuelo religioso. As√≠ que, por los dos lados, Cioran era considerado un intempestivo, de ah√≠ el retraso con que lleg√≥, si se tiene en cuenta que √©l comenz√≥ a escribir en los a√Īos 40, poco despu√©s de que fijara su residencia en Par√≠s.

El pensamiento de Cioran es negativo, pesimista, c√≥mo ve√≠a √©l su propia muerte? Hay muchas reflexiones sobre la muerte en su obra, y siempre que uno reflexiona sobre la muerte, reflexiona sobre la propia muerte. Cioran es un pensador de la fragilidad, de la transitoriedad de lo humano y, obvio, era muy consciente de su muerte… Quiz√° no como algo fatal.

Qué libros de Cioran daría usted a alguien que comienza a leerlo ahora? Lo característico de un pensador como Cioran es que sus libros, su mensaje, es algo sencillo. Esa fragilidad, ese inconveniente de haber nacido , tal como tituló uno de sus libros, está en toda su obra. No es un autor acumulativo, que va cambiando de pensamiento, sino que más bien va modulando siempre un mismo tema. De cualquier modo, libros como El inconveniente de haber nacido, La tentación de existir e Historia y utopía, son sin duda sus grandes obras.

Se considera usted discípulo de Cioran? Antes que nada yo me considero un buen amigo de Cioran. Un amigo al que admiré mucho. Admiré su estilo, su fuerza, su humor, la ternura especial y acogedora de su carácter. Soy su discípulo en la medida en que le debo muchas reflexiones, muchos momentos de iluminación.

En lo personal, c√≥mo era el trato con Cioran? Yo subrayar√≠a, sobre todo, algo que va a sorprender a sus lectores superficiales o accidentales. Estos sin duda lo imaginaban como una persona de talante l√ļgubre, negativo, hura√Īo, hostil… Y en realidad, Cioran era una persona sumamente acogedora, amable, preocupada por sus amigos hasta extremos verdaderamente rid√≠culos, tiernamente rid√≠culos. Era un hombre que, adem√°s, daba muy buenos consejos pr√°cticos, o sea que su forma de ser chocaba un poco con la imagen nihilista, pesimista que se desprend√≠a de su obra.

Tiene Cioran alg√ļn contacto con la religi√≥n? No. El se preocup√≥ por temas por los que tambi√©n se preocup√≥ la religi√≥n. Es decir las postrimer√≠as, la muerte, el sentido de la vida y del dolor, etc. Temas que la religi√≥n tambi√©n trata. Pero no, Cioran no era un hombre religioso.

El misterio de Cioran, de su vida, se extiende tambi√©n a su obra, una obra tan personal que no puede agruparse con otra en el siglo XX. Por qu√©? Porque Cioran es un caso verdaderamente singular del pensamiento… Puede decirse que es un pensador sin sistema filos√≥fico en la medida en que cada aforismo suyo penetra hasta el fondo, no necesita un sost√©n te√≥rico. Sus ideas nacen de una observaci√≥n profunda, aguda y solitaria de la realidad y de la vida, no del estudio y la interpretaci√≥n de la filosof√≠a pasada. Por eso no encaja en ninguna escuela o corriente de pensamiento. Tiene conexiones, claro. Fue amigo de Samuel Beckett, de Henri Micheaux, de Paul Cel√°n, de Ionesco y Mircea Eliade. En fin, tiene conexiones con pensadores, pero √©l pertenece a una estirpe √ļnica. Como los √°ngeles, Cioran agota su propia especie.

An√ļncios

“Regreso a Cioran”, por Fernando Savater

El País, Madrid, 11 mayo 2014

A menudo, cuando deambulo por el Barrio Latino buscando libros que probablemente no tendré tiempo de leer y sobre todo recuerdos, me encuentro casi sin querer recorriendo de nuevo la Rue de l’Odeon donde vivía Cioran. Era mi camino habitual hace más de dos décadas, el primero que tomaba en cuanto llegaba a París. Siempre con un punto de emoción, tímida y alegre, consciente de disfrutar de un privilegio inmerecido, por tanto vulnerable. Y que sabía cada vez más cercano a su fecha de caducidad…

Releo s√≥lo de vez en cuando a Cioran, pero me acuerdo mucho de √©l: sus gestos c√°lidos y admonitorios, su forma de pasarse la mano por el pelo sublevado y teatral, las vacilaciones ir√≥nicas de su voz (cerraba los ojos al buscar la palabra exacta que luego eyaculaba feliz), su risa sin estruendo con la boca abierta, un poco asm√°tica… Todo lo he revivido ahora con mayor intensidad al leer el libro de Gabriel Liiceanu,¬†E. M. Cioran. Itinerarios de una vida¬†(Ediciones del Subsuelo), ilustrado con una colecci√≥n de fotograf√≠as verdaderamente espl√©ndida que van desde la arrogancia de la juventud hasta sus √ļltimos paseos en silla de ruedas en el hospital Broca donde muri√≥. El relato biogr√°fico de Liiceanu es generoso y perspicaz, como corresponde a tan buen conocedor no s√≥lo de la obra sino tambi√©n de la persona del autor, pero adem√°s tiene el inapreciable complemento de la √ļltima y extensa entrevista de Cioran (poco antes de su hundimiento mental definitivo) en la que repasa la trayectoria de sus obsesiones, as√≠ como otra a su perpetua compa√Īera Simone Bou√©, cuya discreta elegancia algunos recordamos no menos que al propio Cioran.

Por lo que yo conoc√≠, ah√≠ est√° el contradictorio y entra√Īable pensador al menos para quien desee saber algo m√°s de lo que sus obras dicen, que es lo que m√°s cuenta. Un Cioran que se quiso descarnadamente l√ļcido pero que fue tambi√©n (¬Ņante todo?) ‚Äúingenuo y sentimental‚ÄĚ, como reza el t√≠tulo del libro de Vartic (Mira ediciones). Quiz√° este esencial Cioran, que George Steiner desde√Īa, es el que m√°s inspir√≥ a los j√≥venes que nos acercamos a √©l, como yo mismo en el remoto¬†Ensayo¬†que le dediqu√© y ahora de nuevo a Alberto Dom√≠nguez, en su¬†Cioran. Manual de antiayuda¬†(Alrev√©s). Este manual es una lectura m√°s refrescante que demoledora, un precipitado de reflexiones inteligentemente truculentas que afortunadamente no carece del oportuno humor que para m√≠ siempre caracteriz√≥ al rumano, demasiado rumano, pero que adem√°s acude sin cesar a otras fuentes literarias que no solo lo complementan sino que tambi√©n lo prolongan y diseminan en lo abierto. Es grato comprobar que aunque mi viejo y admirado amigo se quisiera un maestro de decepciones sigue siendo semillero de b√ļsquedas, de vocaciones nuevas.

Cuenta Liiceanu que ya en su √ļltimo internamiento, cuando apenas pod√≠a andar, Cioran desapareci√≥ un d√≠a de su habitaci√≥n del hospital. Las enfermeras le buscaron por todas partes y finalmente le encontraron dentro del armario de su cuarto. Revel√≥ que ‚Äúestaba extenuado por haber estado pase√°ndose horas enteras, en plena noche y en una ciudad desconocida‚ÄĚ. Tal fue su √ļltima glosa autobiogr√°fica, su reveladora despedida.

“Morre Emil Cioran, o arauto do pessimismo” (Folha de S. Paulo, 21/06/1995)

DA REDAÇÃO; COM AGÊNCIAS INTERNACIONAIS

21 de junho de 1995

O fil√≥sofo romeno, autor de `Silogismos da Amargura’ e `Brevi√°rio de Decomposi√ß√£o’, estava com 84 anos

O filósofo romeno Emil Cioran morreu ontem aos 84 anos em um hospital de Paris, segundo informou sua editora francesa, a Gallimard. O filósofo sofria do mal de Alzheimer e já não escrevia há alguns anos.

Cioran vivia na França desde 1937, para onde se mudou como bolsista do Instituto Francês de Bucareste. Embora nunca tenha voltado a viver na Romênia, o filósofo nunca quis trocar sua nacionalidade.

Suas id√©ias, expressas quase sempre como aforismos ou reflex√Ķes breves, revelavam um profundo pessimismo sobre a exist√™ncia e o destino humanos.

Emil Cioran nasceu em 8 de abril de 1911, em Rasinari, uma aldeia nas montanhas dos C√°rpatos, na Rom√™nia. Filho de um sacerdote ortodoxo, o fil√≥sofo se dizia “obcecado pelo pior”.

Formou-se em filosofia em 1932, em Bucareste. Publicou no ano seguinte seu primeiro livro, “No Cume do Desespero”. Escrita aos 22 anos, a obra √©, segundo Cioran, “uma esp√©cie de testamento”, porque o fil√≥sofo pensava em se suicidar durante suas noites de ins√īnia.

Seguiram-se “Livro dos Enganos” (1935) e “Sobre L√°grimas e Santos” (1937).
Cioran se considerava um disc√≠pulo do argentino Jorge Luis Borges e dizia que o aforismo (uma m√°xima, uma senten√ßa moral breve) era um “fogo sem chama”.

“Desconfiem do rancor dos solit√°rios que d√£o as costas ao amor, √† ambi√ß√£o, √† solid√£o. Um dia se vingar√£o por terem renunciado a tudo isso”, diz um de seus famosos aforismos.

Suas obras publicadas no Brasil, todas pela editora Rocco, s√£o “Brevi√°rio de Decomposi√ß√£o” (1949, seu primeiro livro escrito em franc√™s), “Silogismos da Amargura” (1952, que se tornou best seller na Fran√ßa em sua edi√ß√£o de bolso de 1987) e “Hist√≥ria e Utopia” (1960). “O Livro dos Logros” est√° sendo traduzido e deve ser lan√ßado no fim deste ano.

Em 1989, Cioran e o dramaturgo Eugène Ionesco, que haviam sido banidos da Romênia, foram nomeados membros de honra da União dos Escritores daquele país.
Em maio √ļltimo, a editora Gallimard publicou um volume que re√ļne temas de suas obras relativos √† “depress√£o, ao fracasso, ao suic√≠dio, √† lucidez e ao nada”.

Seus livros mais importantes foram escritos em franc√™s, l√≠ngua que considerava de um rigor “inumano e infernal”. Era considerado pelos cr√≠ticos como o mais importante escritor de l√≠ngua francesa deste s√©culo, junto a Paul Val√©ry.

Entre seus mais de quinze livros est√£o tamb√©m “O Inconveniente de Ter Nascido” (1973), “A Tentativa de Existir” (1956), “Exerc√≠cios de Admira√ß√£o” e “O Ocaso do Pensamento”, sua √ļltima obra escrita em romeno.

Em livros como “A Queda no Tempo” (1964), “O Demiurgo Aziago” (1969) e “Desgarramento” (1979), o fil√≥sofo empenha-se em demonstrar que a cria√ß√£o √© uma “sabotagem definitiva”.

“As esp√©cies animais teriam durado milh√Ķes de anos se o homem n√£o tivesse acabado com elas, mas a aventura humana n√£o pode ser indefinida. O homem j√° deu o melhor de si. Todos sentimos que as grandes civiliza√ß√Ķes ficaram para tr√°s. O que n√£o sabemos √© como ser√° o fim”, escreveu Cioran.

“Un refugiado en casa: desaparece el gran te√≥rico del escepticismo” (F√©lix de Az√ļa)

F√©lix de Az√ļa, El Pa√≠s, 21 de junio de 1995

Nada de lo que he ido leyendo de Cioran me ha ilustrado tanto sobre la compleja y delicada trama de su esp√≠ritu como aquella visita, hace m√°s de 20 a√Īos, en compa√Ī√≠a de Fernando Savater. Fuimos a verle a su buhardilla del Barrio Latino -una chambre de bonne de un ascetismo parejo al de Dreyer, pintada de blanco hasta por el suelo y con una estufa de hierro colado en medio de la habitaci√≥n, cierta tarde de febrero o marzo, ya no recuerdo, con un fr√≠o que pelaba. La estufa, que parec√≠a una deidad primitiva y mal√©vola en aquel refugio evidentemente santo, estaba apagada.Savater andaba por entonces traduciendo a Cioran para aquella editorial Taurus dirigida por quien no hab√≠a alcanzado todav√≠a a ennoblecer su sangre, y nadie conoc√≠a al rumano. Recuerdo que en aquellas fechas no muy alejadas de 1970 se hab√≠a producido una tremenda huelga de basureros en Par√≠s y la ciudad estaba cubierta de basura. Las ratas se cruzaban por entre las piernas de los paseantes y un humo excrementicio manaba de las monta√Īas de materia descompuesta. Cada d√≠a, mientras dur√≥ la huelga, Beckett llam√≥ por tel√©fono a Cioran para dar un pase√≠to juntos. “Nunca Par√≠s ha estado m√°s hermoso”, comentaba Beckett con exaltaci√≥n juvenil.

Cioran nos recibi√≥ con una cortes√≠a dieciochesca. Era un caballero entrado en a√Īos (es decir, mi actual edad), de mediana estatura y mirada inquisitiva. Nos sentamos a conversar, y Fernando me present√≥ como un espa√Īol que viv√≠a provisionalmente en Par√≠s. Cioran ya no atendi√≥ a nada m√°s. Me mir√≥ intensamente y comenz√≥ a interesarse por m√≠. “¬ŅCome usted con regularidad?”me pregunt√≥. “¬°Los inviernos de Par√≠s son temibles, pero a√ļn lo son m√°s sus prirnaveras!”. Me observ√≥ de arriba abajo, deteni√©ndose con inter√©s en los zapatos, y a√Īadi√≥: “¬°El fr√≠o h√ļmedo y pegajoso del Sena produce m√°s muertes que la s√≠filis!”. Se levant√≥ presuroso y nos conmin√≥ a seguirle… [+]

“Tentaciones para ir a E. M. Cioran” (Rafael P√©rez Gay)

NEXOS, 1 Julio, 1995

El fracaso.

Buena parte de la obra del gran escritor rumano-franc√©s Emile M. Cioran (1911-1995) est√° construida alrededor de un tema que se volvi√≥ con el tiempo una pasi√≥n: el fracaso, personal, de los pueblos, del comunismo, de la filosof√≠a, de la historia. Los dos libros donde esa pasi√≥n se expande con inmensa sabidur√≠a y asombrosa fuerza estil√≠stica son Los silogismos de la amargura (Gallimard, 1952) y La tentaci√≥n de existir (Gallimard, 1972). En este √ļltimo escribi√≥: ‚ÄúFracasar en la vida, esto se olvida a veces demasiado pronto, no es tan f√°cil: se precisa una larga tradici√≥n, un largo entrenamiento, el trabajo de varias generaciones. Una vez realizado este trabajo, todo va de maravilla‚ÄĚ. Por lo dem√°s y como es notable que en estos tiempos ya nadie fracasa ‚ÄĒs√≥lo hay sucesiones de circunstancias adversas y √©xitos mal entendidos‚ÄĒ, Cioran es una rara especie de actualidad mexicana.

Pascal.

El m√°s grande artista de la prosa francesa, Pascal, es una presencia sutil pero al mismo tiempo capital en la evoluci√≥n literaria de E. M. Cioran. Es posible que Cioran haya amado en Pascal la disputa entre la ciencia y las letras, la controversia religiosa, el modelo de su s√°tira demoledora y, sobre todo, el hecho de que bien a bien Pascal nunca escribi√≥ un libro: public√≥ varios folletos que llegaron hasta nosotros como Les lettres provinciales y Les pens√©es, conjunto afor√≠stico salido de una gran cantidad de notas recuperadas del enorme desorden que Pascal dej√≥ cuando muri√≥. Ese destino fragmentario y esa vocaci√≥n por lo inacabado quedaron puestos en este aforismo: ‚ÄúLas obras mueren: los fragmentos no pueden morir, porque nunca han existido‚ÄĚ. Se puede llegar a Pascal por el camino de Cioran.

El escepticismo.

Es un lugar com√ļn, pero es correcto: el escepticismo es el gran centro nervioso de la obra de Cioran, en La tentaci√≥n de existir, seguramente la mejor prosa ensay√≠stica francesa de los √ļltimos cuarenta o cincuenta a√Īos, as√≠ como en toda su producci√≥n posterior a 1956, Historia y utop√≠a (Gallimard, 1960), La ca√≠da en el tiempo (Gallimard, 1964), El aciago demiurgo (Gallimard, 1969), e incluso los aforismos de El inconveniente de haber nacido (Gallimard, 1973), el escepticismo, un escepticismo trepidante, no s√≥lo es el tema com√ļn sino, adem√°s, un m√©todo de trabajo, un conjunto de actitudes, como √©l mismo llam√≥ a la obra de Nietszche, para explicarse las tres grandes zonas de su obra: la literatura, la filosof√≠a y la historia. ‚ÄúLa historia es indefendible. Hay que reaccionar respecto a ella con la inflexible abulia del c√≠nico; o si no, ponerse del lado de todo el mundo, marchar con la turba de los rebeldes, de los asesinos y de los creyentes‚ÄĚ. ‚ÄúLa ingenuidad, el optimismo, la generosidad -suelen encontrarse en los bot√°nicos, los especialistas de ciencias puras o los exploradores, nunca en los pol√≠ticos, los historiadores o los curas… [+]

“E.M. Cioran, or God Doesn’t Wear a Cane” (Andrei Codrescu)

Originally published in the American Book Review, vol. 1, no. 5, December/January 1978

In my bed of pain, with a crown of ice cubes araund my foot, I¬†was proof that Paris is the best skateboarding town in the world. The square at St. Sulpice had run from under me like Los Angeles had from under Fred Astaire, to show me, possibly, that I¬†wasn’t as young as my son. But the pain in my foot wasn’t as bad as the ache in my heart because now I¬†couldn’t see the hero of my adolescence with whom, by clever and devious means, I¬†had obtained an interview. I¬†looked over the radiator at the roofs of Montparnasse eight floors down, and called Emil Cioran to tell him that I couldn’t make it that evening, that I¬†was a cripple.

It is not pity, it is envy the tragic hero inspires in us, that lucky devil whose sufferings we devour as if we were entitied to them and he had cheated us of them. Why not try to take them back from him? In any case, they were meant for us … To be alI the more certain of that, we declare them our own, aggrandize them and give them excessive proportions; grappIe or groan before us as he will, he cannot move us, for we are not his spectators but his rivals, his competitors in the theatre, capable of supporting his miseries better than he is … (The Temptation to Exist 194)

Ever since I¬†remember (and my memory only goes as far as my literate beginnings) I experienced that frisson of awe and envy at mention of Cioran’s name. Born in my hometown of Sibiu in Transylvania, he was a legend before I¬†read him. Forbidden by the Communists, his books bumed with a flame that went way beyond their content, In the Iycee (the same one he had attended) I would positively dissolve at the thought that one day I¬†might be good enough to meet him. The dazzling fantasy of being in Paris talking to Emil Cioran exhausted me. Here I¬†was, at the core of my fantasy, unable to shake his hand. I¬†was a tragic hero,¬†not¬†because of my wounded foot which they might or might not saw off, but because I¬†couldn ‘t see him… [+]

Le Monde: “Cioran et la chute de l’homme dans le temps”

mondeCe vendredi 8 avril a lieu la comm√©moration de son centi√®me anniversaire (soit 15 ans apr√®s qu’Emil Cioran a rejoint les anges).

Par Pierre Assouline

LE MONDE DES LIVRES | 07.04.2011 à 10h39 [source]

Inutile de se pr√©cipiter sur le souple pav√© “Quarto” r√©unissant ses oeuvres compl√®tes, ni sur l’√©pais “Cahier” que l’Herne lui a consacr√©, pour y chercher une ou deux maximes juste assez d√©sesp√©r√©es, de nature √† coller avec la comm√©moration de son centi√®me anniversaire, ce vendredi 8 avril (soit 15 ans apr√®s qu’Emil Cioran a rejoint les anges). Tout ce qui est sorti de sa plume ne parle que de cela : la chute de l’homme dans le temps.

Les cioranologues, cioranophiles et cioranol√Ętres ont pu n√©anmoins lui souhaiter de vive voix un bon anniversaire. Non pas devant sa tombe au cimeti√®re Montparnasse : c’est l√† qu’on a le plus de chances de le trouver absent. Plut√īt ailleurs, pr√©cis√©ment. Ces derniers jours, on pouvait saluer son spectre m√©lancolique dans la salle byzantine du Palais de B√©hague. L’ambassade de Roumanie avait pris des allures de ciorangerie pour la circonstance : Alain Lecucq et sa compagnie y jouaient Mansarde √† Paris, une pi√®ce de Matei Visniec, histoire d’un philosophe franco-roumain qui, en quittant les bureaux de son √©diteur, oublie l’itin√©raire menant de la rue S√©bastien-Bottin au carrefour de l’Od√©on et se perd en Europe. Si la ville avait song√© √† apposer une plaque comm√©morative sur la fa√ßade du 21 de la rue de l’Od√©on, rappelant qu’ici v√©cut un ma√ģtre en syllogismes de l’amertume, s√Ľr qu’il serait arriv√© √† bon port. Ce geste comm√©moratif fut d’ailleurs solennellement exig√© lors d’un brillant colloque consacr√© au pessimiste jubilatoire au Salon du livre. Il y fut question de la f√©condit√© de ses contradictions, du sens de son incoh√©rence et du salut par l’oxymoron. La moindre des choses pour un paradoxe fait homme. Incidemment, on apprit que sa biblioth√®que m√™me √©tait bancale ; il est vrai qu’il avait cru bon se faire menuisier pour l’occasion.

A Paris toujours, mais cette fois du c√īt√© de l’H√ītel Drouot, on s’appr√™te √† c√©l√©brer un centenaire plus sonnant et tr√©buchant. Simone Baulez, l’opini√Ętre brocanteuse qui sauva une trentaine de cahiers, dont le journal in√©dit du moraliste et plusieurs versions d√©pressives du fameux De l’inconv√©nient d’√™tre n√©, en d√©barrassant sa cave, s’est vue confirm√©e dans ses droits par la cour d’appel √† l’issue de plusieurs ann√©es de proc√©dure. Encore faut-il qu’elle r√©cup√®re son bien. Or la chambre nationale des commissaires-priseurs, adoptant une attitude kafka√Įenne qui e√Ľt certainement inspir√© l’Emil, refuse de lever le s√©questre sur les documents tant qu’une d√©cision de justice ne le lui ordonne pas express√©ment. On en est l√†, en attendant qu’une juridiction soit saisie par son avocat, Me Rappaport. Mais la brocanteuse, qui s’est engag√©e √† tout c√©der en bloc, n’est pas press√©e ; √† ce jour, outre l’ambassade de Roumanie, le Mus√©e des Lettres et Manuscrits a manifest√© son int√©r√™t.

Cioran √† l’encan

En attendant, incroyable co√Įncidence, jeudi 7 avril, soit quelques heures avant que les saints en larmes ne soufflent ses bougies d’anniversaire, Cioran se retrouve √† l’encan √† Drouot sous le marteau de Binoche & Giquello, dans l’espoir que la vente atteigne des cimes. Discr√©tion oblige, on en ignore la provenance mais on peut la supposer familiale ; en effet, outre des textes manuscrits autographes et des notes de lecture, ces archives (122 num√©ros) valent surtout par l’importante correspondance intime de Cioran √©chang√©e entre 1933 et 1983 avec ses parents et son fr√®re Aurel, ainsi que par des documents aussi personnels que ses dipl√īmes, passeports, cartes d’identit√©, cartes d’admission √† la Biblioth√®que nationale, cartes de chemin de fer, etc. Toute dispersion est un serrement de coeur car elle est dispersion. N’emp√™che qu’√† lui seul, le catalogue est d√©j√† un document excitant pour les biographes, g√©n√©ticiens et historiens de la litt√©rature. Tout ce que d√©teste Milan Kundera, si l’on en juge par l’√©dition non critique de ses “Pl√©iade” parues sous son contr√īle. Tant pis pour lui : pour ses 100 ans, Prague ne pavoisera pas, alors que pour ceux de Cioran, Bucarest est en f√™te. Normal, puisqu’il disait penser en roumain avant d’√©crire en fran√ßais.

Stanislas Pierret, le directeur de l’Institut fran√ßais de Bucarest, a propos√© √† Dan Perjovschi de “donner √† voir” la pens√©e de Cioran dans les rues de la capitale. Celui-ci appose donc une trentaine d’affiches, √† compter du 8 avril et durant un mois, partout o√Ļ existent des noeuds de communication. Pour chacune d’elles, un fragment chu de l’oeuvre du moraliste et un dessin au feutre marqueur qui se veut tout sauf son illustration. Un aphorisme visuel en regard d’un aphorisme philosophique. L’un et l’autre enfants de Sibiu,ils se retrouvent √† la rue sur les murs de Bucarest. On y lira peut-√™tre ces lignes √©chapp√©es de Br√©viaire des vaincus III (L’Herne) : “Le devoir de celui qui √©crit n’est-il pas de se trancher les veines sur la page blanche, de faire ainsi cesser le supplice des mondes informul√©s ?” Allez, joyeux anniversaire quand m√™me !

Pierre Assouline